Benedicto XVI…

INICIO DEL PONTIFICADO 19,24.IV.2005 – FIN DEL PONTIFICADO 28.II.2013

… juzga la idea de la Iglesia como una ONG que tiene Francisco

  • El primer servicio que los cristianos pueden dar al género humano es anunciar el Evangelio

El anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden dar a cada persona y a todo el género humano, por estar llamados a comunicar a todos el amor de Dios, que se manifestó plenamente en el único Redentor del mundo, Jesucristo”. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el Congreso organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos con motivo del 40° aniversario del Decreto conciliar Ad gentes, 11 de marzo de 2006)

  • La Iglesia dentro de la confusión del mundo ilumina a través de la Palabra de Dios

Esta es la función in persona Christi del sacerdote: hacer presente, en la confusión y en la desorientación de nuestro tiempo, la luz de la Palabra de Dios. (Benedicto XVI. Audiencia general, 14 de abril de 2010)

  • La Iglesia no quiere la adhesión de  los hombres a una institución, sino a Dios

La Iglesia se abre al mundo, no para obtener la adhesión de los hombres a una institución con sus propias pretensiones de poder, sino más bien para hacerles entrar en sí mismos y conducirlos así hacia Aquel del que toda persona puede decir con San Agustín: Él es más íntimo a mí que yo mismo (cf. Confesiones 3, 6, 11). Él, que está infinitamente por encima de mí, está de tal manera en mí que es mi verdadera interioridad. Mediante este estilo de apertura al mundo propio de la Iglesia, queda al mismo tiempo diseñada la forma en la que cada cristiano puede realizar esa misma apertura de modo eficaz y adecuado. (Benedicto XVI. Discurso en el encuentro con los católicos comprometidos en la Iglesia y la sociedad, 25 de septiembre de 2011)

  •  La crisis actual obliga la Iglesia a encontrar nuevos medios para anunciar el camino de salvación

Entre estas, quiero mencionar en primer lugar la necesidad de un estudio exhaustivo de la crisis de la modernidad. Durante los últimos siglos, la cultura europea ha estado condicionada fuertemente por la noción de modernidad. Sin embargo, la crisis actual tiene menos que ver con la insistencia de la modernidad en la centralidad del hombre y de sus preocupaciones, que con los problemas planteados por un “humanismo” que pretende construir un regnum hominis separado de su necesario fundamento ontológico. Una falsa dicotomía entre teísmo y humanismo auténtico, llevada al extremo de crear un conflicto irreconciliable entre la ley divina y la libertad humana, ha conducido a una situación en la que la humanidad, por todos sus progresos económicos y técnicos, se siente profundamente amenazada. […] Una tercera cuestión que es necesario investigar concierne a la naturaleza de la contribución que el cristianismo puede dar al humanismo del futuro. La cuestión del hombre, y por consiguiente de la modernidad, desafía a la Iglesia a idear medios eficaces para anunciar a la cultura contemporánea el “realismo” de su fe en la obra salvífica de Cristo. El cristianismo no debe ser relegado al mundo del mito y la emoción, sino que debe ser respetado por su deseo de iluminar la verdad sobre el hombre, de transformar espiritualmente a hombres y mujeres, permitiéndoles así realizar su vocación en la historia. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el Encuentro europeo de profesores universitarios, 23 de junio de 2007)

  • Una solución adecuada de los problemas reclama la proclamación de la verdad

La doctrina social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida. Es caritas in veritate in re social, anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Dicha doctrina es servicio de la caridad, pero en la verdad. La verdad preserva y expresa la fuerza liberadora de la caridad en los acontecimientos siempre nuevos de la historia. Es al mismo tiempo verdad de la fe y de la razón, en la distinción y la sinergía a la vez de los dos ámbitos cognitivos. El desarrollo, el bienestar social, una solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que afligen a la humanidad, necesitan esta verdad. Y necesitan aún más que se estime y dé testimonio de esta verdad. Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 5, 29 de junio de 2009)

… juzga la idea del uso de la internet para la educación católica que tiene Francisco

  • La tecnología pretende ser autónoma con respecto a las normas morales. Hay que evitar estos riesgos

Es preciso evitar los riesgos de una ciencia y de una tecnología que pretenden ser completamente autónomas con respecto a las normas morales inscritas en la naturaleza del ser humano. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la conferencia internacional sobre el genoma humano, 19 de noviembre de 2005)

  • Con la ampliación de las redes sociales, asistimos la contaminación del espíritu

El tiempo en que vivimos experimenta una ampliación enorme de las fronteras de la comunicación, realiza una inédita convergencia entre los diversos medios de comunicación y hace posible la interactividad. […] Asimismo, aumentan los peligros de homologación y de control, de relativismo intelectual y moral, que ya se reconocían bien en la flexión del espíritu crítico, en la verdad reducida al juego de las opiniones, en las múltiples formas de degradación y de humillación de la intimidad de la persona. Asistimos, pues, a una “contaminación del espíritu, la que hace nuestros rostros menos sonrientes, más sombríos, la que nos lleva a no saludarnos unos a otros, a no mirarnos a la cara…”. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en un congreso organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, 24 de abril de 2010)

  • Sin disciplina, no se prepara el joven para afrontar las pruebas del futuro

También el sufrimiento forma parte de la verdad de nuestra vida. Por eso, al tratar de proteger a los más jóvenes de cualquier dificultad y experiencia de dolor, corremos el riesgo de formar, a pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas, pues la capacidad de amar corresponde a la capacidad de sufrir, y de sufrir juntos. Así, queridos amigos de Roma, llegamos al punto quizá más delicado de la obra educativa: encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad. A medida que el niño crece, se convierte en adolescente y después en joven; por tanto, debemos aceptar el riesgo de la libertad, estando siempre atentos a ayudarle a corregir ideas y decisiones equivocadas. En cambio, lo que nunca debemos hacer es secundarlo en sus errores, fingir que no los vemos o, peor aún, que los compartirlos como si fueran las nuevas fronteras del progreso humano. (Benedicto XVI. Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21 de enero de 2008)

  • Hay que ayudar a las personas a establecer y alimentar la relación vital con Jesucristo

Las personas necesitan hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia. Necesitan reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios. Necesitan tener la oportunidad de enriquecerse del pozo de su amor infinito. Es fácil ser atraídas por las posibilidades casi ilimitadas que la ciencia y la técnica nos ofrecen; es fácil cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas. Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar, nuestras vidas están realmente vacías. Las personas necesitan ser llamadas continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido para que tuviéramos la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). La meta de toda nuestra actividad pastoral y catequética, el objeto de nuestra predicación, el centro mismo de nuestro ministerio sacramental ha de ser ayudar a las personas a establecer y alimentar semejante relación vital con “Jesucristo nuestra esperanza” (1 Tm 1, 1). (Benedicto XVI. Discurso en la celebración de las Vísperas y encuentro con los Obispos de Estados Unidos, 16 de abril de 2008)

… juzga la idea de Francisco de que se puede interpretar la verdad en contra del Magisterio infalible

  • En el magisterio resuena la voz de Cristo

La voz del Señor resuena en la predicación de los Apóstoles y de sus sucesores ¿Cómo podemos escuchar la voz del Señor y reconocerlo? En la predicación de los Apóstoles y de sus sucesores: en ella resuena la voz de Cristo, que llama a la comunión con Dios y a la plenitud de vida, como leemos hoy en el Evangelio de San Juan: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (Jn 10, 27- 28). Sólo el buen Pastor custodia con inmensa ternura a su grey y la defiende del mal, y sólo en Él los fieles pueden poner absoluta confianza. (Benedicto XVI. Regina Caeli, 25 de abril de 2010)

  • Hay que tener vigilancia para no sustituir la fe por una praxis capaz de mejorar el mundo

Debemos reconocer también que el riesgo de un falso irenismo y de un indiferentismo, del todo ajeno al espíritu del Concilio Vaticano II, exige nuestra vigilancia. Este indiferentismo está causado por la opinión, cada vez más difundida, de que la verdad no sería accesible al hombre; por lo tanto, sería necesario limitarse a encontrar reglas para una praxis capaz de mejorar el mundo. Y así la fe sería sustituida por un moralismo sin fundamento profundo. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 27 de enero de 2012)

  • No se puede predicar un cristianismo según los gustos o preferencias de cada uno

Esto es importante: el Apóstol no predica un cristianismo “a la carta”, según sus gustos; no predica un Evangelio según sus ideas teológicas preferidas; no se sustrae al compromiso de anunciar toda la voluntad de Dios, también la voluntad incómoda, incluidos los temas que personalmente no le agradan tanto. Nuestra misión es anunciar toda la voluntad de Dios, en su totalidad y sencillez última. Pero es importante el hecho de que debemos predicar y enseñar —como dice San Pablo—, y proponer realmente toda la voluntad de Dios. (Benedicto XVI. Lectio Divina en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

  • No podemos dejarnos llevar por la dictadura del relativismo

Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos. (Cardenal Joseph Ratzinger. Homilía en la Misa Pro eligendo Pontifice, 18 de abril de 2005)

… juzga la idea de Francisco de que el adulterio realiza en parte el ideal familiar

  • No todas las peticiones de declaración de nulidad del matrimonio son válidas

Hay que huir de las tentaciones pseudo-pastorales que sitúan las cuestiones en un plano meramente horizontal, en el que lo que cuenta es satisfacer las peticiones subjetivas para obtener a toda costa la declaración de nulidad, a fin de poder superar, entre otras cosas, los obstáculos para recibir los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. En cambio, el bien altísimo de la readmisión a la Comunión Eucarística después de la reconciliación sacramental exige que se considere el bien auténtico de las personas, inseparable de la verdad de su situación canónica. Sería un bien ficticio, y una falta grave de justicia y de amor, allanarles el camino hacia la recepción de los sacramentos, con el peligro de hacer que vivan en contraste objetivo con la verdad de su condición personal. (Benedicto XVI. Discurso a los miembros del Tribunal de la Rota Romana, 29 de enero de 2010)

  • El aumento del divorcio y de las uniones irregulares obliga a anunciar la integridad de la vida y de la familia

La familia es, con razón, uno de los temas principales de vuestro Sínodo, como lo es en las orientaciones pastorales de la Iglesia, en Italia y en todo el mundo. En efecto, en vuestra diócesis, como también en otras partes, han aumentado los divorcios y las uniones irregulares, y esto constituye para los cristianos una urgente invitación a anunciar y testimoniar en toda su integridad el Evangelio de la vida y de la familia. La familia está llamada a ser “íntima comunidad de vida y amor” (Gaudium et spes, n. 48), porque está fundada en el matrimonio indisoluble. (Benedicto XVI. Discurso a una peregrinación de la diócesis de Verona, 4 de junio de 2005)

  • Los obispos tienen la responsabilidad de proclamar constantemente los valores no-negociables

Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. […] Los obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 83, 22 de febrero de 2007)

… juzga la idea humanística que Francisco tiene de la familia

  • Hay que luchar contra los modelos contrarios al Evangelio difundidos por el mundo

Institución divina fundada en el matrimonio, tal y como lo ha querido el Creador mismo (cf. Gen 2, 18-24; Mt 19, 5), la familia está actualmente expuesta a muchos peligros. La familia cristiana, en particular, se ve más que nunca frente a la cuestión de su identidad profunda. En efecto, las características esenciales del matrimonio sacramental —la unidad y la indisolubilidad (cf. Mt 19, 6)—, y el modelo cristiano de familia, de la sexualidad y del amor, se ven hoy en día, si no rechazados, al menos incomprendidos por algunos fieles. Acecha la tentación de adoptar modelos contrarios al Evangelio, difundidos por una cierta cultura contemporánea diseminada por todo el mundo. El amor conyugal se inserta en la alianza definitiva entre Dios y su pueblo, sellada plenamente en el sacrificio de la cruz. Su carácter de mutua entrega de sí al otro hasta el martirio, se manifiesta en algunas Iglesias orientales, donde cada uno de los contrayentes recibe al otro como “corona” durante la ceremonia nupcial, llamada con razón “oficio de coronación”. El amor conyugal no se construye en un momento, sino que es el proyecto paciente de toda una vida. Llamada a vivir cotidianamente el amor en Cristo, la familia cristiana es un instrumento privilegiado de la presencia y la misión de la Iglesia en el mundo. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Ecclesia in Medio Oriente, n. 58, 14 de septiembre de 2012)

  • Santa Brígida vivía lo que todos los esposos están llamados a vivir: la santidad conyugal

Este primer período de la vida de Brígida nos ayuda a apreciar lo que hoy podríamos definir una auténtica “espiritualidad conyugal”: los esposos cristianos pueden recorrer juntos un camino de santidad, sostenidos por la gracia del sacramento del matrimonio. No pocas veces, precisamente como sucedió en la vida de santa Brígida y de Ulf, es la mujer quien con su sensibilidad religiosa, con la delicadeza y la dulzura logra que el marido recorra un camino de fe. Pienso con reconocimiento en tantas mujeres que, día tras día, también hoy iluminan a su familia con su testimonio de vida cristiana. Que el Espíritu del Señor suscite también hoy la santidad de los esposos cristianos, para mostrar al mundo la belleza del matrimonio vivido según los valores del Evangelio: el amor, la ternura, la ayuda recíproca, la fecundidad en la generación y en la educación de los hijos, la apertura y la solidaridad hacia el mundo, la participación en la vida de la Iglesia. (Benedicto XVI. Audiencia general, 27 de octubre de 2010)

  • Numerosas son las familias santas, modelos para los esposos llamados a un particular compromiso en el camino de santidad

La historia del Cristianismo está constelada de innumerables ejemplos de padres santos y de auténticas familias cristianas que han acompañado la vida de generosos sacerdotes y pastores de la Iglesia. Pensemos en San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno, ambos pertenecientes a familias de santos. Pensemos, cercanísimos a nosotros, en los esposos Luigi Beltrame Quattrocchi y Maria Corsini, que vivieron entre finales del siglo XIX y mediados de 1900, beatificados por mi venerado predecesor Juan Pablo II en octubre de 2001, coincidiendo con los veinte años de la exhortación apostólica Familiaris consortio. Este documento, además de ilustrar el valor del matrimonio y los deberes de la familia, llama a los esposos a un particular compromiso en el camino de santidad que, sacando gracia y fortaleza del sacramento del matrimonio, les acompaña a lo largo de toda su existencia (cf. n. 56). (Benedicto XVI. Ángelus, 30 de agosto de 2009)

  • La Iglesia inscribió en el catálogo de los beatos esposos dignos y modelos  matrimoniales

Al inicio de este milenio, la Madre Iglesia ha inscrito en el catálogo de los beatos a María Teresa Ferragud Roig, que en España juntamente con sus cuatro hijas vírgenes consagradas a Cristo consiguió la palma del martirio y la gloria celestial; a los esposos Luis Beltrame Quattrocchi y María Corsini, en Italia; Luis Martin y Celia María Guérin, en Francia, padres de Santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones y flor del Carmelo. Estoy convencido de que este acontecimiento puede ser muy beneficioso para toda la sociedad y para cada persona. (Benedicto XVI. Carta para el VI encuentro mundial de las familias, 28 de diciembre de 2008)

  • La vocación matrimonial es un camino de santidad específico

He sabido con alegría que el Instituto pontificio del que usted es director y la Universidad católica del Sagrado Corazón han organizado oportunamente un congreso internacional con ocasión del 40° aniversario de la publicación de la Encíclica Humanae vitae, importante documento en el que se afronta uno de los aspectos esenciales de la vocación matrimonial y del camino de santidad específico que deriva de ella. En efecto, los esposos, habiendo recibido el don del amor, están llamados a convertirse a su vez en un don sin reservas el uno para el otro. Sólo así los actos propios y exclusivos de los cónyuges son verdaderamente actos de amor que, mientras los unen en una sola carne, constituyen una genuina comunión personal. Por tanto, la lógica de la totalidad del don configura intrínsecamente el amor conyugal y, gracias a la efusión sacramental del Espíritu Santo, se convierte en el medio para realizar en la propia vida una auténtica caridad conyugal. (Benedicto XVI. Mensaje al Congreso Internacional con ocasión del 40º aniversario del Humanae vitae, 2 de octubre de 2008)

… juzga la idea herética de Joviniano que defiende Francisco

  • María, prototipo de las vírgenes cristianas

“Sed esclavas del Señor de nombre y de hecho, a imitación de la Madre de Dios” (Ritual de consagración de vírgenes, 29). El Orden de las vírgenes constituye una expresión particular de vida consagrada, que volvió a florecer en la Iglesia después del concilio Vaticano II (cf. Vita consecrata, 7). Pero sus raíces son antiguas: se remontan a los inicios de la vida evangélica, cuando, como novedad inaudita, el corazón de algunas mujeres comenzó a abrirse al deseo de la virginidad consagrada, es decir, al deseo de entregar a Dios todo su ser, que había tenido en la Virgen de Nazaret y en su “sí” su primera realización extraordinaria. El pensamiento de los Padres ve en María el prototipo de las vírgenes cristianas y muestra la novedad del nuevo estado de vida al que se accede mediante una libre elección de amor. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de vírgenes consagradas con ocasión del segundo Congreso del “Ordo virginum”, n. 2, 15 de mayo de 2008)

  • La invitación evangélica de que “quien pueda entender, que entienda” (Mt 19, 12) y en el consejo paulino sobre la virginidad por el Reino (cf. 1 Co 7, 25-35), encierran todo el misterio cristiano

“Que en ti, Señor, lo posean todo, porque te han elegido a ti solo, por encima de todo” (Ritual de consagración de vírgenes, 38). Vuestro carisma debe reflejar la intensidad, pero también la lozanía de los orígenes. Se funda en la sencilla invitación evangélica de que “quien pueda entender, que entienda” (Mt 19, 12) y en el consejo paulino sobre la virginidad por el Reino (cf. 1 Co 7, 25-35). Y, sin embargo, en él se encierra todo el misterio cristiano. Cuando nació, vuestro carisma no se configuraba con modalidades particulares de vida, pero después fue institucionalizándose paulatinamente, hasta llegar a una verdadera consagración pública y solemne, conferida por el obispo mediante un sugestivo rito litúrgico, que convertía a la mujer consagrada en la sponsa Christi, imagen de la Iglesia esposa.  (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de vírgenes consagradas con ocasión del segundo Congreso del “Ordo virginum”, n. 3, 15 de mayo de 2008)

…juzga la idea de Francisco de afirmaciones rígidas dentro de la moral familiar

  • Cristo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado

En la Sagrada Escritura leemos: “Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina” (Prov 9, 8 ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18, 15). […] La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de “corregir al que se equivoca”. Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El Apóstol Pablo afirma: “Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado” (Gal 6, 1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. […] El Apóstol Pablo invita a buscar lo que “fomente la paz y la mutua edificación” (Rom 14, 19), tratando de “agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación” (ib. 15, 2), sin buscar el propio beneficio “sino el de la mayoría, para que se salven” (1 Cor 10, 33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana. (Benedicto XVI. Mensaje para la Cuaresma de 2012, n. 1-2, 3 de noviembre de 2011)

  • La misericordia de Jesús no se manifiesta poniendo entre paréntesis la ley moral

Para evitar equívocos, conviene notar que la misericordia de Jesús no se manifiesta poniendo entre paréntesis la ley moral. Para Jesús el bien es bien y el mal es mal. La misericordia no cambia la naturaleza del pecado, pero lo quema en un fuego de amor. Este efecto purificador y sanador se realiza si hay en el hombre una correspondencia de amor, que implica el reconocimiento de la ley de Dios, el arrepentimiento sincero, el propósito de una vida nueva. A la pecadora del Evangelio se le perdonó mucho porque amó mucho. En Jesús Dios viene a darnos amor y a pedirnos amor. (Benedicto XVI. Homilía en la visita pastoral a Asís con ocasión del VII centenario de la conversión de San Francisco, 17 de junio de 2007)

… juzga la idea de Judas que tiene Francisco

  • Judas tenía la marca del diablo: la falsedad

Por último, Jesús sabía que incluso entre los doce Apóstoles había uno que no creía: Judas. También Judas pudo haberse ido, como lo hicieron muchos discípulos; es más, tal vez tendría que haberse ido si hubiera sido honrado. En cambio, se quedó con Jesús. Se quedó no por fe, no por amor, sino con la secreta intención de vengarse del Maestro. ¿Por qué? Porque Judas se sentía traicionado por Jesús, y decidió que a su vez lo iba a traicionar. Judas era un zelote, y quería un Mesías triunfante, que guiase una revuelta contra los romanos. Jesús había defraudado esas expectativas. El problema es que Judas no se fue, y su culpa más grave fue la falsedad, que es la marca del diablo. Por eso Jesús dijo a los Doce: “Uno de vosotros es un diablo” (Jn 6, 70). (Benedicto XVI. Ángelus, 26 de agosto de 2012)

  • El corazón del traidor se intensificaba en oscuridad

En efecto, en la liturgia de hoy el evangelista San Mateo propone a nuestra meditación el breve diálogo que tuvo lugar en el Cenáculo entre Jesús y Judas. “¿Acaso soy yo, Rabbí?”, pregunta el traidor del Divino Maestro, que había anunciado: “Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará”. La respuesta del Señor es lapidaria: “Sí, tú lo has dicho” (cf. Mt 26, 14-25). Por su parte, San Juan concluye la narración del anuncio de la traición de Judas con pocas, pero significativas palabras: “Era de noche” (Jn 13, 30). Cuando el traidor abandona el Cenáculo, se intensifica la oscuridad en su corazón. (Benedicto XVI. Audiencia general, 4 de abril de 2007)

  • El arrepentimiento de Pedro alcanzó el perdón, el de Judas degeneró en desesperación

Recordemos que incluso Pedro quería oponerse a él y a lo que le esperaba en Jerusalén, pero recibió una fortísima reprensión: “Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mc 8, 33). Tras su caída, Pedro se arrepintió y encontró perdón y gracia. También Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró en desesperación y así se transformó en autodestrucción. (Benedicto XVI. Audiencia General, 18 de octubre de  2006)

  • Tanto Judas como Pedro estaban afligidos: uno se ahorcó, el otro se convirtió

Volvamos a la segunda Bienaventuranza: “Dichosos los afligidos, porque ellos serán consolados”. ¿Es bueno estar afligidos y llamar bienaventurada a la aflicción? Hay dos tipos de aflicción: una, que ha perdido la esperanza, que ya no confía en el amor y la verdad, y por ello abate y destruye al hombre por dentro; pero también existe la aflicción provocada por la conmoción ante la verdad y que lleva al hombre a la conversión, a oponerse al mal. Esta tristeza regenera, porque enseña a los hombres a esperar y amar de nuevo. Un ejemplo de la primera aflicción es Judas, quien —profundamente abatido por su caída— pierde la esperanza y lleno de desesperación se ahorca. Un ejemplo del segundo tipo de aflicción es Pedro que, conmovido ante la mirada del Señor, prorrumpe en un llanto salvador: las lágrimas labran la tierra de su alma. Comienza de nuevo y se transforma en un hombre nuevo. (Benedicto XVI. Jesús de Nazaret, vol. 1, parte 1, cap. 4.1, p. 40)

  • Sólo el nombre de Judas suscita entre los cristianos una reacción de reprobación

Ya sólo el nombre de Judas suscita entre los cristianos una reacción instintiva de reprobación y de condena. El significado del apelativo “Iscariote” es controvertido: la explicación más común dice que significa “hombre de Keriot”, aludiendo a su pueblo de origen, situado cerca de Hebrón y mencionado dos veces en la Sagrada Escritura (cf. Jos 15, 25; Am 2, 2). Otros lo interpretan como una variación del término “sicario”, como si aludiera a un guerrillero armado de puñal, llamado en latín sica. Por último, algunos ven en ese apodo la simple trascripción de una raíz hebreo-aramea que significa: “el que iba a entregarlo”. Esta designación se encuentra dos veces en el cuarto Evangelio: después de una confesión de fe de Pedro (cf. Jn 6, 71) y luego durante la unción de Betania (cf. Jn 12, 4). (Benedicto XVI. Audiencia general, 18 de octubre de 2006)

  • Judas ya no era capaz de conversión

En Judas encontramos el peligro que atraviesa todos los tiempos, es decir, el peligro de que también los que “fueron una vez iluminados, gustaron el don celestial y fueron partícipes del Espíritu Santo” (Heb 6, 4), a través de múltiples formas de infidelidad en apariencia intrascendentes, decaigan anímicamente y así, al final, saliendo de la luz, entren en la noche y ya no sean capaces de conversión. En Pedro vemos otro tipo de amenaza, de caída más bien, pero que no se convierte en deserción y, por tanto, puede ser rescatada mediante la conversión. (Benedicto XVI. Jesús de Nazaret, vol. II, cap. 3, p. 31)

  • Arrepentimiento es una apertura del corazón al perdón

En un caso se subraya que no hay perdón sin arrepentimiento, sin deseo del perdón, sin apertura de corazón al perdón. Aquí se pone de relieve que sólo el perdón divino y su amor recibido con corazón abierto y sincero nos dan la fuerza para resistir al mal y “no pecar más”, para dejarnos conquistar por el amor de Dios, que se convierte en nuestra fuerza. (Benedicto XVI. Homilía en la visita pastoral a la Parroquia Romana de Santa Felicidad e hijos, 25 de marzo de 2007)

  • Los fariseos inventaban leyes propias

Por eso, las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy contra los escribas y los fariseos nos deben hacer pensar también a nosotros. Jesús hace suyas las palabras del profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos” (Mc 7, 6-7; cf. Is 29, 13). Y luego concluye: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres” (Mc 7, 8). (Benedicto XVI. Ángelus, 2 de septiembre 2012)

  • Los fariseos hicieron un sistema de observancia exteriorizado y esclavizante

Es un tipo de observancia [la de la familia de Jesús] totalmente distinta de la que encontramos en los fariseos del Evangelio, que habían hecho de ella un sistema exteriorizado y esclavizante. (Benedicto XVI. Homilía en la Misa con los ex alumnos del Papa, 30 de agosto de 2009)

  • En el tiempo de Jesús la religión consistía en la práctica de costumbres secundarias

Así la religión pierde su auténtico significado, que es vivir en escucha de Dios para hacer su voluntad —que es la verdad de nuestro ser—, y así vivir bien, en la verdadera libertad, y se reduce a la práctica de costumbres secundarias, que satisfacen más bien la necesidad humana de sentirse bien con Dios. Y este es un riesgo grave para toda religión, que Jesús encontró en su tiempo. (Benedicto XVI. Ángelus, 2 de septiembre de 2012)

… juzga la idea que tiene Francisco de que los ortodoxos tienen la misión de predicar el Evangelio de Cristo

  • Si el cisma es un pecado contra la caridad, ¿cómo sus adeptos pueden anunciar el Evangelio?

El testimonio de la caridad, que se hace especialmente concreto en este lugar, pertenece a la misión de la Iglesia junto con el anuncio de la verdad del Evangelio. (Benedicto XVI. Discurso en la visita al albergue de Cáritas en la Estación Termini de Roma, 14 de febrero de 2010)

… juzga la idea del papel del sincretismo religioso en la misericordia que tiene Francisco

  • El amor al pecador está en encuentra su recto equilibrio también mediante el castigo

[…] Imperaba la conciencia de que la Iglesia no debía ser más Iglesia del derecho, sino Iglesia del amor, que no debía castigar. Así, se perdió la conciencia de que el castigo puede ser un acto de amor. En ese entonces se dio también entre gente muy buena una peculiar ofuscación del pensamiento. Hoy tenemos que aprender de nuevo que el amor al pecador y al damnificado está en su recto equilibrio mediante un castigo al pecador aplicado de forma posible y adecuada. En tal sentido ha habido en el pasado una transformación de la conciencia a través de la cual se ha producido un oscurecimiento del derecho y de la necesidad de castigo, en última instancia también un estrechamiento del concepto de amor, que no es, precisamente, sólo simpatía y amabilidad, sino que se encuentra en la verdad, y de la verdad forma parte también el tener que castigar a aquel que ha pecado contra el verdadero amor. (Benedicto XVI. Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los signos de su tiempo. Una conversación con Peter Seewald, I, 2, p. 16-17)

  • A través de los castigos Dios tiene un plan de misericordia

En el texto que hemos escuchado, la ira y la misericordia del Señor se confrontan en una secuencia dramática, pero al final triunfa el amor, porque Dios es amor. ¿Cómo no recoger, del recuerdo de aquellos hechos lejanos, el mensaje válido para todos los tiempos, incluido el nuestro? Pensando en los siglos pasados podemos ver cómo Dios sigue amándonos incluso a través de los castigos. Los designios de Dios, también cuando pasan por la prueba y el castigo, se orientan siempre a un final de misericordia y de perdón. (Benedicto XVI. Homilía en el IV Domingo de Cuaresma, 26 de marzo de 2006)

  • Observar las derogadas ceremonias de la ley mosaica es pecado

La primera consideración es que las ceremonias de la ley mosaica fueron derogadas por la venida de Cristo y que ya no pueden ser observadas sin pecado después de la promulgación del Evangelio. Por lo tanto, la distinción entre comidas puras e impuras proclamada por la Antigua Ley pertenece a los preceptos ceremoniales: esto es suficiente para que se pueda sostener correctamente que aquélla ya no existe y que no es admisible una discriminación entre los alimentos. (Benedicto XIV. Encíclica Ex quo primum, cap. 61, n. 1, 1 de marzo de 1756)

  • Según el Islam, Alá no estaría obligado a revelar la verdad

En este contexto, Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios [Alá] no estaría vinculado ni siquiera por su propia palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si él quisiera, el hombre debería practicar incluso la idolatría. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

… juzga la idea de Francisco de mundanidad dentro de la Iglesia

  • Hay que intensificar los esfuerzos para la adecuada celebración de la liturgia           

Entre las diversas formas de oración, la liturgia ocupa un lugar particular. En Polonia los jóvenes participan en gran número y activamente en la santa misa dominical. Es necesario intensificar aún más los esfuerzos para que la solicitud de los sacerdotes por la adecuada celebración de la liturgia, por la belleza de la palabra, del gesto y de la música sea signo cada vez más visible del Misterio salvífico que se realiza en ella. Asimismo, es preciso que los jóvenes, mediante una participación activa en la preparación de la liturgia, a través de su implicación en la liturgia de la Palabra, en el servicio del altar, o en la música, se inserten en la acción litúrgica. Entonces se sentirán partícipes en el Misterio, que introduce en el mundo de Dios y, simultáneamente, lo orienta hacia el mundo de las personas atraídas por el mismo amor de Cristo. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de obispos de Polonia en visita ad limina, n. 1, 26 de noviembre de 2005)

  • La belleza de la liturgia no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega la verdad del amor de Dios

La relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza. En efecto, la liturgia, como también la Revelación cristiana, está vinculada intrínsecamente con la belleza: es veritatis splendor. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia sí y nos llama a la comunión. En Jesús, como solía decir San Buenaventura, contemplamos la belleza y el fulgor de los orígenes. Este atributo al que nos referimos no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo, haciéndonos salir de nosotros mismos y atrayéndonos así hacia nuestra verdadera vocación: el amor. […] La belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra. El memorial del sacrificio redentor lleva en sí mismo los rasgos de aquel resplandor de Jesús del cual nos han dado testimonio Pedro, Santiago y Juan cuando el Maestro, de camino hacia Jerusalén, quiso transfigurarse ante ellos (cf. Mc 9,2). La belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación. Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 35, 22 de Febrero, 2007)

  • La sobriedad de los signos litúrgicos atraen más que la artificiosidad de añadiduras inoportunas

Para una adecuada ars celebrandi es igualmente importante la atención a todas las formas de lenguaje previstas por la liturgia: palabra y canto, gestos y silencios, movimiento del cuerpo, colores litúrgicos de los ornamentos. En efecto, la liturgia tiene por su naturaleza una variedad de formas de comunicación que abarcan todo el ser humano. La sencillez de los gestos y la sobriedad de los signos, realizados en el orden y en los tiempos previstos, comunican y atraen más que la artificiosidad de añadiduras inoportunas. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 40, 22 de Febrero, 2007)

