El Salvador de la Tierra

Parece que a Francisco todo se le queda pequeño. Quién le conoció en Buenos Aires cuenta que, ya como Arzobispo, no se resignaba a cuidar apenas del rebaño confiado a su custodia. La certeza de ser el privilegiado portador de un irresistible carisma para resolver todo y cualquier problema le impulsaba no sólo a querer controlar según su ideología la iglesia argentina al completo, sino a meterse en los problemas de los más variados ámbitos. Desde los de las demás confesiones a las que quería atraer –¡sin hacer proselitismo, por supuesto!– a su misterioso proyecto pan-ecuménico poliédrico, hasta los intrincados vericuetos de la política nacional.Continue Reading

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¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (IV… Conclusiones)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (IV... Conclusiones)

Después de analizar las referencias que Francisco hizo en su Encíclica Laudato Si’ al tema de la propiedad privada (ver I-II-II parte de este estudio), aprovechando diversas citas de Juan Pablo II, cuyo sentido no quedaba muy claro, tal vez haya surgido una duda en el espíritu de nuestros lectores. Ante los hechos que estos estudios han demostrado ¿qué intención tiene Francisco con todo eso? También nosotros nos planteamos esa interrogación delante del contenido de la peculiar investigación de nuestro especialista en Doctrina Social ¿Será que el mismo pone a descubierto alguna intención oculta?

Una respuesta quizá nos pueda ser dada escarbando un poco en los aledaños del texto analizado de la encíclica…

Francisco al cerrar el controvertido numeral 93 de la Laudato si’, hilvana nuevamente dos citas del Papa Juan Pablo II. La primera corresponde a una referencia directa extraída desde una homilía que el Papa dirigió a los agricultores en Recife, Brasil (7 julio 1980), n. 4; y la segunda se trata de una citación indirecta del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1990, n.8:

“Por lo tanto [Juan Pablo II] afirmó que ‘no es conforme con el designio de Dios usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos”. Esto cuestiona seriamente los hábitos injustos de una parte de la humanidad’”. (Laudato Si’, 93)

Como se puede observar, Francisco al yuxtaponer estas palabras y referencias del Papa Juan Pablo II, proferidas ante públicos y contextos sociales diversos, desea transmitir un mensaje: Juan Pablo II censuró a los que usan de modo egoísta sus bienes pues practican hábitos injustos. De este modo, la lectura de este párrafo con estas citas plantea una interrogante que permanece fluctuando sin respuesta: ¿quiénes son éstos que practican hábitos tan injustos? ¿Quiénes son estos egoístas?

Aplicando nuevamente su praxis de hilvanar citas descontextualizadas, en el numeral 94 de la Laudato si’ insinuará la respuesta sirviéndose, esta vez, de textos bíblicos:

“El rico y el pobre tienen igual dignidad, porque ‘a los dos los hizo el Señor’ (Pr 22,2); ‘Él mismo hizo a pequeños y a grandes’ (Sb 6,7) y ‘hace salir su sol sobre malos y buenos’ (Mt 5,45)”. (Laudato Si’, 94)

Francisco habiendo acoplado el pasaje de Mateo, sin ningún vínculo temático, a las citas de Proverbios y Sabiduría, parece insinuar una respuesta: Estos egoístas son los “ricos”, son los “grandes” de la sociedad, es decir, son los “malos”.

¿Esta insinuación tiene fundamento en la doctrina católica? ¿Todos los ricos son malos y egoístas? No deja de ser aleccionador comprobar que en el mismo discurso del Papa Juan Pablo II citado por Francisco, no obstante leído en su contexto, tenemos acceso a la doctrina verdadera. En efecto, el Papa Juan Pablo II, ilustrando sus enseñanzas a propósito de la necesidad de ser generosos y practicar las obras de caridad, comentó la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro:

51c0ef9f09eb3_350x0.png“En esa parábola, Cristo no condena al rico porque es rico, o porque viste lujosamente. Condena duramente al rico que no tiene en consideración la situación de penuria del pobre Lázaro, que solamente desea alimentarse de las migajas que caen de la mesa del festín. Cristo no condena la simple posesión de bienes materiales. Sino que sus palabras más duras se dirigen contra quienes usan su riqueza de manera egoísta, sin preocuparse del prójimo a quien le falta lo necesario”. (Juan Pablo II, homilía para agricultores en Brasil, Recife, 7 de julio de 1980)

¡Qué diferencia! ¡Qué contraste! Francisco para concluir sus enseñanzas sobre la propiedad privada pasa citar una Carta pastoral de la Conferencia Episcopal Paraguaya: “El campesino paraguayo y la tierra” (12 junio 1983):

“Esto tiene consecuencias prácticas, como las que enunciaron los Obispos de Paraguay: “Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que, además del título de propiedad, el campesino debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización””. (Laudato Si’, 94)

Como se puede comprobar estas palabras de los obispos paraguayos tienen por objetivo incentivar el derecho a la propiedad privada. Es más, el texto original de esta Carta Pastoral invoca en favor de este derecho, la propia Constitución de la República Paraguaya pues lo ampara jurídicamente. Por lo tanto, la versión exacta presentada por los Obispos paraguayos es la siguiente:

“Este derecho (establecido en nuestra misma Constitución Nacional) debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real” . (Conferencia Episcopal Paraguaya, 12 de junio de 1983)

Cómo sería coherente con sus propias palabras si Francisco, el defensor “de los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos”  (Discurso en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, Bolivia, 9 de julio de 2015), durante su reciente viaje pastoral a Cuba inspirado en estas mismas palabras de los obispos paraguayos se hubiese solidarizado con el pueblo cubano con este discurso parafraseado: “Todo campesino cubano y todo cubano tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho (que no es establecido en vuestra Constitución Nacional) debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que además del título de propiedad, el campesino cubano debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización”.

¿Por qué Francisco nunca pronunciaría un discurso de este tenor para favorecer al sufrido pueblo cubano? ¿Sólo por qué en sus discursos a los movimientos populares — como el mismo se defendió — “un explicación [en materia de Doctrina Social de la Iglesia] dio la impresión de ser un poco más “izquierdosa”? (Rueda de Prensa en vuelo de Santiago de Cuba a Washinton D.C., 22 de septiembre de 2015)

¿Sólo por una explicación? ¡Si fuese sólo eso! Para miles de católicos las dudas y las perplejidades que Francisco ha suscitado con “su doctrina” continuarán in crescendo, no obstante diga que puede rezar el Credo para demostrar su ortodoxia… Sí, por lo que parece, hay realmente unos buenos y unos malos, una panacea y una bestia negra… una división… una… ¿promoción de la lucha de clases? ¿Será eso? Pues si es así… Ya sabemos lo que esto significa…

Mientras tanto… no estará fuera de lugar que recordemos lo que dice la verdadera doctrina católica sobre la propiedad privada. Entra aquí

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“Hipoteca social” y Reforma Agraria: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (III)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (III)

Ya analizamos en nuestras anteriores entregas de este trabajo (ver aquí y aquí) cuatro referencias del Papa Juan Pablo II que realiza Francisco en el texto de la Laudato si’. Pasemos ahora a un nuevo texto del pontífice polaco, esta vez extraído desde la Encíclica Sollicitudo rei socialis, n.33, y que figura, una vez más, en el famoso numeral 93:

