“Señor ¿son pocos los que se salvan?”

A pesar del indiferentismo de nuestros días, con frecuencia aflora en las almas aquella misma pregunta que alguien, quizá afligido con la perspectiva de la condenación eterna, le hizo en su día al Redentor: “Señor ¿son pocos los que se salvan?” (Lc 13, 23). Y aunque casi nadie quiera efectivamente reconocerlo, sabemos que la problemática de la felicidad eterna se relaciona con la práctica de los mandamientos, la perseverancia en el estado de gracia y la firme adhesión a la única Iglesia verdadera. Hoy algunos, contaminados por falsas teorías, plantean la cuestión en términos simplificadores que buscan, equivocadamente, mostrar el camino hacia el Cielo tan espacioso como el de la condenación eterna (cf. Mt 7, 13), pero la verdad siempre ejercerá sobre los rectos de corazón el mismo poder de atracción y la misma fuerza de conversión de siempre. Son esos los que descubren que el  (cf. Mt 11, 30) pero que el Cielo sólo “los violentos lo arrebatan” (Mt 11, 12). Entremos en el Denzinger-Bergoglio y veamos lo que nos dice el Magisterio.

¿Hechos hijos de Dios sin el bautismo?

Cuando nos enteramos del nacimiento de un niño, no es raro que digamos o escuchemos que acaba de nacer un nuevo hijo de Dios. Sin embargo, este modo de expresarse en el lenguaje corriente, sin cualquier tipo de maldad, esconde una profunda imprecisión. De hecho, ¿quién puede llamar hijo suyo a quién? ¿Puede uno decir con propiedad que el hijo de su vecino es su hijo? ¿O que lo es su perro? ¿O siquiera un cuadro que pintó? En realidad, para ser hijo, real y propiamente hijo, es necesario haber recibido del padre su propia naturaleza. Por eso llamamos padres a los que nos transmitieron la vida humana. También hay un Padre insuperable, el Padre del Cielo, que desea transmitirnos una vida mucho más elevada, la valiosísima vida divina, porque desea poder llamarnos hijos suyos de verdad. Este magnífico don nos es dado a través de la gracia santificante. Pero ésta, después del pecado original, no viene automáticamente con el nacimiento… y por eso, al nacer, aún no podemos decir que somos hijos de Dios, ¡tenemos que nacer de nuevo! De cualquier modo, nada más perdonable que esa inexactitud teológica popular… Perdonable, claro está, para quien no tiene ex officio la misión de enseñar la Verdad… Veamos lo que nos dice el Magisterio

“El todo será todo en todos” ¿Una inmanencia teológico-panteísta?

Cuando un niño llega a la edad de los porqués y le pide a su padre que le explique quién es Dios, la respuesta siempre remite a alguien, un Ser perfecto, inconmensurable, todopoderoso, que gobierna la creación con sabiduría y nos acompaña a todos para llevarnos al cielo, su eterna y maravillosa casa. Afirmaciones sencillas que son aceptadas con toda naturalidad por quien recibió el don de la fe en el bautismo. Tanto es así que, sin entrar en menudencias teológicas, suenan raras a los oídos de un católico ciertas verdades extrañas a esa misma fe.

Más allá de aquello que es capaz de captar un niño en su sencillez, están los dogmas acerca de la esencia divina. Entenderlos de un modo diferente al que la Iglesia enseña supone aventurarse por sendas escabrosas, y enseñarlos de modo confuso, puede significar un grandísimo error pastoral. Entra en el Denzinger-Bergoglio y descubre esto →

¿Sin Jesucristo puede existir la verdadera paz?

Esperábamos paz, y nada va bien; tiempo de curación, y llega el terror” (Jer 8, 15). ¿Quién no quiere la paz? Pero… ¿cómo alcanzarla en un mundo agitado por numerosas e intricados problemas? Siglos antes de su nacimiento, el Señor fue profetizado por Isaías como ‘Príncipe de la Paz’ (Is 9,6). Siguiendo su Maestro, los apóstoles – sobretodo san Pablo – siempre ofrecían la paz a sus oyentes y a los destinatarios de sus cartas. Y la Santa Madre Iglesia, tutelada por el Espíritu Santo, supo orientar a los pueblos que se acogieron bajo su manto en las sendas de la paz, según la definición clásica del gran san Agustín: pax tranquillitas ordinis — la paz es la tranquilidad del orden (De Civ. Dei, XIX, 13). Sí, “tranquilidad del orden”, porque el orden es la recta disposición de las cosas según su fin, y el fin de toda criatura humana es volver a Dios, del cual salió. Por lo tanto, cualquier esfuerzo por la paz que se olvide de Dios… vano será, y como decía el profeta, sólo servirá para que nada continúe yendo bien y aumente el terror… Mientras no paran de levantarse voces –¡y qué voces!– a favor de una paz que olvida el lugar que le corresponde a Dios, nos será de enorme provecho saborear la enseñanza perenne de la Iglesia sobre la verdadera paz.  (Ver más→)

