De afirmaciones confusas a disparates exegéticos formales: para Francisco, Jesús fue manchado por el pecado

La misión del Papa de enseñar la verdad es inherente a su puesto de guía de la Iglesia. Para él se vuelven todos los bautizados esperando palabras de vida eterna, pues sabemos, por voluntad de Dios, nos habrían de llegar a través del Vicario de Cristo. Por eso, a lo largo de los siglos los Romanos Pontífices se dedicaron con mucho cuidado a la predicación, conscientes de que nadie puede hacerlo con más eficacia, autoridad y bendiciones celestiales que ellos mismos. Continue Reading

¿Hemos recibido una instrucción válida sobre el episodio de la pérdida del Niño Jesús en el Templo?

Todo sacerdote que ama de la Palabra de Dios medita sobre el Evangelio que será proclamado y por él explicado a los fieles. Sobre el conocimiento dado por su reflexión, es normal que el Espíritu Santo le inspire nociones más profundas sobre los hechos de la vida del Redentor y lo ilumine en relación al mensaje de salvación que se encuentra escondido en las entrelíneas.Continue Reading

Una relectura de los Evangelios: ¿Tan sólo la misericordia movía a Cristo?

Es muy agradable y, sobre todo, nos causa amor y admiración, pasear por las páginas del Evangelio y encontrar a aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), curando a todos, perdonando los pecados, multiplicando los panes, resucitando a los muertos y bendiciendo a los niños. Pero, en contraposición, una verdad se olvida en nuestros días, e incluso llega a ser odiada por muchos que quieren arrancarla de las conciencias: en unidad inseparable del Jesús misericordioso, está el justo, el severo, el íntegro y radical, que no tolera las abominaciones ni los errores de los obstinados. Ambos son el mismo Jesús… con ambas caras Jesús es bueno, Jesús es la Bondad.

Las páginas del Evangelio nos muestran claramente esta realidad tan dura, pero que brota del mismo Divino Corazón tan lleno de dulzura y misericordia.

Frente a la corrupción hodierna y a los desvíos tan graves que la humanidad está tomando contra su eterna ley, ¿Cristo, que es Dios inmutable, dejará de ser justo y pasará a ser sólo misericordioso? ¿Estaremos actuando de forma sensata riéndoles las gracias a los pecadores que se enorgullecen de su estado y no tienen la más mínima intención de cambiar? ¿O procediendo de esta forma estamos envileciendo nuestra dignidad de hijos de Dios para acomodarnos al mundo? Para responder estas preguntas, conviene recordar lo que nos enseña la doctrina católica perenne sobre el verdadero sentido de la justicia y la misericordia divinas. Entra en el Denzinger-Bergogio→

Más novedades cristológicas: ¿Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre o para salvar los hombres?

Después de la desobediencia de Adán y Eva en el Paraíso, solamente el mismo Dios podía reparar el ultraje que fuera infringido por el pecado del hombre. Esa ofensa Dios la quiso reparar con la venida al mundo de su Hijo Unigénito, hecho Hombre en el seno de María. La Encarnación del Hijo de Dios es uno de los más grandes misterios de nuestra fe, misterio de la sabiduría divina que se esconde bajo la humanidad.

El Creador quiso encarnarse para manifestar junto a los hombres la gloria del Padre e indicar el verdadero camino de santidad hacia Él. Por eso no dudó en humillarse a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz (cf. Flp 2, 8). Veamos qué nos dice la Iglesia acerca de este trecho de la epístola a los Filipenses contrastadas con las enseñanzas novedosas del innovador predicador de Santa Marta. Entra aquí

Jesús lo puede todo, ¿incluso fingir? Los dardos de una nueva cristología

Después de la Encarnación del Verbo y la Redención del género humano la Persona de Nuestro Señor Jesucristo se convirtió en el centro de la Historia. Rendirle culto, servirle y propagar su nombre pasó a ser la más alta finalidad de los bautizados, que nunca se cansaran de conocerlo cada vez más en esta vida mientras esperan el encuentro definitivo con Él en la venidera.

En esta búsqueda estimulada por la fe encuentra su origen la ciencia cristológica que en todos los siglos obtuvo notables avances, particularmente cuando debió vencer tremendos obstáculos como fueron las herejías. El Espíritu Santo nunca dejó de asistir la Iglesia para que conservara la verdad íntegra en lo tocante a la doctrina relativa a su Fundador, pues si las enseñanzas de Cristo son de máxima importancia, las que dicen respecto a su Persona lo son todavía más.