“[San Juan Pablo II] remarcó que «no sería verdaderamente digno del hombre un tipo de desarrollo que no respetara y promoviera los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las naciones y de los pueblos» (Carta enc. “Sollicitudo rei socialis”, 33)”. (Laudato Si’, 93)

Esta cita ha servido de pivote para luego hilvanar otras tres referencias que aluden, nuevamente a la Propiedad Privada. De modo específico, a la tierra para ser cultivada como un don de Dios en beneficio de todos los hombres. Aquí comprobaremos una vez más la importancia de leer los documentos que son citados, sobre todo tratándose de un trabajo magisterial presentado con el carácter de encíclica, dentro de su propio contexto histórico. En este caso concreto, las palabras que Juan Pablo II dirigió a los indígenas y campesinos de Cuilápam de Guerrero, Oaxaca, durante su primer viaje a México en 1979:

“Con toda claridad [Juan Pablo II] explicó que «la Iglesia defiende, sí, el legítimo derecho a la propiedad privada, pero enseña con no menor claridad que sobre toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social, para que los bienes sirvan a la destinación general que Dios les ha dado» (Discurso a los indígenas y campesinos de México, Cuilapán, 29 enero 1979, 6)”. (Laudato Si’, 93)

En este párrafo se destacan dos puntos básicos de la Doctrina Social de la Iglesia y un tercero de orden socio-político. Éste último se deduce del contexto histórico en el que estas palabras fueron pronunciadas. Analicemos primeramente los dos puntos básicos.

La legitimidad del derecho de propiedad y la “hipoteca social” que grava sobre ella

Juan Pablo II en este pasaje ha puesto de relieve con precisión que “la Iglesia defiende” con “claridad” la “propiedad privada” puesto que es un “derecho legítimo”. Este aspecto es importante destacarlo, puesto que, tratándose de un “derecho legítimo”, la propiedad privada como lo enseña la Doctrina Social de la Iglesia se hace accesible a todos los hombres por medio del trabajo, la donación o la herencia.

Al mismo tiempo, Juan Pablo II señala que sobre este legítimo derecho grava o pesa una “hipoteca social”. ¿Qué significa que sobre el derecho a la propiedad privada pese esta “hipoteca”?

  1. Los deberes de justicia de los propietarios con relación a los trabajadores

Para responder adecuadamente es necesario clarificar un aspecto elemental: ¿qué es una hipoteca? Como enseñan los manuales de economía, la hipoteca es el derecho que pesa sobre los bienes inmuebles para así garantizar el pago de una deuda o el cumplimiento de una obligación. De este modo el propietario del bien inmueble que fue hipotecado no pierde el derecho a su uso. Por lo tanto, cuando Juan Pablo II ha recurrido a este concepto de la “hipoteca social”, como él mismo lo explica, desea poner de relieve aquel principio fundamental de la Doctrina social de la Iglesia. Los bienes deben servir “a la destinación general que Dios les ha dado”.

sollicitudoEn efecto, el mismo Papa repitió esta doctrina cuando en su Encíclica Sollicitudo rei socialis, n.42 reflexionó sobre las “responsabilidades sociales y el uso de los bienes”. En este numeral 42 explicó que esa “hipoteca social” se funda en el hecho de que la propiedad privada “posee, como cualidad intrínseca, una función social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes”. Y luego agregó esta importante observación: “En este empeño por los pobres, no ha de olvidarse aquella forma especial de pobreza que es la privación de los derechos fundamentales de la persona, en concreto el derecho a la libertad religiosa y el derecho, también, a la iniciativa económica”. (Sollicitudo rei socialis, n.42)

Las palabras de Juan Pablo II recuerdan las enseñanzas impartidas en la Rerum novarum por León XIII y años más tarde sintetizadas por Pío X. En esta síntesis compuesta por siete puntos se indicaban las obligaciones de justicia que los propietarios de los bienes de producción debían poner en práctica con relación a sus trabajadores. (Pío X, Motu proprio Fin dalla prima (“Sillabo sociale”) del 18 de diciembre de 1903)

La primera y más importante de estas obligaciones decía relación al pago del “justo salario” pactado con el trabajador. León XIII sobre este particular insistió con fuerza (Cf. Rerum novarum, nn.3.15.32-33), ya que “defraudar a alguien en el salario debido es un gran crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo. «He aquí que el salario de los obreros… que fue defraudado por vosotros, clama; y el clamor de ellos ha llegado a los oídos del Dios de los ejércitos» (Sant 5,4)” (Rerum novarum, n.15)

Con respecto al resto de obligaciones es necesario subrayar que pasados más de 130 años desde la publicación de la Rerum novarum, todas ellas fueron introducidas en las legislaciones laborales de las naciones occidentales. Naturalmente, nos referimos a las naciones que no fueron, o no son en la actualidad subyugadas por los regímenes socialistas o comunistas. En efecto, en estos regímenes de orientación marxista la legislación coartó –como coarta gravemente– el “justo salario”, la “propiedad privada” y otros derechos elementales de los trabajadores.

Jesús R. Mercader Uguina

Un ejemplo perfecto de tal injusticia es Cuba. En esta nación caribeña, como demostró, Jesús R. Mercader Uguina, Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Carlos III de Madrid, las recientes reformas al Código del Trabajo siguen vulnerando de modo inflexible numerosos principios y normas internacionales en materia de derecho laboral. (Ver “Las últimas reformas laborales en Cuba [2009-2014]”, esp. págs. 27-28).

Se diría que son este tipo de violaciones a los derechos humanos a las que apuntaba Juan Pablo II en el citado pasaje del numeral 42 de su Encíclica Sollicitudo rei socialis. En efecto, recordemos que el Papa denunciaba aquella “forma especial de pobreza que es la privación de los derechos fundamentales de la persona, en concreto el derecho a la libertad religiosa y el derecho, también, a la iniciativa económica”. (Carta enc. “Sollicitudo rei socialis”, 42)

A este propósito, el reciente viaje Apostólico de Francisco a Cuba no dejó de suscitar en millones de católicos nuevas perplejidades. Su silencio con relación a las graves violaciones de los derechos humanos cometidos por los hermanos Castro durante ya más de medio siglo fue demasiado ostensivo. Este viaje apostólico constituye un testimonio paradigmático de las constantes omisiones que en materia histórica, filosófica y teológica, conforme enseña el Magisterio de la Iglesia, incurre el Obispo de Roma Jorge Mario Bergoglio. Estas lamentables omisiones, llama poderosamente la atención, siempre terminan por favorecer a todos aquellos que nunca ocultaron su hostilidad y su rechazo hacia la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

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  1. Los deberes de caridad de los que poseen bienes materiales y más especialmente los bienes del espíritu

389_001Un segundo aspecto relativo a la “función social” y la “hipoteca social” de aquellos que poseen mayores bienes materiales, dice respecto a la obligación de ir en socorro de los hermanos más necesitados. Esta obligación tiene su fundamento en la virtud de la caridad cristiana practicada por la Iglesia desde hace casi dos mil años. León XIII a este propósito observó este equilibrado criterio: “A nadie se manda socorrer a los demás con lo necesario para sus usos personales o de los suyos; ni siquiera a dar a otro lo que él mismo necesita para conservar lo que convenga a la persona, a su decoro: «Nadie debe vivir de una manera inconveniente» (S. Th. II-II q.32 a.6.). Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra. «Lo que sobra, dadlo de limosna» (Lc 11,41).” (Rerum novarum, n.17).

