La catequesis, ¿un camino privilegiado para la actuación del Espíritu Santo o método comparable al yoga o zen?

En los Hechos de los Apóstoles encontramos la interesante historia de un etíope, ministro de la reina Candaces, que había viajado a Jerusalén para adorar al Dios verdadero. Sin embargo, este alto funcionario de la corte regresaba a su patria lleno de inquietudes con respecto a las Escrituras, que meditaba sin alcanzar su verdadero sentido. Dentro de una carroza, leyendo el rollo del profeta Isaías, se detenía en esta parte: “Como cordero fue llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, así no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra.” (Is 53, 7-8)

El mismo Espíritu Santo que le inspiraba el deseo de conocer la buena nueva sobre el Hijo, también preparaba una maravillosa respuesta a sus preguntas: envió el Diácono Felipe para instruirle en la fe, mandando que se acercara y se pegara a la carroza. He aquí la descripción de los Hechos: “Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: ‘¿Entiendes lo que estás leyendo?’ Contestó: ‘¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?’ E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él.” (Hch 8, 30-31)

Entonces le explicó la verdad sobre Jesucristo y sus palabras abrieron el alma del hombre para la fe, tanto que pidió el bautismo en aquel mismo instante. Tras cumplir con su misión el Espíritu arrebató a Felipe para evangelizar la ciudad de Azot, mientras “el eunuco continuó su camino lleno de alegría.” (Hch 8, 39)

Este episodio de la Iglesia naciente indica el modo de obrar de Dios: Él inspira las almas para que unas instruyan a otras y así mueve los corazones para la realización de sus planes. Este modo habitual del obrar divino explica la necesidad irrenunciable que tiene la Iglesia de la predicación y de la catequesis.

Hay quien defiende, no sin razón, la actuación directa del Espíritu Santo en las almas, prescindiendo de la enseñanza doctrinal. No cabe duda que eso puede pasar, pero lo extraordinario no abole lo normal, que, por cierto, no puede ser infelizmente equiparado, ni siquiera por una licencia coloquial, con otros métodos gravemente contrarios a la religión cristiana. Por todo ello, conviene que estudiemos bien ese tema y encontremos en la doctrina magisterial las respuestas que necesitamos. Leer más ⇒

En pocas palabras, cuánta profundidad… ¡un tenebroso abismo!

A nadie le resulta raro que, en determinadas circunstancias o ambientes, se hagan bromas a propósito de los más variados asuntos. Es un recurso para hacer más agradables las relaciones humanas, siempre que se haga con equilibrio y respeto. En ese sentido, cualquiera es capaz de comprender que ciertos ambientes o situaciones no permiten una expresión graciosa, y aún más cuando la posición de quien la dice es más elevada. Por ejemplo, ¿qué se pensaría de un jefe de Estado que contara un chiste al dirigir unas palabras en la capilla ardiente de una víctima del terrorismo?

Pues bien, tan alta es la dignidad del Vicario de Jesucristo que su misión siempre ha estado rodeada de un alto grado de solemnidad, incluso en las ocasiones que se dirían más informales.

Por eso, varios lectores nos escribieron un poco sorprendidos con las palabras de Francisco que analizaremos en esta entrada, dichas en un ambiente acaso restringido, informal y despreocupado, pero que terminan recayendo sobre un tema bastante serio, y en un mundo en el que nada queda desconocido, tal la expansión que a cualquier cosa dan los modernos medios de comunicación, especialmente hablando con periodistas. En fin, cabe preguntarse qué grado de conciencia podemos encontrar en el sentido más profundo de esas palabras considerando que, en los últimos años, entre los pastores celosos ha causado tanta preocupación la gran expansión que vienen alcanzando ciertas formas de religiosidad. Quién somos nosotros para juzgar… pero por lo menos sí se puede esperar un poco más de circunspección en las palabras de aquel que debe ser el guía de todos los católicos. Sobretodo, esperamos que aquí no se realice el sentido del dicho popular: “Entre broma y broma, la verdad asoma”. Entra en nuestro estudio ⇒