20 – Los pobres son la carne de Cristo y la pobreza es una categoría teológica

Por más que algunos se empeñen en presentarlo así, el amor hacia los pobres no es una novedad nacida de la Iglesia de Cristo durante los últimos años. Fue el Divino Redentor quien dio el ejemplo y dejó esa sorprendente ley de la caridad, que hace que sus seguidores encuentren en los que sufren la imagen del mismo Jesús que los inspiró a socorrerlos.

Sin embargo, el llamado divino a la conversión fue dirigido a todos, pobres o ricos, y la pobreza que mereció el título de bienaventuranza fue la del espíritu: el desapego de las cosas de este mundo y la humildad. Por eso, delante de algunas visualizaciones sesgadas, cabe preguntarse, ¿habrá pobres que son ricos en espíritu y ricos que son desapegados? ¿Es la “opción por los pobres” exclusiva y excluyente?

Si la idea de “carne de Cristo” tiene relación con la de Cuerpo Místico, ¿es la pobreza de las periferias lo que hace el hombre parte de este Cuerpo? El Magisterio nos enseña qué es el Cuerpo Místico de Cristo y cuáles son sus verdaderos miembros.

Francisco

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Enseñanzas del Magisterio

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Autores

Juan Pablo II

El amor hacia los pobres no es novedad en la Iglesia

Entre dichos temas quiero señalar aquí la opción o amor preferencial por los pobres. Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia. (Juan Pablo II. Carta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, n. 42, por el vigésimo aniversario de la Encíclica Populorum Progressio, de 30 de diciembre de 1987)

Congregación para la doctrina de la fe

Jesús quiso llamar los excluidos a la conversión

Pero Jesús quiso también mostrarse cercano a quienes —aunque ricos en bienes de este mundo— estaban excluidos de la comunidad como “publicanos y pecadores”, pues él vino para llamarles a la conversión (Cf. Mc 2, 13-17; Lc 19, 1-10). La pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros. (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Libertatis Conscientia, sobre libertad cristiana y liberación, n. 66)

Sagradas Escrituras

Prov 14,31

El que oprime al débil ultraja a su Creador, el que se apiada del indigente, lo honra. (Prov 14,31)

Gal 2, 10

Solamente nos recomendaron que nos acordáramos de los pobres, lo que siempre he tratado de hacer. (Gal 2, 10)

Rom 2, 11

Dios no hace acepción de personas. (Rom 2, 11)

Sab 6, 7

Porque el Señor de todos no retrocede ante nadie, ni lo intimida la grandeza: él hizo al pequeño y al grande, y cuida de todos por igual. (Sab 6, 7)

Catecismo de la Iglesia Católica

La bienaventuranza es la pobreza de espíritu

El precepto del desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en el Reino de los cielos. “Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto” (Lumen Gentium, 42). […] “El Verbo llama ‘pobreza en el Espíritu’ a la humildad voluntaria de un espíritu humano y su renuncia; el apóstol nos da como ejemplo la pobreza de Dios cuando dice: ‘Se hizo pobre por nosotros’ (2 Co 8, 9)” (San Gregorio de Nisa, De beatitudinibus, oratio 1). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2544-2546)

Juan XXII

Cristo y sus Apóstoles tuvieron bienes materiales

De la pobreza de Cristo: Como quiera que frecuentemente se pone en duda entre algunos escolásticos si el afirmar pertinazmente que nuestro Redentor y Señor Jesucristo y sus Apóstoles no tuvieron nada en particular, ni siquiera en común, ha de considerarse como herético, ya que las sentencias sobre ello son diversas y contrarias: Nos, deseando poner fin a esta disputa, con consejo de nuestros hermanos, declaramos, por este edicto perpetuo, que en adelante ha de ser tenida por errónea y herética semejante aserción pertinaz, como quiera que expresamente contradice a la Sagrada Escritura que en muchos lugares asegura que tenían algunas cosas, y supone que la misma Escritura Sagrada, por la que se prueban ciertamente los artículos de la fe ortodoxa, en cuanto al asunto propuesto contiene fermento de mentira, y, por ello, en cuanto de semejante aserción depende, destruyendo en todo la fe de la Escritura, vuelve dudosa e incierta la fe católica, al quitarle su prueba. (Denzinger-Hünermann, 930. Juan XXII. De la Constitución Cum inter nonnullos, de 13 de noviembre de 1323)

San Agustín

El Señor eligió pobres y ricos

No obstante, el Señor eligió después también a algunos oradores; pero podrían engreírse, si antes no hubiera elegido a los pescadores; eligió a ricos, pero podrían decir que su elección se debió a sus riquezas, si no hubiera elegido antes a pobres. (San Agustín. Comentario al Salmo 65, n. 4)