El mismo Papa explicó que estos deberes no perteneciendo al ámbito de la justicia, salvo en casos de extrema necesidad, no pueden ser exigidos por medio de la ley: “Pero antes que la ley y el juicio de los hombres están la ley y el juicio de Cristo Dios, que de modos diversos y suavemente aconseja la práctica de dar: «Es mejor dar que recibir» (Hech 20,35), y que juzgará la caridad hecha o negada a los pobres como hecha o negada a Él en persona: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»(Mt 25,40). Todo lo cual se resume en que todo el que ha recibido abundancia de bienes, sean éstos del cuerpo y externos, sean del espíritu, los ha recibido para perfeccionamiento propio, y, al mismo tiempo, para que, como ministro de la Providencia divina, los emplee en beneficio de los demás. «Por lo tanto, el que tenga talento, que cuide mucho de no estarse callado; el que tenga abundancia de bienes, que no se deje entorpecer para la largueza de la misericordia; el que tenga un oficio con que se desenvuelve, que se afane en compartir su uso y su utilidad con el prójimo» ( San Gregorio Magno, Sobre el Evangelio hom.9 n.7)”. (Rerum novarum, n.17).

En este apartado hemos intentado dejar más claros los resbaladizos conceptos relativos a la “función social” y la “hipoteca social” que pesan sobre la propiedad privada. Consideramos importante destacar el argumento presentado por León XIII a propósito de los bienes espirituales. Siendo así, ¿podemos hablar de una “función social” y de una “hipoteca social” que grava o pesa sobre los “bienes espirituales”? Sin lugar a dudas la respuesta es afirmativa, no obstante con una puntualización a ser destacada. Siendo los bienes espirituales de un carácter superior a los estrictamente materiales, como lo es la propiedad privada, ellos demandan mayores obligaciones a quienes los poseen para favorecer a los hermanos necesitados. De ahí la importancia de insistir al respecto de las obras de misericordia espirituales: Instruir, aconsejar, consolar, confortar, perdonar y sufrir con paciencia. (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2447)

Volviendo a la exposición del tema, “propiedad privada”, planteado por Francisco en la Laudato si’, pasamos a una tercera e importante materia que el citado discurso de Juan Pablo II dirigido a los campesinos e indígenas mexicanos en 1979, nos permite analizar.

México 1979: la realidad del agro, de los indígenas y los campesinos

Antes que nada, para comprender en profundidad las palabras de Juan Pablo II, extraídas e hilvanadas en la Laudato si’, vale la pena situarlas dentro del contexto histórico en el que fueron pronunciadas ¿Cuál es el marco socio-político en el que inserta este discurso de Juan Pablo II? ¿Quiénes eran los gobernantes de México en ese año de 1979? El Estado mexicano, promotor de un proceso de Reforma Agraria que a la fecha llevaba 54 años de vigencia, ¿concedía a sus beneficiarios (campesinos e indígenas) el derecho a la propiedad privada de las tierras otorgadas para su cultivo? ¿Cuál era la situación de la agricultura y la vida de los indígenas y campesinos mexicanos en ese momento histórico? Analicemos algunos hechos históricos incuestionables.

mexicoreformaLas fuerzas políticas revolucionarias siempre se jactaron de que en México se realizó la primera Reforma Agraria socialista de la Historia (1915). Fue así que con el objetivo de consolidar este sangriento proceso revolucionario; y al mismo tiempo intentando reagrupar a todas las fuerzas políticas que lo impulsaban, se funda en el año de 1929 el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Los dirigentes de esta agrupación desde aquel año hasta el 2000, ejercieron sin interrupciones el poder político de la nación mexicana. Durante estas décadas continuaron llevando adelante el proceso de la Reforma Agraria socialista, culminando sólo en 1992.

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warmanArturo Warman Gryj, antropólogo y ex Ministro de la Reforma Agraria de México, constató que en un período de 77 años (1915-1992) se entregaron a 3,5 millones de campesinos, 100 millones de hectáreas, es decir, el equivalente a más de la mitad del actual territorio de México y aproximadamente alrededor de las dos terceras partes de la propiedad rústica total del país. Naturalmente los dirigentes del Partido Revolucionario Institucional dieron todo el apoyo gubernamental a esa Reforma Agraria; sin embargo, ella nunca logró concretar las metas de bienestar económico y social prometidas. Los hechos concretos son que los campesinos con el correr de los años cayeron en la pobreza más extrema y lo que es más dramático ni ellos ni sus descendientes fueron propietarios de las tierras otorgadas por los gobernantes mexicanos para su cultivo. (FAO, La reforma agraria mexicana: una visión de largo plazo – Arturo Warman)

Nota: La tenencia de la tierra, según el largo proceso de Reforma Agraria mexicana, fue comunitaria. Como explicó el mismo Arturo Warman Gryj: “las tierras que se entregaban en usufructo permanecían como propiedad de la nación por concesión a una corporación civil: el ejido o la comunidad. (…) Las parcelas que se entregaban para disfrute particular a los ejidatarios quedaban sujetas a condiciones restrictivas: la tierra debía ser cultivada personalmente por el titular, no podía mantenerse ociosa, venderse, alquilarse ni usarse como garantía; era inalienable pero podía ser heredada por un sucesor escogido por el titular siempre que no hubiese sido fragmentada. El incumplimiento de estas condiciones implicaba sanciones que anulaban sin compensación los derechos de goce de la parcela y la pertenencia al ejido”.

ejidoObservando este trasfondo histórico y socio-político, se constata que el sistema agrario basado en el ejido y plenamente vigente en México en el año de la visita de Juan Pablo II, era nítidamente socialista; y por lo tanto en clara divergencia con la Doctrina Social de la Iglesia. En primer lugar, el Estado mexicano habiendo confiscado a sus legítimos propietarios un inmenso patrimonio agrario, violó el 7º y 10º mandamiento de la Ley de Dios. En segundo lugar, ese mismo Estado mexicano convirtiéndose por esa vía expropiatoria en el mayor latifundista de la nación; y habiendo subdividido ese capital agrícola en “ejidos” para destinarlos a los campesinos e indígenas, cometió una segunda injusticia. En efecto, el ejidatario no siendo dueño de la tierra, y por lo tanto prohibido de venderla, rentarla o darla en garantía, era obligado a unirse a una cooperativa subvencionada por el Estado. En suma, el ejidatario mexicano obligado a trabajar la tierra y depender de una cooperativa estatal no pasaba de ser un simple labrador del Estado. En otros términos, en la práctica los campesinos e indígenas ejidatarios vivían encarcelados dentro de un régimen agrícola de nítido corte socialista.

