49 – Un cristiano restauracionista, legalista, que lo quiere todo claro y seguro, no va a encontrar nada

Santo Tomás de Aquino desveló en cierta ocasión uno de los secretos que permite entender mejor la unicidad y el brillo de su obra intelectual. Adaptando un poco los términos, él explicaba que nunca avanzaba en el desarrollo de un pensamiento, en la búsqueda de una respuesta, si no tenía plena seguridad de que sus pasos anteriores estaban fundamentados en verdades incuestionables. En este sentido, no es difícil encontrar elogios del magisterio de la Iglesia a los grandes doctores por su claridad e seguridad, características que permitieron a la Iglesia explicitar su doctrina sobre terreno firme y, a continuación, ponerla al alcance de todos los fieles con facilidad y sin misterios. Así son las enseñanzas de los Papas desde hace dos mil años, cumpliendo una exigencia del Salvador al traer la buena nueva: “Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno” (Mt 5, 37). Tampoco supone novedad el método de la Iglesia al exponer con claridad sus normas disciplinares para orientar sus fieles en el camino de la salvación.

Pues bien, ¿sería este un camino que no lleva a encontrar nada, una visión estática e involutiva que transforma la fe en una ideología cualquiera? Veamos lo que a este respecto nos dice hace 2000 años la Iglesia.

Francisco

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

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Autores

Pío X

Exponer sin claridad: una táctica de los modernistas

Y como una táctica de los modernistas (así se les llama vulgarmente, y con mucha razón), táctica, a la verdad, la más insidiosa, consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en realidad éstas son perfectamente fijas y consistentes; ante todo, importa presentar en este lugar esas mismas doctrinas en un conjunto, y hacer ver el enlace lógico que las une entre sí, reservándonos indicar después las causas de los errores y prescribir los remedios más adecuados para cortar el mal. (Pío X, Encíclica Pascendi Dominici Gregis, n.3, 8 de septiembre de 1907)

El deseo de novedades va siempre unido al odio del método escolástico

Tres son principalmente las cosas que tienen por contrarias a sus conatos: el método escolástico de filosofar, la autoridad de los Padres y la tradición, el magisterio eclesiástico. Contra ellas dirigen sus más violentos ataques. Por esto ridiculizan generalmente y desprecian la filosofía y teología escolástica, y ya hagan esto por ignorancia o por miedo, o, lo que es más cierto, por ambas razones, es cosa averiguada que el deseo de novedades va siempre unido con el odio del método escolástico, y no hay otro más claro indicio de que uno empiece a inclinarse a la doctrina del modernismo que comenzar a aborrecer el método escolástico. (Pío X, Encíclica Pascendi Dominici Gregis, n.42, 8 de septiembre de 1907)

¡Lejos de los clérigos el amor a las novedades!

Con semejante severidad y vigilancia han de ser examinados y elegidos los que piden las órdenes sagradas; ¡lejos, muy lejos de las sagradas órdenes el amor de las novedades! Dios aborrece los ánimos saberbios y contumaces. (Pío X, Encíclica Pascendi Dominici Gregis, n.49, 8 de septiembre de 1907)

Pío IX

Condenada la sentencia contra los antiguos métodos teológicos

El método y los principios con que los antiguos Doctores eclesiásticos cultivaron la Teología, no son adecuados en modo alguno a las necesidades de nuestros tiempos ni al progreso de las ciencias. (Denzinger-Hünermann 2913. Sílabo de Pío IX, 8 de diciembre de 1864)

León XIII

Elogio a la doctrina de Santo Tomás de Aquino: claridad y firmeza de principios

Ahora bien: entre los Doctores escolásticos brilla grandemente Santo Tomás de Aquino, Príncipe y Maestro de todos[…] de tal modo, que no se echan de menos en él, ni la abundancia de cuestiones, ni la oportuna disposición de las partes, ni la firmeza de los principios o la robustez de los argumentos, ni la claridad y propiedad del lenguaje, ni cierta facilidad de explicar las cosas abstrusas. (León XIII, Encíclica Aeterni Patris, 4 de Agosto de 1879)

Congregación para la Doctrina de la Fe

El pueblo de Dios debe profundizar su fe por medio de la reflexión

Para ejercer su función profética en el mundo, el pueblo de Dios debe constantemente despertar o « reavivar » su vida de fe (cf. 2 Tm 1, 6), en especial por medio de una reflexión cada vez más profunda, guiada por el Espíritu Santo, sobre el contenido de la fe misma y a través de un empeño en demostrar su racionalidad a aquellos que le piden cuenta de ella (cf. 1 P 3 , 1 5). (Congregación para la Doctrina de la Fe, Donum Veritatis, 24 de Marzo de 1990, n. 5)

La fe invita la razón a profundizarse

Por su propia naturaleza la fe interpela la inteligencia, porque descubre al hombre la verdad sobre su destino y el camino para alcanzarlo. Aunque la verdad revelada supere nuestro modo de hablar y nuestros conceptos sean imperfectos frente a su insondable grandeza (cf. Ef 3, 19), sin embargo invita a nuestra razón — don de Dios otorgado para captar la verdad — a entrar en su luz, capacitándola así para comprender en cierta medida lo que ha creído. La ciencia teológica, que busca la inteligencia de la fe respondiendo a la invitación de la voz de la verdad ayuda al pueblo de Dios, según el mandamiento del Apóstol (cf. 1 P 3, 15), a dar cuenta de su esperanza a aquellos que se lo piden. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Donum Veritatis, 24 de Marzo de 1990, n. 6)

Pío XII

Los teólogos deben siempre beber de la Tradición

También es verdad que los teólogos deben siempre volver a las fuentes de la Revelación divina, pues a ellos toca indicar de qué manera se encuentre explícita o implícitamente en la Sagrada Escritura y en la divina tradición lo que enseña el Magisterio vivo. Además, las dos fuentes de la doctrina revelada contienen tantos y tan sublimes tesoros de verdad, que nunca realmente se agotan. (Denzinger-Hünermann 3886. Pío XII, Encíclica Humani Generis, n. 15, 12 de Agosto de 1950)

Imprudencia de los que abandonan la terminología teológica tradicional

Por todas estas razones, pues, es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo dogma en una caña agitada por el viento. Además de que el desprecio de los términos y nociones que suelen emplear los teóricos escolásticos conducen forzosamente a debilitar la teología llamada especulativa, la cual, según ellos, carece de verdadera certeza, en cuanto que se funda en razones teológicas. (Denzinger-Hünermann 3883. Pío XII, Encíclica Humani Generis, n.11, 12 de Agosto de 1950)

Los amigos de novedades presentan el Magisterio como un entrabe al progreso

Por desgracia, estos amigos de novedades fácilmente pasan del desprecio de la teología escolástica a tener en menos y aun a despreciar también el mismo Magisterio de la Iglesia, que con su autoridad tanto peso ha dado a aquella teología. Presentan este Magisterio como un impedimento del progreso y como un obstáculo de la ciencia; y hasta hay católicos que lo consideran como un freno injusto, que impide que algunos teólogos más cultos renueven la teología. (Denzinger-Hünermann 3884. Pío XII, Encíclica Humani Generis, n. 12, 12 de Agosto de 1950)


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