  • Los jóvenes buscan grupos organizados para apoyarse y crecer en la fe

Es necesario ver también muchos fenómenos positivos que sostienen y ayudan la educación en la fe. Son numerosísimos los jóvenes que manifiestan una profunda sensibilidad ante las necesidades de los demás, especialmente de los pobres, los enfermos, las personas solas y los discapacitados. Por eso, emprenden varias iniciativas para llevar ayuda a los necesitados. Existe también un auténtico interés por las cuestiones de fe y religión, la necesidad de estar con los demás en grupos organizados e informales, y el fuerte deseo de experimentar a Dios. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de obispos de Polonia en visita as limina, n. 1, 26 de noviembre de 2005)

  • Hay que intensificar los esfuerzos para organizar la catequesis basada en el Magisterio

Os exhorto vivamente a vosotros, obispos, a intensificar los esfuerzos para organizar la catequesis de adultos donde falte y para sostener los ambientes que ya imparten una enseñanza de este tipo. Esta catequesis debe basarse en la Escritura y en el Magisterio. En su desarrollo puede servir de ayuda el Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia o el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, publicado recientemente. Una ayuda particular en la catequesis de adultos puede ser el abundante magisterio de mi venerado predecesor Juan Pablo II. Durante sus numerosas peregrinaciones a Polonia dejó un rico patrimonio de la sabiduría que brota de la fe, el cual, al parecer, hasta ahora no ha sido asimilado del todo. En este contexto, ¡cómo no recordar sus encíclicas, exhortaciones, cartas y tantas otras intervenciones que constituyen una fuente inagotable de la sabiduría cristiana! (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de obispos de Polonia en visita ad limina, n. 3, 26 de noviembre de 2005)

  • Los testimonios de las ordenen religiosas dedicados a la caridad hacen brillante la historia de la Iglesia

¡Cuántos testimonios más de caridad pueden citarse en la historia de la Iglesia! Particularmente todo el movimiento monástico, desde sus comienzos con San Antonio Abad, muestra un servicio ingente de caridad hacia el prójimo. Al confrontarse “cara a cara” con ese Dios que es Amor, el monje percibe la exigencia apremiante de transformar toda su vida en un servicio al prójimo, además de servir a Dios. Así se explican las grandes estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia surgidas junto a los monasterios. Se explican también las innumerables iniciativas de promoción humana y de formación cristiana destinadas especialmente a los más pobres de las que se han hecho cargo las órdenes monásticas y mendicantes primero, y después los diversos institutos religiosos masculinos y femeninos a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Figuras de santos como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, José B. Cottolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta —por citar sólo algunos nombres— siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad. Los santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 40, 25 de diciembre de 2005)

… juzga la idea de Francisco de que la Iglesia tiene defectos

  • Hay que castigar al que ha pecado contra el verdadero amor

Imperaba la conciencia de que la Iglesia no debía ser más Iglesia del derecho, sino Iglesia del amor, que no debía castigar. Así, se perdió la conciencia de que el castigo puede ser un acto de amor. En ese entonces se dio también entre gente muy buena una peculiar ofuscación del pensamiento. Hoy tenemos que aprender de nuevo que el amor al pecador y al damnificado está en su recto equilibrio mediante un castigo al pecador aplicado de forma posible y adecuada. En tal sentido ha habido en el pasado una transformación de la conciencia a través de la cual se ha producido un oscurecimiento del derecho y de la necesidad de castigo, en última instancia también un estrechamiento del concepto de amor, que no es, precisamente, sólo simpatía y amabilidad, sino que se encuentra en la verdad, y de la verdad forma parte también el tener que castigar a aquel que ha pecado contra el verdadero amor. (Benedicto XVI. Luz del mundo, parte I, n. 2, Herder, 2010, p. 16-17)

  • Cristo manda reprender al hermano que comete pecado

En la Sagrada Escritura leemos: “Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina” (Prov 9, 8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18, 15). […] La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de “corregir al que se equivoca”. Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. (Benedicto XVI. Mensaje para la Cuaresma de 2012, n. 1-2, 3 de noviembre de 2011)

… juzga la idea de Francisco de que el anuncio del Evangelio se hace sin acentos doctrinales ni morales

  • Aunque a primera vista puedan parecer un conjunto de prohibiciones, los mandamientos son reglas esenciales

La voluntad de Dios es que nosotros seamos felices. Por ello nos ha dado las indicaciones concretas para nuestro camino: los Mandamientos. Cumpliéndolos encontramos el camino de la vida y de la felicidad. Aunque a primera vista puedan parecer un conjunto de prohibiciones, casi un obstáculo a la libertad, si los meditamos más atentamente a la luz del Mensaje de Cristo, representan un conjunto de reglas de vida esenciales y valiosas que conducen a una existencia feliz, realizada según el proyecto de Dios. (Benedicto XVI. Mensaje para la XXVII Jornada Mundial de la Juventud, n. 5, 15 de marzo de 2012)

  • El cristianismo no es el camino de la comodidad, sino una escalada exigente

La teología de la cruz no es una teoría; es la realidad de la vida cristiana. Vivir en la fe en Jesucristo, vivir la verdad y el amor implica renuncias todos los días, implica sufrimientos. El cristianismo no es el camino de la comodidad; más bien, es una escalada exigente, pero iluminada por la luz de Cristo y por la gran esperanza que nace de él. San Agustín dice: a los cristianos no se les ahorra el sufrimiento; al contrario, les toca un poco más, porque vivir la fe expresa el valor de afrontar la vida y la historia más en profundidad. Con todo, sólo así, experimentando el sufrimiento, conocemos la vida en su profundidad, en su belleza, en la gran esperanza suscitada por Cristo crucificado y resucitado. (Benedicto XVI. Audiencia general, 5 de noviembre de 2008)


…juzga la idea del papel de la mujer en la Iglesia que tiene Francisco

  • La Jerusalén celeste, santa y gloriosa es icono de la Iglesia

La Jerusalén celeste es icono de la Iglesia entera, santa y gloriosa, sin mancha ni arruga (cf. Ef 5, 27), iluminada en el centro y en todas partes por la presencia de Dios-Caridad. Es llamada “novia”, “la esposa del Cordero” (Ap 20, 9), porque en ella se realiza la figura nupcial que encontramos desde el principio hasta el fin en la revelación bíblica. La Ciudad-Esposa es patria de la plena comunión de Dios con los hombres; ella no necesita templo alguno ni ninguna fuente externa de luz, porque la presencia de Dios y del Cordero […] la ilumina desde dentro. (Benedicto XVI. Misa de inauguración de la V Conferencia del episcopado latinoamericano y del Caribe, 13 de mayo de 2007)

  • Misión insustituible de los sacerdotes

Nada jamás sustituirá el ministerio de los sacerdotes en la vida de la Iglesia. (Benedicto XVI. Palabras dirigidas a los sacerdotes de lengua portuguesa en el término de la celebración eucarística en la clausura del Año Sacerdotal, 11 de junio 2010)

  • El sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo

El sacerdote no es simplemente alguien que detenta un oficio, como aquellos que toda sociedad necesita para que puedan cumplirse en ella ciertas funciones. Por el contrario, el sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo: pronunciar en nombre de Cristo la palabra de absolución de nuestros pecados, cambiando así, a partir de Dios, la situación de nuestra vida. Pronuncia sobre las ofrendas del pan y el vino las palabras de acción de gracias de Cristo, que son palabras de transustanciación, palabras que lo hacen presente a Él mismo, el Resucitado, su Cuerpo y su Sangre, transformando así los elementos del mundo; son palabras que abren el mundo a Dios y lo unen a Él. (Benedicto XVI. Homilía en la clausura del Año Sacerdotal, 11 de junio 2010)

  • Cristo sostiene a su rebaño a través de los pastores de la Iglesia

A través de los pastores de la Iglesia, en efecto, Cristo apacienta su rebaño: es él quien lo guía, lo protege y lo corrige, porque lo ama profundamente. Pero el Señor Jesús, Pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el Colegio apostólico, hoy los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, y los sacerdotes, sus colaboradores más valiosos, participen en esta misión suya de hacerse cargo del pueblo de Dios, de ser educadores en la fe, orientando, animando y sosteniendo a la comunidad cristiana. (Benedicto XVI. Audiencia general, 26 de mayo de 2010)

  • Ningún hombre por sí mismo, puede poner a otro en contacto con Dios, el don de crear este contacto, es parte esencial de la gracia del sacerdocio

Ningún hombre por sí mismo, partiendo de sus propias fuerzas, puede poner a otro en contacto con Dios. El don, la tarea de crear este contacto, es parte esencial de la gracia del sacerdocio. Esto se realiza en el anuncio de la Palabra de Dios, en la que su luz nos sale al encuentro. Se realiza de un modo particularmente denso en los sacramentos. La inmersión en el Misterio pascual de muerte y resurrección de Cristo acontece en el Bautismo, se refuerza en la Confirmación y en la Reconciliación, se alimenta en la Eucaristía, sacramento que edifica a la Iglesia como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. Por tanto, es Cristo mismo quien nos hace santos, es decir, nos atrae a la esfera de Dios. Pero como acto de su infinita misericordia llama a algunos a “estar” con él (cf. Mc 3, 14) y a convertirse, mediante el sacramento del Orden, pese a su pobreza humana, en partícipes de su mismo sacerdocio, ministros de esta santificación. (Benedicto XVI. Audiencia general, 5 de mayo de 2010)

  • La Iglesia, al igual que María, es mediadora de la bendición de Dios para el mundo

María, la virgen, esposa de José, que Dios ha elegido desde el primer instante de su existencia para ser la madre de su Hijo hecho hombre, ha sido la primera en ser colmada de esta bendición. Ella, según el saludo de santa Isabel, es “bendita entre las mujeres” (Lc 1, 42). Toda su vida está iluminada por el Señor, bajo el radio de acción del nombre y el rostro de Dios encarnado en Jesús, el “fruto bendito de su vientre”. […] María es madre y modelo de la Iglesia, que acoge en la fe la Palabra divina y se ofrece a Dios como “tierra fecunda” en la que él puede seguir cumpliendo su misterio de salvación. También la Iglesia participa en el misterio de la maternidad divina mediante la predicación, que siembra por el mundo la semilla del Evangelio, y mediante los sacramentos, que comunican a los hombres la gracia y la vida divina. La Iglesia vive de modo particular esta maternidad en el sacramento del bautismo, cuando engendra hijos de Dios por el agua y el Espíritu Santo, el cual exclama en cada uno de ellos: “Abbà, Padre” (Ga 4, 6). La Iglesia, al igual que María, es mediadora de la bendición de Dios para el mundo: la recibe acogiendo a Jesús y la transmite llevando a Jesús. Él es la misericordia y la paz que el mundo por sí mismo no se puede dar y que necesita tanto o más que el pan. (Benedicto XVI. Homilía en la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, 1 de enero de 2012)

  • La vocación de la Virgen con los fieles comenzó con las palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”

San Juan, el único de los apóstoles que permaneció en el Gólgota junto a la Madre de Jesús y a otras mujeres, fue testigo privilegiado de ese acontecimiento. La maternidad de María, que comenzó con el fiat de Nazaret, culmina bajo la cruz. Si es verdad, como observa san Anselmo, que “desde el momento del fiat María comenzó a llevarnos a todos en su seno”, la vocación y misión materna de la Virgen con respecto a los creyentes en Cristo comenzó efectivamente cuando Cristo le dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26). […] El Hijo de Dios cumplió así su misión: nacido de la Virgen para compartir en todo, excepto en el pecado, nuestra condición humana, en el momento de regresar al Padre dejó en el mundo el sacramento de la unidad del género humano (cf. Lumen gentium, n. 1): la familia “congregada por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (San Cipriano de Cartago, De Orat. Dom. 23: PL 4, 536), cuyo núcleo primordial es precisamente este vínculo nuevo entre la Madre y el discípulo. De este modo, quedan unidas de manera indisoluble la maternidad divina y la maternidad eclesial. (Benedicto XVI. Homilía en el Santuario de la Casa de María en Éfeso, 29 de noviembre de 2006)

  • Sólo María es Madre del misterio de la unidad que Cristo y la Iglesia representan

Como Cristo, la Iglesia no sólo es un instrumento de la unidad; también es un signo eficaz. Y la Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia, es la Madre de ese misterio de unidad que Cristo y la Iglesia representan inseparablemente y construyen en el mundo y a lo largo de la historia. (Benedicto XVI. Homilía en el Santuario de la Casa de María en Éfeso, 29 de noviembre de 2006)

  • Santa Teresita, Doctora de la Iglesia y Patrona de las Misiones en el escondrijo del convento vivió plenamente la gracia del bautismo…

Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, que sólo vivió en este mundo 24 años, a finales del siglo XIX, llevando una vida muy sencilla y oculta, pero que, después de su muerte y de la publicación de sus escritos, se ha convertido en una de las santas más conocidas y amadas. “Teresita” no ha dejado de ayudar a las almas más sencillas, a los pequeños, a los pobres, a los que sufren, que la invocan, y también ha iluminado a toda la Iglesia con su profunda doctrina espiritual, hasta el punto de que el venerable Juan Pablo II, en 1997, quiso darle el título de doctora de la Iglesia, añadiéndolo al de patrona de las misiones, que ya le había otorgado Pío XI en 1927. Mi amado predecesor la definió “experta en la scientia amoris” (Novo millennio ineunte, n. 42). […] Así Teresa nos indica a todos que la vida cristiana consiste en vivir plenamente la gracia del bautismo en el don total de sí al amor del Padre, para vivir como Cristo, en el fuego del Espíritu Santo, su mismo amor por todos los demás. (Benedicto XVI. Audiencia general, 6 de abril de 2011)

  • … y tuvo auténtico espíritu misionero mediante su oración contemplativa

Por su parte, Santa Teresa de Lisieux, sin salir jamás de su Carmelo, mediante su oración contemplativa y la correspondencia mantenida con sacerdotes —el abad Bellière y el padre Roulland—, vivió, a su manera, un auténtico espíritu misionero, acompañando a cada uno en su servicio al Evangelio y dando al mundo un nuevo camino espiritual, que le valió el título de doctora de la Iglesia, hace exactamente diez años. Desde Pío XII hasta nuestros días, los Papas no han dejado de recordar el vínculo que existe entre oración, caridad y acción en la misión de la Iglesia, para que, como señala también el concilio Vaticano II, “la totalidad del mundo se transforme en pueblo de Dios, cuerpo del Señor y templo del Espíritu” (Lumen gentium, n. 17). (Benedicto XVI. Audiencia General. Mensaje por el 80º aniversario de la proclamación de Santa Teresa del Niño Jesús como patrona de las misiones, 6 de abril de 2011)

  • Doctora de la Iglesia, Santa Hildegarda de Binger resplandece por su obediencia, sencillez, caridad y hospitalidad

En santa Hildegarda de Bingen se advierte una extraordinaria armonía entre la doctrina y la vida cotidiana. En ella la búsqueda de la voluntad de Dios en la imitación de Cristo se expresa como una constante práctica de las virtudes, que ella ejercita con suma generosidad y que alimenta en las raíces bíblicas, litúrgicas y patrísticas a la luz de la Regla de San Benito: resplandece en ella de modo particular la práctica perseverante de la obediencia, de la sencillez, de la caridad y de la hospitalidad. En esta voluntad de total pertenencia al Señor, la abadesa benedictina sabe involucrar sus no comunes dotes humanas, su aguda inteligencia y su capacidad de penetración de las realidades celestes. (Benedicto XVI. Carta apostólica en la proclamación de Santa Hildegarda de Bingen, Monja Profesa de la Orden de San Benito, como Doctora de la Iglesia universal, n. 2, 7 de octubre de 2012)

… juzga las actitudes de Francisco con los pecadores públicos, cambiando el protocolo Vaticano

  • Para Jesús el bien es bien y el mal es el mal

Para evitar equívocos, conviene notar que la misericordia de Jesús no se manifiesta poniendo entre paréntesis la ley moral. Para Jesús el bien es bien y el mal es mal. La misericordia no cambia la naturaleza del pecado, pero lo quema en un fuego de amor. Este efecto purificador y sanador se realiza si hay en el hombre una correspondencia de amor, que implica el reconocimiento de la ley de Dios, el arrepentimiento sincero, el propósito de una vida nueva. (Benedicto XVI. Homilía en Asís en el VII centenario de la conversión de San Francisco, 17 de junio de 2007)

  • La misericordia de Jesús exige el cambio de vida

Cuando Jesús, al atravesar Jericó, se detuvo precisamente en casa de Zaqueo, suscitó un escándalo general, pero el Señor sabía muy bien lo que hacía. Por decirlo así, quiso arriesgar y ganó la apuesta: Zaqueo, profundamente impresionado por la visita de Jesús, decide cambiar de vida, y promete restituir el cuádruplo de lo que ha robado. […] Dios […] ve en cada uno un alma que es preciso salvar, y le atraen especialmente aquellas almas a las que se considera perdidas y que así lo piensan ellas mismas. Jesucristo, encarnación de Dios, demostró esta inmensa misericordia, que no quita nada a la gravedad del pecado, sino que busca siempre salvar al pecador, ofrecerle la posibilidad de rescatarse, de volver a comenzar, de convertirse. (Benedicto XVI. Ángelus, 31 de octubre de 2010)

  • Que el pecador note el distanciamiento que él mismo ha provocado

El texto del Evangelio […] nos dice que el amor fraterno comporta también un sentido de responsabilidad recíproca, por lo cual, si mi hermano comete una falta contra mí, yo debo actuar con caridad hacia él y, ante todo, hablar con él personalmente, haciéndole presente que aquello que ha dicho o hecho no está bien. Esta forma de actuar se llama corrección fraterna: no es una reacción a una ofensa recibida, sino que está animada por el amor al hermano. Comenta San Agustín: “Quien te ha ofendido, ofendiéndote, ha inferido a sí mismo una grave herida, ¿y tú no te preocupas de la herida de tu hermano? Tú debes olvidar la ofensa recibida, no la herida de tu hermano” (Discursos 82, 7).
¿Y si el hermano no me escucha? Jesús en el Evangelio de hoy indica una gradualidad: ante todo vuelve a hablarle junto a dos o tres personas, para ayudarle mejor a darse cuenta de lo que ha hecho; si, a pesar de esto, él rechaza la observación, es necesario decirlo a la comunidad; y si tampoco no escucha a la comunidad, es preciso hacerle notar el distanciamiento que él mismo ha provocado, separándose de la comunión de la Iglesia. Todo esto indica que existe una corresponsabilidad en el camino de la vida cristiana: cada uno, consciente de sus propios límites y defectos, está llamado a acoger la corrección fraterna y ayudar a los demás con este servicio particular. (Benedicto XVI. Ángelus, 4 de septiembre de 2011)

… juzga la idea de que Cristo se manchó por el pecado, que tiene Francisco

  •  Cristo quiso compartir nuestra condición pero no la corrupción del pecado

San Pablo nos ha ofrecido una formulación sintética en la Segunda Carta a los Corintios, hoy segunda lectura: “Al que no conocía el pecado, Dios lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él” (2 Co 5, 21). La posibilidad para nosotros del perdón divino depende esencialmente del hecho de que Dios mismo, en la persona de su Hijo, quiso compartir nuestra condición, pero no la corrupción del pecado. (Benedicto XVI. Homilía en el Miércoles de Ceniza, 12 de febrero de 2012)

… juzga la idea que Francisco tiene de San Juan Bautista

  • San Juan Bautista se anonadó para dejar espacio al Salvador

San Juan Bautista, el mayor entre los profetas de Cristo, que supo negarse a sí mismo para dejar espacio al Salvador y que sufrió y murió por la verdad. (Benedicto XVI. Ángelus, 29 de agosto de 2009)

  • Por amor a la verdad Juan Bautista no admitió componendas con el mal

En el Calendario romano es el único santo de quien se celebra tanto el nacimiento, el 24 de junio, como la muerte que tuvo lugar a través del martirio.
En los Evangelios se pone muy bien de relieve su papel respecto a Jesús. En particular, san Lucas relata su nacimiento, su vida en el desierto, su predicación; y san Marcos nos habla de su dramática muerte.[…] el Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión, sino que, reconociendo a Jesús como «el Cordero de Dios» que vino a quitar el pecado del mundo (Jn 1, 29), tiene la profunda humildad de mostrar en Jesús al verdadero Enviado de Dios, poniéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido. Como último acto, el Bautista testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias.
[…] al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad. Precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios. (Benedicto XVI. Audiencia general, 29 de agosto de 2012)

  • Juan denunció los pecados incluso cuando los protagonistas eran los poderosos del mundo

Como auténtico profeta, Juan dio testimonio de la verdad sin componendas. Denunció las transgresiones de los mandamientos de Dios, incluso cuando los protagonistas eran los poderosos. Así, cuando acusó de adulterio a Herodes y Herodías, pagó con su vida, coronando con el martirio su servicio a Cristo, que es la verdad en persona. (Benedicto XVI. Ángelus, 24 de junio de 2007)

  • Celebrar el nacimiento de Juan Bautista significa celebrar a Cristo

San Juan Bautista fue el precursor, la “voz” enviada a anunciar al Verbo encarnado. Por eso, conmemorar su nacimiento significa en realidad celebrar a Cristo, cumplimiento de las promesas de todos los profetas, entre los cuales el mayor fue el Bautista, llamado a “preparar el camino” delante del Mesías (cf. Mt 11, 9-10). (Benedicto XVI. Ángelus, 24 de junio de 2007)

  • Juan Bautista fue el gran profeta que cerró las puertas del Antiguo Testamento y abrió las del Nuevo

Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como profeta que concluye el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, al Consagrado del Señor. De hecho, será Jesús mismo quien hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él» (Mt 11, 10-11). (Benedicto XVI. Ángelus, 24 de junio de 2012)

… juzga la idea de Francisco de que en el confesionario el sacerdote actúa en nombre del Padre

  • El sacerdote habla en la persona de Otro, de Cristo

En la administración de los sacramentos el sacerdote actúa y habla ya in persona Christi. En los sagrados misterios el sacerdote no se representa a sí mismo y no habla expresándose a sí mismo, sino que habla en la persona de Otro, de Cristo. (Benedicto XVI. Homilía en la Santa Misa Crismal, 5 de abril de 2007)

  • En el sacerdote, Cristo hace lo que él no puede hacer: la absolución de los pecados

Para comprender lo que significa que el sacerdote actúa in persona Christi capitis — en la persona de Cristo Cabeza —, y para entender también las consecuencias que derivan de la tarea de representar al Señor, especialmente en el ejercicio de estos tres oficios, es necesario aclarar ante todo lo que se entiende por “representar”. El sacerdote representa a Cristo. ¿Qué quiere decir “representar” a alguien? En el lenguaje común generalmente quiere decir recibir una delegación de una persona para estar presente en su lugar, para hablar y actuar en su lugar, porque aquel que es representado está ausente de la acción concreta. Nos preguntamos: ¿El sacerdote representa al Señor de la misma forma? La respuesta es no, porque en la Iglesia Cristo no está nunca ausente; la Iglesia es su cuerpo vivo y la Cabeza de la Iglesia es él, presente y operante en ella. […] Por lo tanto, el sacerdote que actúa in persona Christi capitis y en representación del Señor, no actúa nunca en nombre de un ausente, sino en la Persona misma de Cristo resucitado, que se hace presente con su acción realmente eficaz. Actúa realmente y realiza lo que el sacerdote no podría hacer: la consagración del vino y del pan para que sean realmente presencia del Señor, y la absolución de los pecados. (Benedicto XVI. Audiencia general, 14 de abril de 2010)

… juzga el modo de reformar la Iglesia que defiende Francisco

  • La estructura de la Iglesia debe orientarse según la verdad de la fe…

Naturalmente, en la Iglesia también es necesaria una planificación institucional y estructural. Instituciones eclesiales, programaciones pastorales y otras estructuras jurídicas son, hasta cierto punto, sencillamente necesarias. Pero a veces se presentan como lo esencial, impidiendo así ver lo que es verdaderamente esencial. Sólo corresponden a su auténtico significado si se miden y orientan según el criterio de la verdad de la fe. En definitiva, debe ser y será la fe misma la que marcará, en toda su grandeza, claridad y belleza, el ritmo de la reforma que es fundamental y que necesitamos. […] Debéis aprobar solamente las reformas estructurales que estén en plena sintonía con la enseñanza de la Iglesia. (Benedicto XVI. Discurso al segundo grupo de obispos de Alemania en visita ad limina, 18 de noviembre de 2008)

  • El impulso misionero debe iluminar con la luz de Cristo la oscuridad del mundo

A vosotros, queridos amigos de los movimientos, os digo: haced que sean siempre escuelas de comunión, compañías en camino, en las que se aprenda a vivir en la verdad y en el amor que Cristo nos reveló y comunicó por medio del testimonio de los Apóstoles, dentro de la gran familia de sus discípulos. Que resuene siempre en vuestro corazón la exhortación de Jesús: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16). Llevad la luz de Cristo a todos los ambientes sociales y culturales en los que vivís. El impulso misionero es una confirmación del radicalismo de una experiencia de fidelidad, siempre renovada, al propio carisma, que lleva a superar cualquier encerramiento, cansado y egoísta, en sí mismos. Iluminad la oscuridad de un mundo trastornado por los mensajes contradictorios de las ideologías. No hay belleza que valga si no hay una verdad que reconocer y seguir, si el amor se reduce a un sentimiento pasajero, si la felicidad se convierte en un espejismo inalcanzable, si la libertad degenera en instintividad. (Benedicto XVI. Mensaje a los participantes en el II Congreso mundial de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, 22 de mayo de 2006)

… juzga la idea de Francisco de renunciar a la propia cultura en beneficio de los refugiados

  • El monaquismo proporcionó el desarrollo de Europa

Quisiera hablaros esta tarde del origen de la teología occidental y de las raíces de la cultura europea. He recordado al comienzo que el lugar donde nos encontramos es emblemático. Está ligado a la cultura monástica, porque aquí vivieron monjes jóvenes, para aprender a comprender más profundamente su llamada y vivir mejor su misión. ¿Es ésta una experiencia que representa todavía algo para nosotros, o nos encontramos sólo con un mundo ya pasado? Para responder, conviene que reflexionemos un momento sobre la naturaleza del monaquismo occidental. ¿De qué se trataba entonces? A tenor de la historia de las consecuencias del monaquismo cabe decir que, en la gran fractura cultural provocada por las migraciones de los pueblos y el nuevo orden de los Estados que se estaban formando, los monasterios eran los lugares en los que sobrevivían los tesoros de la vieja cultura y en los que, a partir de ellos, se iba formando poco a poco una nueva cultura. […] Del monaquismo forma parte, junto con la cultura de la palabra, una cultura del trabajo, sin la cual el desarrollo de Europa, su ethos y su formación del mundo son impensables. (Benedicto XVI. Encuentro con el mundo de la cultura en el Collège des Bernardins, 12 de septiembre de 2008)

  • El futuro de la civilización europea está en la imagen cristiana del hombre

La edificación de la casa común europea sólo puede llegar a buen puerto si este continente es consciente de sus raíces cristianas y si los valores del Evangelio, así como de la imagen cristiana del hombre, son también en el futuro el fermento de la civilización europea. La fe vivida en Cristo y el amor activo al prójimo, de acuerdo con la palabra y la vida de Cristo y el ejemplo de los santos, deben pesar más en la cultura occidental cristiana. (Benedicto XVI. Discurso al embajador de Austria ante la Santa Sede, 3 de febrero de 2011)

  • San Agustín es reconocido hasta por aquellos que ignoran el cristianismo pues el dejó una profunda huella en la vida cultural de Occidente

San Agustín: hombre de pasión y de fe, de altísima inteligencia y de incansable solicitud pastoral. Este gran santo y doctor de la Iglesia a menudo es conocido, al menos de fama, incluso por quienes ignoran el cristianismo o no tienen familiaridad con él, porque dejó una huella profundísima en la vida cultural de Occidente y de todo el mundo.
Por su singular relevancia, san Agustín ejerció una influencia enorme y podría afirmarse, por una parte, que todos los caminos de la literatura latina cristiana llevan a Hipona (hoy Anaba, en la costa de Argelia), lugar donde era obispo; y, por otra, que de esta ciudad del África romana, de la que san Agustín fue obispo desde el año 395 hasta su muerte, en el año 430, parten muchas otras sendas del cristianismo sucesivo y de la misma cultura occidental.
Pocas veces una civilización ha encontrado un espíritu tan grande, capaz de acoger sus valores y de exaltar su riqueza intrínseca, inventando ideas y formas de las que se alimentarían las generaciones posteriores. (Benedicto XVI. Audiencia general, 9 de enero de 2008)

  • Hay que tener vigilancia para no sustituir la fe por una praxis capaz de mejorar el mundo

El diálogo ecuménico no puede llevar al indiferentismo y al falso irenismo.
Hoy podemos constatar no pocos frutos buenos producidos por los diálogos ecuménicos, pero debemos reconocer también que el riesgo de un falso irenismo y de un indiferentismo, del todo ajeno al espíritu del Concilio Vaticano II, exige nuestra vigilancia. Este indiferentismo está causado por la opinión, cada vez más difundida, de que la verdad no sería accesible al hombre; por lo tanto, sería necesario limitarse a encontrar reglas para una praxis capaz de mejorar el mundo. Y así la fe sería sustituida por un moralismo sin fundamento profundo. El centro del verdadero ecumenismo es, en cambio, la fe en la cual el hombre encuentra la verdad que se revela en la Palabra de Dios. Sin la fe todo el movimiento ecuménico se reduciría a una forma de “contrato social” al cual adherirse por un interés común, una “praxiología” para crear un mundo mejor. La lógica del Concilio Vaticano II es completamente distinta: la búsqueda sincera de la unidad plena de todos los cristianos es un dinamismo animado por la Palabra de Dios, por la Verdad divina que nos habla en esta Palabra. Por ello, el problema crucial, que marca de modo transversal los diálogos ecuménicos, es la cuestión de la estructura de la Revelación —la relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición viva en la Santa Iglesia y el Ministerio de los sucesores de los Apóstoles como testimonio de la verdadera fe. Y aquí está implícita la cuestión de la eclesiología que forma parte de este problema: cómo llega la verdad de Dios a nosotros. Aquí, por lo demás, es fundamental el discernimiento entre la Tradición con mayúscula y las tradiciones. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 27 de enero de 2012)

  • Antes que el derecho a emigrar, hay que reafirmar el derecho a no emigrar

En el actual contexto socio-político, antes incluso que el derecho a emigrar, hay que reafirmar el derecho a no emigrar, es decir, a tener las condiciones para permanecer en la propia tierra, repitiendo con el Beato Juan Pablo II que “es un derecho primario del hombre vivir en su propia patria”. (Benedicto XVI. Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2013, 12 de octubre de 2012)

  • Regular los flujos migratorios y defender las fronteras es derecho de los Estados

Los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto debido a la dignidad de toda persona humana. (Benedicto XVI. Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2011. Una sola familia, 27de septiembre de 2010)

  • No podemos dejarnos llevar por la dictadura del relativismo según la cual hay que dejarse guiar por cualquier viento de doctrina

Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos. (Card. Joseph Ratzinger. Homilía en la Misa Pro eligendo Pontifice, 18 de abril de 2005)

… juzga la idea de ecumenismo que tiene Francisco

  • Ser obispo significa saber resistir a los lobos

Jesús, el “obispo de las almas”, es el prototipo de todo ministerio episcopal y sacerdotal. Desde esta perspectiva, ser obispo, ser sacerdote, significa asumir la posición de Cristo. Pensar, ver y obrar desde su posición elevada. A partir de él estar a disposición de los hombres, para que encuentren la vida. Así, la palabra “obispo” se acerca mucho al término “pastor”; más aún, los dos conceptos se pueden intercambiar. La tarea del pastor consiste en apacentar, en cuidar la grey y llevarla a buenos pastos. Apacentar la grey quiere decir encargarse de que las ovejas encuentren el alimento necesario, de que sacien su hambre y apaguen su sed. Sin metáfora, esto significa: la Palabra de Dios es el alimento que el hombre necesita. Hacer continuamente presente la Palabra de Dios y dar así alimento a los hombres es tarea del buen pastor. Y este también debe saber resistir a los enemigos, a los lobos. Debe preceder, indicar el camino, conservar la unidad de la grey. (Benedicto XVI. Santa Misa e imposición del palio a los nuevos metropolitanos, 29 de junio de 2009)

  • Jesús no anunció una gracia sin condición

Reflexionemos también sobre otro versículo: Cristo, el Salvador, concedió a Israel la conversión y el perdón de los pecados — en el texto griego el término es metanoia —, concedió la penitencia y el perdón de los pecados. Para mí, se trata de una observación muy importante: la penitencia es una gracia. Existe una tendencia en exégesis que dice: Jesús en Galilea anunció una gracia sin condición, totalmente incondicional; por tanto, también sin penitencia, gracia como tal, sin condiciones humanas previas. Pero esta es una falsa interpretación de la gracia. La penitencia es gracia; es una gracia que reconozcamos nuestro pecado, es una gracia que reconozcamos que tenemos necesidad de renovación, de cambio, de una trasformación de nuestro ser. Penitencia, poder hacer penitencia, es el don de la gracia. (Benedicto XVI. Concelebración Eucarística con los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, 15 de abril de 2010)

  • Cuidemos para que Cristo no sea más que un nombre suplementario adherido a nuestras teorías

La contribución de los cristianos en África sólo será decisiva si la inteligencia de la fe llegará a la inteligencia de la realidad. Para ello, es indispensable la educación en la fe, de lo contrario Cristo no será más que un nombre suplementario adherido a nuestras teorías. La palabra y el testimonio van a la par. Pero el testimonio solo no es suficiente, porque “el más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado ― lo que Pedro llamaba dar “razón de vuestra esperanza” (1 P 3,15) ―, explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús”. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Africae Munus, n. 32, 19 de noviembre de 2011)

  • Los cristianos están invitados a ir contracorriente

Ante la situación del continente, la mayor preocupación de los miembros del Sínodo ha sido cómo grabar en el corazón de los africanos discípulos de Cristo la voluntad de comprometerse efectivamente en vivir el Evangelio en su existencia y en la sociedad. Cristo llama constantemente a la metanoia, a la conversión. Los cristianos están marcados por el espíritu y las costumbres de su época y de su ambiente. Por la gracia del bautismo, están invitados a renunciar a las tendencias nocivas dominantes e ir contracorriente. Esto exige un compromiso decidido para “una conversión continua hacia el Padre, fuente de toda verdadera vida, el único capaz de liberarnos del mal, de toda tentación y mantenernos en su Espíritu, en un mismo combate contra las fuerzas del mal”. La conversión sólo es posible apoyándose en convicciones de fe consolidadas por una catequesis auténtica. Conviene pues “mantener una relación viva entre el catecismo aprendido de memoria y el catecismo vivido, para llegar a una conversión de vida profunda y permanente. La conversión se vive de manera especial en el Sacramento de la Reconciliación, al que se prestará una atención particular para que sea una verdadera “escuela del corazón”. En esa escuela, el discípulo de Cristo se forja poco a poco en una vida cristiana adulta, atenta a las dimensiones teologales y morales de sus actos, haciéndose así capaz de “hacer frente a las dificultades de la vida social, política, económica y cultural” y llevar una vida marcada por el espíritu evangélico. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Africae munus, n. 32, 19 de noviembre de 2011)

… juzga la idea que tiene Francisco sobre la culpa de la Iglesia del cisma anglicano

  • La Sede apostólica ha acogido benévolamente y predispuesto los medios necesarios para recibir a algunos grupos de anglicanos en la plena comunión católica

En estos últimos tiempos el Espíritu Santo ha impulsado a grupos de anglicanos a pedir en varias ocasiones e insistentemente ser recibidos, también corporativamente, en la plena comunión católica y esta Sede apostólica ha acogido benévolamente su solicitud. El Sucesor de Pedro, que tiene el mandato del Señor Jesús de garantizar la unidad del episcopado y de presidir y tutelar la comunión universal de todas las Iglesias, no puede dejar de predisponer los medios para que este santo deseo pueda realizarse. (Benedicto XVI. Constitución apostólica Anglicanorum coetibus, 4 de noviembre de 2009)

  • Creación de los Ordinariatos Personales para los fieles anglicanos

A la luz de esos principios eclesiológicos, con esta constitución apostólica se ofrece una normativa general que regule la institución y la vida de los Ordinariatos Personales para aquellos fieles anglicanos que desean entrar corporativamente en la comunión plena con la Iglesia Católica. Esta normativa se integra con Normas complementarias emanadas por la Sede apostólica.