La propiedad privada según la Doctrina Social de la Iglesia

Por el contrario, la tierra, como enseña la Doctrina Social de la Iglesia, fue dada por Dios para que sea dominada por todos los hombres por medio de su trabajo. En otros términos, la tierra no fue otorgada por el Creador para que una organización política la confisque, la controle y la administre de modo absoluto a través de un jefe supremo y los seguidores de una facción o partido político único. La tierra tampoco fue dada a los hombres para que una camarilla de adeptos, incondicionales o devotos de Marx, Lenin, Fidel, Mao, el Ché Guevara, Chávez como de otros políticos e ideólogos, se autoproclamen en los dueños y señores del territorio de una nación, restringiendo así su uso y su dominio a los particulares, sea por impuestos excesivos como por la confiscación arbitraria.

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Como destacó Juan Pablo II “la Iglesia defiende el legítimo derecho a la Propiedad Privada” porque está de acuerdo con la justicia y el derecho natural. En efecto, como enseña la Doctrina Social de la Iglesia, una vez que el hombre es dueño y señor de sus actos, va a ser el dueño y señor del fruto de su trabajo. Este fruto laboral una vez acumulado, se convierte en la propiedad privada, sea para el propio beneficio del trabajador como el de su familia. Enseñando este principio, León XIII afirmó con gran sabiduría que un bien mueble o inmueble era “el mismo salario [del trabajador] revestido de otra apariencia”. De aquí que la propiedad privada adquirida por el trabajador debía ser de su dominio tanto como el salario ganado con su trabajo (Rerum novarum, n.3).

Al cumplirse 100 años del fracaso de la Reforma Agraria mexicana: un recado para Francisco

Por todo lo dicho, el recuerdo del primer centenario de la primera Reforma Agraria de la Historia, la fracasada Reforma Agraria mexicana, en este año de 2015, confirma de modo categórico la lucidez de todos los Papas que desde León XIII hasta Benedicto XVI afirmaron que la ruina económica, la miseria y la opresión son los frutos típicos del comunismo y del socialismo (ver aquí).

Francisco saluda a Evo Morales durante el I Encuentro de Movimientos Populares. Roma, 28 octubre de 2014

Francisco saluda a Stedile, líder del “Movimiento de los sin Tierra” del Brasil, durante el I Encuentro de Movimientos Populares. Roma, octubre de 2014

Por tal motivo, las palabras que Francisco dirigió durante su intervención en el I Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en Roma, el 28 de octubre de 2014, incentivando de modo sorprendente a los promotores de la Reforma Agraria (ver aquí), levantan algunos graves interrogantes:

  • ¿Esta Reforma Agraria promovida por Francisco es conforme a la Doctrina Social de la Iglesia?
  • ¿Cuáles son los países que Francisco mencionó de modo genérico y que según su criterio deben ser sometidos a la Reforma Agraria?
  • Siendo así, ¿cuál es el modelo de Reforma Agraria exitoso que Francisco puede proponer para su aplicación en dichos países?
  • ¿Existen realmente esos modelos exitosos de Reforma Agraria?
  • ¿Existen fundamentos para conjeturar que este modelo sea la Reforma Agraria cubana iniciada por Fidel Castro en 1959 y reciclada en 1993 dado que ella se mantiene vigente hasta los presentes días?

Sobre este último interrogante, a juzgar por los “sentimientos de especial consideración y respeto”, como la gran simpatía que Francisco manifestó por Fidel Castro (ver nota 1 al final) al homenajearlo con una visita en su propia residencia de la Habana, se es inclinado a optar por una respuesta afirmativa. ¿Pero será esto posible? ¿Quién puede decirlo a no ser el propio Francisco?

Como podemos observar esta inquietud una vez más quedará flotando en el mar de incógnitas y perplejidades que Francisco no deja de provocar día a día con sus gestos, sus actitudes y sus innovaciones. Sin embargo, tal vez lo más grave sea la profunda desorientación, los conflictos y los problemas de conciencia que Francisco crea entre los fieles al omitir verdades y principios esenciales enseñados desde siempre por el Magisterio de la Iglesia. Triste realidad de un pontificado de apenas dos años…

Bien… como prometíamos, este estudio en fascículos no deja de dar sorpresas… no se pierdan la última edición.


Nota 1: El órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el diario Granma, así publica el cordial encuentro: 
Fuente Granma: https://youtu.be/R4Si2TcKqg8

 

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¿Plagio? ¿Manipulación?¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (II)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (II)

Vimos en la anterior entrega de este estudio, realizado por nuestro especialista en Doctrina Social de la Iglesia, el uso un poco extraño que hizo Francisco de algunas referencias a la Encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II. Uno de los puntos que se nos había quedado en el tintero es con respecto a lo que habría dicho el pontífice polaco sobre el “derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los bienes”, tema aprovechado y aireado por el actual Obispo de Roma en su controvertida encíclica Laudato Si’ ¿Por qué motivo habría indicado Juan Pablo II que es éste el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social”? Las respuestas a estas preguntas se encuentran en el numeral 19 de la Laborem excercens. La doctrina expuesta por el Papa Juan Pablo II se puede sintetizar en tres puntos:

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  • El Papa explicó que “el principio del uso común de los bienes” se establece con base en “las relaciones fundamentales existentes entre el capital y el trabajo”, es decir, en “el salario”. En efecto, subrayó que “la remuneración del trabajo, sigue siendo una vía concreta, a través de la cual la gran mayoría de los hombres puede acceder a los bienes que están destinados al uso común: tanto los bienes de la naturaleza como los que son fruto de la producción. Los unos y los otros se hacen accesibles al hombre del trabajo gracias al salario que recibe como remuneración por su trabajo”.
  • Por tal motivo el Papa Juan Pablo II agregó: “De aquí que, precisamente el salario justo se convierta en todo caso en la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socio-económico y, de todos modos, de su justo funcionamiento. No es esta la única verificación, pero es particularmente importante y es en cierto sentido la verificación-clave”.
  • Esta “verificación-clave” de la justicia, analizada desde la Doctrina Social de la Iglesia, tiene una gran trascendencia. En efecto, como afirmó el mismo Papa Juan Pablo II: “Tal verificación afecta sobre todo a la familia. Una justa remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro”.

La esplendorosa continuidad de la Doctrina Social de la Iglesia… hasta que llegó Francisco

León XIII

León XIII

En fin, algo que ya estaba dicho en las grandes encíclicas sociales anteriores y que, muy oportunamente, Juan Pablo II traía a colación nuevamente, en armónica continuidad con sus antecesores (basta echar una rápida mirada a la Rerum Novarum de León XIII o a la Mater et Magistra de Juan XXIII. Por consiguiente, queda claramente expuesto, conforme a la Doctrina Social de la Iglesia, que negar las relaciones entre “el capital y el trabajo”, cuyo fundamento se establece en el “salario”, equivale a negarle a todo trabajador su derecho a adquirir propiedades, sean los bienes de la naturaleza creados por Dios, como los que son manufacturados por el hombre. materetmagistraEste derecho es el que le permite al trabajador, con el paso de los años, formar un patrimonio para su propio bienestar, el de su esposa e hijos. Será este patrimonio el que justamente en el futuro se constituirá en la herencia familiar.

