Concilio de Calcedonia (IV Ecuménico)…

… juzga la idea de la pérdida del Niño Dios en el Templo que tiene Francisco

  • Jesús es perfecto en su humanidad y en su divinidad; semejante a los hombres en todo excepto en el pecado

Siguiendo, pues, a los santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un sólo y mismo Hijo y Señor Nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios, y verdaderamente hombre “compuesto” de alma racional y cuerpo; consustancial con el Padre según la divinidad, y consustancial con nosotros según la humanidad, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado. […] Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. (Denzinger-Hünermann 301-302. Concilio de Calcedonia, Sesión V, Credo de Calcedonia, 22 de octubre de 451)

… juzga la idea que tiene Francisco de que Jesucristo fingía sus enfados

  • Jesús es perfecto en su humanidad y en su divinidad; semejante a los hombres en todo excepto en el pecado

Siguiendo, pues, a los santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un sólo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios, y verdaderamente hombre “compuesto” de alma racional y cuerpo; consustancial con el Padre según la divinidad, y consustancial con nosotros según la humanidad, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado. […] Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en una sóla persona y en una sóla hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. (Denzinger-Hünermann, 301-302. Concilio de Calcedonia, Sesión V, Credo de Calcedonia, 22 de octubre de 451)

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