  1. § 1. Los Ordinariatos Personales para los anglicanos que entran en la plena comunión con la Iglesia Católica son erigidos por la Congregación para la Doctrina de la Fe dentro de los confines territoriales de una Conferencia episcopal determinada, después de haber consultado a dicha Conferencia.(Benedicto XVI. Constitución apostólica Anglicanorum coetibus, 4 de noviembre de 2009)
  • Los ministros anglicanos que desean entrar corporativamente en la comunión plena con la Iglesia Católica pueden ser aceptados por el Ordinario del Ordinariato como candidatos a las sagradas órdenes

  1. § 1. Aquellos que han ejercido el ministerio de diáconos, presbíteros u obispos anglicanos, que responden a los requisitos establecidos por el derecho canónico[c.1026-1032] y no están impedidos por irregularidades u otros impedimentos [c. 1040-1049], pueden ser aceptados por el Ordinario como candidatos a las sagradas órdenes en la Iglesia Católica. Para los ministros casados se han de observar las normas de la encíclica de Pablo VI Sacerdotalis coelibatus, n. 42, y de la declaración In June. Los ministros no casados deben atenerse a la norma del celibato clerical según el canon 277, 1.(Benedicto XVI. Constitución apostólica Anglicanorum coetibus, 4 de noviembre de 2009)

… juzga la idea que tiene Francisco de dialogar con el mundo

  • El predicador debe anunciar la voluntad de Dios en su totalidad

Esto es importante: el Apóstol no predica un cristianismo “a la carta”, según sus gustos; no predica un Evangelio según sus ideas teológicas preferidas; no se sustrae al compromiso de anunciar toda la voluntad de Dios, también la voluntad incómoda, incluidos los temas que personalmente no le agradan tanto. Nuestra misión es anunciar toda la voluntad de Dios, en su totalidad y sencillez última. Pero es importante el hecho de que debemos predicar y enseñar —como dice San Pablo—, y proponer realmente toda la voluntad de Dios. […] Así pues, deberíamos dar a conocer y comprender —en la medida de lo posible— el contenido del Credo de la Iglesia, desde la creación hasta la vuelta del Señor, hasta el mundo nuevo. La doctrina, la liturgia, la moral y la oración —las cuatro partes del Catecismo de la Iglesia Católica— indican esta totalidad de la voluntad de Dios. (Benedicto XVI. Lectio Divina en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

  • Las personas necesitan ser llamadas continuamente a cultivar una relación con Cristo

Las personas necesitan hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia. Necesitan reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios. Necesitan tener la oportunidad de enriquecerse del pozo de su amor infinito. Es fácil ser atraídas por las posibilidades casi ilimitadas que la ciencia y la técnica nos ofrecen; es fácil cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas. Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar, nuestras vidas están realmente vacías. Las personas necesitan ser llamadas continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido para que tuviéramos la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). La meta de toda nuestra actividad pastoral y catequética, el objeto de nuestra predicación, el centro mismo de nuestro ministerio sacramental ha de ser ayudar a las personas a establecer y alimentar semejante relación vital con “Jesucristo nuestra esperanza” (1 Tm 1, 1). (Benedicto XVI. Discurso en la celebración de las Vísperas y encuentro con los Obispos de Estados Unidos, 16 de abril de 2008)

… juzga la idea de diálogo ecuménico que tiene Francisco

  • El primer servicio que los cristianos pueden dar a todo el género humano es anunciarle el Evangelio

El anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden dar a cada persona y a todo el género humano, por estar llamados a comunicar a todos el amor de Dios, que se manifestó plenamente en el único Redentor del mundo, Jesucristo”. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el Congreso organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos con motivo del 40° aniversario del Decreto conciliar “Ad gentes”, 11 de marzo de 2006)

  • A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo

¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos. (Card. Joseph Ratzinger. Homilia en la Misa Pro eligendo Pontifice, 18 de abril de 2005)

… juzga la idea de la pérdida del Niño Dios en el Templo que tiene Francisco

  • La respuesta de Jesús deja claro que no hubo nada de extraño en su permanencia en el Templo

En el episodio de Jesús a los doce años se registran también sus primeras palabras: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?” (Lc 2, 49). Después de tres días de búsqueda, sus padres lo encontraron en el Templo sentado entre los doctores mientras los escuchaba y los interrogaba (cf. Lc 2, 46). A su pregunta sobre por qué había hecho esto a su padre y a su madre, él responde que hizo sólo cuánto debe hacer como Hijo, es decir, estar junto al Padre. De este modo él indica quién es su verdadero Padre, cuál es su verdadera casa, que él no había hecho nada extraño, que no había desobedecido. Permaneció donde debe estar el Hijo, es decir, junto a su Padre, y destacó quién es su Padre. (Benedicto XVI. Audiencia general, 28 de diciembre 2011)

… juzga la idea modernista de Francisco de que la fe se construye y no se recibe

  • No recibimos la fe sólo para nosotros, sino para los demás

La fe requiere que sea transmitida: no se nos ha entregado sólo para nosotros mismos, para la salvación personal de nuestra alma, sino para los demás, para este mundo y para nuestro tiempo. (Benedicto XVI. Homilía en la fiesta litúrgica del santo nombre de María, 12 de septiembre de 2009)

  • Nosotros no “hacemos” la fe, ni podemos inventarla

¿Cómo llegar a una fe viva, a una fe realmente católica, a una fe concreta, viva y operante? La fe, en última instancia, es un don. […] Nosotros no “hacemos” la fe, pues es ante todo Dios quien la da. Pero no la “hacemos” también en cuanto que no debemos inventarla. (Benedicto XVI. Encuentro con los sacerdotes y diáconos de la Diócesis de Roma, 2 de marzo de 2006)

  • El fiel debe creer junto con la Iglesia

Lo segundo es que no podemos inventar nosotros mismos la fe, componiéndola con elementos “sostenibles”; debemos creer juntamente con la Iglesia. (Benedicto XVI. Encuentro con los obispos de Suiza, 7 de noviembre de 2006)

  • Recibimos la fe como un don: no es producto de nuestro pensamiento o reflexión

Así pues, la fe no es producto de nuestro pensamiento, de nuestra reflexión; es algo nuevo, que no podemos inventar, sino que recibimos como don, como una novedad producida por Dios. (Benedicto XVI. Audiencia general, 10 de diciembre de 2008)

… juzga la idea de Francisco de que Dios no condena nunca

  • Es falsa la conversión sin cambio de vida

Reflexionemos también sobre otro versículo: Cristo, el Salvador, concedió a Israel la conversión y el perdón de los pecados (ib., v. 31) —en el texto griego el término es metanoia—, concedió la penitencia y el perdón de los pecados. Para mí, se trata de una observación muy importante: la penitencia es una gracia. Existe una tendencia en exégesis que dice: Jesús en Galilea anunció una gracia sin condición, totalmente incondicional; por tanto, también sin penitencia, gracia como tal, sin condiciones humanas previas. Pero esta es una falsa interpretación de la gracia. La penitencia es gracia; es una gracia que reconozcamos nuestro pecado, es una gracia que reconozcamos que tenemos necesidad de renovación, de cambio, de una trasformación de nuestro ser. Penitencia, poder hacer penitencia, es el don de la gracia. Y debo decir que nosotros, los cristianos, también en los últimos tiempos, con frecuencia hemos evitado la palabra penitencia, nos parecía demasiado dura. (Benedicto XVI. Concelebración Eucarística con los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, 15 de abril de 2010)

  • Dios es justicia y crea justicia

La imagen del Juicio final no es en primer lugar una imagen terrorífica, sino una imagen de esperanza; quizás la imagen decisiva para nosotros de la esperanza. ¿Pero no es quizás también una imagen que da pavor? Yo diría: es una imagen que exige la responsabilidad. Una imagen, por lo tanto, de ese pavor al que se refiere San Hilario cuando dice que todo nuestro miedo está relacionado con el amor. Dios es justicia y crea justicia. Éste es nuestro consuelo y nuestra esperanza. Pero en su justicia está también la gracia. Esto lo descubrimos dirigiendo la mirada hacia el Cristo crucificado y resucitado. Ambas — justicia y gracia — han de ser vistas en su justa relación interior. La gracia no excluye la justicia. No convierte la injusticia en derecho. No es un cepillo que borra todo, de modo que cuanto se ha hecho en la tierra acabe por tener siempre igual valor. (Benedicto XVI. Encíclica Spe salvi, n. 44, 30 de noviembre de 2007)

… juzga la idea de gracia que tiene Francisco

  • La conciencia del poder de la gracia de Dios fue una “palanca” interior para San Pablo

San Pablo experimentó de modo extraordinario el poder de la gracia de Dios. […] Toda su predicación y, antes aún, toda su existencia misionera estuvieron sostenidas por un impulso interior que se podría explicar como la experiencia fundamental de la “gracia”. “Por la gracia de Dios soy lo que soy —escribe a los Corintios— […]. He trabajado más que todos ellos [los Apóstoles]. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Cor 15, 10). Se trata de una conciencia que aflora en todos sus escritos y que fue como una “palanca” interior con la que Dios pudo actuar para impulsarlo hacia adelante, siempre hacia nuevos confines, no sólo geográficos, sino también espirituales. (Benedicto XVI. Homilía en el Miércoles de Cenizas, 25 de febrero de 2009)

… juzga la idea de Francisco de que las diferencias entre católicos y protestantes son meramente de interpretación

  • Sacramento que está en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión

La antigüedad cristiana designó con las mismas palabras Corpus Christi el Cuerpo nacido de la Virgen María, el Cuerpo eucarístico y el Cuerpo eclesial de Cristo. Este dato, muy presente en la tradición, ayuda a aumentar en nosotros la conciencia de que no se puede separar a Cristo de la Iglesia. El Señor Jesús, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio por nosotros, anunció eficazmente en su donación el misterio de la Iglesia. Es significativo que en la segunda plegaria eucarística, al invocar al Paráclito, se formule de este modo la oración por la unidad de la Iglesia: “que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo”. Este pasaje permite comprender bien que la res del Sacramento eucarístico incluye la unidad de los fieles en la comunión eclesial. La Eucaristía se muestra así en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, n. 15, 22 de Febrero de 2007)

  • Nosotros no “hacemos” la fe, ni podemos inventarla

¿Cómo llegar a una fe viva, a una fe realmente católica, a una fe concreta, viva y operante? La fe, en última instancia, es un don. […] Nosotros no “hacemos” la fe, pues es ante todo Dios quien la da. Pero no la “hacemos” también en cuanto que no debemos inventarla. (Benedicto XVI. Encuentro con los sacerdotes y diáconos de la Diócesis de Roma, 2 de marzo de 2006)

… juzga la idea de Francisco de que solamente se puede evangelizar con dulzura

  • Hay que anunciar la voluntad de Dios incluso cuándo es incómoda

Esto es importante: el Apóstol no predica un cristianismo “a la carta”, según sus gustos; no predica un Evangelio según sus ideas teológicas preferidas; no se sustrae al compromiso de anunciar toda la voluntad de Dios, también la voluntad incómoda, incluidos los temas que personalmente no le agradan tanto. Nuestra misión es anunciar toda la voluntad de Dios, en su totalidad y sencillez última. Pero es importante el hecho de que debemos predicar y enseñar —como dice San Pablo—, y proponer realmente toda la voluntad de Dios. (Benedicto XVI. Lectio Divina en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

  • La reprensión cristiana también es animada por el amor y la misericordia

Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. (Benedicto XVI. Mensaje para la cuaresma de 2012, n. 1, 3 de noviembre de 2011)

… juzga la idea de anunciar el Evangelio que tiene Francisco

  • La hermenéutica de la discontinuidad puede acabar en ruptura entre Iglesia preconciliar y posconciliar

¿Cuál ha sido el resultado del Concilio? ¿Ha sido recibido de modo correcto? En la recepción del Concilio, ¿qué se ha hecho bien?, ¿qué ha sido insuficiente o equivocado?, ¿qué queda aún por hacer? […] Surge la pregunta: ¿Por qué la recepción del Concilio, en grandes zonas de la Iglesia, se ha realizado hasta ahora de un modo tan difícil? Pues bien, todo depende de la correcta interpretación del Concilio o, como diríamos hoy, de su correcta hermenéutica, de la correcta clave de lectura y aplicación. Los problemas de la recepción han surgido del hecho de que se han confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha causado confusión; la otra, de forma silenciosa pero cada vez más visible, ha dado y da frutos. Por una parte existe una interpretación que podría llamar “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura”; a menudo ha contado con la simpatía de los medios de comunicación y también de una parte de la teología moderna. Por otra parte, está la “hermenéutica de la reforma”, de la renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino. La hermenéutica de la discontinuidad corre el riesgo de acabar en una ruptura entre Iglesia preconciliar e Iglesia posconciliar. […] Pero así se tergiversa en su raíz la naturaleza de un Concilio como tal. De esta manera, se lo considera como una especie de Asamblea Constituyente, que elimina una Constitución antigua y crea una nueva. (Benedicto XVI. Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la curia romana, 22 de diciembre de 2005)

  • Hay que ver el Concilio desde la perspectiva de la continuidad

Este punto es importante también con respecto al Concilio. Como dije antes de Navidad a la Curia romana, no hay que vivir la hermenéutica de la discontinuidad; hay que vivir la hermenéutica de la renovación, que es espiritualidad de la continuidad, de caminar hacia adelante con continuidad. […] Debemos aceptar las novedades, pero también amar la continuidad y ver el Concilio desde esta perspectiva de la continuidad. (Benedicto XVI. Encuentro con los sacerdotes y diáconos de la diócesis de Roma, n. 14, 2 de marzo de 2006)

  • La Iglesia antes y después del Concilio debe ser la misma

La Iglesia, tanto antes como después del Concilio, es la misma Iglesia una, santa, católica y apostólica en camino a través de los tiempos; prosigue “su peregrinación entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”, anunciando la muerte del Señor hasta que vuelva (cf. Lumen gentium, n. 8). (Benedicto XVI. Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la curia romana, 22 de diciembre de 2005)

  • Anunciar el Evangelio sin ceder a los condicionamientos del mundo

La verdad del amor evangélico atañe a todo hombre y a todo el hombre, y compromete al pastor a proclamarla sin temores ni reticencias, sin ceder jamás a los condicionamientos del mundo: opportune, importune (cf. 2 Tm 4, 2). Queridos hermanos en el episcopado, en un tiempo como el nuestro, marcado por el creciente fenómeno de la globalización, es cada vez más necesario anunciar con vigor y claridad a todos la verdad de Cristo y su Evangelio de salvación. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la III Reunión del XI Consejo ordinario del Sínodo de los Obispos, 1 de junio de 2006)

  • La Iglesia del amor es también la Iglesia de la verdad y fidelidad

La Iglesia del amor es también la Iglesia de la verdad, entendida ante todo como fidelidad al Evangelio encomendado por el Señor Jesús a los suyos. La fraternidad cristiana nace del hecho de haber sido constituidos hijos del mismo Padre por el Espíritu de la verdad: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rom 8, 14). Pero la familia de los hijos de Dios, para vivir en la unidad y en la paz, necesita alguien que la conserve en la verdad y la guíe con discernimiento sabio y autorizado: es lo que está llamado a hacer el ministerio de los Apóstoles. (Benedicto XVI. Audiencia general, 5 de abril de 2006)

… juzga la idea de marginados que tiene Francisco

  • …pero hay quienes destruyen en sí mismos el deseo de la verdad

Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero en algunos casos de nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno. (Benedicto XVI. Encíclica Spe salvi, n. 45, 30 de noviembre de 2007)

  • No basta curar el cuerpo de la dependencia química sino que es necesario adornar el alma con dones divinos

Mediante una terapia, que incluye la asistencia médica, psicológica y pedagógica, pero también mucha oración, trabajo manual y disciplina, ya son numerosas las personas, sobre todo jóvenes, que han conseguido librarse de la dependencia química y del alcohol, y recobrar el sentido de la vida. Deseo manifestar mi aprecio por esta Obra, que tiene como base espiritual el carisma de San Francisco y la espiritualidad del Movimiento de los Focolares. La reinserción en la sociedad constituye, sin duda, una prueba de la eficacia de vuestra iniciativa. Pero lo que más llama la atención, y confirma la validez del trabajo, son las conversiones, el reencuentro con Dios y la participación activa en la vida de la Iglesia. No basta curar el cuerpo; es necesario adornar el alma con los dones divinos más preciosos recibidos en el bautismo.
Demos gracias a Dios por haber puesto tantas almas en el camino de una esperanza renovada, con la ayuda del sacramento del perdón y de la celebración de la Eucaristía. (Benedicto XVI. Discurso a la comunidad de la Hacienda de la Esperanza, n. 4, 12 de mayo de 2007)

  • En la Iglesia la caridad no se confunde con asistencia social

Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 25, 25 de diciembre de 2005)

… juzga la idea de “Pan de Vida” que tiene Francisco

  • En la Eucaristía Jesús ofrece su cuerpo y derrama su sangre por los hombres

En la Eucaristía, Jesús no da “algo”, sino a sí mismo; ofrece su cuerpo y derrama su sangre. Entrega así toda su vida, manifestando la fuente originaria de este amor divino. Él es el Hijo eterno que el Padre ha entregado por nosotros. En el Evangelio escuchamos también a Jesús que, después de haber dado de comer a la multitud con la multiplicación de los panes y los peces, dice a sus interlocutores que lo habían seguido hasta la sinagoga de Cafarnaúm: “Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo” (Jn 6, 32-33); y llega a identificarse él mismo, la propia carne y la propia sangre, con ese pan: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo” (Jn 6, 51). Jesús se manifiesta así como el Pan de vida, que el Padre eterno da a los hombres. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 7, 22 de febrero de 2007)

  • Comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo es participar de la vida divina de modo cada vez más consciente

El Señor Jesús, que por nosotros se ha hecho alimento de verdad y de amor, hablando del don de su vida nos asegura que “quien coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 51). Pero esta “vida eterna” se inicia en nosotros ya en este tiempo por el cambio que el don eucarístico realiza en nosotros: “El que me come vivirá por mí” (Jn 6, 57). Estas palabras de Jesús nos permiten comprender cómo el misterio “creído” y “celebrado” contiene en sí un dinamismo que lo convierte en principio de vida nueva en nosotros y forma de la existencia cristiana. En efecto, comulgando el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo se nos hace partícipes de la vida divina de un modo cada vez más adulto y consciente. Análogamente a lo que San Agustín dice en las Confesiones sobre el Logos eterno, alimento del alma, poniendo de relieve su carácter paradójico, el santo Doctor imagina que se le dice: “Soy el manjar de los grandes: crece, y me comerás, sin que por eso me transforme en ti, como el alimento de tu carne; sino que tú te transformarás en mí”[VII, 10, 16: PL 32, 742]. En efecto, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; “nos atrae hacia sí” (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 70, 22 de febrero de 2007)

  • Con la multiplicación de los panes, Jesús anuncia el Pan Eucarístico

A continuación, la gente, al ver este milagro [la multiplicación de los panes] —que parecía ser la renovación tan esperada del nuevo “maná”, el don del pan del cielo—, quiere hacerlo su rey. Pero Jesús no acepta y se retira a orar solo en la montaña. Al día siguiente, en la otra orilla del lago, en la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús interpretó el milagro, no en el sentido de una realeza de Israel, con un poder de este mundo, como lo esperaba la muchedumbre, sino en el sentido de la entrega de sí mismo: “El pan que yo voy a dar es mi carne por la vida del mundo” (Jn 6, 51). Jesús anuncia la cruz y con la cruz la auténtica multiplicación de los panes, el Pan eucarístico, su manera totalmente nueva de ser rey, una manera completamente opuesta a las expectativas de la gente. (Benedicto XVI. Audiencia general, 24 de mayo de 2006)

  • La Eucaristía es el alimento del alma

Demos gracias a Dios por el don del pan, tanto por la Eucaristía, alimento del alma, como por el pan de cada día, alimento del cuerpo. Que Dios bendiga la cosecha de este año y a todos los que trabajan en ella. (Benedicto XVI. Audiencia general, 19 de agosto de 2009)

… juzga la idea de Francisco de que Jesús es solamente misericordia

  • En Dios la justicia y la misericordia coinciden

Justicia y misericordia, justicia y caridad, ejes de la doctrina social de la Iglesia, son dos realidades diferentes sólo para nosotros los hombres, que distinguimos atentamente un acto justo de un acto de amor. Justo, para nosotros, es “lo que se debe al otro”, mientras que misericordioso es lo que se dona por bondad. Y una cosa parece excluir a la otra. Pero para Dios no es así: en él justicia y caridad coinciden; no hay acción justa que no sea también acto de misericordia y de perdón y, al mismo tiempo, no hay una acción misericordiosa que no sea perfectamente justa. ¡Qué lejana está la lógica de Dios de la nuestra! ¡Y qué diferente es nuestro modo de actuar del suyo! (Benedicto XVI. Discurso en el Centro Penitenciario Romano Rebibbia, 18 de diciembre de 2011)

  • La parábola del hombre rico y del pobre Lázaro muestra que la iniquidad terrena es vencida por la justicia divina

Hoy el Evangelio de San Lucas presenta la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro. La narración muestra cómo la iniquidad terrena es vencida por la justicia divina: después de la muerte, Lázaro es acogido “en el seno de Abraham”, es decir, en la bienaventuranza eterna, mientras que el rico acaba “en el infierno, en medio de los tormentos”. Se trata de una nueva situación inapelable y definitiva, por lo cual es necesario arrepentirse durante la vida; hacerlo después de la muerte no sirve para nada. (Benedicto XVI. Ángelus, 30 de septiembre de 2007)

  • Dios es aquel que proclama la justicia con fuerza

La justicia humana y la divina son muy diferentes. Ciertamente, los hombres no pueden aplicar la justicia divina, pero al menos deben apuntar a ella, tratar de captar el espíritu profundo que la anima, para que ilumine también la justicia humana […]. Dios, en efecto, es Aquel que proclama la justicia con fuerza, pero que, al mismo tiempo, cura las heridas con el bálsamo de la misericordia. La parábola del Evangelio de San Mateo (20, 1-16) sobre los trabajadores llamados a jornal a la viña nos da a entender en qué consiste esta diferencia entre la justicia humana y la divina, porque hace explícita la delicada relación entre justicia y misericordia. La parábola describe a un agricultor que asume trabajadores en su viña. Lo hace, sin embargo, en diversas horas del día, de manera que alguno trabaja todo el día y algún otro sólo una hora. En el momento del pago del salario, el amo suscita estupor y provoca una discusión entre los jornaleros. La cuestión tiene que ver con la generosidad —considerada por los presentes como injusticia— del amo de la viña, el cual decide dar la misma paga tanto a los trabajadores de la mañana como a los últimos de la tarde. Desde el punto de vista humano, esta decisión es una auténtica injusticia, pero desde el punto de vista de Dios es un acto de bondad, porque la justicia divina da cada uno lo suyo y, además, incluye la misericordia y el perdón. (Benedicto XVI. Discurso en el Centro Penitenciario Romano Rebibbia, 18 de diciembre de 2011)

  • Para eliminar la injusticia es necesario que no haya en el corazón humano la convivencia con el mal

El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre… Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Mc 7, 15. 20-21). Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar ―advierte Jesús― es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. (Benedicto XVI. Mensaje para la Cuaresma 2010, 30 de octubre de 2009)

  • La virtud de la justicia es aceptar la voluntad de Dios y tener equidad con el prójimo

En el corazón de la sabiduría de Israel encontramos un vínculo profundo entre la fe en el Dios que “levanta del polvo al desvalido” (Sal 113,7) y la justicia para con el prójimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqad. En efecto, sedaqad significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prójimo (cf. Ex 20,12-17). (Benedicto XVI. Mensaje para la Cuaresma de 2010, 30 de octubre de 2009)

… juzga la idea de Francisco de que los pobres son el centro del Evangelio

  • Cristo vive en las Sagradas Escrituras

La Iglesia sabe bien que Cristo vive en las Sagradas Escrituras. Precisamente por eso, como subraya la Constitución, ha tributado siempre a las divinas Escrituras una veneración semejante a la que reserva al Cuerpo mismo del Señor. (Benedicto XVI. Discurso al Congreso internacional en el XL aniversario de la Constitución Dei Verbum, 16 de septiembre de 2005)

  • El amor de Dios para los hombres es el corazón del Evangelio

La carta a los Hebreos nos ha presentado a Cristo, sumo y eterno sacerdote, exaltado a la gloria del Padre después de haberse ofrecido a sí mismo como único y perfecto sacrificio de la nueva alianza, con el que se llevó a cabo la obra de la Redención. San Agustín fijó su mirada en este misterio y en él encontró la Verdad que tanto buscaba: Jesucristo, el Verbo encarnado, el Cordero inmolado y resucitado, es la revelación del rostro de Dios Amor a todo ser humano en camino por las sendas del tiempo hacia la eternidad.
En un pasaje que se puede considerar paralelo al que se acaba de proclamar de la carta a los Hebreos, el apóstol San Juan escribe: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10). Aquí radica el corazón del Evangelio, el núcleo central del cristianismo. (Benedicto XVI. Homilía en la visita pastoral a Vigévano y Pavía, 22 de abril de 2007)

  • El Evangelio transmite un mensaje universal: “Haced discípulos a todos los pueblos”

En efecto, la Iglesia debe verificar constantemente su fidelidad a esta misión. Los tres Evangelios sinópticos destacan distintos aspectos del envío a la misión: la misión se basa ante todo en una experiencia personal: “Vosotros sois testigos” (Lc 24, 48); se expresa en relaciones: “Haced discípulos a todos los pueblos” (Mt 28, 19); trasmite un mensaje universal: “Proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15). Sin embargo, a causa de las pretensiones y de los condicionamientos del mundo, este testimonio viene repetidamente ofuscado, alienadas las relaciones y relativizado el mensaje. (Benedicto XVI. Discurso en el encuentro con los católicos comprometidos en la Iglesia y la sociedad, 25 de septiembre de 2011)

… juzga la idea de Francisco de que el Corán es un libro de paz

  • No hay paz sin justicia

La paz auténtica sólo es posible cuando reina la justicia. Nuestro mundo tiene sed de paz y de justicia. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de nuevos embajadores ante la Santa Sede, 18 de diciembre 2008)

  • La paz es un don celestial y una gracia divina que exige conformar la historia humana con el orden divino

La paz, concebida de este modo, es un don celestial y una gracia divina, que exige a todos los niveles el ejercicio de una responsabilidad mayor: la de conformar —en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor— la historia humana con el orden divino. Cuando falta la adhesión al orden trascendente de la realidad, o bien el respeto de aquella “gramática” del diálogo que es la ley moral universal, inscrita en el corazón del hombre; cuando se obstaculiza y se impide el desarrollo integral de la persona y la tutela de sus derechos fundamentales; cuando muchos pueblos se ven obligados a sufrir injusticias y desigualdades intolerables, ¿cómo se puede esperar la consecución del bien de la paz? En efecto, faltan los elementos esenciales que constituyen la verdad de dicho bien. San Agustín definía la paz como “tranquillitas ordinis(De civitate Dei, lib. XIX, cap. 13), la tranquilidad del orden, es decir, aquella situación que permite en definitiva respetar y realizar por completo la verdad del hombre. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XXXIX Jornada Mundial de la Paz, n. 4, 1 de enero de 2006)

  • La paz exige una respuesta personal coherente con el plan divino, según el criterio del respeto de la “gramática” escrita en el corazón del hombre

La “gramática” trascendente, es decir, el conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios. Como he querido reafirmar recientemente, “creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad” (Homilía en la explanada de Isling de Ratisbona, 12 septiembre 2006). Por tanto, la paz es también una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la “gramática” escrita en el corazón del hombre por su divino Creador. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XL Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2007)

  • Reconocer y respetar la ley natural: fundamento de la paz auténtica

El reconocimiento y el respeto de la ley natural son también hoy la gran base para el diálogo entre los creyentes de las diversas religiones, así como entre los creyentes e incluso los no creyentes. Éste es un gran punto de encuentro y, por tanto, un presupuesto fundamental para una paz auténtica. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XL Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2007)