Nuevos textos de Francisco

Esta es una página dinámica. Gracias a las colaboraciones estamos en constante actualización.

Texto añadido al estudio «Los pobres son la carne de Cristo y la pobreza es una categoría teológica«:

Mi hermano Domenico me decía que aquí se realiza la Adoración. También este pan necesita ser escuchado, porque Jesús está presente y oculto detrás de la sencillez y mansedumbre de un pan. Aquí está Jesús oculto en estos muchachos, en estos niños, en estas personas. En el altar adoramos la Carne de Jesús; en ellos encontramos las llagas de Jesús. Jesús oculto en la Eucaristía y Jesús oculto en estas llagas. ¡Necesitan ser escuchadas! Tal vez no tanto en los periódicos, como noticias; esa es una escucha que dura uno, dos, tres días, luego viene otro, y otro… Deben ser escuchadas por quienes se dicen cristianos. El cristiano adora a Jesús, el cristiano busca a Jesús, el cristiano sabe reconocer las llagas de Jesús. Y hoy, todos nosotros, aquí, necesitamos decir: «Estas llagas deben ser escuchadas». Pero hay otra cosa que nos da esperanza. Jesús está presente en la Eucaristía, aquí es la Carne de Jesús; Jesús está presente entre vosotros, es la Carne de Jesús: son las llagas de Jesús en estas personas. (Discurso en el encuentro con los niños discapaciados y enfermos ingresados en el Instituto Seráfico, 4 de octubre de 2013)


Texto añadido al estudio «El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido«:

[Eugenio Scalfari] En una de nuestras reuniones él me habló de esa misión que concierne también a los no creyentes. “La Iglesia misionera” – me dijo – no hace proselitismo, pero lucha por despertar la búsqueda del bien en sus almas.” (La Repubblica.it, 15 de marzo de 2015Original italiano


Texto añadido al estudio «Los ateos también pueden hacer el bien«:

[Eugenio Scalfari]: Pero, ¿Qué pasa con aquellos que no tienen fe? La respuesta es que si uno ha amado a los demás al menos tanto como a sí mismo (posiblemente un poco más que a sí mismo) el Padre le dará la bienvenida. La fe ayuda, pero no es el elemento de quien juzga – es la vida en sí misma. El pecado y el arrepentimiento son parte de la vida (e incluye): remordimiento, un sentido de culpa, el deseo de redención y el abandono del egoísmo. (La Repubblica.it, 15 de marzo de 2015. Original italiano). (Nota del Denzinger-Bergoglio: Las presentes declaraciones figuran en el citado artículo-entrevista de Eugenio Scalfari atribuidas sin comillas al Papa Francisco. Como, entretanto, estas palabras no han sido objeto de ningún desmentido oficial, las hacemos constar aquí junto con el habitual cotejo de enseñanzas magisteriales).

Actualizaciones

Hasta el momento tenemos 20 artículos sobre las sorprendentes afirmaciones de Francisco. Puedes leer el último aquí o ver la lista completa.

Además de las Sagradas Escrituras y los principales textos fundamentales del Magisterio de la Iglesia, son  16 Papas, 8 Concilios, 9 Padres de la Iglesia, 5 Doctores de la Iglesia con Santo Tomás de Aquino,  5 Congregaciones Romanas con la Congregación para la Doctrina de la Fe, y un largo etcétera que suman 52  jueces  (y subiendo…). Ver todos.

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¿Caridad exclusiva y excluyente?

Por más que algunos se empeñen en presentarlo así, el amor hacia los pobres no es una novedad nacida de la Iglesia de Cristo durante los últimos años. Fue el Divino Redentor quien dio el ejemplo y dejó esa sorprendente ley de la caridad, que hace que sus seguidores encuentren en los que sufren la imagen del mismo Jesús que los inspiró a socorrerlos.