Al mismo tiempo, a la luz de estas consideraciones se explica con claridad que este derecho a adquirir la propiedad privada fruto del “salario justo” es el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social”. En efecto, fue precisamente por querer destruir este “primer principio” que todos los Papas, con excepción de Francisco, siempre condenaron y censuraron el colectivismo propiciado por el comunismo y el socialismo (ver aquí, aquí , aquí y aquí)

Francisco habiendo omitido que el “trabajo” y el “salario” son los fundamentos de la propiedad privada, y la clave para comprender el concepto “destino común o universal de los bienes”, pasa a citar nuevamente al Papa Juan Pablo II, fuera de su contexto doctrinal. Éste, al contrario, recordó con mucho énfasis esta doctrina, diciendo que “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno” (Juan Pablo II. Carta enc. “Centesimus annus”, n.31). Francisco queriendo reforzar su argumentación no recurrirá a una nueva cita descontextualizada, pero sí a la retórica. Por medio de una adjetivación intentará tocar los sentimientos de sus lectores. De este modo declara que la referencia que él acaba de citar desde la Centesimus annus, n.31, “son palabras densas y fuertes”:

La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada. San Juan Pablo II recordó con mucho énfasis esta doctrina, diciendo que «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno»(Centesimus annus, 31). Son palabras densas y fuertes. (Laudato Si’, 93)

“Palabras densas y fuertes”: ¿Juan Pablo II a favor de la lucha de clases?

GPaolo_II_RNAg2¿Por qué motivo Francisco afirma que las palabras del Papa Juan Pablo II son palabras “densas” y “fuertes”? ¿Por qué ellas hablan de “excluidos” y “privilegiados”? ¿Es decir, de propietarios y no propietarios? ¿De ricos y pobres? ¿Es a este aspecto al que se refería el Papa Juan Pablo II? ¿Qué enseñanza expuso en ese numeral 31 de su encíclica Centesimus annus, publicada en el año de 1991, precisamente para rendir un homenaje a León XIII por los 100 años de su magistral Encíclica Rerum novarum?

Como podremos comprobar Francisco una vez más al descontextualizar las palabras contenidas en la Encíclica Centesimus annus pasa por alto el mismo e importante principio de la Doctrina Social de la Iglesia, arriba señalado: la “propiedad privada” y el “destino común de los bienes” tienen su fundamento en el trabajo del hombre.

En efecto, el Papa Juan Pablo II en ese numeral 31 de la Encíclica Centesimus annus después de hacer un elenco de las enseñanzas de la Iglesia sobre el derecho a la propiedad privada y el destino común de los bienes, abarcando desde León XIII, 1891, hasta ese año de 1991, pasó a plantear “la cuestión acerca del origen de los bienes que sustentan la vida del hombre, que satisfacen sus necesidades y son objeto de sus derechos”. Las importantes enseñanzas de Juan Pablo II sobre este particular, se pueden esquematizar en tres puntos:

  1. El Papa Juan Pablo II afirmó que “el origen primigenio de todo lo que es un bien es el acto mismo de Dios que ha creado el mundo y el hombre, y que ha dado a éste la tierra para que la domine con su trabajo y goce de sus frutos (cf. Gn 1,28-29)”.
  2. Después de haber expuesto este principio clave de la Doctrina Social de la Iglesia, el Papa Juan Pablo II agrega las palabras citadas por Francisco: “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno”.
  3. Acto seguido, el Papa Juan Pablo II concluye con esta significativa aclaración: “He ahí, pues, la raíz primera del destino universal de los bienes de la tierra. Ésta, por su misma fecundidad y capacidad de satisfacer las necesidades del hombre, es el primer don de Dios para el sustento de la vida humana”.

Como se puede observar las palabras del Papa Juan Pablo II, leídas en su contexto doctrinal, ¿qué tienen de “densas” y “fuertes”? ¿No es acaso de justicia elemental que todo aquel que trabaja tenga derecho a acceder a la propiedad privada para sí mismo y sus familiares? ¿No fue acaso esta misma propiedad privada, sea de los grandes, de los medianos como de los pequeños propietarios, volvemos a insistir, el blanco privilegiado del colectivismo marxista que literalmente la aniquiló a sangre y fuego? Así, no es extraño que a propósito de esta triste e irrebatible realidad histórica, el mismo Papa Juan Pablo II se haya expresado en términos bastante críticos a Karl Marx y su ideología, como consta en varias intervenciones de su pontificado.

Pero de modo particular, las críticas que el Papa expuso en esta misma Encíclica Centesimus annus, consignadas en el numeral 41. ¿Qué calificativo habrían recibido estas censuras proferidas por el Papa Woytila a Karl Marx y el colectivismo socialista si hubiesen sido leídas en los dos Encuentros Mundiales de los Movimientos Populares? ¿Qué habría opinado un Evo Morales u otro de los destacados organizadores de estos dos eventos? ¿Palabras densas? ¿Palabras Fuertes? ¿Detestables? ¿desafortunadas?

marx_engels_lenin_stalin_1933"El marxismo ha criticado las sociedades burguesas y capitalistas, reprochándoles la mercantilización y la alienación de la existencia humana. Ciertamente, este reproche está basado sobre una concepción equivocada e inadecuada de la alienación, según la cual ésta depende únicamente de la esfera de las relaciones de producción y propiedad, esto es, atribuyéndole un fundamento materialista y negando, además, la legitimidad y la positividad de las relaciones de mercado incluso en su propio ámbito. El marxismo acaba afirmando así que sólo en una sociedad de tipo colectivista podría erradicarse la alienación. Ahora bien, la experiencia histórica de los países socialistas ha demostrado tristemente que el colectivismo no acaba con la alienación, sino que más bien la incrementa, al añadirle la penuria de las cosas necesarias y la ineficacia económica". (Juan Pablo II. Encíclica Centesimus annus, n.41, 1 de mayo de 1991)
 
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Al mismo tiempo, es sugestivo comprobar que en el mismo numeral 31 de la Encíclica Centesimus annus, citado por Francisco, el Papa Juan Pablo II enseña al respecto de la propiedad privada la misma doctrina que había expuesto casi 10 años antes en la Laborem excercens, n.19. ¿Qué doctrina es ésta? Puede parecer reiterativo, no obstante, se trata del fundamento de la propiedad privada y del destino universal de los bienes, y precisamente el punto doctrinal clave omitido por Francisco en la Laudato si’. Veamos.

La tierra dada por Dios a todos los hombres para que la dominen, no da sus frutos sin una respuesta del hombre: su propio trabajo

  • El Papa Juan Pablo II enseñó en la Centesimus annus, n. 31 que “la tierra no da sus frutos sin una peculiar respuesta del hombre al don de Dios, es decir, sin el trabajo”.
  • En efecto, es “mediante el trabajo, que el hombre, usando su inteligencia y su libertad, logra dominarla y hacer de ella su digna morada. De este modo, se apropia una parte de la tierra, la que se ha conquistado con su trabajo: he ahí el origen de la propiedad individual”.
  • El Papa para poner las cosas en su justo equilibrio agrega: “Obviamente le incumbe también la responsabilidad de no impedir que otros hombres obtengan su parte del don de Dios, es más, debe cooperar con ellos para dominar juntos toda la tierra”.
  • Al mismo tiempo, al introducir el numeral 32 de la Centesimus annus declara que “existe otra forma de propiedad, concretamente en nuestro tiempo, que tiene una importancia no inferior a la de la tierra: es la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber. En este tipo de propiedad, mucho más que en los recursos naturales, se funda la riqueza de las naciones industrializadas”.