  • No se puede obtener la paz en la tierra sin la reconciliación con Dios

La paz en la tierra no puede lograrse sin la reconciliación con Dios, sin la armonía entre el cielo y la tierra. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006)

  • Pecado: germen de negación de la paz

Germen de oscuridad y de negación de la paz que es el pecado en todas sus formas. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2013)

  • Sólo mediante la Redención podrá el hombre vencer el germen de negación de la paz que es el pecado y ser un auténtico trabajador por la paz

Para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios, Padre misericordioso, mediante el cual se implora la redención que su Hijo Unigénito nos ha conquistado. Así podrá el hombre vencer ese germen de oscuridad y de negación de la paz que es el pecado en todas sus formas: el egoísmo y la violencia, la codicia y el deseo de poder y dominación, la intolerancia, el odio y las estructuras injustas. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2013)

  • Paz auténtica es la que viene de Cristo

La paz auténtica viene de Cristo (cf. Jn 14,27). No se parece a la del mundo. No es fruto de negociaciones y acuerdos diplomáticos basados en intereses. Es la paz de la humanidad reconciliada consigo misma en Dios, y de la que la Iglesia es el sacramento. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica postsinodal Africae munus, n. 30, 19 de noviembre 2011)

  • Donde Cristo es acogido surgen islas de paz

Et erit iste paxÉl será la paz”, dice el profeta Miqueas (Miq 5, 4) refiriéndose al futuro dominador de Israel, cuyo nacimiento en Belén anuncia. A los pastores que apacentaban sus ovejas en los campos cercanos a Belén los ángeles les dijeron: el Esperado ha llegado. “Paz en la tierra a los hombres” (Lc 2, 14). Él mismo, Cristo, el Señor, dijo a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14, 27). A partir de estas palabras se formó el saludo litúrgico: “La paz esté con vosotros”. Esta paz, que se comunica en la liturgia, es Cristo mismo. Él se nos da como la paz, como la reconciliación, superando toda frontera. Donde es acogido, surgen islas de paz. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006)

  • La paz en este mundo es frágil porque implica abrir el corazón a Dios

Los hombres hubiéramos querido que Cristo eliminara de una vez para siempre todas las guerras, destruyera las armas y estableciera la paz universal. Pero debemos aprender que la paz no puede alcanzarse únicamente desde fuera con estructuras y que el intento de establecerla con la violencia sólo lleva a una violencia siempre nueva. Debemos aprender que la paz, como decía el ángel de Belén, implica eudokia, abrir nuestro corazón a Dios. Debemos aprender que la paz sólo puede existir si se supera desde dentro el odio y el egoísmo. El hombre debe renovarse desde su interior; debe renovarse y ser distinto.
Así la paz en este mundo sigue siendo débil y frágil. Y nosotros sufrimos las consecuencias. Precisamente por eso estamos llamados, mucho más aún, a dejar que la paz de Dios penetre en nuestro interior y a llevar su fuerza al mundo. En nuestra vida debe realizarse lo que en el bautismo aconteció sacramentalmente en nosotros: la muerte del hombre viejo y el nacimiento del nuevo. Y seguiremos pidiendo al Señor con gran insistencia: Sacude los corazones. Haznos hombres nuevos. Ayuda para que la razón de la paz triunfe sobre la irracionalidad de la violencia. Haznos portadores de tu paz. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006)

  • Jesús edifica la nueva gran comunidad de hombres nuevos que ponen su voluntad en la suya

El establo se transforma en palacio; precisamente a partir de este inicio, Jesús edifica la nueva gran comunidad, cuya palabra clave cantan los ángeles en el momento de su nacimiento: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”, hombres que ponen su voluntad en la suya, transformándose en hombres de Dios, hombres nuevos, mundo nuevo. (Benedicto XVI. Homilía en la Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de diciembre de 2007)

  • Cristo es nuestra verdadera paz: en Él hay una única familia reconciliada en el amor

“La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2304). La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz, n. 5, 1 de enero de 2012)

  • Para que la paz sea auténtica y duradera debe estar construida sobre la roca de la verdad del Evangelio

La Iglesia, por su parte, fiel a la misión que ha recibido de su Fundador, no deja de proclamar por doquier el “Evangelio de la paz”. Animada por su firme convicción de prestar un servicio indispensable a cuantos se dedican a promover la paz, recuerda a todos que, para que la paz sea auténtica y duradera, ha de estar construida sobre la roca de la verdad de Dios y de la verdad del hombre. Sólo esta verdad puede sensibilizar los ánimos hacia la justicia, abrirlos al amor y a la solidaridad, y alentar a todos a trabajar por una humanidad realmente libre y solidaria. Ciertamente, sólo sobre la verdad de Dios y del hombre se construyen los fundamentos de una auténtica paz. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XXXIX Jornada Mundial de la Paz, n. 15, 1 de enero de 2006)

  • La mentira puede impedir la consecución de la paz

Entonces, ¿quién y qué puede impedir la consecución de la paz? A este propósito, la Sagrada Escritura, en su primer Libro, el Génesis, resalta la mentira pronunciada al principio de la historia por el ser de lengua bífida, al que el evangelista Juan califica como “padre de la mentira” (Jn 8,44). La mentira es también uno de los pecados que recuerda la Biblia en el capítulo final de su último Libro, el Apocalipsis, indicando la exclusión de los mentirosos de la Jerusalén celeste: “¡Fuera… todo el que ame y practique la mentira!” (22,15). La mentira está relacionada con el drama del pecado y sus consecuencias perversas, que han causado y siguen causando efectos devastadores en la vida de los individuos y de las naciones. […] La auténtica búsqueda de la paz requiere tomar conciencia de que el problema de la verdad y la mentira concierne a cada hombre y a cada mujer, y que es decisivo para un futuro pacífico de nuestro planeta. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XXXIX Jornada Mundial de la Paz, n. 5, 1 de enero de 2006)

  • Las normas del derecho natural deben ser acogidas para llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal inscrito en la naturaleza del ser humano

En esta perspectiva, las normas del derecho natural no han de considerarse como directrices que se imponen desde fuera, como si coartaran la libertad del hombre. Por el contrario, deben ser acogidas como una llamada a llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal inscrito en la naturaleza del ser humano. Guiados por estas normas, los pueblos —en sus respectivas culturas— pueden acercarse así al misterio más grande, que es el misterio de Dios. Por tanto, el reconocimiento y el respeto de la ley natural son también hoy la gran base para el diálogo entre los creyentes de las diversas religiones, así como entre los creyentes e incluso los no creyentes. Éste es un gran punto de encuentro y, por tanto, un presupuesto fundamental para una paz auténtica. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XL Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2007)

  • La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma

Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte, publicada por el profesor Theodore Khoury (Münster), del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos. […] El diálogo abarca todo el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero también, cada vez más y necesariamente, en la relación entre las “tres Leyes”, como se decía, o “tres órdenes de vida”: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Corán. […] En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia), editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la yihad, la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: “Ninguna constricción en las cosas de fe”. Según dice una parte de los expertos, es probablemente una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el “Libro” y los “incrédulos”, con una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable, se dirige a su interlocutor llanamente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”. (Controversia VII 2c: Khoury, pp. 142-143; Förstel, vol. I, VII. Dialog 1.5, pp. 240-241. Lamentablemente, esta cita ha sido considerada en el mundo musulmán como expresión de mi posición personal, suscitando así una comprensible indignación. Espero que el lector de mi texto comprenda inmediatamente que esta frase no expresa mi valoración personal con respecto al Corán, hacia el cual siento el respeto que se debe al libro sagrado de una gran religión. Al citar el texto del emperador Manuel II sólo quería poner de relieve la relación esencial que existe entre la fe y la razón. En este punto estoy de acuerdo con Manuel II, pero sin hacer mía su polémica) El emperador, después de pronunciarse de un modo tan duro, explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo insensato. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. “Dios no se complace con la sangre —dice—; no actuar según la razón (συν λόγω) es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma racional no hay que recurrir al propio brazo ni a instrumentos contundentes ni a ningún otro medio con el que se pueda amenazar de muerte a una persona”. (Controversia VII 3 b-c: Khoury, pp. 144-145; Förstel vol. I, VII. Dialog 1.6, pp. 240-243)
En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios (Solamente por esta afirmación cité el diálogo entre Manuel II y su interlocutor persa. Ella nos ofrece el tema de mis reflexiones sucesivas). El editor, Theodore Khoury, comenta: para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionabilidad. En este contexto, Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios no estaría vinculado ni siquiera por su propia palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si él quisiera, el hombre debería practicar incluso la idolatría. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • Sufrimientos de la comunidad cristiana en Irak

El año que termina también ha estado marcado lamentablemente por persecuciones, discriminaciones, por terribles actos de violencia y de intolerancia religiosa.
Pienso de modo particular en la querida tierra de Irak, que en su camino hacia la deseada estabilidad y reconciliación sigue siendo escenario de violencias y atentados. Vienen a la memoria los recientes sufrimientos de la comunidad cristiana, y de modo especial el vil ataque contra la catedral sirio-católica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Bagdad, en la que el 31 de octubre pasado fueron asesinados dos sacerdotes y más de cincuenta fieles, mientras estaban reunidos para la celebración de la Santa Misa. En los días siguientes se han sucedido otros ataques, también a casas privadas, provocando miedo en la comunidad cristiana y el deseo en muchos de sus miembros de emigrar para encontrar mejores condiciones de vida. Deseo manifestarles mi cercanía, así como la de toda la Iglesia, y que se ha expresado de una manera concreta en la reciente Asamblea Especial para Medio Oriente del Sínodo de los Obispos. Ésta ha dirigido una palabra de aliento a las comunidades católicas en Irak y en Medio Oriente para vivir la comunión y seguir dando en aquellas tierras un testimonio valiente de fe. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLIV Jornada Mundial de la Paz, n. 1, 1 de enero de 2011)

  • Numerosos conflictos siguen ensangrentando a la humanidad, empezando por la Región privilegiada en el designio de Dios que es Oriente Medio

Así pues, si la glorificación de Dios y la paz en la tierra están estrechamente relacionadas entre ellas, es evidente que la paz es, al mismo tiempo, don de Dios y tarea del hombre, puesto que exige su respuesta libre y consciente. Por esta razón he querido titular el Mensaje anual para la Jornada Mundial de la Paz: Bienaventurados los que trabajan por la paz. Compete ante todo a las autoridades civiles y políticas la grave responsabilidad de trabajar por la paz. Ellas son las primeras que tienen la obligación de resolver los numerosos conflictos que siguen ensangrentando a la humanidad, empezando por esta Región privilegiada en el designio de Dios que es Oriente Medio. Pienso ante todo en Siria, desgarrada por incesantes masacres y teatro de espantosos sufrimientos entre la población civil. Renuevo mi llamamiento para que se depongan las armas y prevalezca cuanto antes un diálogo constructivo que ponga fin a un conflicto que, de continuar, no conocerá vencedores sino sólo vencidos, dejando atrás sólo ruinas. Permitidme, Señoras y Señores Embajadores, que os pida que sigáis sensibilizando a vuestras Autoridades, para que se faciliten urgentemente las ayudas indispensables para afrontar la grave situación humanitaria. Miro además con especial atención a Tierra Santa. Después del reconocimiento de Palestina como Estado Observador no Miembro de las Naciones Unidas, renuevo el deseo de que israelíes y palestinos, con el apoyo de la Comunidad internacional, se comprometan en una convivencia pacífica dentro del marco de dos estados soberanos, en el que se preserven y garanticen el respeto de la justicia y las aspiraciones legítimas de los dos pueblos. Jerusalén, que seas lo que tu nombre significa. Ciudad de la paz y no de la división; profecía del Reino de Dios y no mensaje de inestabilidad y oposición.
Dirigiendo mi atención a la querida población iraquí, deseo que pueda recorrer el camino de la reconciliación, para llegar a la estabilidad deseada.
En Líbano, donde en el pasado mes de septiembre he encontrado sus diversas realidades constitutivas, que todos cultiven la pluralidad de tradiciones religiosas como una verdadera riqueza para el país, así como para toda la región, y que los cristianos den un testimonio eficaz para la construcción de un futuro de paz con todos los hombres de buena voluntad.
La colaboración de todos los miembros de la sociedad es también prioritaria en África del Norte y, a cada uno de ellos se le ha de garantizar la plena ciudadanía, la libertad de profesar públicamente su religión y la posibilidad de contribuir al bien común. Aseguro mi cercaría y oración a todos los egipcios, en este período en que se implementan nuevas instituciones.
Dirigiendo la mirada a África subsahariana, aliento los esfuerzos para construir la paz, sobre todo allí donde permanece abierta la plaga de la guerra, con graves consecuencias humanitarias. Pienso particularmente en la región del Cuerno de África, como también en la del este de la República Democrática del Congo, donde las violencias se han reavivado, obligando a numerosas personas a abandonar sus casas, sus familias y sus ambientes. Al mismo tiempo, no puedo dejar de mencionar otras amenazas que se perfilan en el horizonte. A intervalos regulares, Nigeria es el teatro de atentados terroristas que provocan víctimas, sobre todo entre los fieles cristianos reunidos en oración, como si el odio quisiera transformar los templos de oración y de paz en centros de miedo y división. He sentido una gran tristeza al saber que, precisamente en los días en que celebrábamos la Navidad, unos cristianos fueron asesinados de modo bárbaro. Malí está también desgarrada por la violencia y marcada por una profunda crisis institucional y social, que exige una atención eficaz por parte de la Comunidad internacional. Espero que las negociaciones anunciadas para los próximos días en la República Centroafricana devuelvan la estabilidad y eviten que la población reviva los horrores de la guerra civil. (Benedicto XVI. Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, 7 de enero de 2013)

… juzga la idea de Francisco de que Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre

  • Hasta la muerte de cruz para manifestar el esplendor de su majestad divina

Ya subrayamos en otra ocasión que el texto tiene un movimiento descendente y otro ascendente. En el primero, Cristo Jesús, desde el esplendor de su divinidad, que le pertenece por naturaleza, elige descender hasta la humillación de la “muerte de cruz”. Así se hace realmente hombre y nuestro redentor, con una auténtica y plena participación en nuestra realidad humana de dolor y muerte. El segundo movimiento, ascendente, revela la gloria pascual de Cristo que, después de la muerte, se manifiesta de nuevo en el esplendor de su majestad divina. (Benedicto XVI. Audiencia general, n. 1-2, 26 de octubre de 2005)

  • La muerte de Jesús nace de su libre opción de obediencia al Padre

Esta participación radical y verdadera en la condición humana, excluido el pecado (cf. Heb 4, 15), lleva a Jesús hasta la frontera que es el signo de nuestra finitud y caducidad, la muerte. Ahora bien, su muerte no es fruto de un mecanismo oscuro o de una ciega fatalidad: nace de su libre opción de obediencia al designio de salvación del Padre (cf. Flp 2, 8). (Benedicto XVI. Audiencia general, n. 3, 1 de junio de 2005)

… juzga la idea de Francisco de que la dirección espiritual es un carisma de laicos

  • Es función de los sacerdotes aclarar los interrogantes sobre qué tenemos que hacer para realizar el bien

El primer oficio del que quisiera hablar hoy es el munus docendi, es decir, el de enseñar. Hoy, en plena emergencia educativa, el munus docendi de la Iglesia, ejercido concretamente a través del ministerio de cada sacerdote, resulta particularmente importante. Vivimos en una gran confusión sobre las opciones fundamentales de nuestra vida y los interrogantes sobre qué es el mundo, de dónde viene, a dónde vamos, qué tenemos que hacer para realizar el bien, cómo debemos vivir, cuáles son los valores realmente pertinentes. Con respecto a todo esto existen muchas filosofías opuestas, que nacen y desaparecen, creando confusión sobre las decisiones fundamentales, sobre cómo vivir, porque normalmente ya no sabemos de qué y para qué hemos sido hechos y a dónde vamos. […] Esta es la función in persona Christi del sacerdote: hacer presente, en la confusión y en la desorientación de nuestro tiempo, la luz de la Palabra de Dios. (Benedicto XVI. Audiencia general, 14 de abril de 2010)

  • Es parte de la gracia del sacerdocio el don de poner a los demás en contacto con Dios

Ningún hombre por sí mismo, partiendo de sus propias fuerzas, puede poner a otro en contacto con Dios. El don, la tarea de crear este contacto, es parte esencial de la gracia del sacerdocio. Esto se realiza en el anuncio de la Palabra de Dios, en la que su luz nos sale al encuentro. Se realiza de un modo particularmente denso en los sacramentos. La inmersión en el Misterio pascual de muerte y resurrección de Cristo acontece en el Bautismo, se refuerza en la Confirmación y en la Reconciliación, se alimenta en la Eucaristía, sacramento que edifica a la Iglesia como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. Por tanto, es Cristo mismo quien nos hace santos, es decir, nos atrae a la esfera de Dios. Pero como acto de su infinita misericordia llama a algunos a “estar” con él (cf. Mc 3, 14) y a convertirse, mediante el sacramento del Orden, pese a su pobreza humana, en partícipes de su mismo sacerdocio, ministros de esta santificación. (Benedicto XVI. Audiencia general, 5 de mayo de 2010)

  • Cristo sostiene a su rebaño a través de los pastores de la Iglesia

A través de los pastores de la Iglesia, en efecto, Cristo apacienta su rebaño: es él quien lo guía, lo protege y lo corrige, porque lo ama profundamente. Pero el Señor Jesús, Pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el Colegio apostólico, hoy los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, y los sacerdotes, sus colaboradores más valiosos, participen en esta misión suya de hacerse cargo del pueblo de Dios, de ser educadores en la fe, orientando, animando y sosteniendo a la comunidad cristiana. (Benedicto XVI. Audiencia general, 26 de mayo de 2010)

  • Todo sacerdote está llamado a ayudar al penitente a recorrer el camino de la santidad

También la dirección espiritual contribuye a formar las conciencias. Hoy más que nunca se necesitan maestros de espíritu sabios y santos: un importante servicio eclesial, para el que sin duda hace falta una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo mediante una oración intensa y prolongada y una preparación específica que es necesario adquirir con esmero. Además, todo sacerdote está llamado a administrar la misericordia divina en el sacramento de la Penitencia, mediante el cual perdona los pecados en nombre de Cristo y ayuda al penitente a recorrer el camino exigente de la santidad con conciencia recta e informada. Para poder desempeñar ese ministerio indispensable, todo presbítero debe alimentar su propia vida espiritual y cuidar la actualización teológica y pastoral permanente. (Benedicto XVI. Mensaje a los participantes en el curso de la Penitenciaría Apostólica sobre el fuero interno, 12 de marzo de 2009)

  • Los consejos del confesor son importantes para el camino espiritual del penitente

Queridos sacerdotes, no dejéis de dar un espacio oportuno al ejercicio del ministerio de la Penitencia en el confesonario: ser acogidos y escuchados constituye también un signo humano de la acogida y de la bondad de Dios hacia sus hijos. Además, la confesión íntegra de los pecados educa al penitente en la humildad, en el reconocimiento de su propia fragilidad y, a la vez, en la conciencia de la necesidad del perdón de Dios y en la confianza en que la gracia divina puede transformar la vida. Del mismo modo, la escucha de las amonestaciones y de los consejos del confesor es importante para el juicio sobre los actos, para el camino espiritual y para la curación interior del penitente. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el curso de la Penitenciaría Apostólica sobre el fuero interno, 25 de marzo de 2011)

  • En el sacerdote santo el pueblo cristiano ha de reconocer la voz del buen Pastor

Que san Juan María Vianney sea ejemplo para todos los sacerdotes. Era hombre de gran sabiduría y fortaleza heroica para resistir a las presiones culturales y sociales de su tiempo a fin de llevar las almas a Dios: sencillez, fidelidad e inmediatez eran las características esenciales de su predicación, transparencia de su fe y de su santidad. Así el pueblo cristiano quedaba edificado y, como sucede con los auténticos maestros de todos los tiempos, reconocía en él la luz de la Verdad. Reconocía en él, en definitiva, lo que siempre se debería reconocer en un sacerdote: la voz del buen Pastor. (Benedicto XVI. Audiencia general, 14 de abril de 2010)

… juzga la idea de familias irregulares que tiene Francisco

  • En medio a una sociedad tentadora cada cristiano tiene el deber de obedecer a Dios y no ser infiel al matrimonio

Superar la tentación de someter a Dios a uno mismo y a los propios intereses, o de ponerle en un rincón, y convertirse al orden justo de prioridades, dar a Dios el primer lugar, es un camino que cada cristiano debe recorrer siempre de nuevo. […] Las pruebas a las que la sociedad actual somete al cristiano, en efecto, son muchas y tocan la vida personal y social. No es fácil ser fieles al matrimonio cristiano, practicar la misericordia en la vida cotidiana, dejar espacio a la oración y al silencio interior; no es fácil oponerse públicamente a opciones que muchos consideran obvias, como el aborto en caso de embarazo indeseado, la eutanasia en caso de enfermedades graves, o la selección de embriones para prevenir enfermedades hereditarias. La tentación de dejar de lado la propia fe está siempre presente y la conversión es una respuesta a Dios que debe ser confirmada varias veces en la vida. (Benedicto XVI. Audiencia general, 13 de febrero de 2013)

  • Las ideologías materialistas descreditan el cumplimiento de los mandamientos

También hoy el dragón existe con formas nuevas, diversas. Existe en la forma de ideologías materialistas, que nos dicen: es absurdo pensar en Dios; es absurdo cumplir los mandamientos de Dios; es algo del pasado. Lo único que importa es vivir la vida para sí mismo, tomar en este breve momento de la vida todo lo que nos es posible tomar. Sólo importa el consumo, el egoísmo, la diversión. Esta es la vida. Así debemos vivir. Y, de nuevo, parece absurdo, parece imposible oponerse a esta mentalidad dominante, con toda su fuerza mediática, propagandística. Parece imposible aún hoy pensar en un Dios que ha creado al hombre, que se ha hecho niño y que sería el verdadero dominador del mundo. (Benedicto XVI. Homilía por la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, 15 de agosto de 2007)

… juzga la idea de Francisco de que la buena voluntad suple la Teología

  • Debemos redescubrir el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios

Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). En efecto, la enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: “Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna” (Jn 6, 27). (Benedicto XVI. Carta apostólica em forma de motu proprio Porta Fidei, n. 2-3, 11 de octubre de 2011)

  • Un tipo de diálogo ecuménico ajeno al espíritu del Concilio Vaticano II

La coherencia del compromiso ecuménico con la enseñanza del Concilio Vaticano II y con toda la Tradición ha sido uno de los ámbitos al que la Congregación, en colaboración con el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, siempre ha prestado atención. Hoy podemos constatar no pocos frutos buenos producidos por los diálogos ecuménicos, pero debemos reconocer también que el riesgo de un falso irenismo y de un indiferentismo, del todo ajeno al espíritu del Concilio Vaticano II, exige nuestra vigilancia. Este indiferentismo está causado por la opinión, cada vez más difundida, de que la verdad no sería accesible al hombre; por lo tanto, sería necesario limitarse a encontrar reglas para una praxis capaz de mejorar el mundo. Y así la fe sería sustituida por un moralismo sin fundamento profundo. El centro del verdadero ecumenismo es, en cambio, la fe en la cual el hombre encuentra la verdad que se revela en la Palabra de Dios. Sin la fe todo el movimiento ecuménico se reduciría a una forma de “contrato social” al cual adherirse por un interés común, una “praxiología” para crear un mundo mejor. La lógica del Concilio Vaticano II es completamente distinta: la búsqueda sincera de la unidad plena de todos los cristianos es un dinamismo animado por la Palabra de Dios, por la Verdad divina que nos habla en esta Palabra. Por ello, el problema crucial, que marca de modo transversal los diálogos ecuménicos, es la cuestión de la estructura de la Revelación —la relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición viva en la Santa Iglesia y el Ministerio de los sucesores de los Apóstoles como testimonio de la verdadera fe. Y aquí está implícita la cuestión de la eclesiología que forma parte de este problema: cómo llega la verdad de Dios a nosotros. Aquí, por lo demás, es fundamental el discernimiento entre la Tradición con mayúscula y las tradiciones. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 27 de enero de 2012)

  • La unidad operada por el Espíritu se manifiesta en la profesión íntegra de la fe

Es el Espíritu Santo, principio de unidad, quien constituye a la Iglesia como comunión. Él es el principio de la unidad de los fieles en la enseñanza de los Apóstoles, en la fracción del pan y en la oración. Con todo, la Iglesia, por analogía con el misterio del Verbo encarnado, no es sólo una comunión invisible, espiritual, sino también visible; de hecho, “la sociedad dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo, el grupo visible y la comunidad espiritual, la Iglesia de la tierra y la Iglesia enriquecida de bienes del cielo, no se pueden considerar como dos realidades distintas. Forman más bien una sola realidad compleja resultante de un doble elemento, divino y humano” (LG 8). La comunión de los bautizados en la enseñanza de los Apóstoles y en la fracción del pan eucarístico se manifiesta visiblemente en los vínculos de la profesión de la integridad de la fe, de la celebración de todos los sacramentos instituidos por Cristo y del gobierno del Colegio de los obispos unidos a su cabeza, el Romano Pontífice. (Benedicto XVI. Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, 4 de noviembre de 2009)

  • Llevar la cruz de Cristo es el camino de la felicidad auténtica

¿Puede haber felicidad auténtica prescindiendo de Dios? La experiencia demuestra que no se es feliz por el hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias materiales. En realidad, la única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios. De hecho, tenemos necesidad de la alegría infinita. Ni las preocupaciones diarias, ni las dificultades de la vida logran apagar la alegría que nace de la amistad con Dios.
La invitación de Jesús a cargar con la propia cruz y seguirle, en un primer momento puede parecer dura y contraria de lo que queremos; nos puede parecer que va contra nuestro deseo de realización personal. Pero si lo miramos bien, nos damos cuenta de que no es así: el testimonio de los santos demuestra que en la cruz de Cristo, en el amor que se entrega, renunciando a la posesión de sí mismo, se encuentra la profunda serenidad que es manantial de entrega generosa a los hermanos, en especial, a los pobres y necesitados. Y esto también nos da alegría a nosotros mismos. El camino cuaresmal de conversión, que hoy emprendemos con toda la Iglesia, se convierte, por tanto, en la ocasión propicia, “el momento favorable” (cf. 2 Cor 6, 2) para renovar nuestro abandono filial en las manos de Dios y para poner en práctica lo que Jesús sigue repitiéndonos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mc 8, 34), y así emprenda el camino del amor y de la auténtica felicidad. (Benedicto XVI. Audiencia general, 6 de febrero de 2008)

  • La felicidad está en la fidelidad a las Palabras de Cristo

Queridos jóvenes, […] Amad y seguid a la Iglesia que ha recibido de su Fundador la misión de indicar a los hombres el camino de la verdadera felicidad. No es fácil reconocer y encontrar la auténtica felicidad en el mundo en que vivimos, en el que el hombre a menudo es rehén de corrientes ideológicas, que lo inducen, a pesar de creerse “libre”, a perderse en los errores e ilusiones de ideologías aberrantes. Urge “liberar la libertad” (cf. Veritatis splendor, n. 86), iluminar la oscuridad en la que la humanidad va a ciegas. Jesús ha mostrado cómo puede suceder esto: “Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 31-32). El Verbo encarnado, Palabra de Verdad, nos hace libres y dirige nuestra libertad hacia el bien. (Benedicto XVI. Mensaje a los jóvenes del mundo con ocasión de la XXI Jornada Mundial de la Juventud, 9 de abril de 2006)

… juzga la idea de familia que tiene Francisco

  • Institución de derecho natural basada en el matrimonio entre hombre y mujer

Estos derechos son inalienables precisamente porque el hombre los posee por su propia naturaleza y, por tanto, no están al servicio de otros intereses. Entre ellos cabe mencionar, ante todo, el derecho a la vida en todas las fases de su desarrollo o en cualquier situación en que se encuentre. También el derecho a formar una familia, basada en los vínculos de amor y fidelidad establecidos en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y que ha de ser protegida y ayudada para cumplir su incomparable misión de ser fuente de convivencia y célula básica de toda sociedad. En ella, como institución natural, reside, además, el derecho primario a educar a los hijos según los ideales con los que los padres desean enriquecerlos tras haberles acogido con gozo en sus vidas. (Benedicto XVI. Discurso al Señor Pedro Pablo Cabrera Gaete, embajador de Chile ante la Santa Sede, n. 3, 8 de septiembre de 2006)

  • El matrimonio tiene valor como institución natural y como sacramento

Vuestro deber de pastores es presentar en toda su riqueza el valor extraordinario del matrimonio que, como institución natural, es “patrimonio de la humanidad”. Por otra parte, su elevación a la altísima dignidad de sacramento debe ser contemplada con gratitud y estupor, como ya lo expresé recientemente al afirmar que “el valor de sacramento que el matrimonio asume en Cristo significa, por tanto, que el don de la creación fue elevado a gracia de redención. La gracia de Cristo no se añade desde fuera a la naturaleza del hombre, no le hace violencia, sino que la libera y la restaura, precisamente al elevarla más allá de sus propios límites.” (Benedicto XVI. Discurso a los presidentes de las comisiones episcopales para la familia y la vida de América Latina, n. 3, 3 de diciembre de 2005)

  • El matrimonio confirió mayor profundidad al vínculo conyugal

Además, según la visión cristiana, el matrimonio, elevado por Cristo a la altísima dignidad de sacramento, confiere mayor esplendor y profundidad al vínculo conyugal, y compromete con mayor fuerza a los esposos que, bendecidos por el Señor de la alianza, se prometen fidelidad hasta la muerte en el amor abierto a la vida. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, 13 de mayo de 2006)

  • El Señor es el centro y el corazón de la familia

Para ellos, el centro y el corazón de la familia es el Señor, que los acompaña en su unión y los sostiene en la misión de educar a sus hijos hacia la edad madura. De este modo, la familia cristiana coopera con Dios no sólo engendrando para la vida natural, sino también cultivando las semillas de la vida divina donada en el bautismo. Estos son los principios, ya conocidos, de la visión cristiana del matrimonio y de la familia. Los recordé una vez más el jueves pasado en mi discurso a los miembros del Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, 13 de mayo de 2006)

  • La familia es un bien necesario, fruto del amor y donación total fundada en el matrimonio

La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida. Es un bien insustituible para los hijos, que han de ser fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Proclamar la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio como Iglesia doméstica y santuario de la vida, es una gran responsabilidad de todos.
El padre y la madre se han dicho un “sí” total ante Dios, lo cual constituye la base del sacramento que les une; asimismo, para que la relación interna de la familia sea completa, es necesario que digan también un “sí” de aceptación a sus hijos, a los que han engendrado o adoptado y que tienen su propia personalidad y carácter. Así, estos irán creciendo en un clima de aceptación y amor, y es de desear que al alcanzar una madurez  suficiente quieran dar a su vez un “sí” a  quienes  les han dado la vida. (Benedicto XVI. Discurso para el V Encuentro Mundial de las Familias, 8 de julio de 2006)

  • Hoy las características esenciales del matrimonio sacramental son incomprendidas

Institución divina fundada en el matrimonio, tal y como lo ha querido el Creador mismo (cf. Gen 2, 18-24; Mt 19, 5), la familia está actualmente expuesta a muchos peligros. La familia cristiana, en particular, se ve más que nunca frente a la cuestión de su identidad profunda. En efecto, las características esenciales del matrimonio sacramental —la unidad y la indisolubilidad (cf. Mt 19, 6)—, y el modelo cristiano de familia, de la sexualidad y del amor, se ven hoy en día, si no rechazados, al menos incomprendidos por algunos fieles. Acecha la tentación de adoptar modelos contrarios al Evangelio, difundidos por una cierta cultura contemporánea diseminada por todo el mundo. El amor conyugal se inserta en la alianza definitiva entre Dios y su pueblo, sellada plenamente en el sacrificio de la cruz. Su carácter de mutua entrega de sí al otro hasta el martirio, se manifiesta en algunas Iglesias orientales, donde cada uno de los contrayentes recibe al otro como “corona” durante la ceremonia nupcial, llamada con razón “oficio de coronación”. El amor conyugal no se construye en un momento, sino que es el proyecto paciente de toda una vida. Llamada a vivir cotidianamente el amor en Cristo, la familia cristiana es un instrumento privilegiado de la presencia y la misión de la Iglesia en el mundo. En este sentido, necesita ser acompañada pastoralmente y sostenida en sus problemas y dificultades, sobre todo allí donde las referencias sociales, familiares y religiosas tienden a debilitarse o perderse. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Ecclesia in Medio Oriente, n. 58, 14 de septiembre de 2012)

