Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica…

… juzga la idea de Francisco de que el pecado hace parte de la vida religiosa

  • Signo de atracción que incita a revisiones profundas de vida y de valores

Fieles a esta “regla suprema”, los religiosos saben que están comprometidos en un camino cotidiano de conversión al Reino de Dios que les convierte en el seno de la Iglesia y a la faz del mundo, en signo de atracción, incitando a revisiones profundas de vida y de valores. Es este, sin duda, el empeño más trascendente y fecundo al cual son llamados, incluso en aquellos campos en que la comunidad cristiana actúa en pro de la promoción humana y del desarrollo de las relaciones sociales inspiradas en principios de solidaridad y de comunión fraternal. […] La fuerza de transformación que encierra el espíritu de las Bienaventuranzas, penetrando dinámicamente la vida de los religiosos, caracteriza su vocación y su misión. (Plenaria de la Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares, n. 18, 25-28 abril de 1978)

  • Lo que más cuenta no es lo que hacen los religiosos, sino lo que son como personas consagradas

Su continua renovación individual de vida debiera ser fuente de nuevo crecimiento en los institutos a los que pertenecen, recordando las palabras del Papa Juan Pablo II: “Lo que más cuenta no es lo que los religiosos hacen, sino lo que son como personas consagradas al Señor” (Mensaje a la Plenaria de la Sda. Congregación, marzo 1980). No solamente con las obras, con que directamente anuncian el Evangelio, sino, con mayor fuerza aún, con su mismo modo de vivir, debieran ser voz que afirma con convicción y confianza: Hemos visto al Señor. Ha resucitado. Hemos escuchado su palabra. (Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares. Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa, 31 de mayo de 1983)

 … juzga la idea de ascetismo, silencio y penitencia que tiene Francisco

  • La ascésis es necesaria para vivir los consejos evangélicos

La consagración del religioso se adentra por ese mismo camino, no puede ser un reflejo de la consagración de Cristo, si su vida no lleva consigo la abnegación. […] Es cierto que muchas penitencias del día de hoy se hallan en los hechos mismos de la vida y deben ser aceptadas allí. Sin embargo, es cierto que los religiosos, si no construyen su vida sobre “una austeridad alegre y bien equilibrada” (ET 30) y una renuncia decidida y concreta, arriesgan la pérdida de la libertad espiritual, necesaria para vivir los consejos. En efecto, sin esa austeridad y renuncia, su misma consagración puede verse en peligro. Por eso, no puede darse un testimonio público de Cristo, pobre, casto y obediente, sin ascética. (Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares. Elementos Esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa, n. 31, 31 de mayo de 1983)

… juzga la idea de vida contemplativa que tiene Francisco

  • El monasterio es el lugar donde se puede buscar más libremente a Dios

El monasterio, situado en un lugar apartado o en el centro de la ciudad, con su particular estructura arquitectónica, tiene precisamente por objeto crear un espacio de separación, de soledad y de silencio, donde poder buscar más libremente a Dios y donde vivir no sólo para Él y con Él, sino también sólo de Él. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 5, 13 de maio de 1999)

  • Representación del rostro orante de la Iglesia

Un monasterio contemplativo es un don también para la Iglesia local, a la que pertenece. Representando su rostro orante, hace más plena y más significativa su presencia de Iglesia. Se puede parangonar una comunidad monástica con Moisés, que en la oración determina la suerte de las batallas de Israel (cf. Ex 17, 11), y con el centinela que vigila en la noche esperando el amanecer (cf. Is 21, 6). El monasterio representa la intimidad misma de una Iglesia, el corazón, donde el Espíritu siempre gime y suplica por las necesidades de toda la comunidad y donde se eleva sin descanso la acción de gracias por la Vida que cada día Él nos regala (cf. Col 3, 17). (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 8, 13 de maio de 1999)