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Estas enseñanzas del Papa Juan Pablo II permiten determinar la existencia de las naturales desigualdades que se establecen en el trabajo de los hombres, sea por el grado de inteligencia, talento y conocimientos; como también por la capacidad laboral y la calidad en la ejecución del mismo. Siendo así, es de justicia elemental que aquellos que son más trabajadores, más talentosos y capaces, obtengan mayores ganancias, beneficiándose a sí mismos como a los miembros de su familia. En primer lugar, su esposa y sus hijos. Sobre este aspecto que concierne a la justicia distributiva que merecen aquellos hombres y mujeres más trabajadores y más esforzados, nunca será suficiente insistir en estos tiempos de confusión de ideas, demagogia y populismo.

No… no es haciendo un popurrí de referencias a encíclicas sociales, destacadas de su contexto y mágicamente encadenadas, que nos vamos a creer esto:

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Yo estoy seguro de que no he dicho una palabra más de lo que está en la Doctrina social de la Iglesia. (Francisco, rueda de prensa, avión Santiago de Cuba- Washington D.C.)

Animamos a nuestros lectores a continuar acompañando las siguientes entregas de este estudio…

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¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (I)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (I)

Uno de los aspectos en que Francisco ha causado más perplejidades, sobretodo en el mundo occidental, ha sido su patente inquina contra el capitalismo, ya sea cargando contra la libertad de mercado siempre que se le presenta ocasión, ya no escondiendo sus simpatías por líderes comunistas del más variado calado, ya con mensajes de contenido dudoso con los cuales, si se anima uno a tirar del hilo, se lleva sorpresas bastante desagradables.

Uno de los miembros de la red Denzinger-Bergoglio, teólogo apasionado por la Doctrina Social de la Iglesia, acaba de concluir un estudio mostrando algunos aspectos sorprendentes de la Encíclica Laudato Si’ en lo que se refiere al tema de la propiedad privada. A primera vista, y comenzando por las conclusiones que arrojaba, pensamos que podía estar exagerando, movido quizá por un cierto apasionamiento completamente ajeno a las intenciones de esta página. Sin embargo, examinando con calma su punto de partida, planteamientos, análisis y conclusiones, exclamamos admirados, pues había hilado fino… más fino incluso que el propio Francisco en su controvertida encíclica. Entremos en harina y vayamos por partes…

Laborem exercens, fuente de inspiración (con matices) para Francisco

Francisco inicia el capítulo VI de la Laudato si’ con el elocuente subtítulo de “Destino común de los bienes” y escribe en el numeral 93:

“El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una «regla de oro» del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social» (Juan Pablo II. Carta enc. “Laborem excercens”,19)”. (Laudato Si’, 93)

Francisco cita en este párrafo dos veces la encíclica Laborem excercens del Papa Juan Pablo II. Sí, ha leído bien, dos veces. Porque la primera referencia: “el principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes”, corresponde a una perífrasis inspirada en el numeral 14, hecho que no se menciona. La segunda referencia, como se indica en el texto, se ha citado desde el numeral 19.

Ahora bien, estas dos referencias, siendo extraídas y yuxtapuestas fuera del contexto en el que fueron escritas por el Papa Juan Pablo II, suscitan en el común de las personas, ideas imprecisas, o cuando no, pueden incluso dar fundamento para formular sofismas. Veamos uno de ellos, bastante serio:

Si por una parte se afirma que la propiedad privada está subordinada a un derecho universal, esto es, al derecho que asiste a todos los hombres para usar de los bienes. Y si por otra parte, también se afirma que este derecho es una “regla de oro” del comportamiento social y el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social”, luego, se diría que la propiedad privada, siendo “subordinada” a ese “derecho universal”, no necesariamente debería ser para uso individual. Siendo así, la propiedad privada cediendo a su carácter de “privado” para volverse “comunitaria” o “colectiva”, cumpliría más plenamente con ese su “destino universal”. ¿No es por esta colectivización que se lograría desagraviar a los hermanos más pobres que nada poseen? Que bonito todo, ¿verdad? Mero sofisma… como veremos.

Éste gana fuerza cuando leemos la segunda perífrasis que Francisco a renglón seguido nos presenta. En ella se omite nuevamente indicar su fuente de inspiración (Laborem excercens, n.14) y a parte de esto, se pasa por alto el principio doctrinal que ha expuesto su autor, el Papa Juan Pablo II:

“La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada”. (Laudato Si’, 93)

La lectura de estas tres referencias obtenidas desde la Laborem excercens, una cita directa desde el numeral 19, las dos perífrasis inspiradas desde el numeral 14 (por añadidura desde el mismo párrafo), sumado a la omisión en indicar al autor de las ideas [Nota 1] y el contexto doctrinal en que éste las expuso, nos obligan a extendernos a fin de clarificar los principios que el Papa Juan Pablo II enseñó con fundamento en la Doctrina Social de la Iglesia.

En vista de estos “imprevistos” –llamémoslos así…– un primer punto a aclarar sin falta es el siguiente: ¿en qué contexto doctrinal el Papa Juan Pablo II escribió estas tres referencias de la Laborem excercens utilizadas en la Laudato si’ con un sentido tan sorprendente? ¿Qué enseñó este Pontífice a propósito del derecho a la propiedad privada en el referido numeral 14 de su encíclica Laborem excercens?

Leyendo la Laborem exercens en su contexto…

Los aspectos doctrinales que el Papa Juan Pablo II recordó en el numeral 14 de su mencionada encíclica Laborem excercens sobre el derecho a la propiedad privada, para efectos de este análisis, se pueden sintetizar en cinco puntos.

1- El Santo Padre expuso un resumen de los motivos que llevaron al Papa León XIII a publicar su encíclica sobre la “Cuestión Social”: Rerum novarum. A este propósito, un aspecto específico decía respecto al contrato que se verifica entre “aquellos que realizan el trabajo sin ser propietarios de los medios de producción, y por otra [entre] aquellos que hacen de empresarios y son los propietarios de estos medios, o bien representan a los propietarios”.

2- Sobre este aspecto específico el Papa Juan Pablo II puso de relieve que la Encíclica Rerum novarum, recordaba y confirmaba la doctrina de la Iglesia sobre la propiedad y sobre el derecho a la propiedad privada, incluso cuando se trataba de los medios de producción. El Papa Juan Pablo II subrayó que la misma doctrina fue enseñada por el Papa Juan XXIII en su Encíclica Mater et magistra.

3- A este respecto el Papa Juan Pablo II afirmó: “El citado principio [la doctrina de la Iglesia sobre la propiedad privada], tal y como se recordó entonces y como todavía es enseñado por la Iglesia, se aparta radicalmente del programa del colectivismo, proclamado por el marxismo y realizado en diversos Países del mundo en los decenios siguientes a la época de la Encíclica de León XIII”.