  • Hoy la crisis del matrimonio graba en los hijos un tipo de familia alterado

La Iglesia no puede permanecer indiferente ante la separación de los cónyuges y el divorcio, ante la ruina de los hogares y las consecuencias que el divorcio provoca en los hijos. Estos, para ser instruidos y educados, necesitan puntos de referencia muy precisos y concretos, es decir, padres determinados y ciertos que, de modo diverso, contribuyen a su educación. Ahora bien, este es el principio que la práctica del divorcio está minando y poniendo en peligro con la así llamada familia alargada o móvil, que multiplica los “padres” y las “madres” y hace que hoy la mayoría de los que se sienten “huérfanos” no sean hijos sin padres, sino hijos que los tienen en exceso. Esta situación, con las inevitables interferencias y el cruce de relaciones, no puede menos de generar conflictos y confusiones internas, contribuyendo a crear y grabar en los hijos un tipo de familia alterado, asimilable de algún modo a la propia convivencia a causa de su precariedad. (Benedicto XVI. Discurso a los obispos de las regiones Nordeste 1 y 4 de Brasil en visita ad limina, 25 de septiembre de 2009)

  • No hay familia sin una estable unión entre un hombre y una mujer

La estructura natural del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión de un hombre y una mujer, frente a los intentos de equipararla desde un punto de vista jurídico con formas radicalmente distintas de unión que, en realidad, dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel insustituible en la sociedad. Estos principios no son verdades de fe, ni una mera derivación del derecho a la libertad religiosa. Están inscritos en la misma naturaleza humana, se pueden conocer por la razón, y por tanto son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia al promoverlos no tiene un carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa. Esta acción se hace tanto más necesaria cuanto más se niegan o no se comprenden estos principios, lo que es una ofensa a la verdad de la persona humana, una herida grave infligida a la justicia y a la paz. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz, n. 4, 8 de diciembre de 2012)

… juzga la idea que tiene Francisco de que Jesucristo fingía sus enfados

  • Para Dios no se distinguen la justicia y la misericordia

Justicia y misericordia, justicia y caridad, ejes de la doctrina social de la Iglesia, son dos realidades diferentes sólo para nosotros los hombres, que distinguimos atentamente un acto justo de un acto de amor. Justo, para nosotros, es “lo que se debe al otro”, mientras que misericordioso es lo que se dona por bondad. Y una cosa parece excluir a la otra. Pero para Dios no es así: en él justicia y caridad coinciden; no hay acción justa que no sea también acto de misericordia y de perdón y, al mismo tiempo, no hay una acción misericordiosa que no sea perfectamente justa. ¡Qué lejana está la lógica de Dios de la nuestra! ¡Y qué diferente es nuestro modo de actuar del suyo! (Benedicto XVI. Discurso en el Centro Penitenciario Romano Rebibbia, 18 de diciembre de 2011)

  • Jesús nos dio ejemplo de que la justicia y la misericordia son indisociables

Como Jesús nos ha demostrado con el testimonio de su vida, justicia y misericordia conviven en Dios perfectamente. (Benedicto XVI. Homilía en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, 1 de enero de 2012)

… juzga la idea de Francisco de que católicos y musulmanes adoran al mismo Dios

  • Creer en Dios y en Jesucristo es un único acto de fe

Creer en Dios y creer en Jesús. En efecto, el Señor dice a sus discípulos: “Creed en Dios y creed también en mí” (Jn 14, 1). No son dos actos separados, sino un único acto de fe, la plena adhesión a la salvación llevada a cabo por Dios Padre mediante su Hijo unigénito. El Nuevo Testamento puso fin a la invisibilidad del Padre. Dios mostró su rostro, como confirma la respuesta de Jesús al apóstol Felipe: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9). (Benedicto XVI. Ángelus, 22 de mayo de 2011)

  • Creer en Dios significa acoger a Jesucristo

Creer en Dios significa renunciar a los propios prejuicios y acoger el rostro concreto en quien Él se ha revelado: el hombre Jesús de Nazaret. Y este camino conduce también a reconocerle y a servirle en los demás. (Benedicto XVI. Ángelus, 3 de febrero de 2013)

  • Actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios

La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o vale siempre y por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda consonancia entre lo griego en su mejor sentido y lo que es fe en Dios según la Biblia. Modificando el primer versículo del libro del Génesis, el primer versículo de toda la Sagrada Escritura, San Juan comienza el prólogo de su Evangelio con las palabras: “En el principio ya existía el Logos”. Ésta es exactamente la palabra que usa el emperador: Dios actúa “συ νλόγω”, con logos. Logos significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón. De este modo, san Juan nos ha brindado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra con la que todos los caminos de la fe bíblica, a menudo arduos y tortuosos, alcanzan su meta, encuentran su síntesis. En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. […] En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente de la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de la naturaleza del pensamiento griego ya fusionado con la fe, Manuel II podía decir: No actuar “con el logos” es contrario a la naturaleza de Dios. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • La voluntad de Alá no está vinculada a la racionabilidad

Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte, publicada por el profesor Theodore Khoury (Münster), del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos. […] La afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, comenta: para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionabilidad. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • Este voluntarismo extremo lleva a un Dios-Arbitrio, desvinculado del bien y la verdad

Un planteamiento voluntarista […] llevó finalmente a afirmar que sólo conocemos de Dios la voluntas ordinata. Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual habría podido crear y hacer incluso lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que pueden acercarse a las de Ibn Hazm y podrían llevar incluso a una imagen de Dios-Arbitrio, que no está vinculado ni siquiera con la verdad y el bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien, dejan de ser un auténtico espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inaccesibles y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraste con esto, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente —como dice el IV Concilio de Letrán en 1215— las diferencias son infinitamente más grandes que las semejanzas, pero sin llegar por ello a abolir la analogía y su lenguaje. Dios no se hace más divino por el hecho de que lo alejemos de nosotros con un voluntarismo puro e impenetrable. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • Alá puede contradecirse, como lo hace acerca de la yihad

En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia), editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la yihad, la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: “Ninguna constricción en las cosas de fe”. Según dice una parte de los expertos, es probablemente una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el “Libro” y los “incrédulos”, con una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable, se dirige a su interlocutor llanamente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • Alá no está obligado a decir la verdad y puede mandar el pecado, incluso la idolatría…

En este contexto, Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios [Alá] no estaría vinculado ni siquiera por su propia palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si él quisiera, el hombre debería practicar incluso la idolatría. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • A la vista de las múltiples deformaciones de la imagen de Dios, es importante decir con claridad en qué Dios creemos

La segunda parte del Credo nos dice algo más. Esta Razón creadora es Bondad. Es Amor. Tiene un rostro. Dios no nos deja andar a tientas en la oscuridad. Se ha manifestado como hombre. Es tan grande que se puede permitir hacerse muy pequeño. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, dice Jesús (Jn 14, 9). Dios ha asumido un rostro humano. Nos ama hasta el punto de dejarse clavar por nosotros en la cruz, para llevar los sufrimientos de la humanidad hasta el corazón de Dios. Hoy, que conocemos las patologías y las enfermedades mortales de la religión y de la razón, las destrucciones de la imagen de Dios a causa del odio y del fanatismo, es importante decir con claridad en qué Dios creemos y profesar con convicción este rostro humano de Dios. (Benedicto XVI. Homilía en la explanada de Isling, 12 de septiembre de 2006)

Benedicto XVI

  • El Dios verdadero es el que actúa en armonía con la razón

El Dios verdaderamente divino es el Dios que se ha manifestado como logos y ha actuado y actúa como logos lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor, como dice san Pablo, “rebasa” el conocimiento y por eso es capaz de percibir más que el simple pensamiento (cf. Ef 3, 19); sin embargo, sigue siendo el amor del Dios-Logos, por lo cual el culto cristiano, como dice también San Pablo, es “λογικη λατρεία”, un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón (cf. Rom 12, 1). (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • Sodoma y Gomorra fueron destruidas porque en ellas ya no había la posibilidad de trasformar el mal en bien

En el capítulo 18 del libro del Génesis; se cuenta que la maldad de los habitantes de Sodoma y Gomorra estaba llegando a tal extremo que resultaba necesaria una intervención de Dios para realizar un acto de justicia y frenar el mal destruyendo aquellas ciudades. […] Abraham presenta a Dios la necesidad de evitar una justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar su delito e infligir el castigo, pero —afirma el gran patriarca— sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay inocentes, estos no pueden ser tratados como los culpables. Dios, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, con razón, a Dios. […] Abraham —como recordamos— hace disminuir progresivamente el número de los inocentes necesarios para la salvación: si no son cincuenta, podrían bastar cuarenta y cinco, y así va bajando hasta llegar a diez. […] Pero ni siquiera diez justos se encontraban en Sodoma y Gomorra, y las ciudades fueron destruidas. Una destrucción que paradójicamente la oración de intercesión de Abraham presenta como necesaria. Porque precisamente esa oración ha revelado la voluntad salvífica de Dios: el Señor estaba dispuesto a perdonar, deseaba hacerlo, pero las ciudades estaban encerradas en un mal total y paralizante, sin contar ni siquiera con unos pocos inocentes de los cuales partir para transformar el mal en bien. (Benedicto XVI. Audiencia general, 18 de mayo de 2011)

… juzga la idea de Francisco de que las sectas hacen parte de la Iglesia

  • Si los movimientos son realmente dones del Espírito Santo, no se apartan de la Iglesia

Puesto que la Iglesia es una, si los movimientos son realmente dones del Espíritu Santo, naturalmente deben insertarse en la comunidad eclesial y servirla, de modo que mediante el diálogo paciente con los pastores puedan constituir elementos edificantes para la Iglesia actual y del futuro. (Benedicto XVI. Discurso a la Fraternidad de Comunión y Liberación en el XXV aniversario de su reconocimiento pontificio, 24 de marzo de 2007)

  • Inestabilidad de las sectas

Sabemos que estas sectas no son muy estables en su consistencia: de momento puede funcionar el anuncio de la prosperidad, de curaciones milagrosas, etc., pero después de poco tiempo se ve que la vida es difícil, que un Dios humano, un Dios que sufre con nosotros es más convincente, más verdadero, y brinda una ayuda más grande para la vida. También es importante el hecho de que nosotros tenemos la estructura de la Iglesia Católica. No representamos a un pequeño grupo que, después de cierto tiempo, se aísla y se pierde, sino que entramos en la gran red universal de la catolicidad, no sólo trans-temporal, sino presente sobre todo como una gran red de amistad que nos une y nos ayuda también a superar el individualismo para llegar a la unidad en la diversidad, que es la verdadera promesa. (Benedicto XVI. Entrevista a los periodistas durante el vuelo hacia África, 17 de marzo de 2009)

  • La dificultad de creer y de entregar la vida al Señor hace crecer las sectas

En este clima de un racionalismo que se cierra en sí mismo, que considera el modelo de las ciencias como único modelo de conocimiento, todo lo demás es subjetivo. Naturalmente, también la vida cristiana resulta una opción subjetiva y, por ello, arbitraria; ya no es el camino de la vida. Así pues, como es obvio, resulta difícil creer; y, si es difícil creer, mucho más difícil es entregar la vida al Señor para ponerse a su servicio. […] En cambio, crecen las sectas, que se presentan con la certeza de un mínimo de fe, pues el hombre busca certezas. Por tanto, las grandes Iglesias, sobre todo las grandes Iglesias tradicionales protestantes, se encuentran realmente en una crisis profundísima. Las sectas están prevaleciendo, porque se presentan con certezas sencillas, pocas; y dicen: esto es suficiente. (Benedicto XVI. Discurso a los sacerdotes de la diócesis de Aosta, en la iglesia parroquial de Introd., 25 de julio de 2005)

… juzga los métodos educativos de la juventud que tiene Francisco

  • Es un contrasentido pretender eliminar a Dios, fuente de la vida

El hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. […] Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: “sin el Creador la criatura se diluye”. La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio —como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia—, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza. (Benedicto XVI. Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de la Juventud, n. 1, 6 de agosto de 2010)

  • Las personas necesitan ser llamadas a cultivar una relación con Cristo

Las personas necesitan hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia. Necesitan reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios. Necesitan tener la oportunidad de enriquecerse del pozo de su amor infinito. Es fácil ser atraídas por las posibilidades casi ilimitadas que la ciencia y la técnica nos ofrecen; es fácil cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas. Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar, nuestras vidas están realmente vacías. Las personas necesitan ser llamadas continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido para que tuviéramos la vida en abundancia (cf. Jn 10, 10). La meta de toda nuestra actividad pastoral y catequética, el objeto de nuestra predicación, el centro mismo de nuestro ministerio sacramental ha de ser ayudar a las personas a establecer y alimentar semejante relación vital con “Jesucristo nuestra esperanza” (1 Tm 1, 1). (Benedicto XVI. Discurso en la celebración de las Vísperas y encuentro con los obispos de Estados Unidos, 16 de abril de 2008)

  • Sin disciplina no se prepara el joven para afrontar las pruebas del futuro

También el sufrimiento forma parte de la verdad de nuestra vida. Por eso, al tratar de proteger a los más jóvenes de cualquier dificultad y experiencia de dolor, corremos el riesgo de formar, a pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas, pues la capacidad de amar corresponde a la capacidad de sufrir, y de sufrir juntos. Así, queridos amigos de Roma, llegamos al punto quizá más delicado de la obra educativa: encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad. A medida que el niño crece, se convierte en adolescente y después en joven; por tanto, debemos aceptar el riesgo de la libertad, estando siempre atentos a ayudarle a corregir ideas y decisiones equivocadas. En cambio, lo que nunca debemos hacer es secundarlo en sus errores, fingir que no los vemos o, peor aún, que los compartimos como si fueran las nuevas fronteras del progreso humano. (Benedicto XVI. Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21 de enero de 2008)

  • Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos

Espero que, entre quienes me escucháis hoy, esté alguno de los futuros santos del siglo XXI. Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad. Quizás alguno de vosotros nunca antes pensó esto. Quizás, alguno opina que la santidad no es para él. Dejad que me explique. Cuando somos jóvenes, solemos pensar en personas a las que respetamos, admiramos y como las que nos gustaría ser. Puede que sea alguien que encontramos en nuestra vida diaria y a quien tenemos una gran estima. O puede que sea alguien famoso. Vivimos en una cultura de la fama, y a menudo se alienta a los jóvenes a modelarse según las figuras del mundo del deporte o del entretenimiento. Os pregunto: ¿Cuáles son las cualidades que veis en otros y que más os gustarían para vosotros? ¿Qué tipo de persona os gustaría ser de verdad? Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conforméis con ser de segunda fila. Os pido que no persigáis una meta limitada y que ignoréis las demás. Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para haceros felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no os llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama, no nos hace felices. La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón. (Benedicto XVI. Saludo a los alumnos en la celebración de la educación católica, 17 de septiembre de 2010)

… juzga la idea de que el hombre es el centro de la vida cristiana que tiene Francisco

  • Los Papas del siglo XX proclaman a Jesucristo centro del cosmos, de la Historia y de la fe

El Año de la Fe que hoy inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del Siervo de Dios Pablo VI, que convocó un Año de la Fe en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el Beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la Historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la Carta a los Hebreos, “el que inició y completa nuestra fe” (12, 2). (Benedicto XVI. Homilía en la Misa de apertura del Año de la Fe, 11 de octubre de 2012)

  • En el Corazón traspasado de Cristo depositemos nuestra fe y esperanza

En mi primera encíclica, sobre el tema del amor, el punto de partida fue precisamente la mirada puesta en el costado traspasado de Cristo, del que habla San Juan en su Evangelio (cf. Jn 19, 37; Encíclica Deus caritas est, n. 12). Y este centro de la fe es también la fuente de la esperanza en la que hemos sido salvados, esperanza que fue objeto de mi segunda encíclica. (Benedicto XVI. Ángelus, 1 de junio de 2008)

  • Vivir la fe implica cargar la cruz del sufrimiento

La teología de la cruz no es una teoría; es la realidad de la vida cristiana. Vivir en la fe en Jesucristo, vivir la verdad y el amor implica renuncias todos los días, implica sufrimientos. El cristianismo no es el camino de la comodidad; más bien, es una escalada exigente, pero iluminada por la luz de Cristo y por la gran esperanza que nace de él. San Agustín dice: a los cristianos no se les ahorra el sufrimiento; al contrario, les toca un poco más, porque vivir la fe expresa el valor de afrontar la vida y la historia más en profundidad. Con todo, sólo así, experimentando el sufrimiento, conocemos la vida en su profundidad, en su belleza, en la gran esperanza suscitada por Cristo crucificado y resucitado. (Benedicto XVI. Audiencia general, 5 de noviembre de 2008)

  • Todos los caminos de santidad agradan a Dios

Por tanto, Dios tiene una voluntad fundamental para todos nosotros, que es idéntica para todos nosotros. Pero su aplicación es distinta en cada vida, porque Dios tiene un proyecto preciso para cada hombre. San Francisco de Sales dijo una vez: la perfección —es decir, ser buenos, vivir la fe y el amor— es substancialmente una, pero con formas muy distintas. Son muy distintas la santidad de un monje cartujo y la de un hombre político, la de un científico o la de un campesino, etc. Así, para cada hombre Dios tiene su proyecto y yo debo encontrar, en mis circunstancias, mi modo de vivir esta voluntad única y común de Dios, cuyas grandes reglas están indicadas en estas explicitaciones del amor. […] Así cada uno encontrará, en su vida, las distintas posibilidades: comprometerse en el voluntariado, en una comunidad de oración, en un movimiento, en la acción de su parroquia, en la propia profesión. Encontrar mi vocación y vivirla en todo lugar es importante y fundamental, tanto si soy un gran científico como si soy un campesino. Todo es importante a los ojos de Dios: es bello si se vive a fondo con el amor que realmente redime al mundo. (Benedicto XVI. Discurso para el encuentro preparatorio de la XXV Jornada Mundial de la Juventud, 25 de marzo de 2010)

  • La santidad es un himno a Dios con mil tonalidades diversas

En la encíclica publicada el miércoles pasado, refiriéndome a la primacía de la caridad en la vida del cristiano y de la Iglesia, quise recordar que los testigos privilegiados de esta primacía son los santos, que han hecho de su existencia un himno a Dios Amor, con mil tonalidades diversas. La liturgia nos invita a celebrarlos cada día del año. Pienso, por ejemplo, en los que hemos conmemorado estos días: el Apóstol San Pablo, con sus discípulos Timoteo y Tito, Santa Ángela de Mérici, Santo Tomás de Aquino y San Juan Bosco. Son santos muy diferentes entre sí: los primeros pertenecen a los comienzos de la Iglesia, y son misioneros de la primera evangelización; en la Edad Media, Santo Tomás de Aquino es el modelo del teólogo católico, que encuentra en Cristo la suprema síntesis de la verdad y del amor; en el Renacimiento, Santa Ángela de Mérici propone un camino de santidad también para quien vive en un ámbito laico; en la época moderna, Don Bosco, inflamado por la caridad de Jesús buen Pastor, se preocupa de los niños más necesitados, y se convierte en su padre y maestro.
En realidad, toda la Historia de la Iglesia es historia de santidad, animada por el único amor que tiene su fuente en Dios. En efecto, sólo la caridad sobrenatural, como la que brota siempre nueva del Corazón de Cristo, puede explicar el prodigioso florecimiento, a lo largo de los siglos, de órdenes, institutos religiosos masculinos y femeninos y de otras formas de vida consagrada. (Benedicto XVI. Ángelus, 29 de enero de 2006)

  • Cada uno recibe del Padre una vocación particular

Por el sacramento del Bautismo hoy los consagra y los llama a seguir a Jesús, mediante la realización de su vocación personal según el particular designio de amor que el Padre tiene pensado para cada uno de ellos; meta de esta peregrinación terrena será la plena comunión con él en la felicidad eterna. (Benedicto XVI. Homilía en la Fiesta del Bautismo del Señor, 9 de enero de 2011)

… juzga las ideas pro-comunistas de Francisco pronunciadas con los Movimientos Populares

  • Los marxistas rechazan las obras de caridad cristiana porque, según ellos, paralizan la insurrección

La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. No es un medio para transformar el mundo de manera ideológica y no está al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualización aquí y ahora del amor que el hombre siempre necesita. Los tiempos modernos, sobre todo desde el siglo XIX, están dominados por una filosofía del progreso con diversas variantes, cuya forma más radical es el marxismo. Una parte de la estrategia marxista es la teoría del empobrecimiento: quien en una situación de poder injusto ayuda al hombre con iniciativas de caridad —afirma— se pone de hecho al servicio de ese sistema injusto, haciéndolo aparecer soportable, al menos hasta cierto punto. Se frena así el potencial revolucionario y, por tanto, se paraliza la insurrección hacia un mundo mejor. De aquí el rechazo y el ataque a la caridad como un sistema conservador del statu quo. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 31b, 25 de diciembre de 2005)

  • La colectivización de los medios de producción, “panacea marxista” para resolver los problemas sociales y alcanzar un mundo mejor

El marxismo había presentado la revolución mundial y su preparación como la panacea para los problemas sociales: mediante la revolución y la consiguiente colectivización de los medios de producción —se afirmaba en dicha doctrina— todo iría repentinamente de modo diferente y mejor. Este sueño se ha desvanecido. En la difícil situación en la que nos encontramos hoy, a causa también de la globalización de la economía, la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una indicación fundamental, que propone orientaciones válidas mucho más allá de sus confines: estas orientaciones —ante el avance del progreso— se han de afrontar en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 27, 25 de diciembre de 2005)

  • Los instrumentos para el cambio social propuestos por Marx fascinaron y hasta hoy fascinan a muchos, su error está en el materialismo

Con precisión puntual, aunque de modo unilateral y parcial, Marx ha descrito la situación de su tiempo y ha ilustrado con gran capacidad analítica los caminos hacia la revolución, y no sólo teóricamente: con el partido comunista, nacido del manifiesto de 1848, dio inicio también concretamente a la revolución. Su promesa, gracias a la agudeza de sus análisis y a la clara indicación de los instrumentos para el cambio radical, fascinó y fascina todavía hoy de nuevo. Después, la revolución se implantó también, de manera más radical en Rusia. Pero con su victoria se puso de manifiesto también el error fundamental de Marx. Él indicó con exactitud cómo lograr el cambio total de la situación. Pero no nos dijo cómo se debería proceder después. Suponía simplemente que, con la expropiación de la clase dominante, con la caída del poder político y con la socialización de los medios de producción, se establecería la Nueva Jerusalén. En efecto, entonces se anularían todas las contradicciones, por fin el hombre y el mundo habrían visto claramente en sí mismos. Entonces todo podría proceder por sí mismo por el recto camino, porque todo pertenecería a todos y todos querrían lo mejor unos para otros. Así, tras el éxito de la revolución, Lenin pudo percatarse de que en los escritos del maestro no había ninguna indicación sobre cómo proceder. Había hablado ciertamente de la fase intermedia de la dictadura del proletariado como de una necesidad que, sin embargo, en un segundo momento se habría demostrado caduca por sí misma. Esta «fase intermedia» la conocemos muy bien y también sabemos cuál ha sido su desarrollo posterior: en lugar de alumbrar un mundo sano, ha dejado tras de sí una destrucción desoladora. El error de Marx no consiste sólo en no haber ideado los ordenamientos necesarios para el nuevo mundo; en éste, en efecto, ya no habría necesidad de ellos. Que no diga nada de eso es una consecuencia lógica de su planteamiento. Su error está más al fondo. Ha olvidado que el hombre es siempre hombre. Ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables. (Benedicto XVI. Encíclica Spes Salvi, n. 20-21, 30 de noviembre de 2007)

… juzga la idea de posibilidad de ruptura del vínculo matrimonial que tiene Francisco

  • El objetivo de un proceso de nulidad matrimonial es declarar la validez o invalidez de un matrimonio concreto

En este punto, viene espontáneamente la segunda observación. En sentido estricto, ningún proceso es contra la otra parte, como si se tratara de infligirle un daño injusto. Su finalidad no es quitar un bien a nadie, sino establecer y defender la pertenencia de los bienes a las personas y a las instituciones. En la hipótesis de nulidad matrimonial, a esta consideración, que vale para todo proceso, se añade otra más específica. Aquí no hay algún bien sobre el que disputen las partes y que deba atribuirse a una o a otra. En cambio, el objeto del proceso es declarar la verdad sobre la validez o invalidez de un matrimonio concreto, es decir, sobre una realidad que funda la institución de la familia y que afecta en el máximo grado a la Iglesia y a la sociedad civil. (Benedicto XVI. Discurso a los prelados auditores, defensores del vínculo y abogados de la Rota Romana, 28 de enero de 2006)

  • Hay que huir de las tentaciones pseudo-pastorales que visan satisfacer las peticiones subjetivas para obtener la declaración de nulidad

La caridad sin justicia no es caridad, sino sólo una falsificación, porque la misma caridad requiere la objetividad típica de la justicia, que no hay que confundir con una frialdad inhumana. A este respecto, como afirmó mi predecesor el venerable Juan Pablo II en su discurso dedicado a las relaciones entre pastoral y derecho: “El juez […] debe cuidarse siempre del peligro de una malentendida compasión que degeneraría en sentimentalismo, sólo aparentemente pastoral” (AAS 82 [1990] 875, n. 5, 18 de enero de 1990).
Hay que huir de las tentaciones pseudo-pastorales que sitúan las cuestiones en un plano meramente horizontal, en el que lo que cuenta es satisfacer las peticiones subjetivas para obtener a toda costa la declaración de nulidad, a fin de poder superar, entre otras cosas, los obstáculos para recibir los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. En cambio, el bien altísimo de la readmisión a la Comunión Eucarística después de la reconciliación sacramental exige que se considere el bien auténtico de las personas, inseparable de la verdad de su situación canónica. Sería un bien ficticio, y una falta grave de justicia y de amor, allanarles el camino hacia la recepción de los sacramentos, con el peligro de hacer que vivan en contraste objetivo con la verdad de su condición personal. (Benedicto XVI. Discurso a los miembros del Tribunal de la Rota Romana, 29 de enero de 2010)

  • En los discursos de los Papas a la Rota Romana se encuentra lo esencial sobre la realidad del matrimonio

Gracias a esa obra, en las causas de nulidad matrimonial la realidad concreta es juzgada objetivamente a la luz de los criterios que reafirman constantemente la realidad del matrimonio indisoluble, abierta a todo hombre y a toda mujer según el plan de Dios creador y salvador. Eso requiere un esfuerzo constante para lograr la unidad de criterios de justicia que caracteriza de modo esencial a la noción misma de jurisprudencia y es su presupuesto fundamental de operatividad.
En la Iglesia, precisamente por su universalidad y por la diversidad de las culturas jurídicas en que está llamada a actuar, existe siempre el peligro de que se formen, sensim sine sensu, “jurisprudencias locales” cada vez más distantes de la interpretación común de las leyes positivas e incluso de la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio. Deseo que se estudien los medios oportunos para hacer que la jurisprudencia rotal sea cada vez más manifiestamente unitaria, así como efectivamente accesible a todos los agentes de justicia, a fin de que se encuentre una aplicación uniforme en todos los tribunales de la Iglesia.
En esta perspectiva realista se ha de entender también el valor de las intervenciones del Magisterio eclesiástico sobre  las  cuestiones  jurídicas matrimoniales,  incluidos  los discursos del Romano Pontífice a la Rota Romana. Son una guía inmediata para la actividad de todos los tribunales de la Iglesia en cuanto que enseñan con autoridad lo que es  esencial sobre la realidad del matrimonio.(Benedicto XVI. Discurso al Tribunal de la Rota Romana, 26 de enero de 2008)

… juzga la idea de una Iglesia pobre para los pobres que tiene Francisco

  • Hay muchas pobrezas además de la material

Combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. […] Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino […]. En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado “subdesarrollo moral” y, por otra, en las consecuencias negativas del “superdesarrollo”. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLII Jornada Mundial de la Paz, n. 2, 1 de enero de 2009)

  • El testimonio de la caridad debe estar acompañado del anuncio de la verdad

El testimonio de la caridad, que se hace especialmente concreto en este lugar, pertenece a la misión de la Iglesia junto con el anuncio de la verdad del Evangelio. El hombre no sólo tiene necesidad de alimento material o de ayuda para superar los momentos de dificultad; también necesita saber quién es y conocer la verdad sobre sí mismo, sobre su dignidad. […] Por eso, la Iglesia, con su servicio en favor de los pobres, está comprometida a anunciar a todos la verdad sobre el hombre, que es amado por Dios, ha sido creado a su imagen, redimido por Cristo y llamado a la comunión eterna con él. Así muchas personas han podido redescubrir, y siguen redescubriendo, su propia dignidad, perdida a veces por acontecimientos trágicos, y recuperan la confianza en sí mismos y la esperanza para el futuro. (Benedicto XVI. Discurso en la visita al albergue de Cáritas en la Estación Termini de Roma, 14 de febrero de 2010)

  • Para cambiar las estructuras sociales injustas es necesario centrar la atención en la salvación eterna

Cambiar las estructuras sociales injustas no es suficiente para garantizar la felicidad de la persona humana. Por otra parte, como dije recientemente a los obispos reunidos en Aparecida, Brasil, el trabajo político “no es competencia inmediata de la Iglesia”. Más bien, su misión es promover el desarrollo integral de la persona humana. Por esta razón, los grandes desafíos que se plantean en el mundo en este momento, como la globalización, los abusos de los derechos humanos y las estructuras sociales injustas, no se pueden afrontar y superar sin centrar la atención en las necesidades más profundas de la persona humana: la promoción de la dignidad humana, el bienestar y, en último análisis, la salvación eterna. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la XVIII Asamblea General de “Caritas Internationalis”, 8 de junio de 2007)

  • Cuando movimientos pauperísticos se llevantaron contra una Iglesia rica y hermosa, las órdenes mendicantes se les opusieron

San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán […] tuvieron la capacidad de leer con inteligencia “los signos de los tiempos”, intuyendo los desafíos que debía afrontar la Iglesia de su época. Un primer desafío era la expansión de varios grupos y movimientos de fieles que, a pesar de estar impulsados por un legítimo deseo de auténtica vida cristiana, se situaban a menudo fuera de la comunión eclesial. Estaban en profunda oposición a la Iglesia rica y hermosa que se había desarrollado precisamente con el florecimiento del monaquismo. En recientes catequesis hablé de la comunidad monástica de Cluny, que había atraído a numerosos jóvenes y, por tanto, fuerzas vitales, como también bienes y riquezas. Así se había desarrollado, lógicamente, en un primer momento, una Iglesia rica en propiedades y también inmóvil. Contra esta Iglesia se contrapuso la idea de que Cristo vino a la tierra pobre y que la verdadera Iglesia debería ser precisamente la Iglesia de los pobres; así el deseo de una verdadera autenticidad cristiana se opuso a la realidad de la Iglesia empírica. Se trata de los movimientos llamados “pauperísticos” de la Edad Media, los cuales criticaban ásperamente el modo de vivir de los sacerdotes y de los monjes de aquel tiempo, acusados de haber traicionado el Evangelio y de no practicar la pobreza como los primeros cristianos, y estos movimientos contrapusieron al ministerio de los obispos una auténtica “jerarquía paralela”. Además, para justificar sus propias opciones, difundieron doctrinas incompatibles con la fe católica. Por ejemplo, el movimiento de los cátaros o albigenses volvió a proponer antiguas herejías, como la devaluación y el desprecio del mundo material –la oposición contra la riqueza se convierte rápidamente en oposición contra la realidad material en cuanto tal. […] Los Franciscanos y los Dominicos, en la estela de sus fundadores, mostraron en cambio que era posible vivir la pobreza evangélica, la verdad del Evangelio como tal, sin separarse de la Iglesia; mostraron que la Iglesia sigue siendo el lugar verdadero, auténtico, del Evangelio y de la Escritura. (Benedicto XVI. Audiencia general, 13 de enero de 2010)