Congregación para la Doctrina de la Fe

Una preferencia que no significa exclusividad

En su significación positiva, la Iglesia de los pobres significa la preferencia, no exclusiva, dada a los pobres, según todas las formas de miseria humana, ya que ellos son los preferidos de Dios. (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Libertatis nuntius, sobre algunos aspectos de la «Teología de la Liberación», n. 9)

CELAM

Una opción que no es exclusiva, ni excluyente

Esta opción [preferencial por los pobres] nace de nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre, que se ha hecho nuestro hermano (cf. Hb 2, 11-12). Ella, sin embargo, no es ni exclusiva, ni excluyente. (Documento Conclusivo de la V Conferencia General del CELAM, Aparecida, n. 392)

La opción por los pobres no puede reducirse a aspectos particulares

Entendemos que la verdadera promoción humana no puede reducirse a aspectos particulares: “Debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” (Gaudium et Spes 76). (Documento Conclusivo de la V Conferencia General del CELAM, Aparecida, n. 399)

Congregación para la Doctrina de la Fe

Tentación de reducir el Evangelio de la salvación a un evangelio terrestre

Las diversas teologías de la liberación se sitúan, por una parte, en relación con la opción preferencial por los pobres reafirmada con fuerza y sin ambigüedades, después de Medellín, en la Conferencia de Puebla (Cf. n. 1134-1165 y n. 1166-1205), y por otra, en la tentación de reducir el Evangelio de la salvación a un evangelio terrestre. (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Libertatis nuntius, sobre algunos aspectos de la «Teología de la Liberación», n. 5)

Una opción exclusiva por los pobres puede reducirla a particularismo

La opción preferencial por los pobres, lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misión de la Iglesia. Dicha opción no es exclusiva. Esta es la razón por la que la Iglesia no puede expresarla mediante categorías sociológicas e ideológicas reductivas, que harían de esta preferencia una opción partidista y de naturaleza conflictiva. (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Libertatis Conscientia, sobre libertad cristiana y liberación, n. 68)

Concilio Vaticano II

No se puede limitar el hombre al horizonte temporal

El hombre, en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna. (Concilio Vaticano II. Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 76, 7 de diciembre de 1965)

León XIII

La virtud es el patrimonio de los mortales, asequible a ricos y pobres

[…] la verdadera dignidad y excelencia del hombre radica en lo moral, es decir, en la virtud; que la virtud es patrimonio común de todos los mortales, asequible por igual a altos y bajos, a ricos y pobres; y que el premio de la felicidad eterna no puede ser consecuencia de otra cosa que de las virtudes y de los méritos, sean éstos de quienes fueren. (León XIII. Carta Encíclica Rerum Novarum, n. 18-19, 15 de mayo de 1891)

Ricos y pobres llamados a la armonía: ambas clases se necesitan

Es mal capital, en la cuestión que estamos tratando, suponer que una clase social sea espontáneamente enemiga de la otra, como si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse mutuamente en un perpetuo duelo. Es esto tan ajeno a la razón y a la verdad, que, por el contrario, es lo más cierto que como en el cuerpo se ensamblan entre sí miembros diversos, de donde surge aquella proporcionada disposición que justamente podría se llamar armonía, así ha dispuesto la naturaleza que, en la sociedad humana, dichas clases gemelas concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio. Ambas se necesitan en absoluto. (León XIII. Carta Encíclica Rerum Novarum, n. 14, 15 de mayo de 1891)

San Ambrosio

No todos los pobres son bienaventurados…

“Bienaventurados”, dice, “los pobres”. No todos los pobres son bienaventurados; pues la pobreza es de suyo indiferente: puede haber pobres malos y buenos. (San Ambrosio. Tratado sobre el Evangelio de San Lucas. L. V, n. 53: PL 15, 1650)

No toda pobreza es santa, ni toda riqueza criminosa

A la verdad, no toda pobreza es santa, ni toda riqueza criminosa. (San Ambrosio. Tratado sobre el Evangelio de San Lucas. L. VIII, n. 13: PL 15, 1769)

Los bienes pueden servir de impedimento o ayuda

Han de saber que ser rico no es ningún pecado, sólo se da éste cuando usan mal de las riquezas; porque los bienes sirven tanto de impedimento para los malos como de una gran ayuda para la virtud de los buenos. (San Ambrosio. Tratado sobre el Evangelio de San Lucas. L. VIII, n. 85: PL 15, 1791)

San Agustín

Los que aman las riquezas son ricos

Llama rico al que ambiciona las cosas temporales y se enorgullece de ellas. Los pobres de espíritu, de quien es el reino de los cielos, son contrarios a esta riqueza. […] Comprendieron que todos los que aman las riquezas, aun cuando no puedan conseguirlas, deben contarse en el número de los ricos. (San Agustín. Quaestiones in Evangelium secundum Lucam. L. II, q. 47)

