San Clemente I de Roma…

INICIO DEL PONTIFICADO 92 – FIN DEL PONTIFICADO 99

…juzga la idea del papel de la mujer en la Iglesia que tiene Francisco

  • Agrada a Dios que cada uno cumpla sus propias funciones en la Iglesia

Porque el Sumo Sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a él; los levitas tienen encomendados sus propios servicios, mientras que el simple laico (laikos anthropos) está sometido a los preceptos del laico. Hermanos, procuremos agradar a Dios, cada uno en su propio puesto, manteniéndonos en buena conciencia. (San Clemente Romano. Carta a los Corintios, 40-42, 4)

… juzga la idea de “conversión del papado” que tiene Francisco

  • Cada uno sólo complace a Dios conservándose en su propio ministerio

[El Señor] mandó que las ofrendas y ministerios se cumplieran no al acaso y sin orden ni concierto, sino en determinados tiempos y sazón. Y dónde y por quiénes quiere que se ejecuten, Él mismo lo determinó con su querer soberano, a fin de que, haciéndose todo santamente, sea acepto en beneplácito a su voluntad. […] Y en efecto, al sumo sacerdote le estaban encomendadas sus propias funciones; su propio lugar tenían señalado los sacerdotes ordinarios, y propios ministerios incumben a los levitas; el hombre laico, en fin, por preceptos laicos está ligado. Que cada uno de nosotros, hermanos, “cada uno en su propio orden” (1 Cor 15, 23), procure complacer [dé gracias] a Dios, conservándose en buena conciencia, sin transgredir la regla del propio ministerio. (Denzinger-Hünermann 101. Clemente I, Carta a los corintios, hacia el 96)

… juzga la idea de Francisco de que Dios no condena nunca

  • Aprended a someteros, deponiendo la arrogancia de vuestra lengua

Amados, asumamos la corrección por la que nadie debe irritarse. La advertencia que mutuamente nos hagamos es muy buena y muy beneficiosa, pues nos une a la voluntad de Dios. Pues así dice la palabra santa: el Señor me corrigió y no me entregó a la muerte (Sal 140, 5). Porque el Señor corrige al que ama y azota a todo aquel que acepta como hijo (Prov 3, 12) […]. Ahora, pues, los que fuisteis causa de que estallara la sedición, someteos a vuestros presbíteros y corregíos para penitencia, doblando las rodillas de vuestro corazón. Aprended a someteros, deponiendo la arrogancia jactanciosa y altanera de vuestra lengua; pues más os vale encontraros pequeños pero escogidos dentro del rebaño de Cristo, que ser excluidos de su esperanza a causa de la excesiva estimación de vosotros mismos. (Clemente Romano. Epístola a los Corintios, n. 56-58)

… juzga la idea de Francisco de que la dirección espiritual es un carisma de laicos

  • Procuremos agradar a Dios cada uno en su propio puesto

Porque el Sumo Sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a él; los levitas tienen encomendados sus propios servicios, mientras que el simple laico (laikos anthropos) está sometido a los preceptos del laico. Hermanos, procuremos agradar a Dios, cada uno en su propio puesto, manteniéndonos en buena conciencia. (San Clemente Romano. Documentos de los Padres, La organización de la Iglesia es análoga a la del antiguo pueblo de Dios, 40-42, 4)

… juzga la idea que tiene Francisco de que Jesucristo fingía sus enfados

  • Nada hay imposible para Dios excepto la misma mentira

Apoyados, pues, en esta esperanza, adhiéranse nuestras almas a aquel que es fiel en sus promesas y justo en sus juicios. El que nos mandó no mentir, mucho menos será él mismo mentiroso, ya que nada hay imposible para Dios excepto la misma mentira. Reavivemos en nosotros la fe en él, y pensemos que todo está cerca de él. (San Clemente Romano. La esperanza escatológica, VII, n. 23-27)

… juzga las palabras de Francisco en su primera aparición pública

  • Cada uno sólo complace a Dios conservándose en su propia orden, sin transgredir la regla del su ministerio

[El Señor] mandó que las ofrendas y ministerios se cumplieran no al acaso y sin orden ni concierto, sino en determinados tiempos y sazón. Y dónde y por quiénes quiere que se ejecuten, Él mismo lo determinó con su querer soberano, a fin de que, haciéndose todo santamente, sea acepto en beneplácito a su voluntad. […] Y en efecto, al sumo sacerdote le estaban encomendadas sus propias funciones; su propio lugar tenían señalado los sacerdotes ordinarios, y propios ministerios incumben a los levitas; el hombre laico, en fin, por preceptos laicos está ligado. Que cada uno de nosotros, hermanos, “cada uno en su propio orden” (1 Cor 15, 23), procure complacer [dé gracias] a Dios, conservándose en buena conciencia, sin transgredir la regla del propio ministerio. (Denzinger-Hünermann 101. Clemente I de Roma, Carta a los Corintios, hacia el 96)

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