  • El amor no repara en gastos; la preocupación de Judas por los pobres era el disfraz de su egoísmo

María de Betania, “tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos” (12, 3). El gesto de María es la expresión de fe y de amor grandes por el Señor: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso que —como protestará Judas— se habría podido vender por trescientos denarios; y no unge la cabeza, como era costumbre, sino los pies: María ofrece a Jesús cuanto tiene de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoción. El amor no calcula, no mide, no repara en gastos, no pone barreras, sino que sabe donar con alegría, busca sólo el bien del otro, vence la mezquindad, la cicatería, los resentimientos, la cerrazón que el hombre lleva a veces en su corazón. […] Al acto de María se contraponen la actitud y las palabras de Judas, quien, bajo el pretexto de la ayuda a los pobres oculta el egoísmo y la falsedad del hombre cerrado en sí mismo, encadenado por la avidez de la posesión, que no se deja envolver por el buen perfume del amor divino. Judas calcula allí donde no se puede calcular, entra con ánimo mezquino en el espacio reservado al amor, al don, a la entrega total. Y Jesús, que hasta aquel momento había permanecido en silencio, interviene a favor del gesto de María: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura” (Jn 12, 7). (Benedicto XVI. Homilía, 29 de marzo de 2010)

  • Evangelizar es anunciar a Jesucristo, único Salvador, sin reducciones sociológicas

Cuanto más vivo sea el amor por la Eucaristía en el corazón del pueblo cristiano, tanto más clara tendrá la tarea de la misión: llevar a Cristo. No es sólo una idea o una ética inspirada en Él, sino el don de su misma Persona. Quien no comunica la verdad del Amor al hermano no ha dado todavía bastante. La Eucaristía, como sacramento de nuestra salvación, nos lleva a considerar de modo ineludible la unicidad de Cristo y de la salvación realizada por Él a precio de su sangre. Por tanto, la exigencia de educar constantemente a todos al trabajo misionero, cuyo centro es el anuncio de Jesús, único Salvador, surge del Misterio eucarístico, creído y celebrado. Así se evitará que se reduzca a una interpretación meramente sociológica la decisiva obra de promoción humana que comporta siempre todo auténtico proceso de evangelización. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 86, 22 de febrero de 2007)

… juzga la visión de la Iglesia hacia los divorciados en segunda unión que tiene Francisco

  • Que el pecador note el distanciamiento que él mismo ha provocado

El texto del Evangelio […] nos dice que el amor fraterno comporta también un sentido de responsabilidad recíproca, por lo cual, si mi hermano comete una falta contra mí, yo debo actuar con caridad hacia él y, ante todo, hablar con él personalmente, haciéndole presente que aquello que ha dicho o hecho no está bien. Esta forma de actuar se llama corrección fraterna: no es una reacción a una ofensa recibida, sino que está animada por el amor al hermano. Comenta San Agustín: “Quien te ha ofendido, ofendiéndote, ha inferido a sí mismo una grave herida, ¿y tú no te preocupas de la herida de tu hermano? Tú debes olvidar la ofensa recibida, no la herida de tu hermano” (Discursos 82, 7).
¿Y si el hermano no me escucha? Jesús en el Evangelio de hoy indica una gradualidad: ante todo vuelve a hablarle junto a dos o tres personas, para ayudarle mejor a darse cuenta de lo que ha hecho; si, a pesar de esto, él rechaza la observación, es necesario decirlo a la comunidad; y si tampoco no escucha a la comunidad, es preciso hacerle notar el distanciamiento que él mismo ha provocado, separándose de la comunión de la Iglesia. Todo esto indica que existe una corresponsabilidad en el camino de la vida cristiana: cada uno, consciente de sus propios límites y defectos, está llamado a acoger la corrección fraterna y ayudar a los demás con este servicio particular. (Benedicto XVI. Ángelus, 4 de septiembre de 2011)

  • Frente al mal no hay que callar pues corregir es obra de misericordia

En la Sagrada Escritura leemos: “Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina” (Pr 9, 8 ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18, 15). […] La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de “corregir al que se equivoca”. Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El Apóstol Pablo afirma: “Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado” (Ga 6, 1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. […] El Apóstol Pablo invita a buscar lo que “fomente la paz y la mutua edificación” (Rm 14, 19), tratando de “agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación” (ib. 15, 2), sin buscar el propio beneficio ‘sino el de la mayoría, para que se salven’ (1 Cor 10, 33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana. (Benedicto XVI. Mensaje para la Cuaresma de 2012, n. 1-2, 3 de noviembre de 2011)

  • No olvidemos que para Jesús el bien es bien y el mal es el mal

Para evitar equívocos, conviene notar que la misericordia de Jesús no se manifiesta poniendo entre paréntesis la ley moral. Para Jesús el bien es bien y el mal es mal. La misericordia no cambia la naturaleza del pecado, pero lo quema en un fuego de amor. Este efecto purificador y sanador se realiza si hay en el hombre una correspondencia de amor, que implica el reconocimiento de la ley de Dios, el arrepentimiento sincero, el propósito de una vida nueva. A la pecadora del Evangelio se le perdonó mucho porque amó mucho. En Jesús Dios viene a darnos amor y a pedirnos amor. (Benedicto XVI. Homilía en la visita pastoral a Asís con ocasión del VII centenario de la conversión de San Francisco, 17 de junio de 2007)

  • Necesitamos familias que den testimonio de fidelidad

Hoy más que nunca se necesita el testimonio y el compromiso público de todos los bautizados para reafirmar la dignidad y el valor único e insustituible de la familia fundada en el matrimonio de un hombre con una mujer y abierto a la vida, así como el de la vida humana en todas sus etapas. Se han de promover también medidas legislativas y administrativas que sostengan a las familias en sus derechos inalienables, necesarios para llevar adelante su extraordinaria misión. Los testimonios presentados en la celebración de ayer muestran que también hoy la familia puede mantenerse firme en el amor de Dios y renovar la humanidad en el nuevo milenio.
Deseo expresar mi cercanía
y asegurar mi oración por todas las familias que dan testimonio de fidelidad en circunstancias especialmente arduas. Aliento a las familias numerosas que, viviendo a veces en medio de contrariedades e incomprensiones, dan un ejemplo de generosidad y confianza en Dios, deseando que no les falten las ayudas necesarias. Pienso también en las familias que sufren por la pobreza, la enfermedad, la marginación o la emigración. Y muy especialmente en las familias cristianas que son perseguidas a causa de su fe. El Papa está muy cerca de todos ustedes y les acompaña en su esfuerzo de cada día. (Benedicto XVI. Discurso al final de la misa de clausura de VI Encuentro Mundial de la Familia, n. 4-5, 18 de enero de 2009)

… juzga la idea de Iglesia cerrada y enferma que tiene Francisco

  • El peligro del activismo que descuida la propia alma

“Velad por vosotros mismos” (Hch 20, 28): estas palabras también valen para los presbíteros de todos los tiempos. Hay un activismo con buenas intenciones, pero en el que uno descuida la propia alma, la propia vida espiritual, el propio estar con Cristo. San Carlos Borromeo, en la lectura del breviario de su memoria litúrgica, nos dice cada año: no puedes ser un buen servidor de los demás si descuidas tu alma. “Velad por vosotros mismos”: estemos atentos también a nuestra vida espiritual, a nuestro estar con Cristo. Como he dicho en muchas ocasiones: orar y meditar la Palabra de Dios no es tiempo perdido para la atención a las almas, sino que es condición para que podamos estar realmente en contacto con el Señor y así hablar de primera mano del Señor a los demás. “Velad por vosotros mismos y por todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios”. (Benedicto XVI. Lectio Divina en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

  • El impulso misionero es una confirmación del radicalismo de la fidelidad

A vosotros, queridos amigos de los movimientos, os digo: haced que sean siempre escuelas de comunión, compañías en camino, en las que se aprenda a vivir en la verdad y en el amor que Cristo nos reveló y comunicó por medio del testimonio de los Apóstoles, dentro de la gran familia de sus discípulos. Que resuene siempre en vuestro corazón la exhortación de Jesús: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16). Llevad la luz de Cristo a todos los ambientes sociales y culturales en los que vivís. El impulso misionero es una confirmación del radicalismo de una experiencia de fidelidad, siempre renovada, al propio carisma, que lleva a superar cualquier encerramiento, cansado y egoísta, en sí mismos. Iluminad la oscuridad de un mundo trastornado por los mensajes contradictorios de las ideologías. No hay belleza que valga si no hay una verdad que reconocer y seguir, si el amor se reduce a un sentimiento pasajero, si la felicidad se convierte en un espejismo inalcanzable, si la libertad degenera en instintividad. (Benedicto XVI. Mensaje a los participantes en el II Congreso Mundial de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, 22 de mayo de 2006)

  • Cualquier proyecto que no sea designio de Dios está destinado al fracaso

No olvidéis jamás que cualquier proyecto de vida que no sea conforme al designio de Dios sobre el hombre está destinado, antes o después, al fracaso. En efecto, sólo con Dios y en Dios el hombre puede realizarse completamente y alcanzar la plenitud a la que aspira en lo más íntimo de su corazón. […] Es decisivo elegir los verdaderos valores, y no los efímeros; la auténtica verdad, y no las verdades a medias o las pseudoverdades. (Juan Pablo II. discurso durante el Encuentro con los catequistas y los movimientos eclesiales, n. 6, 4 de octubre de 1998)

  • Un pastor vigila no como un burócrata, sino como quien ve desde lo alto

Tal vez estos son los dos conceptos centrales para este oficio del pastor: alimentar dando a conocer la Palabra de Dios, no sólo con las palabras, sino testimoniándola por voluntad de Dios; y proteger con la oración, con todo el compromiso de la propia vida. Pastores, el otro significado que percibieron los Padres en la palabra cristiana “epískopoi”, es: quién vigila no como un burócrata, sino como quien ve desde el punto de vista de Dios, camina hacia la altura de Dios y a la luz de Dios ve a esta pequeña comunidad de la Iglesia. Para un pastor de la Iglesia, para un sacerdote, un “epískopos”, es importante también que vea desde el punto de vista de Dios, que trate de ver desde lo alto, con el criterio de Dios y no según sus propias preferencias, sino cómo juzga Dios. Ver desde esta altura de Dios y así amar con Dios y por Dios. (Benedicto XVI. “Lectio Divina” en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

  • Modelos de la grey que resisten a los enemigos

La tarea del pastor consiste en apacentar, en cuidar la grey y llevarla a buenos pastos. Apacentar la grey quiere decir encargarse de que las ovejas encuentren el alimento necesario, de que sacien su hambre y apaguen su sed. Sin metáfora, esto significa: la Palabra de Dios es el alimento que el hombre necesita. Hacer continuamente presente la Palabra de Dios y dar así alimento a los hombres es tarea del buen pastor. Y este también debe saber resistir a los enemigos, a los lobos. Debe preceder, indicar el camino, conservar la unidad de la grey. San Pedro, en su discurso a los presbíteros, pone de relieve también otra cosa muy importante. No basta hablar. Los pastores deben ser “modelos de la grey” (1 P 5, 3). La Palabra de Dios, cuando se vive, es trasladada del pasado al presente. […] Ser pastor, modelo de la grey, significa vivir la Palabra ahora, en la gran comunidad de la Iglesia santa. (Benedicto XVI. Homilía, 29 de junio de 2009)

… juzga la idea que Francisco tiene sobre el sufrimiento humano

  • Dios nos ama a punto de cargar con todo dolor inocente – Sólo un Dios que nos ama hasta cargar nuestros pecados es digno de fe

El dolor, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando afectan a los inocentes —por ejemplo, los niños víctimas de la guerra y del terrorismo, de las enfermedades y del hambre—, ¿no someten quizás nuestra fe a dura prueba? No obstante, justo en estos casos, la incredulidad de Tomás nos resulta paradójicamente útil y preciosa, porque nos ayuda a purificar toda concepción falsa de Dios y nos lleva a descubrir su rostro auténtico: el rostro de un Dios que, en Cristo, ha cargado con las llagas de la humanidad herida. Tomás ha recibido del Señor y, a su vez, ha transmitido a la Iglesia el don de una fe probada por la pasión y muerte de Jesús, y confirmada por el encuentro con el resucitado. Una fe que estaba casi muerta y ha renacido gracias al contacto con las llagas de Cristo, con las heridas que el Resucitado no ha escondido, sino que ha mostrado y sigue indicándonos en las penas y los sufrimientos de cada ser humano. […] Estas llagas que Cristo ha contraído por nuestro amor nos ayudan a entender quién es Dios y a repetir también: “Señor mío y Dios mío”. Sólo un Dios que nos ama hasta cargar con nuestras heridas y nuestro dolor, sobre todo el dolor inocente, es digno de fe. (Benedicto XVI. Mensaje urbi et orbi, 8 de abril de 2007)

  • Padecimientos que preparan un bien mayor

Si Dios es sumamente bueno y sabio, ¿por qué existen el mal y el sufrimiento de los inocentes? También los santos, precisamente los santos, se han planteado esta pregunta. Iluminados por la fe, nos dan una respuesta que abre nuestro corazón a la confianza y a la esperanza: en los misteriosos designios de la Providencia, incluso del mal Dios sabe sacar un bien más grande. (Benedicto XVI. Audiencia general, 1 de diciembre de 2010)

  • Las llagas de Cristo nos hacen ver los males con esperanza

Queridos enfermos y personas que sufren, es precisamente a través de las llagas de Cristo como nosotros podemos ver, con ojos de esperanza, todos los males que afligen a la humanidad. Al resucitar, el Señor no eliminó el sufrimiento ni el mal del mundo, sino que los venció de raíz. […] San Bernardo afirma: “Dios no puede padecer, pero puede compadecer”. Dios, la Verdad y el Amor en persona, quiso sufrir por nosotros y con nosotros; se hizo hombre para poder compadecer con el hombre, de modo real, en carne y sangre. (Benedicto XVI. Mensaje para la XIX Jornada Mundial del Enfermo, n. 2, 21 de noviembre de 2010)

  • Podemos limitar el sufrimiento, pero no suprimirlo

Al igual que el obrar, también el sufrimiento forma parte de la existencia humana. Éste se deriva, por una parte, de nuestra finitud y, por otra, de la gran cantidad de culpas acumuladas a lo largo de la historia, y que crece de modo incesante también en el presente. […] Es cierto que debemos hacer todo lo posible para superar el sufrimiento, pero extirparlo del mundo por completo no está en nuestras manos, simplemente porque no podemos desprendernos de nuestra limitación, y porque ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal, de la culpa, que —lo vemos— es una fuente continua de sufrimiento. Esto sólo podría hacerlo Dios: y sólo un Dios que, haciéndose hombre, entrase personalmente en la historia y sufriese en ella. Nosotros sabemos que este Dios existe y que, por tanto, este poder que “quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29) está presente en el mundo. […] Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo. (Benedicto XVI. Encíclica Spe salvi, n. 26, 30 de noviembre de 2007)

  • Lo que cura al hombre es la capacidad de aceptar la tribulación

Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito.  (Benedicto XVI. Encíclica Spe salvi, n. 26, 30 de noviembre de 2007)

  • Al pie del Calvario María renueva el fiat de la Anunciación

María es modelo de abandono total a la voluntad de Dios: acogió en su corazón al Verbo eterno y lo concibió en su seno virginal; se fió de Dios y, con el alma traspasada por la espada del dolor (cf. Lc 2, 35), no dudó en compartir la pasión de su Hijo, renovando en el Calvario, al pie de la cruz, el “sí” de la Anunciación. Meditar en la Inmaculada Concepción de María es, por consiguiente, dejarse atraer por el “sí” que la unió admirablemente a la misión de Cristo, Redentor de la humanidad; es dejarse asir y guiar por su mano, para pronunciar el mismo fiat a la voluntad de Dios con toda la existencia entretejida de alegrías y tristezas, de esperanzas y desilusiones, convencidos de que las pruebas, el dolor y el sufrimiento dan un sentido profundo a nuestra peregrinación en la tierra. (Benedicto XVI. Mensaje para la XVI Jornada Mundial del Enfermo, 11 de enero de 2008)

  • La discreción de María nos impide medir su dolor

Al pie de la Cruz se cumple la profecía de Simeón de que su corazón de madre sería traspasado (cf. Lc 2,35) por el suplicio infligido al Inocente, nacido de su carne. Igual que Jesús lloró (cf. Jn 11,35), también María ciertamente lloró ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo, su discreción nos impide medir el abismo de su dolor; la hondura de esta aflicción queda solamente sugerida por el símbolo tradicional de las siete espadas. (Benedicto XVI. Homilía en el viaje apostólico a Francia con ocasión del 150 aniversario de las apariciones de Loudes, 15 de septiembre de 2008)

… juzga la oración hecha por Francisco en el encuentro ecuménico e interreligioso de Sarajevo

  • El Señor mismo ordenó: “Creed en Dios y creed también en Mí”

El Evangelio de este quinto domingo de Pascua propone un doble mandamiento sobre la fe: creer en Dios y creer en Jesús. En efecto, el Señor dice a sus discípulos: “Creed en Dios y creed también en mí” (Jn 14, 1). No son dos actos separados, sino un único acto de fe, la plena adhesión a la salvación llevada a cabo por Dios Padre mediante su Hijo unigénito. El Nuevo Testamento puso fin a la invisibilidad del Padre. Dios mostró su rostro, como confirma la respuesta de Jesús al Apóstol Felipe: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9). El Hijo de Dios, con su encarnación, muerte y resurrección, nos libró de la esclavitud del pecado para darnos la libertad de los hijos de Dios, y nos dio a conocer el rostro de Dios, que es amor: Dios se puede ver, es visible en Cristo. […]. Por tanto sólo creyendo en Cristo, permaneciendo unidos a él, los discípulos, entre quienes estamos también nosotros, pueden continuar su acción permanente en la historia: “En verdad, en verdad os digo —dice el Señor—: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago” (Jn 14, 12). (Benedicto XVI. Regina Caeli, 22 de mayo de 2011)

  • Creer en Dios implica obediencia gozosa a su revelación…

El Credo comienza así: “Creo en Dios”. Es una afirmación fundamental, aparentemente sencilla en su esencialidad, pero que abre al mundo infinito de la relación con el Señor y con su misterio. Creer en Dios implica adhesión a Él, acogida de su Palabra y obediencia gozosa a su revelación. (Benedicto XVI. Audiencia general, 23 de enero de 2013)

  • …y acogida al rostro concreto de Jesús de Nazaret

Creer en Dios significa renunciar a los propios prejuicios y acoger el rostro concreto en quien Él se ha revelado: el hombre Jesús de Nazaret. Y este camino conduce también a reconocerle y a servirle en los demás. (Benedicto XVI. Ángelus, 3 de febrero de 2013)

… juzga la idea de anticlericalismo que tiene Francisco

  • El sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo

El sacerdote no es simplemente alguien que detenta un oficio, como aquellos que toda sociedad necesita para que puedan cumplirse en ella ciertas funciones. Por el contrario, el sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo: pronunciar en nombre de Cristo la palabra de absolución de nuestros pecados, cambiando así, a partir de Dios, la situación de nuestra vida. Pronuncia sobre las ofrendas del pan y el vino las palabras de acción de gracias de Cristo, que son palabras de transustanciación, palabras que lo hacen presente a Él mismo, el Resucitado, su Cuerpo y su Sangre, transformando así los elementos del mundo; son palabras que abren el mundo a Dios y lo unen a Él. (Benedicto XVI. Homilía en la clausura del Año Sacerdotal, 11 de junio 2010)

  • Dios se vale de un hombre para estar, a través de él, presente entre los hombres

El sacerdocio no es un simple “oficio”, sino un sacramento: Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar, a través de él, presente entre los hombres y actuar en su favor. Esta audacia de Dios, que se abandona en las manos de seres humanos; que, aun conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su lugar, esta audacia de Dios es realmente la mayor grandeza que se oculta en la palabra “sacerdocio”. (Benedicto XVI. Homilía en la clausura del Año Sacerdotal, 11 de junio 2010)

  • Actuación no en nombre de un ausente, sino en la Persona de Cristo resucitado 

El sacerdote representa a Cristo. ¿Qué quiere decir “representar” a alguien? En el lenguaje común generalmente quiere decir recibir una delegación de una persona para estar presente en su lugar, para hablar y actuar en su lugar, porque aquel que es representado está ausente de la acción concreta. Nos preguntamos: ¿El sacerdote representa al Señor de la misma forma? La respuesta es no, porque en la Iglesia Cristo no está nunca ausente; la Iglesia es su cuerpo vivo y la Cabeza de la Iglesia es él, presente y operante en ella. Cristo no está nunca ausente; al contrario, está presente de una forma totalmente libre de los límites del espacio y del tiempo, gracias al acontecimiento de la Resurrección, que contemplamos de modo especial en este tiempo de Pascua. Por lo tanto, el sacerdote que actúa in persona Christi Capitis y en representación del Señor, no actúa nunca en nombre de un ausente, sino en la Persona misma de Cristo resucitado, que se hace presente con su acción realmente eficaz. (Benedicto XVI. Audiencia general, 14 de abril de 2010)

  • El sacerdote lleva Dios al mundo

Nadie anuncia o se lleva a sí mismo, sino que, dentro y a través de su propia humanidad, todo sacerdote debe ser muy consciente de que lleva a Otro, a Dios mismo, al mundo.(Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la Asambleas Plenaria de la Congregación para el Clero, 16 de marzo de 2009)

  • Sacado del mundo y entregado a Dios

La entrega de una persona a Dios, es decir, su “santificación”, se identifica con la ordenación sacerdotal y, de este modo, se define también en qué consiste el sacerdocio: es un paso de propiedad, un ser sacado del mundo y entregado a Dios. […] Pero precisamente por eso no es una segregación. Ser entregados a Dios significa más bien ser puestos para representar a los otros. El sacerdote es sustraído a los lazos mundanos y entregado a Dios, y precisamente así, a partir de Dios, debe quedar disponible para los otros, para todos. Cuando Jesús dice “Yo me consagro”, Él se hace a la vez sacerdote y víctima. (Benedicto XVI. Homilía en la Solemne Misa Crismal del Jueves Santo, 9 de abril de 2009)

  • Puente que enlaza al hombre con la verdadera vida

El sacerdote necesita una autorización, una institución divina, y sólo perteneciendo a las dos esferas —la de Dios y la del hombre— puede ser mediador, puede ser “puente”. Esta es la misión del sacerdote: combinar, conectar estas dos realidades aparentemente tan separadas, es decir, el mundo de Dios —lejano a nosotros, a menudo desconocido para el hombre— y nuestro mundo humano. La misión del sacerdocio es ser mediador, puente que enlaza, y así llevar al hombre a Dios, a su redención, a su verdadera luz, a su verdadera vida. (Benedicto XVI. Lectio divina en el encuentro con el clero de Roma, 18 de febrero de 2010)

  • Misión insustituible

Nada jamás sustituirá el ministerio de los sacerdotes en la vida de la Iglesia. (Benedicto XVI. Palabras dirigidas a los sacerdotes de lengua portuguesa en el término de la celebración eucarística en la clausura del Año Sacerdotal, 11 de junio 2010)

… juzga la idea de divorciados para padrinos que tiene Francisco

  • La renuncia al pecado de padrinos y madrinas es la premisa necesaria para que la Iglesia confiera el bautismo

El rito del bautismo recuerda con insistencia el tema de la fe ya desde el inicio, cuando el celebrante recuerda a los padres que, al pedir el bautismo para sus hijos, asumen el compromiso de “educarlos en la fe”. Esta tarea se exige de manera aún más fuerte a los padres y padrinos en la tercera parte de la celebración, que comienza dirigiéndoles estas palabras: “Tenéis la tarea de educarlos en la fe para que la vida divina que reciben como don sea preservada del pecado y crezca cada día. Por tanto, si en virtud de vuestra fe estáis dispuestos a asumir este compromiso […]”. Estas palabras del rito sugieren que, en cierto sentido, la profesión de fe y la renuncia al pecado de padres, padrinos y madrinas representan la premisa necesaria para que la Iglesia confiera el Bautismo a sus hijos. (Benedicto XVI. Homilía en la fiesta del bautismo del Señor, 10 de enero de 2010)

  • Ayuda para que los ahijados caminen toda la vida en la luz de la fe

El Bautismo ilumina con la luz de Cristo, abre los ojos a su resplandor e introduce en el misterio de Dios a través de la luz divina de la fe. En esta luz los niños que van a ser bautizados tendrán que caminar durante toda la vida, con la ayuda de las palabras y el ejemplo de los padres, de los padrinos y madrinas. (Benedicto XVI. Homilía en la fiesta del bautismo del Señor, 10 de enero de 2010)

  • Comprometedora misión que exige acudir a las fuentes buenas

La misión de los padres, ayudados por el padrino y la madrina, es educar al hijo o la hija. Educar es comprometedor; a veces es arduo para nuestras capacidades humanas, siempre limitadas. Pero educar se convierte en una maravillosa misión si se la realiza en colaboración con Dios, que es el primer y verdadero educador de cada ser humano. […] Como personas adultas, nos hemos comprometido a acudir a las fuentes buenas, por nuestro bien y el de aquellos que han sido confiados a nuestra responsabilidad, en especial vosotros, queridos padres, padrinos y madrinas, por el bien de estos niños. ¿Y cuáles son “las fuentes de la salvación”? Son la Palabra de Dios y los sacramentos. (Benedicto XVI. Homilía en la fiesta del bautismo del Señor, 8 de enero de 2012)

  • Los padrinos deben enseñar a manifestar abiertamente la fe

A vosotros, queridos padrinos y madrinas, la importante tarea de sostener y ayudar en la obra educativa de los padres […]. Sabed siempre ofrecerles vuestro buen ejemplo a través del ejercicio de las virtudes cristianas. No es fácil manifestar abiertamente y sin componendas aquello en lo que se cree, especialmente en el contexto en que vivimos, frente a una sociedad que considera a menudo pasados de moda y extemporáneos a quienes viven de la fe en Jesús. (Benedicto XVI. Homilía en la fiesta del bautismo del Señor, 13 de enero de 2013)

  • Llevar los hijos a la pila bautismal es don, alegría, pero también responsabilidad

Queridos amigos, ¡qué grande es el don del Bautismo! Si nos diéramos plenamente cuenta de ello, nuestra vida se convertiría en un “gracias” continuo. ¡Qué alegría para los padres cristianos, que han visto nacer de su amor una nueva criatura, llevarla a la pila bautismal y verla renacer en el seno de la Iglesia a una vida que jamás tendrá fin! Don, alegría, pero también responsabilidad. En efecto, los padres, juntamente con los padrinos, deben educar a los hijos según el Evangelio.  (Benedicto XVI. Ángelus, 11 de enero de 2009)

  • Las llamadas familias “alargadas” graban en los hijos un tipo de familia alterado

La Iglesia no puede permanecer indiferente ante la separación de los cónyuges y el divorcio, ante la ruina de los hogares y las consecuencias que el divorcio provoca en los hijos. Estos, para ser instruidos y educados, necesitan puntos de referencia muy precisos y concretos, es decir, padres determinados y ciertos que, de modo diverso, contribuyen a su educación. Ahora bien, este es el principio que la práctica del divorcio está minando y poniendo en peligro con la así llamada familia alargada o móvil, que multiplica los “padres” y las “madres” y hace que hoy la mayoría de los que se sienten “huérfanos” no sean hijos sin padres, sino hijos que los tienen en exceso. Esta situación, con las inevitables interferencias y el cruce de relaciones, no puede menos de generar conflictos y confusiones internas, contribuyendo a crear y grabar en los hijos un tipo de familia alterado, asimilable de algún modo a la propia convivencia a causa de su precariedad. (Benedicto XVI. Discurso a los obispos de Brasil en visita “ad limina”, 25 de septiembre de 2009)

… juzga las palabras de Francisco en su primera aparición pública

  • El vínculo entre romanum e petrinum requiere del Obispo de Roma una solicitud universal

En la humilde adhesión a Cristo, único Señor, podemos y debemos promover juntos la “ejemplaridad” de la Iglesia de Roma, que es servicio genuino a las Iglesias hermanas presentes en el mundo entero. En efecto, el vínculo indisoluble entre romanum y petrinum implica y requiere la participación de la Iglesia de Roma en la solicitud universal de su Obispo. […] Roma es una diócesis muy grande, y es una diócesis realmente especial, por la solicitud universal que el Señor ha encomendado a su Obispo. (Benedicto XVI. Discurso a los presbíteros y diáconos de la diócesis de Roma, 13 de mayo de 2005)

… juzga el hecho de Francisco no haberse ofendido con la Cruz en forma de símbolo comunista

  • El gran engaño del marxismo se convirtió en destrucción

La gloria de Dios y la paz en la tierra son inseparables. Cuando Dios es excluido, deja de haber paz en la tierra, y ninguna ortopraxis sin Dios se puede salvar. De hecho, no existe una praxis simplemente justa, prescindiendo de un conocimiento de aquello que es justo. La voluntad sin conocimiento es ciega, y lo mismo es válido para las acciones, para la ortopraxis, que son ciegas sin el conocimiento y llevan al abismo. El gran engaño del marxismo fue el de decirnos que ya se había reflexionado lo suficiente sobre el mundo, y que, finalmente, valía la pena cambiarlo. Pero si no sabemos en qué dirección debemos cambiar, si no comprendemos su sentido y su fin interior, entonces el simple cambio se convierte en destrucción, vemos esto y todavía lo continuamos a ver. (Card. J. Ratzinger. Intervención “Eucaristía, Comunión y solidaridad”, Congreso Eucarístico de Benevento, 2 de junio de 2002)

  • Marx y el comunismo: una revolución hacia el cambio de todas las cosas

En el s. XVIII no faltó la fe en el progreso como nueva forma de la esperanza humana y siguió considerando la razón y la libertad como la estrella-guía que se debía seguir en el camino de la esperanza. Sin embargo, el avance cada vez más rápido del desarrollo técnico y la industrialización que comportaba crearon muy pronto una situación social completamente nueva: se formó la clase de los trabajadores de la industria y el así llamado « proletariado industrial », cuyas terribles condiciones de vida ilustró de manera sobrecogedora Friedrich Engels en 1845. Para el lector debía estar claro: esto no puede continuar, es necesario un cambio. Pero el cambio supondría la convulsión y el abatimiento de toda la estructura de la sociedad burguesa. Después de la revolución burguesa de 1789 había llegado la hora de una nueva revolución, la proletaria: el progreso no podía avanzar simplemente de modo lineal a pequeños pasos. Hacía falta el salto revolucionario. Karl Marx recogió esta llamada del momento y, con vigor de lenguaje y pensamiento, trató de encauzar este nuevo y, como él pensaba, definitivo gran paso de la historia hacia la salvación, hacia lo que Kant había calificado como el « reino de Dios ». Al haber desaparecido la verdad del más allá, se trataría ahora de establecer la verdad del más acá. La crítica del cielo se transforma en la crítica de la tierra, la crítica de la teología en la crítica de la política. El progreso hacia lo mejor, hacia el mundo definitivamente bueno, ya no viene simplemente de la ciencia, sino de la política; de una política pensada científicamente, que sabe reconocer la estructura de la historia y de la sociedad, y así indica el camino hacia la revolución, hacia el cambio de todas las cosas. (Benedicto XVI. Encíclica Spe salvi, n.20, 30 de noviembre de 2007)