4- El Papa Juan Pablo II destacó además que “tal principio se diferencia al mismo tiempo, del programa del capitalismo, practicado por el liberalismo y por los sistemas políticos, que se refieren a él. En este segundo caso, la diferencia consiste en el modo de entender el derecho mismo de propiedad”. Entendamos bien este particular. Como es sabido, el proceso de cambios sociales generado por la Revolución Industrial a partir de la segunda mitad del siglo XIX, trajo como consecuencia, el desempleo y la pobreza en enormes masas humanas que al emigrar del campo hacia las ciudades se vieron privadas de las condiciones de higiene, salud y dignidad más elementales. En este proceso, los ideólogos, economistas e industriales de las escuelas liberales, como por ejemplo, la de Manchester, propiciaron inescrupulosamente la acumulación de grandes capitales con base en el pago de un “salario injusto”. Contra este pecado que violaba el 7 mandamiento de la Ley de Dios, afectando a los trabajadores y sus familias, protestó con firmeza el Papa León XIII en la Rerum novarum, n.1.

5- Habiendo descrito el rechazo que la Iglesia manifiesta por el colectivismo marxista y el programa del capitalismo practicado por el liberalismo, el Papa Juan Pablo II agregó las palabras que Francisco utilizó para redactar las dos perífrasis arriba mencionadas. La primera, que alude a la “subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes”; y la segunda que destaca el carácter “no absoluto” y “no intocable” de la propiedad privada.

La gran diferencia entre las palabras del Papa Juan Pablo II y las de Francisco, estriban en el siguiente e importante aspecto doctrinal. El Papa Juan Pablo II cuando abordó estos conceptos se refería al derecho que todos los hombres poseemos de servirnos de los bienes creados por Dios. En efecto, la tierra fue dada en herencia a todos los hombres para que vivan de ella. El liberalismo económico del siglo XIX negando a los trabajadores el “salario justo”; en la práctica no permitía que ellos también tuviesen acceso a formar un patrimonio para sí y sus familias:

“La tradición cristiana no ha sostenido nunca este derecho como absoluto e intocable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la entera creación: el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los bienes”. (Juan Pablo II, Laborem exercens, n.14)

Por lo demás, justamente este derecho universal a usar de los bienes de la tierra, sea de los grandes, de los medianos como de los pequeños propietarios, fue el blanco preferido de la persecución del “programa del colectivismo, proclamado por el marxismo” y llevado a cabo en numerosos países por decenios, como el mismo Papa Juan Pablo II lo destacó en este mismo numeral 14 de la Laborem exercens, arriba citado. Aquello que el papa polaco se cuidaba de puntualizar, Francisco, por su parte, al parafrasear estas ideas desde la Laborem exercens, prescindiendo del contexto histórico en que ellas fueron expuestas, omitiendo señalar a su autor y los principios doctrinales a los que éste aludió, inevitablemente presenta párrafos descontextualizados. Para facilitar su análisis, vale la pena citar una vez más el segundo de ellos:

“La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada”. (Laudato Si’, 93)

Francisco al presentar en este párrafo ideas como si fuesen de su autoría, afirmando que la propiedad privada no es un derecho “absoluto” o “intocable”, y más aún, que sobre ella pesa, y en cualquiera de sus formas, una “función social”, provoca una vez más confusiones doctrinales.

¿Francisco y la “des-absolutización” de la propiedad privada?

¿Qué significa que este derecho nunca fue reconocido por la “tradición cristiana” como absoluto o intocable?

La respuesta la obtenemos nada más leer los antecedentes históricos y doctrinales expuestos por el Papa Juan Pablo II en la Laborem Excercens, n.14. Es decir, “en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la entera creación: el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los bienes”. Sin embargo, una vez que Francisco en la Laudato si’ argumenta que simplemente la propiedad privada nunca fue reconocida por la “tradición cristiana” como un derecho “absoluto” o “intocable”, forzosamente provoca algunas inquietudes:

1- ¿Qué hechos históricos o enseñanzas doctrinales se podrían aducir para demostrar que la “tradición cristiana” nunca reconoció el derecho a la propiedad privada “como absoluto o intocable”?

2- ¿Alguna vez dentro del contexto de la “tradición cristiana” se “tocó” o se dio una “des-absolutización” de la Propiedad Privada?

3- ¿Quién tiene el poder para “des-absolutizar” o “tocar” la Propiedad Privada?

4- ¿Por qué motivos se podría “des-absolutizar” o “tocar” la Propiedad Privada?

La afirmación expuesta en la Laudato si’ al ser redactada a partir de un párrafo que sufrió una descontextualización y sobre todo habiendo silenciado el fundamento doctrinal expuesto por su autor original, no permite responder a estos interrogantes.

No obstante, tomando como referencia algunos sorprendentes aportes que Francisco ha dado a la Doctrina Social de la Iglesia, que orgulloso declara seguir, algunos vislumbres podemos inferir de su innovadora doctrina. Veamos cinco de ellos:

movimientospopulares1. ¿Será posible que en el magisterio de Francisco la propiedad privada puede ser “des-absolutizada” o “tocada” por los movimientos populares, “sembradores de cambio”, cuyos “campesinos, trabajadores, comunidades y pueblos” quieren “un cambio real, un cambio de estructuras” puesto que viven en un “sistema [que] ya no se aguanta”? (Discurso de Francisco II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) 9 de julio de 2015)

51d602de8c8442. ¿Será posible que en el magisterio de Francisco la propiedad privada puede ser “des-absolutizada” o “tocada” por los gobiernos de su especial simpatía, es decir, por “los gobiernos que asumen como propia la tarea de poner la economía al servicio de los pueblos” para “promover el fortalecimiento, mejoramiento, coordinación y expansión de” las “formas de economía popular y producción comunitaria”? (Discurso de Francisco II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) 9 de julio de 2015)

15_13. ¿Será posible que en el magisterio de Francisco la propiedad privada puede ser “des-absolutizada” o “tocada” por los movimientos populares que trabajan “incansablemente por la tierra y la agricultura campesina, por sus territorios y comunidades, por la dignificación de la economía popular, por la integración urbana de sus villas y asentamientos, por la autoconstrucción de viviendas y el desarrollo de infraestructura barrial, y en tantas actividades comunitarias que tienden a la reafirmación de algo tan elemental e innegablemente necesario como el derecho a las “tres T”: tierra, techo y trabajo”? (Discurso de Francisco II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) 9 de julio de 2015)

Nota_4_SDC6957_Alberto_Rodr_guez_San_Luis_Acatl_n4. ¿Será posible que en el magisterio de Francisco la propiedad privada puede ser “des-absolutizada” o “tocada” por “los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria” que “lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica”, como por ejemplo, “las empresas recuperadas, las ferias francas y las cooperativas de cartoneros”; testimonios “de esa economía popular que surge de la exclusión y, [que] de a poquito, con esfuerzo y paciencia, adopta formas solidarias que la dignifican”? (Discurso de Francisco II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) 9 de julio de 2015)

MST125. En fin, parece que en el magisterio de Francisco la propiedad privada sí puede ser “tocada” o “des-absolutizadapor la “Reforma Agraria” que vehemente incitó a que fuera puesta en marcha por las agrupaciones de orientación marxista que asistían a su discurso en el I Encuentro Mundial de Movimientos Populares. (Discurso de Francisco I Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Roma, 28 de octubre de 2014)

En fin, son preguntas que no parecen tan descabelladas, reconstruyendo un poco este confuso puzle. Pero junto a estas inquietudes, otra no menos nebulosa:

La “función social de la propiedad” según Francisco…

¿Qué debemos entender cuando Francisco afirma que “la tradición cristiana (…) subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada” (Laudato Si¡, n.93).