En diversas ocasiones el Papa Francisco ha demostrado interpretaciones muy personales en el campo de la cristología, dignas de atención. Sutiles, enroscadas en bellos discursos, a veces en dichos cortos, expresan ideas que hacen pensar y provocan cierta inquietud.

La afirmación que originó esta entrada, aunque breve, es reveladora de una visión sobre Cristo que necesita aclaraciones. ¡Jesús es la misericordia infinita! No cabe duda cuán agradable es meditar los pasajes evangélicos que demuestran su divina bondad en relación a los pecadores, su disposición de enseñar a todos que a Él se acercaban, curarlos tanto en el alma como en el cuerpo. Pero Jesús también condenó los malos, atacó a los que permanecían obstinadamente en el error, tejió un látigo y con él dispersó palomas, bueyes y ovejas y acarició la espalda de los que habían transformado la casa de Dios en una cueva de ladrones… y eso algunos no lo comprenden o no quieren comprenderlo.

¿Puede ser verdad que Jesús fingió en esas ocasiones una ira que no anidaba en su corazón? ¿Qué es fingir? El diccionario de la Real Academia Española nos ofrece una definición muy clara: “Dar a entender lo que no es cierto // Dar existencia real a lo que realmente no la tiene // Simular, aparentar”. Jesús es Dios y no puede obrar algo imperfecto. Por eso, no puede mentir y engañar. Veamos lo que dice la doctrina católica sobre eso. Entra aquí.

Quién es el centro de la fe cristiana, ¿Jesús o el hombre?

La fe católica que recibimos el día del bautismo está centrada en la persona de Jesucristo, Unigénito del Padre, Señor de toda creación y Redentor de la humanidad. A primera vista, nadie se atrevería a contestar esta sencilla afirmación tan evidente para quien recita el Credo con devoción. Inundado sinceramente por esta fe, el cristiano vive según los mandamientos y no se asusta con los sufrimientos y dificultades de la vida. Al encontrarse con alguien que necesita ayuda no ahorra esfuerzos para aliviarlo; recordando mientras tanto que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Dt 8, 3).

Vivir la fe en nuestros días exige una actitud permanente de coraje y heroísmo, pues son muchos los que no comprenden, no apoyan y hasta llegan a perseguir a los que se apartan radicalmente del pecado, se confiesan con frecuencia, asisten la misa dominical y buscan conformar su mente y corazón a los de Jesús. A estos héroes de lo cotidiano les sorprenderá que alguien diga que no es necesario entrar en choque con las costumbres del mundo, pues para vivir la fe basta ayudar a los demás, sin distinciones. O sea, más que vivir para Cristo, basta dedicarse al hombre ¿Es así de sencillo? ¿Cómo nos enseña el Magisterio a vivir la fe teniendo en vista la salvación de nuestras almas? Entra aquí para descubrirlo

¿El Divino Cordero se rebeló contra el Padre en la Cruz?

¿Por qué existe el sufrimiento? ¿Qué hice yo para sufrir? Estas son algunas de las preguntas que el ser humano se hace a si mismo desde que el mundo es mundo. Pero uno no obtiene la respuesta si no se centra en Cristo porque solo Jesús la enseñó con el ejemplo de su propia vida. Sin embargo, si es verdad que Cristo fue ejemplo en el sufrimiento, ¿se puede decir que en algún momento se rebeló contra el Padre? En la desolación que siente el alma en la “noche oscura” de la vida, ¿es lícito blasfemar contra Dios? ¿O rebelarse? ¿Impacientarse? Veamos lo que nos enseña el Magisterio →

¿Qué es la verdad?

En este mundo traidor/ nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”. ¡Qué bien expresan los geniales versos de Ramón de Campoamor la cínica desvergüenza del relativismo de nuestro tiempo, el subjetivismo y la mutabilidad de los valores de un mundo que, apartado de Aquel que es Camino, Verdad y Vida, pregunta desorientado como Pilato: “¿Qué es la verdad?” (Jn 18, 38). ¿Será una señal de los tiempos que el Sucesor de Pedro no quiera hablar de una verdad absoluta? Entra aquí →

Dios ¿ser necesario? ¿fuerza universal? ¿fenómeno vital inmanente? Cuestión de lectura…

Si analizamos el concepto de Dios en las diferentes religiones podemos encontrar interpretaciones de lo más variado y contradictorio. Pero para Francisco, Dios no es católico, es universal, y cada uno lo concibe como quiere. Veamos →