San Clemente de Alejandría

La abundancia de lo necesario mantiene libre el alma que sabe usarla

Por la pobreza el alma se ve obligada a no poder ocuparse de lo más necesario, que es la vida interior y la lucha contra el pecado. Por el contrario, la salud y la abundancia de lo necesario mantienen al alma que sabe usar bien de lo presente libre y sin impedimentos. (San Clemente de Alejandría. Stromatum. L. IV, c. 5)

Santo Tomás de Aquino

La riqueza es buena si lleva a la virtud y la pobreza laudable si libra al hombre de vicios

En tanto son buenas las riquezas en cuanto aprovechan al ejercicio de la virtud. Mas si excede este modo de manera que se impida el ejercicio de la virtud, ya no han de computarse las riquezas entre las cosas buenas, sino entre las malas. […] Por lo tanto la pobreza es laudable en cuanto libra al hombre de aquellos vicios en que algunos caen por las riquezas. Y en cuanto quita la solicitud que resulta de las riquezas es útil para algunos, a saber, para los que están dispuestos a ocuparse de cosas mejores. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra Gentiles. L. III, c. 133, n. 1; 3)

Pobreza o riqueza son malas si es malo su uso

Porque ni las riquezas ni la pobreza ni ninguna otra cosa exterior es por sí misma un bien del hombre, sino sólo según que se ordena al bien de la razón, nada impide que de cualquier de ellas nazca algún vicio, cuando el hombre no usa de ellas según la regla de la razón; y sin embargo no por esto han de juzgarse simplemente malas, sino malo su uso. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra Gentiles. L. III, c. 134, n. 6)

San Juan Crisóstomo

El problema no es enriquecerse, sino hacerse esclavo de las riquezas

Aquellos que las poseen [las riquezas] en justicia las reciben de Dios y las distribuyen según los mandamientos divinos. Pero aquellos que las adquieren contra Dios, las distribuyen del mismo modo, dándolas a las mujeres públicas, a los perezosos, o escondiéndolas en la tierra, sin dar nada a los pobres. No prohíbe, pues, enriquecerse, sino hacerse esclavo de las riquezas. (San Juan Crisóstomo. In Ioannem. Homilia XVIII, n. 3: PG 59, 123)

Sagradas Escrituras

La Palabra se hizo carne para que participáramos de su plenitud

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia. (Jn 1,14.16)

Para ser revestido de Cristo hay que ser bautizado

Porque todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo Jesús, ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. (Gal 3,26-28)

Cristo tiene su Cuerpo Místico en la Iglesia

Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. (Col 1,18)

Santo Tomás de Aquino

Los sacramentos de la Iglesia comunican la virtud de Cristo

Los sacramentos de la Iglesia reciben su virtud especialmente de la pasión de Cristo, cuya virtud se nos comunica a nosotros cuando los recibimos, en signo de lo cual, del costado de Cristo pendiente en la cruz manó agua y sangre (cf. Jn 19,34; 5,6): una, refiriéndose al bautismo; la otra, a la Eucaristía, que son los sacramentos principales. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, III, q.62, a.5)

Los miembros forman una sola persona mística con su Cabeza

La cabeza y los miembros son como una sola persona mística. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, III, q.48, a.2, ad 1)

Catecismo de la Iglesia Católica

Se participa de la gracia de Cristo por el bautismo

La gracia es una participación en la vida de Dios. Nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria: por el bautismo el cristiano participa de la gracia de Cristo, Cabeza de su Cuerpo. Como ‘hijo adoptivo’ puede ahora llamar ‘Padre’ a Dios, en unión con el Hijo único. Recibe la vida del Espíritu que le infunde la caridad y que forma la Iglesia. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1997)

Gregorio Magno

Cristo asumió la Iglesia y con ella forma una sola persona mística

Nuestro Redentor muestra que forma una sola persona con la Iglesia que Él asumió. (Gregorio Magno. Moralia in Job. Praefatio, 6, 14: PL 75, 525)

San Agustín

Si pertenecemos a la Iglesia somos el propio Cristo

Felicitémonos, pues, y demos gracias porque nos ha hecho no sólo cristianos, sino Cristo. ¿Entendéis, hermanos, comprendéis la gracia de Dios sobre nosotros? Asombraos, alegraos: hemos sido hechos Cristo, pues, si Él es la Cabeza, nosotros somos sus miembros; el hombre total somos él y nosotros. […] Ahora bien, más arriba había dicho: Hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y al reconocimiento del Hijo de Dios, al varón perfecto según la medida de edad de la plenitud del Mesías (Ef 4, 13). La plenitud, pues, de Cristo es la Cabeza y los miembros. ¿Qué significa la Cabeza y los miembros? Cristo y la Iglesia. (San Agustín. Tratados sobre el Evangelio de San Juan. Trat. 21, n. 8)