Siendo la propiedad privada, según se desprende de la lectura de la Laudato si’, un derecho que según la “tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable”, ¿cómo debemos entender esta “función social”? ¿Esta “función social” consistiría en una repartición de los bienes de aquellos que los poseen para los que no los poseen? Si esto es así, ¿cómo se realizaría esta repartición si sus propietarios no los comparten puesto que estarían “esclavizados a un sistema económico idolátrico”? ¿Se los debe libertar “tocando” y “des-absolutizando” sus propiedades, por medio de movilizaciones o agitando las masas como acostumbran hacerlo algunos “movimientos populares” dirigidos por dos íntimos amigos de Francisco, como son Juan Grabois de la “Confederación de los Trabajadores de Economía Popular” en Argentina y Joao Pedro Stédile del “Movimiento sin Tierra” en Brasil?

Juan Grabois, militante de afiliación marxista, promotor de agitaciones en barrios periféricos e industrias de Buenos Aires y gran amigo de Francisco

Joao Pedro Stedile., dirigente del Movimiento de los Sin Tierra (MST), del Brasil.

¿O será que la función social de la propiedad consiste en que ella pase de su condición individual para un estado comunitario por la acción gubernamental de aquellos líderes que han manifestado una especial “sensibilidad” hacia Francisco y viceversa como Evo Morales, Nicolás Maduro, Rafael Correa, Raúl Castro y otros representantes del socialismo?

mandatariosEsta “función social” en la Laudato si’ tampoco es explicada por Francisco. No obstante, quien desee profundizar la novedosa visión que ha aportado al Magisterio de la Iglesia a propósito de la propiedad privada, puede leer los dos discursos que dirigió a los Movimientos Populares (Roma, 28 de octubre 2014 / Santa Cruz de la Sierra, 9 de julio 2015), motivo de dos estudios del Denzinger – Bergoglio (aquí y aquí). Cada cual saque sus conclusiones.

Habiendo intentado dejar claros estos primeros aspectos doctrinales enseñados por el Papa Juan Pablo II a propósito del derecho a la Propiedad Privada, les emplazamos al estudio de otros apartados, no menos importantes, sobre las referencias que hace Francisco a su ilustre predecesor cuando habla del “destino universal de los bienes”. No se pierdan las siguientes entregas de esta serie, pues traerá muchas sorpresas…


  • Nota 1:  Necesario observar que de acuerdo con un estudio presentado por la Universidad de Alcalá de Henares se incurre en plagio “cuando parafraseamos un texto, es decir, lo plasmamos con otras palabras haciendo pequeños cambios en el lenguaje para disimular y sin citar las fuentes” y “cuando nos basamos en una idea o frase de otro para escribir un trabajo nuevo y no citamos al autor de la idea”. (Universidad de Alcalá de Henares) –[Volver al texto]
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Laudato si’(III): ¿Una espiritualidad ecológica interconfesional universal?

Por ser un documento magisterial de alto escalafón, una encíclica debe caracterizarse por ideas claras y definidas, a fin de definir el rumbo a respecto del tema tratado para la conducta de la Jerarquía y de los fieles, como también,  de forma colateral, la de los hombres de buena voluntad, pues la Iglesia no deja de ser un referente moral incluso para aquellos que no la siguen. Por ello, uno se pregunta cómo es posible que “Laudato si’” asuma una posición que, en ciertos puntos, contradice la enseñanza magisterial de la Iglesia sobre la cuestión ecológica , mientras que en otras resalta esta misma enseñanza… Nos duele decir, pero es propiamente una ensalada, lo que parece apropiado para una encíclica tan verde. Eso lo podemos comprobar en muchos párrafos que dicen no aprobar pensamientos y principios de una ecología fundamentalista y radical, llegando a citar documentos del Magisterio precedente sobre el tema, mientras que en otros el texto deja amplio margen a ambigüedades e irenismos. Por ejemplo, cuando cita Teilhard de Chardin o la “Carta de la Tierra”, documentos de cuño dudoso o francamente panteísta y que no se armonizan con la doctrina de la Iglesia en muchos puntos, o aun absteniéndose de la mediación de Jesucristo en una oración pública y oficial de su Vicario en la tierra. Todo eso abre las puertas de la Iglesia a la concepción de una religión interconfesional, neopagana y universal, pues hace caso omiso de la doctrina católica en su integridad, ocultando de ella aspectos importantes y definidos, para amalgamarse con el mundo. Vale la pena analizar estos puntos y desvelar estos aspectos, pues más que el planeta, la casa común de todos los católicos es la Santa Iglesia, como afirmó tan acertadamente Juan Pablo II: “En las aguas bautismales naciste a una nueva vida, injertándote en el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, arca de salvación y casa común de cuantos invocan a Dios como Padre.” (Mensaje del Santo Padre a los pueblos de América, 12 de octubre 1992)

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Laudato si’ (II): Los olvidos de Francisco

Anuncios, noticias, mensajes de redes sociales… nos bombardean por todos los lados. Y muchas veces las informaciones que nos dan se contradicen unas con otras. ¿A quién escuchamos? ¿Qué rumbo seguir? ¿Con quién está la verdad certera?

Es lanzada una encíclica y, como católicos, la leemos sedientos en busca de orientaciones que den sentido a nuestra vida; que marquen los pasos que debemos dar para vivir nuestra santa religión con autenticidad en medio de una sociedad devastada por el pecado. Esperábamos palabras claras que nos fortalecieran en la fe de la Iglesia tan vilipendiada en el actual momento histórico. Pero… encontramos advertencias sobre el cuidado de la naturaleza. Los ecologistas se sintieron estimulados, los agoreros del cambio climático estimulados, las personas de otras religiones respetadas y nosotros los católicos… olvidados, desamparados y, ¿por qué no decirlo? Un tanto perplejos… ¿No es Jesucristo el centro de nuestra fe? ¿Por qué este documento se refiere a Él y a su Iglesia de una forma tan difusa y secundaria? ¿Es realmente el cuidado de la creación lo más importante en la vida de un cristiano, sobretodo en estos tiempos? ¿Conquistaremos el cielo simplemente cuidando y amando criaturas irracionales?

Delante de estas inquietudes, parece que nos cabe fijar la atención en aquella Luz que jamás cesa de brillar, en la fuente de toda Verdad, en la voz infalible de los Papas y del Magisterio de la Iglesia. Y ver qué nos tiene que decir –¡muchas cosas!– sobre los temas tratados en esta Encíclica ¿Cuál debe ser la postura de un fiel delante de toda la obra de la creación?

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