Sin embargo, el llamado divino a la conversión fue dirigido a todos, pobres o ricos, y la pobreza que mereció el título de bienaventuranza fue la del espíritu: el desapego de las cosas de este mundo y la humildad. Por eso, delante de algunas visualizaciones sesgadas, cabe preguntarse, ¿habrá pobres que son ricos en espíritu y ricos que son desapegados? ¿Es la “opción por los pobres” exclusiva y excluyente?

Si la idea de “carne de Cristo” tiene relación con la de Cuerpo Místico, ¿es la pobreza de las periferias lo que hace el hombre parte de este Cuerpo? El Magisterio nos enseña qué es el Cuerpo Místico de Cristo y cuáles son sus verdaderos miembros. Ver más…→

¿Cuáles son las ovejas que Jesús recibe en su redil?

Ante el mandato divino de evangelizar todas las naciones y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, la Santa Iglesia siempre traspasó fronteras para llevar a todos, sin excluir a nadie, el anuncio de la buena noticia. Sin embargo, ya desde los tiempos apostólicos, todo evangelizador se vio obligado a aliar la audacia con la prudencia, para no dejarse contaminar, en su debilidad, por aquellos que rechazan la universal invitación a la conversión realizada por el Redentor.

En nuestros días, frente a la creciente pérdida de identidad de los católicos, muchos entienden que este anuncio debe hacerse reconociendo los diferentes credos, entre los cuales el nuestro es considerado uno más, y sin ningún tipo de cuidado por la preservación de la propia fe y de las buenas costumbres.

Los sucesores de San Pedro dejaron a lo largo de los siglos orientaciones muy precisas que indican como conciliar la intrepidez apostólica con la vigilancia. Es oportuno recordarlos para aclarar conceptos y valorar debidamente la fe que profesamos, la única que puede llevar los hombres a la eterna bienaventuranza. Leer más →

La obligación de predicar la verdad contraría al mundo

El bien espiritual del pueblo de Dios depende del anuncio del Evangelio confiado por el mismo Jesucristo a San Pedro y los Apóstoles. Los verdaderos fieles esperan de sus pastores la transmisión íntegra de las verdades eternas, incluso cuando estas chocan con el mundo. Otros, muy al contrario, desearían que esto cambiase para vivir con la conciencia más tranquila. De este modo, la fidelidad de la Jerarquía a su misión implica proclamar “con ocasión o sin ella” la palabra de salvación y enfrentar no pocas enemistades entre los que viven apartados de la verdad.  Leer más aquí →.

¿El Juicio sin Juez?

El impresionante drama del Juicio universal siempre ha sido provechoso para los fieles y aun en nuestros días su consideración es eficaz para despertar las consciencias y llamar a la conversión. Tema muy pastoral y accesible para todos, aparece con gran claridad y frecuencia en la Sagrada Escritura.

La Iglesia resume esa verdad de fe en las terminantes y sencillas palabras que los católicos todos los días rezamos en el Credo: Cristo ha de venir de los Cielos “a juzgar a vivos y a muertos”. Pero… ¿vendrá como juez o vendrá cómo qué? Entra y encuentra la respuesta

¿Los ateos hacen el bien tal como los católicos?

Hacer el bien y evitar el mal… sin duda una obligación para todos, pues nadie consigue apagar aquella voz que, en el fondo de cada corazón, recuerda constantemente esta obligación. Pero… ¿todos pueden hacerlo por igual, con la misma lucidez y análogos efectos? Tema complejo y lleno de matices, que no puede ser tratado a la ligera y conviene tener claro para no confundir realidades primordiales para nuestra salvación… La doctrina católica siempre nos ilumina en medio de la penumbra… Entre en el Denzinger-Bergoglio →

¿Puede un hijo de la Iglesia poner en cuestión aquello que dictó la misma sabiduría divina?

Ciertas afirmaciones de Francisco a respecto de la Eucaristía han sido aprovechadas por los de siempre para fines perversos, sembrando el desconcierto entre los fieles más sencillos. Urge precisar términos más allá de las discusiones de alto nivel que se desarrollan en estos días y para eso, abundan las enseñanzas inmortales del Magisterio de la Iglesia, de una claridad meridiana… accesibles a cualquiera. “No temas, pequeño rebaño” (Lc 12, 32); la doctrina católica está sólidamente establecida a partir de la enseñanza de Jesucristo, ¿acaso se comprendería que en nuestros días esta doctrina fuera cambiada o reinterpretada por quienquiera que sea si fue dictada por el mismo Hijo de Dios? Veamos…