  • El verdadero error de Marx es el materialismo

Con precisión puntual, aunque de modo unilateral y parcial, Marx ha descrito la situación de su tiempo y ha ilustrado con gran capacidad analítica los caminos hacia la revolución, y no sólo teóricamente: con el partido comunista, nacido del manifiesto de 1848, dio inicio también concretamente a la revolución. Su promesa, gracias a la agudeza de sus análisis y a la clara indicación de los instrumentos para el cambio radical, fascinó y fascina todavía hoy de nuevo. Después, la revolución se implantó también, de manera más radical en Rusia. Pero con su victoria se puso de manifiesto también el error fundamental de Marx. Él indicó con exactitud cómo lograr el cambio total de la situación. Pero no nos dijo cómo se debería proceder después. Suponía simplemente que, con la expropiación de la clase dominante, con la caída del poder político y con la socialización de los medios de producción, se establecería la Nueva Jerusalén. En efecto, entonces se anularían todas las contradicciones, por fin el hombre y el mundo habrían visto claramente en sí mismos. Entonces todo podría proceder por sí mismo por el recto camino, porque todo pertenecería a todos y todos querrían lo mejor unos para otros. Así, tras el éxito de la revolución, Lenin pudo percatarse de que en los escritos del maestro no había ninguna indicación sobre cómo proceder. Había hablado ciertamente de la fase intermedia de la dictadura del proletariado como de una necesidad que, sin embargo, en un segundo momento se habría demostrado caduca por sí misma. Esta «fase intermedia» la conocemos muy bien y también sabemos cuál ha sido su desarrollo posterior: en lugar de alumbrar un mundo sano, ha dejado tras de sí una destrucción desoladora. El error de Marx no consiste sólo en no haber ideado los ordenamientos necesarios para el nuevo mundo; en éste, en efecto, ya no habría necesidad de ellos. Que no diga nada de eso es una consecuencia lógica de su planteamiento. Su error está más al fondo. Ha olvidado que el hombre es siempre hombre. Ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables. (Benedicto XVI. Encíclica Spes Salvi, n. 20-21, 30 de noviembre de 2007)

  • El marxismo: panacea desvanecida que prometió resolver los problemas sociales

El marxismo había presentado la revolución mundial y su preparación como la panacea para los problemas sociales: mediante la revolución y la consiguiente colectivización de los medios de producción —se afirmaba en dicha doctrina— todo iría repentinamente de modo diferente y mejor. Este sueño se ha desvanecido. En la difícil situación en la que nos encontramos hoy, a causa también de la globalización de la economía, la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una indicación fundamental, que propone orientaciones válidas mucho más allá de sus confines: estas orientaciones —ante el avance del progreso— se han de afrontar en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 27, 25 de diciembre de 2005)

  • Juan Pablo II reivindicó para Cristo la “carga de esperanza” dada al marxismo

Karol Wojtyła subió al Solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue éste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su «timonel», el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo él pudo llamar «umbral de la esperanza». Sí, él, a través del largo camino de preparación para el Gran Jubileo, dio al cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide también en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y a la ideología del progreso, él la reivindicó legítimamente para el cristianismo, restituyéndole la fisonomía auténtica de la esperanza, de vivir en la historia con un espíritu de «adviento», con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz. (Benedicto XVI. Homilía del 1 de mayo de 2011)

  • La teología de la Liberación: una experiencia de milenarismo fácil

PREGUNTA: Hay todavía muchos exponentes de la teología de la liberación en diversos lugares de Brasil. ¿Cuál es el mensaje específico para estos exponentes de la teología de la liberación?
-Papa:
Yo diría que, al cambiar la situación política, también ha cambiado profundamente la situación de la teología de la liberación, y ahora es evidente que estaban equivocados esos milenarismos fáciles, que prometían inmediatamente, como consecuencia de la revolución, las condiciones completas de una vida justa. Esto hoy lo saben todos. Ahora la cuestión es cómo la Iglesia debe estar presente en la lucha por las reformas necesarias, en la lucha por condiciones de vida más justas. En esto se dividen los teólogos, en particular los exponentes de la teología política. Nosotros, con la Instrucción dada a su tiempo por la Congregación para la doctrina de la fe, tratamos de realizar una labor de discernimiento, es decir, tratamos de librarnos de falsos milenarismos, de librarnos también de una mezcla errónea de Iglesia y política, de fe y política; y de mostrar la parte específica de la misión de la Iglesia, que consiste precisamente en responder a la sed de Dios y por tanto también educar en las virtudes personales y sociales, que son condición necesaria para hacer que madure el sentido de la legalidad. (Benedicto XVI. Entrevista concedida durante su vuelo hacia Brasil, 9 de mayo de 2007)

… juzga la idea que Francisco tiene de las palabras de Jesucristo en la Cruz

  • Jesús se identifica con los justos de todos los tiempos que sufren

Como salmo responsorial hemos cantado la segunda parte del salmo de la pasión (Ps 22). Es el salmo del justo que sufre; ante todo de Israel que sufre, el cual, ante el Dios mudo que lo ha abandonado, grita: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Cómo has podido olvidarte de mí? Ahora ya casi no existo. Tú ya no actúas, ya no hablas… ¿Por qué me has abandonado?” Jesús se identifica con el Israel sufriente, con los justos de todos los tiempos que sufren, abandonados por Dios, y lleva ese grito de abandono de Dios, el sufrimiento de la persona olvidada, hasta el corazón de Dios mismo; así transforma el mundo. (Benedicto XVI. Homilía en la Misa concelebrada con los obispos de Suiza, 7 de noviembre de 2006)

  • El sufrimiento de Jesús es nuestro consuelo

A medida que Jesús se acercaba a la cruz, el sufrimiento y la muerte bajaban como tinieblas, pero también se avivaba la llama del amor. En efecto, el sufrimiento de Cristo está totalmente iluminado por la luz del amor: el amor del Padre que permite al Hijo afrontar con confianza su último “bautismo”, como él mismo define el culmen de su misión (cf. Lc 12, 50).
Ese bautismo de dolor y de amor, Jesús lo recibió por nosotros, por toda la humanidad. Sufrió por la verdad y la justicia, trayendo a la historia de los hombres el evangelio del sufrimiento, que es la otra cara del evangelio del amor. Dios no puede padecer, pero puede y quiere com-padecer. Por la pasión de Cristo puede entrar en todo sufrimiento humano la con-solatio, “el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza” (Encíclica Spe salvi, n. 39). (Benedicto XVI. Homilía del Miércoles de Ceniza en la Basílica de Santa Sabina, 6 de febrero de 2008)

  • La oración requiere fe en la bondad divina

Si uno no cree en la bondad de Dios, no puede orar de modo verdaderamente adecuado. (Benedicto XVI. Homilía de canonización en la Plaza de San Pedro, 17 de octubre de 2010)

  • Debemos pedir lo que es digno de Dios

El modo apropiado de orar es un proceso de purificación interior que nos hace capaces para Dios y, precisamente por eso, capaces también para los demás. En la oración, el hombre ha de aprender qué es lo que verdaderamente puede pedirle a Dios, lo que es digno de Dios. (Benedicto XVI. Encíclica Spe Salvi, n. 33, 30 de noviembre de 2007)

  • En la oración se adquiere la fuerza para sufrir en unión con Cristo

Entonces comprendemos que con la oración no somos liberados de las pruebas o de los sufrimientos, sino que podemos vivirlos en unión con Cristo, con sus sufrimientos, en la perspectiva de participar también de su gloria (cf. Rm 8, 17). Muchas veces, en nuestra oración, pedimos a Dios que nos libre del mal físico y espiritual, y lo hacemos con gran confianza. Sin embargo, a menudo tenemos la impresión de que no nos escucha y entonces corremos el peligro de desalentarnos y de no perseverar. En realidad, no hay grito humano que Dios no escuche, y precisamente en la oración constante y fiel comprendemos con San Pablo que “los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará” (Rm 8, 18). La oración no nos libra de la prueba y de los sufrimientos; más aún —dice San Pablo— nosotros “gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo” (Rm 8, 23); él dice que la oración no nos libra del sufrimiento, pero la oración nos permite vivirlo y afrontarlo con una fuerza nueva, con la misma confianza de Jesús, el cual —según la Carta a los Hebreos— “en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial” (5, 7). La respuesta de Dios Padre al Hijo, a sus fuertes gritos y lágrimas, no fue la liberación de los sufrimientos, de la cruz, de la muerte, sino que fue una escucha mucho más grande, una respuesta mucho más profunda; a través de la cruz y la muerte, Dios respondió con la resurrección del Hijo, con la nueva vida. La oración animada por el Espíritu Santo nos lleva también a nosotros a vivir cada día el camino de la vida con sus pruebas y sufrimientos, en la plena esperanza, en la confianza en Dios que responde como respondió al Hijo. (Benedicto XVI. Audiencia general en Plaza de San Pedro, 16 de mayo de 2012)

… juzga los criterios para ser obispo que tiene Francisco

  • Los candidatos al episcopado deben ser modelos de la vida en la fe

En fin, por lo que concierne a la selección de los candidatos al episcopado, aun conociendo vuestras dificultades al respecto, deseo recordar la necesidad de que los candidatos sean sacerdotes dignos, respetados y queridos por los fieles, modelos de vida en la fe y que tengan cierta experiencia en el ministerio pastoral, de modo que sean más idóneos para afrontar la pesada responsabilidad de Pastor de la Iglesia. (Benedicto XVI. Carta a los miembros de la Iglesia Católica en la República Popular China, n. 9, 27 de mayo de 2007)

  • El episcopado no es un oficio de carácter administrativo o sociológico

El ministerio del obispo se sitúa en una profunda perspectiva de fe y no simplemente humana, administrativa o de carácter sociológico, pues no es un mero gobernante, o un burócrata, o un simple gestor y organizador de la vida diocesana. La paternidad y la fraternidad en Cristo son las que dan al superior la capacidad de crear un clima de confianza, de acogida, de afecto, y también de franqueza y de justicia. (Benedicto XVI. Discurso a los nuevos obispos participantes de un encuentro de la Congregación para los obispos, 13 de septiembre de 2010)

  • Los hombres escuchan más a los testigos que a los maestros

Vosotros, pastores de la grey de Dios, habéis recibido el mandato de custodiar y transmitir la fe en Cristo, que ha llegado a nosotros a través de la tradición viva de la Iglesia y por la que tantos han dado su vida. Para cumplir esa misión, es esencial que en primer lugar vosotros seáis ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, dignidad,  palabra sana, intachable” (Tt 2, 7-8). “El hombre contemporáneo —escribió mi predecesor de venerada memoria el siervo de Dios Pablo VI— escucha más a gusto a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros lo hace porque son testigos” (Evangelii nuntiandi, n. 41). Por eso es preciso que deis la máxima importancia en vuestro ministerio episcopal a la oración y a la búsqueda incesante de la santidad. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de obispos, 23 de septiembre de 2006)

… juzga la idea de que los cristianos deben abajarse siempre que tiene Francisco

  • Ante Cristo crucificado se arrodilla todo el universo

San Pablo precisa: Cristo bajó del cielo a la cruz, la obediencia última. Y en este momento se realiza esta palabra del Profeta: ante Cristo crucificado todo el cosmos, el cielo, la tierra y el abismo, se arrodilla (cf. Flp 2, 10-11). Él es realmente expresión de la verdadera grandeza de Dios. La humildad de Dios, el amor hasta la cruz, nos demuestra quién es Dios. Ante él nos ponemos de rodillas, adorando. (Benedicto XVI. Encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

  • Jesús está a la derecha del Padre con los adversarios a sus pies

Oráculo del Señor a mi Señor: ‘Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies’”. […] Jesús mismo menciona este versículo a propósito del Mesías para mostrar que el Mesías es más que David, es el Señor de David (cf. Mt 22, 41-45; Mc 12, 35-37; Lc 20, 41-44); y Pedro lo retoma en su discurso en Pentecostés anunciando que en la resurrección de Cristo se realiza esta entronización del rey y que desde ahora Cristo está a la derecha del Padre, participa en el señorío de Dios sobre el mundo (cf. Hch 2, 29-35). En efecto, Cristo es el Señor entronizado, el Hijo del hombre sentado a la derecha de Dios que viene sobre las nubes del cielo, como Jesús mismo se define durante el proceso ante el Sanedrín (cf. Mt 26, 63-64; Mc 14, 61-62; cf. también Lc 22, 66-69). Él es el verdadero rey que con la resurrección entró en la gloria a la derecha del Padre (cf. Rm 8, 34; Ef 2, 5; Col 3, 1; Hb 8, 1; 12, 2), hecho superior a los ángeles, sentado en los cielos por encima de toda potestad y con todos sus adversarios a sus pies, hasta que la última enemiga, la muerte, sea definitivamente vencida por él (cf. 1 Co 15, 24-26; Ef 1, 20-23; Hb 1, 3-4.13; 2, 5-8; 10, 12-13; 1 P 3, 22). (Benedicto XVI. Audiencia general, 16 de noviembre de 2011)

  • Debemos aprender de Cristo la recta humildad

Hay caricaturas de una humildad equivocada y una falsa sumisión que no queremos imitar. Pero existe también la soberbia destructiva y la presunción, que disgregan toda comunidad y acaban en la violencia. ¿Sabemos aprender de Cristo la recta humildad, que corresponde a la verdad de nuestro ser, y esa obediencia que se somete a la verdad, a la voluntad de Dios? (Benedicto XVI. Homilía en la Misa Crismal, 9 de abril de 2009)

  • La humildad no es falsa modestia

“He servido al Señor con toda humildad”. […] “Humildad” no quiere decir falsa modestiaagradecemos los dones que el Señor nos ha concedido—, sino que indica que somos conscientes de que todo lo que podemos hacer es don de Dios, se nos concede para el reino de Dios. Trabajamos con esta “humildad”, sin tratar de aparecer. No buscamos alabanzas, no buscamos que nos vean; para nosotros no es un criterio decisivo pensar qué dirán de nosotros en los diarios o en otros sitios, sino qué dice Dios. Esta es la verdadera humildad: no aparecer ante los hombres, sino estar en la presencia de Dios y trabajar con humildad por Dios, y de esta manera servir realmente también a la humanidad y a los hombres. (Benedicto XVI. Encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

  • La humildad no es abandonismo sino camino de valentía

Queridos jóvenes, me parece que en estas palabras de Dios sobre la humildad se encierra un mensaje importante y muy actual para vosotros, que queréis seguir a Cristo y formar parte de su Iglesia. El mensaje es este: no sigáis el camino del orgullo, sino el de la humildad. Id contra corriente […]. Los que parecen más alejados de la mentalidad y de los valores del Evangelio, tienen profunda necesidad de ver a alguien que se atreva a vivir de acuerdo con la plenitud de humanidad manifestada por Jesucristo. Así pues, queridos jóvenes, el camino de la humildad no es un camino de renuncia, sino de valentía. No es resultado de una derrota, sino de una victoria del amor sobre el egoísmo y de la gracia sobre el pecado. Siguiendo a Cristo e imitando a María, debemos tener la valentía de la humildad; debemos encomendarnos humildemente al Señor, porque sólo así podremos llegar a ser instrumentos dóciles en sus manos, y le permitiremos hacer en nosotros grandes cosas. […] Como veis, queridos jóvenes, la humildad que el Señor nos ha enseñado y que los santos han testimoniado, cada uno según la originalidad de su vocación, no es ni mucho menos un modo de vivir abandonista. […] En verdad, son numerosos y grandes los desafíos que debéis afrontar. Pero el primero sigue siendo siempre seguir a Cristo a fondo, sin reservas ni componendas. (Benedicto XVI. Homilía en la visita pastoral a Loreto con ocasión del Ágora de los jóvenes italianos, 2 de septiembre de 2007)

  • Es humildad manifestar la alegría de pertenecer a la Iglesia de Cristo

La Iglesia no es una organización que se ha formado poco a poco; la Iglesia nació en la cruz. El Hijo adquirió la Iglesia en la cruz y no sólo la Iglesia de ese momento, sino la Iglesia de todos los tiempos. Con su sangre adquirió esta porción del pueblo, del mundo, para Dios. Y creo que esto nos debe hacer pensar. Cristo, Dios creó la Iglesia, la nueva Eva, con su sangre. Así nos ama y nos ha amado, y esto es verdad en todo momento. Y esto nos debe llevar también a comprender que la Iglesia es un don, a sentirnos felices por haber sido llamados a ser Iglesia de Dios, a alegrarnos de pertenecer a la Iglesia. Ciertamente, siempre hay aspectos negativos, difíciles, pero en el fondo debe quedar esto: es un don bellísimo el poder vivir en la Iglesia de Dios, en la Iglesia que el Señor se adquirió con su sangre. Estar llamados a conocer realmente el rostro de Dios, conocer su voluntad, conocer su gracia, conocer este amor supremo, esta gracia que nos guía y nos lleva de la mano. Felicidad por ser Iglesia, alegría por ser Iglesia. Me parece que debemos volver a aprender esto. El miedo al triunfalismo tal vez nos ha hecho olvidar un poco que es hermoso estar en la Iglesia y que esto no es triunfalismo, sino humildad, agradecer el don del Señor. (Benedicto XVI. Encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

… juzga la idea de hacer teología que tiene Francisco

  • Lo esencial de la teología es la interpretación de la Escritura

En definitiva, «cuando la exegesis no es teología, la Escritura no puede ser el alma de la teología y, viceversa, cuando la teología no es esencialmente interpretación de la Escritura en la Iglesia, esta teología ya no tiene fundamento». (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Verbum Domini. n. 35, 30 de septiembre de 2010)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • El hombre tiene una dignidad incomparable, pues por él fue entregado el propio Hijo de Dios

El hombre, creado a imagen de Dios, tiene una dignidad incomparable; es tan digno de amor a los ojos de su Creador, que Dios no dudó en entregarle a su propio Hijo. (Benedicto XVI. Discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, 8 de enero de 2007)

  • Más que defender la tierra, el agua y el aire, la Iglesia debe defender al hombre contra la destrucción de sí mismo

La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo. Es necesario que exista una especie de ecología del hombre bien entendida. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la “ecología humana” en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 51, 29 de junio de 2009)

  • La doctrina social está construida sobre el fundamento de los Apóstoles

La doctrina social de la Iglesia ilumina con una luz que no cambia los problemas siempre nuevos que van surgiendo. Eso salvaguarda tanto el carácter permanente como histórico de este “patrimonio” doctrinal que, con sus características específicas, forma parte de la Tradición siempre viva de la Iglesia. La doctrina social está construida sobre el fundamento transmitido por los Apóstoles a los Padres de la Iglesia y acogido y profundizado después por los grandes Doctores cristianos. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 12, 29 de junio de 2009)

  • La aportación cristiana es iluminada por la divina Revelación y Tradición

La búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la creación. Los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios “todos los seres: los del cielo y los de la tierra” (Col 1,20). (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLIII Jornada Mundial de la Paz, n. 14, 1 de enero de 2010)

  • Fuera de la perspectiva de la fe apostólica, la doctrina social se reduce a datos sociológicos

La relectura de la Populorum progressio insta a permanecer fieles a su mensaje de caridad y de verdad, considerándolo en el ámbito del magisterio específico de Pablo VI y, más en general, dentro de la tradición de la doctrina social de la Iglesia. Se han de valorar después los diversos términos en que hoy, a diferencia de entonces, se plantea el problema del desarrollo. El punto de vista correcto, por tanto, es el de la Tradición de la fe apostólica, patrimonio antiguo y nuevo, fuera del cual la Populorum progressio sería un documento sin raíces y las cuestiones sobre el desarrollo se reducirían únicamente a datos sociológicos. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 10, 29 de junio de 2009)

  • Quien no conoce el juicio de Dios, el inferno, el purgatorio y el paraíso no trabaja bien por la tierra

En la encíclica Spe salvi quise hablar precisamente también del juicio final, del juicio en general y, en este contexto, también del purgatorio, del infierno y del paraíso. Creo que a todos nos impresiona siempre la objeción de los marxistas, según los cuales los cristianos sólo han hablado del más allá y han descuidado la tierra. […] Aunque esté bien mostrar que los cristianos se comprometen por la tierra —y todos estamos llamados a trabajar para que esta tierra sea realmente una ciudad para Dios y de Dios— no debemos olvidar la otra dimensión. Si no la tenemos en cuenta, no trabajamos bien por la tierra. Mostrar esto ha sido una de mis finalidades fundamentales al escribir la encíclica. Cuando no se conoce el juicio de Dios, no se conoce la posibilidad del infierno, del fracaso radical y definitivo de la vida; no se conoce la posibilidad y la necesidad de purificación. Entonces el hombre no trabaja bien por la tierra, porque al final pierde los criterios; al no conocer a Dios, ya no se conoce a sí mismo y destruye la tierra. Todas las grandes ideologías han prometido: nosotros cuidaremos de las cosas, ya no descuidaremos la tierra, crearemos un mundo nuevo, justo, correcto, fraterno. En cambio, han destruido el mundo. Lo vemos con el nazismo, lo vemos también con el comunismo, que prometieron construir el mundo como tendría que haber sido y, en cambio, han destruido el mundo. En las visitas “ad limina” de los obispos de los países ex comunistas veo siempre cómo en esas tierras no sólo han quedado destruidos el planeta, la ecología, sino sobre todo, y más gravemente, las almas. Recobrar la conciencia verdaderamente humana, iluminada por la presencia de Dios, es la primera tarea de reconstrucción de la tierra. Esta es la experiencia común de esos países. La reconstrucción de la tierra, respetando el grito de sufrimiento de este planeta, sólo se puede realizar encontrando a Dios en el alma, con los ojos abiertos hacia Dios. (Benedicto XVI. Discurso a los párrocos, sacerdotes y diáconos de la diócesis de Roma, 7 de febrero de 2008)

  • La relación con el medio ambiente deriva de la relación con Dios

La relación entre personas o comunidades y el medio ambiente deriva, en último término, de su relación con Dios. “Cuando el hombre se aleja del designio de Dios Creador, provoca un desorden que repercute inevitablemente en el resto de la creación”. (Benedicto XVI. Mensaje a los participantes en el VII simposio sobre “Religión, ciencia y medio ambiente”, 1 de septiembre de 2007)

  • La creación espera hijos de Dios que la miren y traten desde Él

Donde la palabra del Creador se ha entendido de modo correcto, donde ha habido vida con el Creador redentor, allí las personas se han comprometido en la tutela de la creación y no en su destrucción. En este contexto se puede citar el capítulo 8 de la carta a los Romanos, donde se dice que la creación sufre y gime por la sumisión en que se encuentra y que espera la revelación de los hijos de Dios: se sentirá liberada cuando vengan criaturas, hombres que son hijos de Dios y que la tratarán desde Dios. Yo creo que es precisamente esto lo que nosotros podemos constatar como realidad: la creación gime —lo percibimos, casi lo sentimos— y espera personas humanas que la miren desde Dios. […] El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que sólo nos vemos a nosotros mismos; comienza donde no existe ya ninguna dimensión de la vida más allá de la muerte, donde en esta vida debemos acapararlo todo y poseer la vida de la forma más intensa posible, donde debemos poseer todo lo que es posible poseer. Por tanto, yo creo que sólo se pueden realizar y desarrollar, comprender y vivir, instancias verdaderas y eficaces contra el derroche y la destrucción de la creación donde la creación se considera desde Dios, donde la vida se considera desde Dios y tiene dimensiones mayores, en la responsabilidad ante Dios. (Benedicto XVI. Discurso en el encuentro con el clero de la diócesis de Bolzano-Bressanone, 6 de agosto de 2008)

  • Las órdenes mendicantes fueran llamadas a afrontar tal herejía por su adhesión a la doctrina de la Iglesia. En este contexto, la admiración de San Francisco por la naturaleza puede ser entendida como un testimonio de la bondad de la creación

[San Francisco y San Domingos] tuvieron la capacidad de leer con inteligencia “los signos de los tiempos”, intuyendo los desafíos que debía afrontar la Iglesia de su época. Un primer desafío era la expansión de varios grupos y movimientos de fieles que, a pesar de estar impulsados por un legítimo deseo de auténtica vida cristiana, se situaban a menudo fuera de la comunión eclesial. […] Además, para justificar sus propias opciones, difundieron doctrinas incompatibles con la fe católica. Por ejemplo, el movimiento de los cátaros o albigenses volvió a proponer antiguas herejías, como la devaluación y el desprecio del mundo material –la oposición contra la riqueza se convierte rápidamente en oposición contra la realidad material en cuanto tal–, la negación de la voluntad libre y después el dualismo, la existencia de un segundo principio del mal equiparado a Dios. […] [El] estilo personal y comunitario de las Órdenes Mendicantes, unido a la total adhesión a las enseñanzas de la Iglesia y a su autoridad, fue muy apreciado por los Pontífices de la época, como Inocencio III y Honorio III, que apoyaron plenamente estas nuevas experiencias eclesiales, reconociendo en ellas la voz del Espíritu. Y no faltaron los frutos: los grupos “pauperísticos” que se habían separado de la Iglesia volvieron a la comunión eclesial o lentamente se redujeron hasta desaparecer. (Benedicto XVI. Audiencia general, 13 de enero de 2010)

  • Su mirada a la naturaleza es una contemplación del Creador; entenderlo de otra forma es hacer irreconocible a San Francisco

El mismo san Francisco sufre una especie de mutilación cuando se lo cita como testigo de valores, ciertamente importantes, apreciados por la cultura moderna, pero olvidando que la opción profunda, podríamos decir el corazón de su vida, es la opción por Cristo. […] En san Francisco todo parte de Dios y vuelve a Dios. Sus Alabanzas al Dios altísimo manifiestan un alma en diálogo constante con la Trinidad. […] Su mirada a la naturaleza es, en realidad, una contemplación del Creador en la belleza de las criaturas. Incluso su deseo de paz toma forma de oración, ya que le fue revelado el modo como debía formularlo: “El Señor te dé la paz” (2 Test: FF 121). San Francisco es un hombre para los demás, porque en el fondo es un hombre de Dios. Querer separar, en su mensaje, la dimensión “horizontal” de la “vertical” significa hacer irreconocible a san Francisco. (Benedicto XVI. Discurso durante el encuentro con los sacerdotes y los religiosos en la Catedral de San Rufino, 17 de junio de 2007)

  • Antes de ser una invitación a respectar la creación, el “Cántico de las criaturas” es una alabanza dirigida a Dios. En el himno franciscano, de clara inspiración bíblica, el bien supremo no es la protección del medio ambiente, sino su Creador

San Francisco era un auténtico enamorado de Jesús. Lo encontraba en la palabra de Dios, en los hermanos, en la naturaleza, pero sobre todo en su presencia eucarística. […] Como en círculos concéntricos, el amor de san Francisco a Jesús no sólo se extiende a la Iglesia sino también a todas las cosas, vistas en Cristo y por Cristo. De aquí nace el Cántico de las criaturas, en el que los ojos descansan en el esplendor de la creación: desde el hermano sol hasta la hermana luna, desde la hermana agua hasta el hermano fuego. Su mirada interior se hizo tan pura y penetrante, que descubrió la belleza del Creador en la hermosura de las criaturas. El Cántico del hermano sol, antes de ser una altísima página de poesía y una invitación implícita a respetar la creación, es una oración, una alabanza dirigida al Señor, al Creador de todo. (Benedicto XVI. Discurso durante el encuentro con los jóvenes ante la Basílica de Santa María de los Ángeles en Asís, 17 de junio de 2007)

  • Existe una diferencia fundamental entre el hombre y los demás seres, y esto viene del hecho de que el hombre es capaz de conocer a Dios

Vale la pena meditar un poco estas palabras de Orígenes, que ve la diferencia fundamental entre el hombre y los demás animales en el hecho de que el hombre es capaz de conocer a Dios, su Creador; de que el hombre es capaz de la verdad, capaz de un conocimiento que se transforma en relación, en amistad. En nuestro tiempo, es importante que no nos olvidemos de Dios, junto con los demás conocimientos que hemos adquirido mientras tanto, y que son muchos. Pero resultan todos problemáticos, a veces peligrosos, si falta el conocimiento fundamental que da sentido y orientación a todo: el conocimiento de Dios creador. (Benedicto XVI. Audiencia, n. 4, 11 de enero de 2006)

  • Se ha de subrayar que es contrario al verdadero desarrollo considerar la naturaleza como más importante que la persona humana. Esta postura conduce a actitudes neopaganas o de nuevo panteísmo

La naturaleza está a nuestra disposición no como un “montón de desechos esparcidos al azar”,   (Pablo VI. Encíclica Populorum progressio, n. 14) sino como un don del Creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se deben seguir para “guardarla y cultivarla” (cf. Gn 2, 15). Pero se ha de subrayar que es contrario al verdadero desarrollo considerar la naturaleza como más importante que la persona humana misma. Esta postura conduce a actitudes neopaganas o de nuevo panteísmo: la salvación del hombre no puede venir únicamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista.  Por otra parte, también es necesario refutar la posición contraria, que mira a su completa tecnificación, porque el ambiente natural no es sólo materia disponible a nuestro gusto, sino obra admirable del Creador y que lleva en sí una “gramática” que indica finalidad y criterios para un uso inteligente, no instrumental y arbitrario. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 48, 29 de junio de 2009)

  • El Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes

Al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros. Por otro lado, una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma. El Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la “dignidad” de todos los seres vivientes. Se abre así paso a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos, que hace derivar la salvación del hombre exclusivamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLIII Jornada Mundial de la Paz, n. 13, 1 de enero de 2010)

  • No todas las religiones son iguales

Por este motivo, aunque es verdad que, por un lado, el desarrollo necesita de las religiones y de las culturas de los diversos pueblos, por otro lado, sigue siendo verdad también que es necesario un adecuado discernimiento. La libertad religiosa no significa indiferentismo religioso y no comporta que todas las religiones sean iguales. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 53, 29 de junio de 2009)

  • Jesucristo es el Señor de la creación y de la Historia

No debemos tener ningún temor de afrontar este desafío: en efecto, Jesucristo es el Señor de toda la creación y de toda la Historia. El creyente sabe bien que “todo fue creado por él y para él, […] y todo tiene en él su consistencia” (Col 1, 16. 17). Profundizando continuamente el conocimiento de Cristo, centro del cosmos y de la historia, podemos mostrar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo que la fe en él tiene relevancia para el destino de la humanidad: más aún, es la realización de todo lo que es auténticamente humano. (Benedicto XVI. Discurso, 10 de febrero de 2010)

  • La primera creación encuentra su cumbre en la nueva creación en Cristo

San Juan afirma que el Verbo, el Logos estaba desde el principio junto a Dios, y que todo ha sido hecho por medio del Verbo y nada de lo que existe se ha hecho sin Él (cf. Jn 1, 1-3). El evangelista hace una clara alusión al relato de la creación que se encuentra en los primeros capítulos del libro del Génesis, y lo relee a la luz de Cristo. Este es un criterio fundamental en la lectura cristiana de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento se han de leer siempre juntos, y a partir del Nuevo se abre el sentido más profundo también del Antiguo. Aquel mismo Verbo, que existe desde siempre junto a Dios, que Él mismo es Dios y por medio del cual y en vista del cual todo ha sido creado (cf. Col 1, 16-17), se hizo hombre: el Dios eterno e infinito se ha sumergido en la finitud humana, en su criatura, para reconducir al hombre y a toda la creación hacia Él. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: ‘La primera creación encuentra su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo esplendor sobrepasa el de la primera’ (n. 349). Los Padres de la Iglesia han comparado a Jesús con Adán, hasta definirle ‘segundo Adán’ o el Adán definitivo, la imagen perfecta de Dios. Con la Encarnación del Hijo de Dios tiene lugar una nueva creación. (Benedicto XVI. Audiencia general, 9 de enero de 2013)

  • El pecado arruina con la armonía de la naturaleza

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de “labrar y cuidar” este “jardín” que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17). Veo cómo de verdad cultiváis y cuidáis este hermoso jardín de Dios, un verdadero paraíso. Cuando los hombres viven en paz con Dios y entre sí, la tierra se asemeja verdaderamente a un “paraíso”. Por desgracia, el pecado arruina continuamente este proyecto divino, engendrando divisiones e introduciendo la muerte en el mundo. Así sucede que los hombres ceden a las tentaciones del maligno y se hacen la guerra unos a otros. La consecuencia es que, en este estupendo “jardín”, que es el mundo, se abren espacios de “infierno”. En medio de esta belleza no debemos olvidar las situaciones en las que se encuentran a veces muchos hermanos y hermanas nuestros. (Benedicto XVI. Ángelus, 22 de julio de 2007)

