¿Las almas de los malos serán aniquiladas o eternamente castigadas?

¿Qué pasará después de la muerte? ¿Adónde iremos? He aquí, una de las grandes inquietudes del hombre, cristiano o no. Cuántas veces, a lo largo de la historia, se buscó una respuesta a la misma que no exigiese una moral consecuente con la creencia de una vida eterna y un Dios que premia y castiga. Las enseñanzas escatológicas de la Iglesia, fundadas en la revelación y en la tradición, y recogidas a lo largo de los siglos por el magisterio responden a estos interrogantes con autoridad y sabiduría. Y por ser depositaria de la verdad, tiene un afán misionero que emana del mandato de Cristo para anunciar el Evangelio a todos los pueblos y busca atraer todas las almas a su verdad perenne. Pero, ¿cuál es la verdad sobre este tema? Veamos lo que nos dice el Denzinger-Bergoglio→