  • En la vida contemplativa el religioso se conforma a Jesucristo

Las contemplativas claustrales, de modo específico y radical, se conforman a Jesucristo en oración sobre la montaña y a su misterio pascual, que es una muerte para la resurrección. La antigua tradición espiritual de la Iglesia, seguida por el Concilio Vaticano II, une expresamente la vida contemplativa a la oración de Jesús “en la montaña”, o en cualquier caso, en un sitio solitario, no accesible a todos, sino sólo a aquellos a los que Él llama consigo, en un lugar apartado (cf. Mt 7, 1-9; Lc 6, 12-13; Mc 6, 30-31; 2 Pe 1, 16-18).Este asociar la vida contemplativa a la oración de Jesús en un lugar solitario denota un modo especial de participar en la relación de Cristo con el Padre. […] La celda solitaria y el claustro cerrado son el lugar donde la monja, esposa del Verbo Encarnado, vive plenamente recogida con Cristo en Dios. El misterio de esta comunión se le manifiesta en la medida en que, dócil al Espíritu Santo y vivificada por sus dones, escucha al Hijo (cf. Mt 17, 5), fija la mirada en su rostro (cf. 2 Co 3, 18), y se deja conformar con su vida, hasta la suprema oblación al Padre (cf. Flp 2, 5ss) como expresa alabanza de gloria. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 3, 13 de maio de 1999)

  • En la clausura se cumple en sumo grado el primer mandamiento

La monja de clausura cumple en grado sumo el primer mandamiento del Señor:“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas ycon toda tu mente” (Lc 10, 27), haciendo de ello el sentido pleno de su vida y amando en Dios a todos los hermanos y hermanas. Ella [la monja] tiende a la perfección de la caridad, acogiendo a Dios como el “único necesario” (cf. Lc 10, 42), amándolo exclusivamente como el Todo de todas las cosas, llevando a cabo con amor incondicional hacia Él, en el espíritu de renuncia propuesto por el Evangelio (cf. Mt 13, 45; Lc 9, 23), el sacrificio de todo bien, es decir, “haciendo sagrado” a Dios solo todo bien, para que sólo Él habite en el silencio absoluto del claustro, llenándolo con su Palabra y su Presencia, y la Esposa pueda verdaderamente dedicarse al Único, “en continua oración e intensa penitencia” en el misterio de un amor total y exclusivo. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 5, 13 de mayo de 1999)

  • Los religiosos de clausura no deben ser mirados como excluidos de la Iglesia

No porque los monjes y las monjas estén separados de los demás hombres deberán ser mirados como aislados y excluidos del mundo y de la Iglesia; antes al contrario, están presentes a ellos “de manera más profunda en las entrañas de Cristo” (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas, III, 15 de agosto de 1969) 

  • El religioso de clausura es el corazón misionero de la Iglesia

Las monjas de clausura la viven permaneciendo en el corazón misionero de la Iglesia mediante la oración continua, la oblación de sí mismas y el ofrecimiento del sacrificio de alabanza. De este modo, su vida se convierte en una misteriosa fuente de fecundidad apostólica y de bendición para la comunidad cristiana y para el mundo entero. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 7, 13 de mayo de 1999)

  • Los fieles deben reconocer el papel de los contemplativos

Es importante que los fieles aprendan a reconocer el carisma y el papel específico de los contemplativos, su presencia discreta pero vital, su testimonio silencioso que constituye una llamada a la oración y a la verdad de la existencia de Dios. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n.8)

  • Los obispos son los primeros custodios de la vida contemplativa

Los obispos, como pastores y guías de todo el rebaño de Dios, son los primeros custodios del carisma contemplativo. Por tanto, deben alimentar la Comunidad contemplativa con el pan de la Palabra y de la Eucaristía, proporcionando también, si es necesario, una asistencia espiritual adecuada por medio de sacerdotes preparados para ello.Al mismo tiempo, han de compartir con la Comunidad misma la responsabilidad devigilar para que, en la sociedad actual inclinada a la dispersión, a la falta de silencio y a los valores aparentes, la vida de los monasterios, sostenida por el Espíritu Santo, permanezca auténtica y enteramente orientada a la contemplación de Dios. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 8, 15 de mayo de 1999)