Benedicto XVI

El Verbo se hizo carne para que el hombre fuera hijo de Dios

Encarnación deriva del latín «incarnatio». San Ignacio de Antioquía —finales del siglo I— y, sobre todo, San Ireneo usaron este término reflexionando sobre el Prólogo del Evangelio de San Juan, en especial sobre la expresión: «El Verbo se hizo carne» (Jn 1,14). Aquí, la palabra «carne», según el uso hebreo, indica el hombre en su integridad, todo el hombre, pero precisamente bajo el aspecto de su caducidad y temporalidad, de su pobreza y contingencia. Esto para decirnos que la salvación traída por el Dios que se hizo carne en Jesús de Nazaret toca al hombre en su realidad concreta y en cualquier situación en que se encuentre. Dios asumió la condición humana para sanarla de todo lo que la separa de Él, para permitirnos llamarle, en su Hijo unigénito, con el nombre de «Abbá, Padre» y ser verdaderamente hijos de Dios. San Ireneo afirma: «Este es el motivo por el cual el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, entrando en comunión con el Verbo y recibiendo de este modo la filiación divina, llegara a ser hijo de Dios» (Adversus haereses, 3, 19, 1: PG 7, 939). (Benedicto XVI. Audiencia general del miércoles, 9 de enero de 2013)

Concilio Vaticano II

La vida de Cristo se comunica a su Cuerpo Místico por los sacramentos

A sus hermanos, congregados de entre todos los pueblos, los constituyó místicamente su cuerpo, comunicándoles su espíritu. En ese cuerpo, la vida de Cristo se comunica a los creyentes, quienes están unidos a Cristo paciente y glorioso por los sacramentos, de un modo arcano, pero real [Cf. Santo Tomás. S. Th., III, q.62, a.5, ad 1]. (Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 7, 21 de noviembre de 1964)

León XIII

El Cuerpo Místico de Cristo es la Iglesia, y sus miembros, los bautizados

En el bautismo, [Cristo] no hizo sino prefigurar a su Cuerpo Místico, es decir, a la Iglesia en la cual los bautizados reciben de modo peculiar el Espíritu Santo (San Agustín, De Trin. 15,26). (León XIII. Carta Encíclica Divinum Illud Munus, de León XIII, sobre la presencia y virtud admirable del Espíritu Santo, 9 de mayo de 1897)

Pío XII

El que no escucha a la Iglesia no vive en la unidad del Cuerpo de Cristo

En realidad, entre los miembros de la Iglesia es preciso considerar exclusivamente los que recibieron las aguas de la regeneración y profesan la Fe verdadera, y no se separaron por sí mismos, desgraciadamente, de la compañía de este Cuerpo, ni fueron separados de ella por la autoridad legítima, en razón de culpas gravísimas. […]. Así como en la verdadera clase de los fieles hay un solo Cuerpo, un solo Espíritu, un solo Señor y un solo Bautismo, así también no puede haber más que una sola Fe (cfr. Ef 4,5); entonces, el que se recusa oír a la Iglesia debe ser considerado como gentil y publicano, según orden de Dios (cfr. Mt 18,17). Por consiguiente, los que están divididos entre sí por razones de fe o de gobierno, no pueden vivir en la unidad de este Cuerpo y, en consecuencia, ni en su divino Espíritu. (Pío XII. Carta Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 21, 29 de junio de 1943)

León XIII

Patrimonio que la Iglesia guardó como herencia de los pobres

De aquí fue poco a poco formándose aquel patrimonio que la Iglesia guardó con religioso cuidado, como herencia de los pobres. Más aún, proveyó de socorros a una muchedumbre de indigentes, librándolos de la vergüenza de pedir limosna. Pues como madre común de ricos y pobres, excitada la caridad por todas partes hasta un grado sumo, fundó congregaciones religiosas y otras muchas instituciones benéficas, con cuyas atenciones apenas hubo género de miseria que careciera de consuelo. […] No se encontrarán recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás. Tal virtud es exclusiva de la Iglesia, porque, si no brotara del sacratísimo corazón de Jesucristo, jamás hubiera existido, pues anda errante lejos de Cristo el que se separa de la Iglesia. (León XIII, Carta Encíclica Rerum Novarum, n. 22, 15 de mayo de 1891)

Pío IX

La caridad es sobre todo sacar del error los que no pertenecen al Cuerpo Místico de Cristo

Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; […] pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y a la madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que […] consigan la eterna salvación. (Denzinger-Schönmetzer 1678. Pío IX, Encíclica Quanto conficiamur moerore, a los obispos de Italia, 10 de agosto de l863)

Pablo VI

La Iglesia evangelizará por su fidelidad a Jesucristo

Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad. (Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, al episcopado, al clero y a los fieles de toda la Iglesia acerca de la evangelización en el mundo contemporáneo, n. 41, 8 de diciembre de 1975)

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