  • Vivir como si Dios no existiera lleva a explotar y deteriorar la creación

El compromiso en el mundo requerido por la divina Palabra nos impulsa a mirar con ojos nuevos el cosmos que, creado por Dios, lleva en sí la huella del Verbo, por quien todo fue hecho (cf. Jn 1, 2). En efecto, como creyentes y anunciadores del Evangelio tenemos también una responsabilidad con respecto a la creación. La revelación, a la vez que nos da a conocer el plan de Dios sobre el cosmos, nos lleva también a denunciar las actitudes equivocadas del hombre cuando no reconoce todas las cosas como reflejo del Creador, sino como mera materia para manipularla sin escrúpulos. De este modo, el hombre carece de esa humildad esencial que le permite reconocer la creación como don de Dios, que se ha de acoger y usar según sus designios. Por el contrario, la arrogancia del hombre que vive “como si Dios no existiera”, lleva a explotar y deteriorar la naturaleza, sin reconocer en ella la obra de la Palabra creadora. En esta perspectiva teológica, deseo retomar las afirmaciones de los Padres sinodales, que han recordado que acoger la Palabra de Dios atestiguada en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia da lugar a un nuevo modo de ver las cosas, promoviendo una ecología auténtica, que tiene su raíz más profunda en la obediencia de la fe…, desarrollando una renovada sensibilidad teológica sobre la bondad de todas las cosas creadas en Cristo. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Verbum Domini, n. 108, 30 de septiembre de 2010)

  • Cuidar del medio ambiente con responsabilidad es reconocer la jerarquía de la creación y no considerarla de forma egoísta

Hemos de cuidar el medio ambiente: éste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser humano está por encima de toda la creación. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea más importante que el hombre. Quiere decir más bien que no se la considera de manera egoísta, a plena disposición de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen también el derecho a obtener beneficio de la creación, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLI Jornada Mundial de la Paz, n. 7, 1 de enero de 2008)

  • La idea de un determinismo evolutivo lleva a considerar la naturaleza como un tabú intocable o a abusar de ella. Considerar la naturaleza como más importante que la persona humana conduce a actitudes neopaganas o a un nuevo panteísmo: la salvación del hombre no puede venir únicamente de la naturaleza, entendida en el sentido puramente naturalista

El tema del desarrollo está también muy unido hoy a los deberes que nacen de la relación del hombre con el ambiente natural. Éste es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad. Cuando se considera la naturaleza, y en primer lugar al ser humano, fruto del azar o del determinismo evolutivo, disminuye el sentido de la responsabilidad en las conciencias. El creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades —materiales e inmateriales— respetando el equilibrio inherente a la creación misma. Si se desvanece esta visión, se acaba por considerar la naturaleza como un tabú intocable o, al contrario, por abusar de ella. Ambas posturas no son conformes con la visión cristiana de la naturaleza, fruto de la creación de Dios. La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador (cf. Rom 1, 20) y de su amor a la humanidad. Está destinada a encontrar la “plenitud” en Cristo al final de los tiempos (cf. Ef 1,9-10; Col 1,19-20). También ella, por tanto, es una “vocación”. La naturaleza está a nuestra disposición no como un “montón de desechos esparcidos al azar”, sino como un don del Creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se deben seguir para “guardarla y cultivarla” (cf. Gen 2, 15). Pero se ha de subrayar que es contrario al verdadero desarrollo considerar la naturaleza como más importante que la persona humana misma. Esta postura conduce a actitudes neopaganas o de nuevo panteísmo: la salvación del hombre no puede venir únicamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. Por otra parte, también es necesario refutar la posición contraria, que mira a su completa tecnificación, porque el ambiente natural no es sólo materia disponible a nuestro gusto, sino obra admirable del Creador y que lleva en sí una “gramática” que indica finalidad y criterios para un uso inteligente, no instrumental y arbitrario. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 48, 29 de junio de 2009)

  • Una ecología dicha integral abre el paso a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos. El hombre no puede abusar de la naturaleza, pero no puede abdicar de su papel de administrador y guardián de ella

Así, pues, hay una cierta forma de reciprocidad: al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros. Por otro lado, una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma. El Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la “dignidad” de todos los seres vivientes. Se abre así paso a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos, que hace derivar la salvación del hombre exclusivamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. La Iglesia invita en cambio a plantear la cuestión de manera equilibrada, respetando la “gramática” que el Creador ha inscrito en su obra, confiando al hombre el papel de guardián y administrador responsable de la creación, papel del que ciertamente no debe abusar, pero del cual tampoco puede abdicar. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLIII Jornada Mundial de la Paz, n. 13, 1 de enero de 2010)

  • El auténtico desarrollo debe abarcar el progreso material y espiritual, como supieron hacer los santos, porque el hombre es “uno en cuerpo y alma”, nacido del amor creador de Dios y destinado a vivir eternamente

Uno de los aspectos del actual espíritu tecnicista se puede apreciar en la propensión a considerar los problemas y los fenómenos que tienen que ver con la vida interior sólo desde un punto de vista psicológico, e incluso meramente neurológico. De esta manera, la interioridad del hombre se vacía y el ser conscientes de la consistencia ontológica del alma humana, con las profundidades que los santos han sabido sondear, se pierde progresivamente. El problema del desarrollo está estrechamente relacionado con el concepto que tengamos del alma del hombre, ya que nuestro yo se ve reducido muchas veces a la psique, y la salud del alma se confunde con el bienestar emotivo. Estas reducciones tienen su origen en una profunda incomprensión de lo que es la vida espiritual y llevan a ignorar que el desarrollo del hombre y de los pueblos depende también de las soluciones que se dan a los problemas de carácter espiritual. El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual, porque el hombre es “uno en cuerpo y alma”, nacido del amor creador de Dios y destinado a vivir eternamente. El ser humano se desarrolla cuando crece espiritualmente, cuando su alma se conoce a sí misma y la verdad que Dios ha impreso germinalmente en ella, cuando dialoga consigo mismo y con su Creador. Lejos de Dios, el hombre está inquieto y se hace frágil. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 76, 29 de junio de 2009)

  • El hombre interpreta y modela el ambiente natural mediante la cultura, la cual debe ser orientada a su vez por la libertad responsable, atenta a los dictámenes de la ley moral

Hoy, muchos perjuicios al desarrollo provienen en realidad de estas maneras de pensar distorsionadas. Reducir completamente la naturaleza a un conjunto de simples datos fácticos acaba siendo fuente de violencia para con el ambiente, provocando además conductas que no respetan la naturaleza del hombre mismo. Ésta, en cuanto se compone no sólo de materia, sino también de espíritu, y por tanto rica de significados y fines trascendentes, tiene un carácter normativo incluso para la cultura. El hombre interpreta y modela el ambiente natural mediante la cultura, la cual es orientada a su vez por la libertad responsable, atenta a los dictámenes de la ley moral. Por tanto, los proyectos para un desarrollo humano integral no pueden ignorar a las generaciones sucesivas, sino que han de caracterizarse por la solidaridad y la justicia intergeneracional, teniendo en cuenta múltiples aspectos, como el ecológico, el jurídico, el económico, el político y el cultural. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 48, 29 de junio de 2009)

  • El sistema ecológico se apoya no sólo en la buena relación con la naturaleza, sino también en la sana convivencia social, que exige un comportamiento moral. Fragmentos de Caritas in veritate omitidos en las citaciones de Laudato Si’

La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. […] Así como las virtudes humanas están interrelacionadas, de modo que el debilitamiento de una pone en peligro también a las otras, así también el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 51, 29 de junio de 2009)

  • Si falla la relación de la criatura humana con el Creador, la materia queda reducida a posesión egoísta, el hombre se convierte en la “última instancia”

La tierra es un don precioso del Creador, que ha diseñado su orden intrínseco, dándonos así las señales orientadoras a las que debemos atenernos como administradores de su creación. Precisamente a partir de esta conciencia, la Iglesia considera las cuestiones vinculadas al ambiente y a su salvaguardia como íntimamente relacionadas con el tema del desarrollo humano integral. A estas cuestiones me he referido varias veces en mi última encíclica, “Caritas in veritate”, recordando la “la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad” (n. 49) no sólo en las relaciones entre los países, sino también entre las personas, pues Dios ha dado a todos el ambiente natural, y su uso implica una responsabilidad personal con respecto a toda la humanidad, y de modo especial con respecto a los pobres y las generaciones futuras (cf. n. 48). Sintiendo la común responsabilidad por la creación (cf. n. 51), la Iglesia no sólo está comprometida en la promoción de la defensa de la tierra, del agua y del aire, dados por el Creador a todos; sobre todo se empeña por proteger al hombre de la destrucción de sí mismo. De hecho, “cuando se respeta la ‘ecología humana’ en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia” (ib.). ¿No es verdad que la utilización desconsiderada de la creación comienza donde Dios es marginado o incluso se niega su existencia? Si falla la relación de la criatura humana con el Creador, la materia queda reducida a posesión egoísta, el hombre se convierte en la “última instancia”, y el objetivo de la existencia se reduce a una carrera afanosa para poseer lo más posible. (Benedicto XVI. Audiencia general, 26 de agosto de 2009)

  • Es preciso salvaguardar el patrimonio de valores de la sociedad, el cual tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural, que fundamenta el respeto de la persona humana y de la creación

La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que “cuando se respeta la ‘ecología humana’ en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia”. No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social. Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás. Por eso, aliento de buen grado la educación de una responsabilidad ecológica que, como he dicho en la Encíclica “Caritas in veritate”, salvaguarde una auténtica “ecología humana” y, por tanto, afirme con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, y en cualquier condición en que se encuentre, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia, en la cual se educa en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza. Es preciso salvaguardar el patrimonio humano de la sociedad. Este patrimonio de valores tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural, que fundamenta el respeto de la persona humana y de la creación. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLIII Jornada Mundial de la Paz, n. 12, 1 de enero de 2010)

  • Para salvar la ecología es preciso, como condición, salvar nuestra capa espiritual de ozono y, en especial, salvar nuestras selvas húmedas espirituales: una verdadera conversión en el sentido de la fe

Hemos reconocido el problema de la destrucción del medio ambiente. Pero el hecho de que para salvar la ecología es preciso, como condición, salvar nuestra capa espiritual de ozono y, en especial, salvar nuestras selvas húmedas espirituales, es algo que parece penetrar sólo muy lentamente en nuestra conciencia. ¿No deberíamos habernos preguntado hace mucho tiempo qué pasa con la polución del pensamiento, con la contaminación de nuestras almas? Muchas de las cosas que admitimos en esta cultura de los medios y del comercio corresponden en el fondo a una carga tóxica que, casi forzosamente, tiene que llevar a una contaminación espiritual. El hecho de que hay una contaminación del pensamiento que nos conduce ya anticipadamente a perspectivas erróneas no puede ignorarse. Liberarnos nuevamente de ello por medio de una verdadera conversión ―por utilizar esa palabra fundamental de la fe cristiana― es uno de los desafíos cuya evidencia se ha hecho ya visible a nivel general. En nuestro mundo, tan científico y moderno en su orientación, conceptos semejantes no tenían ya significación alguna. Una conversión en el sentido de la fe en una voluntad de Dios que nos indica un camino se consideraba pasada de moda y superada. Creo que, sin embargo, lentamente se va advirtiendo que algo hay de cierto cuando decimos que debemos reflexionar para adoptar una actitud nueva. (Benedicto XVI. Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos. Una conversación con Peter Seewald. Editorial Herder, p. 26-27)

  • No basta la buena voluntad… Sin Dios el hombre no sabe adónde ir ni tampoco logra entender quién es. La fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es dejarse guiar por la verdad de Jesucristo: “Sin mí no podéis hacer nada”

Sin Dios el hombre no sabe adónde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Y nos anima: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo” (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia. Pablo VI nos ha recordado en la “Populorum progressio” que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. Sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero. Por tanto, la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano, que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil —en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos—, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades políticas y los agentes económicos, sea siempre menos de lo que anhelamos. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in veritate, n. 78, 29 de junio de 2009)

  • Sólo hay respeto por la naturaleza si hay respeto por la convivencia humana. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres: una y otra presuponen la paz con Dios

Respondiendo a este don que el Creador le ha confiado, el hombre, junto con sus semejantes, puede dar vida a un mundo de paz. Así, pues, además de la ecología de la naturaleza hay una ecología que podemos llamar “humana”, y que a su vez requiere una “ecología social”. Esto comporta que la humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres. Una y otra presuponen la paz con Dios. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XL Jornada Mundial de la Paz, n. 8, 1 de enero de 2007)

  • Sin el fundamento trascendente de la familia fundada en los valores morales ―que se identifican con los valores cristianos―, la sociedad es sólo una agrupación de ciudadanos, y no una comunidad de hermanos y hermanas

La comunidad social, para vivir en paz, está llamada a inspirarse también en los valores sobre los que se rige la comunidad familiar. Esto es válido tanto para las comunidades locales como nacionales; más aún, es válido para la comunidad misma de los pueblos, para la familia humana, que vive en esa casa común que es la tierra. Sin embargo, en esta perspectiva no se ha de olvidar que la familia nace del “sí” responsable y definitivo de un hombre y de una mujer, y vive del “sí” consciente de los hijos que poco a poco van formando parte de ella. Para prosperar, la comunidad familiar necesita el consenso generoso de todos sus miembros. Es preciso que esta toma de conciencia llegue a ser también una convicción compartida por cuantos están llamados a formar la común familia humana. Hay que saber decir el propio “sí” a esta vocación que Dios ha inscrito en nuestra misma naturaleza. No vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas. Por eso es esencial que cada uno se esfuerce en vivir la propia vida con una actitud responsable ante Dios, reconociendo en Él la fuente de la propia existencia y la de los demás. Sobre la base de este principio supremo se puede percibir el valor incondicionado de todo ser humano y, así, poner las premisas para la construcción de una humanidad pacificada. Sin este fundamento trascendente, la sociedad es sólo una agrupación de ciudadanos, y no una comunidad de hermanos y hermanas, llamados a formar una gran familia. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLI Jornada Mundial de la Paz, n. 6, 1 de enero de 2008)

… juzga la idea sobre la evangelización de América que tiene Francisco

  • La esperanza de Latinoamérica está en su fe, no en una ideología política

Este es el rico tesoro del continente latinoamericano; este es su patrimonio más valioso: la fe en Dios Amor, que reveló su rostro en Jesucristo. Vosotros creéis en el Dios Amor: esta es vuestra fuerza, que vence al mundo, la alegría que nada ni nadie os podrá arrebatar, la paz que Cristo conquistó para vosotros con su cruz. Esta es la fe que hizo de Latinoamérica el “continente de la esperanza”. No es una ideología política, ni un movimiento social, como tampoco un sistema económico; es la fe en Dios Amor, encarnado, muerto y resucitado en Jesucristo, el auténtico fundamento de esta esperanza que produjo frutos tan magníficos desde la primera evangelización hasta hoy. (Benedicto XVI. Homilía en la Misa inaugural de la V Conferencia del Episcopado latinoamericana en Aparecida, 13 de mayo de 2007)

… juzga la idea de una “Iglesia horizontal” que tiene Francisco

  • La Iglesia no es lugar de anarquía, sino un organismo con estructura cuyo origen remonta a Dios mismo

En efecto, la Iglesia no es un lugar de confusión y anarquía, donde uno puede hacer lo que quiera en cada momento: en este organismo, con una estructura articulada, cada uno ejerce su ministerio según la vocación recibida. […] Las normas que la regulan derivan, en última instancia, de Dios mismo. El Padre envió a Jesucristo, quien a su vez mandó a los Apóstoles. Estos, luego, mandaron a los primeros jefes de las comunidades y establecieron que a ellos les sucedieran otros hombres dignos. Por tanto, todo procede “ordenadamente por voluntad de Dios” (San Clemente Romano. Carta a los corintios, n. 42). (Benedicto XVI. Audiencia general, 7 de marzo de 2007)

… juzga la idea sobre ofrecer rosarios que tiene Francisco

  • Dios tiene sed de nuestra piedad

San Gregorio [de Nisa] nos enseña, ante todo, la importancia y la necesidad de la oración. Afirma que “es necesario acordarse de Dios con más frecuencia de la que se respira” (Oratio 27, 4: PG 250, 78), porque la oración es el encuentro de la sed de Dios con nuestra sed. Dios tiene sed de que tengamos sed de él. En la oración debemos dirigir nuestro corazón a Dios para entregarnos a él como ofrenda que ha de ser purificada y transformada. En la oración lo vemos todo a la luz de Cristo, nos quitamos nuestras máscaras y nos sumergimos en la verdad y en la escucha de Dios, alimentando el fuego del amor. (Benedicto XVI. Audiencia general, 22 de agosto de 2007)

  • La facilidad de hacer meditación al repetir el Ave María

En nuestro tiempo estamos absorbidos por numerosas actividades y compromisos, preocupaciones y problemas; a menudo se tiende a llenar todos los espacios del día, sin tener un momento para detenerse a reflexionar y alimentar la vida espiritual, el contacto con Dios. […] es necesario encontrar en nuestras jornadas, con todas las actividades, momentos para recogernos en silencio y meditar sobre lo que el Señor nos quiere enseñar. […] Así pues, meditar quiere decir crear en nosotros una actitud de recogimiento, de silencio interior, para reflexionar, asimilar los misterios de nuestra fe y lo que Dios obra en nosotros; y no sólo las cosas que van y vienen. Podemos hacer esta “rumia” [meditación] de varias maneras, por ejemplo tomando un breve pasaje de la Sagrada Escritura, sobre todo los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Cartas de los apóstoles, […] También el santo rosario es una oración de meditación: repitiendo el Ave María se nos invita a volver a pensar y reflexionar sobre el misterio que hemos proclamado. (Benedicto XVI. Audiencia general, 17 de agosto de 2011)

  • El rosario no acumula palabras, sino que alimenta el silencio interior

El rosario es escuela de contemplación y de silencio. A primera vista podría parecer una oración que acumula palabras, y por tanto difícilmente conciliable con el silencio que se recomienda oportunamente para la meditación y la contemplación. En realidad, esta cadenciosa repetición del Ave María no turba el silencio interior, sino que lo requiere y lo alimenta. (Benedicto XVI. Meditación del Santo Padre en el Pontificio Santuario de Pompeya, 19 de octubre de 2008)

… juzga la idea de la fe como revolución que tiene Francisco

  • Los cristianos deben profundizar su fe y vivir en coherencia con ella

Para el futuro de la Iglesia en Latinoamérica y el Caribe es importante que los cristianos profundicen y asuman el estilo de vida propio de los discípulos de Jesús: sencillo y alegre, con una fe sólida arraigada en lo más íntimo de su corazón y alimentada por la oración y los sacramentos. En efecto, la fe cristiana se nutre sobre todo de la celebración dominical de la Eucaristía, en la cual se realiza un encuentro comunitario, único y especial con Cristo, con su vida y su palabra. […] De modo especial, los frecuentes fenómenos de explotación e injusticia, de corrupción y violencia, son una llamada apremiante para que los cristianos vivan con coherencia su fe y se esfuercen por recibir una sólida formación doctrinal y espiritual, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más justa, más humana y cristiana. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, 20 de enero de 2007)

… juga la idea de igualdad como fuente de justicia y felicidad que tiene Francisco

  • Es erróneo reprochar la caridad en nombre de la “justicia”

Desde el siglo XIX se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada después con insistencia sobre todo por el pensamiento marxista. Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Las obras de caridad —la limosna— serían en realidad un modo para que los ricos eludan la instauración de la justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posición social y despojando a los pobres de sus derechos. En vez de contribuir con obras aisladas de caridad a mantener las condiciones existentes, haría falta crear un orden justo, en el que todos reciban su parte de los bienes del mundo y, por lo tanto, no necesiten ya las obras de caridad. Se debe reconocer que en esta argumentación hay algo de verdad, pero también bastantes errores. Es cierto que una norma fundamental del Estado debe ser perseguir la justicia y que el objetivo de un orden social justo es garantizar a cada uno, respetando el principio de subsidiaridad, su parte de los bienes comunes. Eso es lo que ha subrayado también la doctrina cristiana sobre el Estado y la doctrina social de la Iglesia. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 26, 25 de diciembre de 2005)

  • La socialización de producción dejó una destrucción desoladora en la sociedad

[Marx] suponía simplemente que, con la expropiación de la clase dominante, con la caída del poder político y con la socialización de los medios de producción, se establecería la Nueva Jerusalén. [Solucionaría las terribles situaciones de trabajo] En efecto, entonces se anularían todas las contradicciones, por fin el hombre y el mundo habrían visto claramente en sí mismos. Entonces todo podría proceder por sí mismo por el recto camino, porque todo pertenecería a todos y todos querrían lo mejor unos para otros. […] Había hablado ciertamente de la fase intermedia de la dictadura del proletariado como de una necesidad que, sin embargo, en un segundo momento se habría demostrado caduca por sí misma. Esta “fase intermedia” la conocemos muy bien y también sabemos cuál ha sido su desarrollo posterior: en lugar de alumbrar un mundo sano, ha dejado tras de sí una destrucción desoladora. El error de Marx no consiste sólo en no haber ideado los ordenamientos necesarios para el nuevo mundo; […] Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables. (Benedicto XVI. Encíclica Spe salvi, n. 21, 30 de noviembre de 2007)

… juzga la idea de Comunismo que tiene Francisco

  • Las heridas del comunismo aún no han cicatrizado

Venerados hermanos, el Señor os ha elegido para trabajar en su viña en una sociedad que salió hace pocos años del triste invierno de la persecución. Aún no han cicatrizado del todo las heridas que el comunismo produjo en vuestras poblaciones, y está creciendo la influencia de un secularismo que exalta los espejismos del consumismo y considera al hombre como la medida de sí mismo. (Benedicto XVI. Discurso a los Obispos de Letonia, Lituania y Estonia en visita “ad limina Apostolorum”, 23 de junio de 2006)

  • Un régimen cruel pero que no pudo doblegar a la Iglesia

El Beato Alojzije Stepinac ha respondido con su sacerdocio, con el episcopado, con el sacrificio de su vida: un único “sí” unido al de Cristo. Su martirio indica el culmen de las violencias cometidas contra la Iglesia durante el terrible período de la persecución comunista. Los católicos croatas, y el clero en particular, fueron objeto de vejaciones y abusos sistemáticos, que pretendían destruir la Iglesia católica, comenzando por su más alta Autoridad local. Aquel tiempo especialmente duro se caracterizó por una generación de obispos, sacerdotes y religiosos dispuestos a morir por no traicionar a Cristo, a la Iglesia y al Papa. La gente ha visto que los sacerdotes nunca han perdido la fe, la esperanza, la caridad, y así han permanecido siempre unidos. Esta unidad explica lo que humanamente es incomprensible: que un régimen tan duro no haya podido doblegar a la Iglesia. (Benedicto XVI. Celebración de las Vísperas con los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, y oración ante la tumba del Beato Alojzije Viktor Stepinac, 5 de junio de 2011)

… juzga la idea de normas de la Iglesia que tiene Francisco

  • El Código contiene normas para el bien de la persona y de las comunidades en todo el Cuerpo Místico

El congreso, que se celebra en este significativo aniversario, afronta un tema de gran interés, porque pone de relieve la íntima relación que existe entre la ley canónica y la vida de la Iglesia de acuerdo con la voluntad de Jesucristo. Por eso, en esta ocasión deseo reafirmar un concepto fundamental que informa el derecho canónico. El ius Ecclesiae no es sólo un conjunto de normas emanadas por el Legislador eclesial para este pueblo especial que es la Iglesia de Cristo. Es, en primer lugar, la declaración autorizada, por parte del Legislador eclesial, de los deberes y de los derechos, que se fundan en los sacramentos y que, por consiguiente, han nacido de la institución de Cristo mismo. Este conjunto de realidades jurídicas, indicado por el Código, forma un admirable mosaico en el que se encuentran representados los rostros de todos los fieles, laicos y pastores, y de todas las comunidades, desde la Iglesia universal hasta las Iglesias particulares. […] El Código de derecho canónico contiene, además, las normas emanadas por el Legislador eclesial para el bien de la persona y de las comunidades en todo el Cuerpo místico, que es la santa Iglesia. […] De ese modo, la Iglesia reconoce a sus leyes la naturaleza y la función instrumental y pastoral para perseguir su propio fin, que, como es sabido, es conseguir la salus animarum. […] (Benedicto XVI. Discurso a un Congreso con ocasión del 25º aniversario de la promulgación del Código de Derecho Canónico, 25 de enero de 2008)

  • La ley de la Iglesia nos hace libres

Dado que el derecho canónico traza la regla necesaria para que el pueblo de Dios pueda dirigirse eficazmente hacia su fin, se comprende la importancia de que ese derecho deba ser amado y observado por todos los fieles. La ley de la Iglesia es, ante todo, lex libertatis: ley que nos hace libres para adherirnos a Jesús. Por eso, es necesario saber presentar al pueblo de Dios, a las nuevas generaciones, y a todos los que están llamados a hacer respetar la ley canónica, el vínculo concreto que tiene con la vida de la Iglesia, para tutelar los delicados intereses de las cosas de Dios, y para proteger los derechos de los más débiles, de los que no cuentan con otras fuerzas, pero también en defensa de los delicados “bienes” que todos los fieles han recibido gratuitamente —ante todo el don de la fe, de la gracia de Dios— y que en la Iglesia no pueden quedar sin la adecuada protección por parte del Derecho. (Benedicto XVI. Discurso a un Congreso con ocasión del 25º aniversario de la promulgación del Código de Derecho Canónico, 25 de enero de 2008)

… juzga la idea de que el clamor del pueblo expresa la voluntad de Dios que tiene Francisco

  • La voz del Señor resuena en la predicación de los Apóstoles y de sus sucesores

¿Cómo podemos escuchar la voz del Señor y reconocerlo? En la predicación de los Apóstoles y de sus sucesores: en ella resuena la voz de Cristo, que llama a la comunión con Dios y a la plenitud de vida, como leemos hoy en el Evangelio de San Juan: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (Jn 10, 27-28). Sólo el buen Pastor custodia con inmensa ternura a su grey y la defiende del mal, y sólo en Él los fieles pueden poner absoluta confianza. (Benedicto XVI. Regina Caeli en la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, 25 de abril de 2010)

  • El predicador debe anunciar la voluntad de Dios en su totalidad, incluso cuándo es incómoda

Esto es importante: el Apóstol no predica un cristianismo “a la carta”, según sus gustos; no predica un Evangelio según sus ideas teológicas preferidas; no se sustrae al compromiso de anunciar toda la voluntad de Dios, también la voluntad incómoda, incluidos los temas que personalmente no le agradan tanto. Nuestra misión es anunciar toda la voluntad de Dios, en su totalidad y sencillez última. Pero es importante el hecho de que debemos predicar y enseñar —como dice San Pablo—, y proponer realmente toda la voluntad de Dios. […] Así pues, deberíamos dar a conocer y comprender —en la medida de lo posible— el contenido del Credo de la Iglesia, desde la creación hasta la vuelta del Señor, hasta el mundo nuevo. La doctrina, la liturgia, la moral y la oración —las cuatro partes del Catecismo de la Iglesia católicaindican esta totalidad de la voluntad de Dios. (Benedicto XVI. Lectio Divina en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

  • Dios habla con los hombres a través de una estructura de misiones que comienza con Jesús, pasa por los Apóstoles y prosigue en el ministerio eclesiástico

Y, por último, el anuncio: el que anuncia no habla en nombre propio, sino que es enviado. Está dentro de una estructura de misión que comienza con Jesús, enviado por el Padre; pasa por los Apóstoles —la palabra apóstoles significa precisamente “enviados”—; y prosigue en el ministerio, en las misiones transmitidas por los Apóstoles. El nuevo entramado de la historia se manifiesta en esta estructura de las misiones, en la que en definitiva escuchamos que nos habla Dios mismo, su Palabra personal; el Hijo habla con nosotros, llega hasta nosotros. (Benedicto XVI. Audiencia general, 10 de diciembre de 2008)

  • La sabiduría de Dios a menudo se presenta como escándalo a los ojos del mundo

Es una consideración que todo cristiano debe hacer y aplicarse a sí mismo: sólo quien se pone primero a la escucha de la Palabra, puede convertirse después en su heraldo. En efecto, el cristiano no debe enseñar su propia sabiduría, sino la sabiduría de Dios, que a menudo se presenta como escándalo a los ojos del mundo (cf. 1 Co 1, 23). (Benedicto XVI. Discurso al congreso internacional en el XL aniversario de la Constitución Dei Verbum, 16 de septiembre de 2005)


… juzga la idea de que podemos enorgullecernos de nuestros pecados que tiene Francisco

  • oda dificultad se puede superar abriéndose con confianza a la acción del Señor

¿De qué debilidades habla el Apóstol? […] su actitud da a entender que toda dificultad en el seguimiento de Cristo y en el testimonio de su Evangelio se puede superar abriéndose con confianza a la acción del Señor. San Pablo es muy consciente de que es un “siervo inútil” (Lc 17, 10) —no es él quien ha hecho las maravillas, sino el Señor—, una “vasija de barro” (2 Co 4, 7), en donde Dios pone la riqueza y el poder de su gracia. (Benedicto XVI. Audiencia general, 13 de junio de 2012)

  • En el momento en que se experimenta la propia debilidad, se manifiesta el poder de Dios

En este momento de intensa oración contemplativa, San Pablo comprende con claridad cómo afrontar y vivir cada acontecimiento, sobre todo el sufrimiento, la dificultad, la persecución: en el momento en que se experimenta la propia debilidad, se manifiesta el poder de Dios, que no nos abandona, no nos deja solos, sino que se transforma en apoyo y fuerza. (Benedicto XVI. Audiencia general, 13 de junio de 2012)

  • No es el poder de nuestras capacidades el que realiza el reino de Dios

El Señor no nos libra de los males, pero nos ayuda a madurar en los sufrimientos, en las dificultades, en las persecuciones. […] Por tanto, en la medida en que crece nuestra unión con el Señor y se intensifica nuestra oración, también nosotros vamos a lo esencial y comprendemos que no es el poder de nuestros medios, de nuestras virtudes, de nuestras capacidades, el que realiza el reino de Dios, sino que es Dios quien obra maravillas precisamente a través de nuestra debilidad, de nuestra inadecuación al encargo. Por eso, debemos tener la humildad de no confiar simplemente en nosotros mismos, sino de trabajar en la viña del Señor, con su ayuda, abandonándonos a él como frágiles “vasijas de barro”. (Benedicto XVI. Audiencia general, 13 de junio de 2012)

  • El pecado destruye la relación del hombre con Dios

El pecado consiste en enturbiar o destruir la relación con Dios, esta es su esencia: destruir la relación con Dios, la relación fundamental, situarse en el lugar de Dios. (Benedicto XVI. Audiencia general, 6 de febrero de 2013)

  • Aquellos que se apartaron de Dios por el pecado se hacen desemejantes a Él y sólo son reformados por la confesión

¿De quiénes se encuentra lejos lo que está en todas las partes? ¿Por qué pensáis esto si no es porque yacen en su desemejanza por haber destruido en sí la imagen de Dios? Se apartaron al hacerse desemejantes; vuelvan reformados. “¿Cómo —dicen— y cuándo seremos reformados?” Comenzad a alabar a Dios con la confesión. Después de la confesión, ¿qué más ha de hacerse? Sigan las buenas obras. (San Agustín. Comentario al Salmo 146, 14)

… juzga la idea de que el Papa no debe juzgar que tiene Francisco

  • El Papa tiene suprema responsabilidad sobre los cristianos

La invitación a pronunciar este discurso se me ha hecho en cuanto Papa, en cuanto Obispo de Roma, que tiene la suprema responsabilidad sobre los cristianos católicos. De este modo, ustedes reconocen el papel que le corresponde a la Santa Sede como miembro dentro de la Comunidad de los Pueblos y de los Estados. Desde mi responsabilidad internacional, quisiera proponerles algunas consideraciones sobre los fundamentos del estado liberal de derecho. (Benedicto XVI. Discurso en el Parlamento Federal Alemán en Bundestag, 22 de septiembre de 2011)

  • La fe y la ética cristiana no pretenden ahogar el amor, sino hacerlo sano

La fe y la ética cristiana no pretenden ahogar el amor, sino hacerlo sano, fuerte y realmente libre: precisamente este es el sentido de los diez mandamientos, que no son una serie de “no”, sino un gran “sí” al amor y a la vida. En efecto, el amor humano necesita ser purificado, madurar y también ir más allá de sí mismo, para poder llegar a ser plenamente humano, para ser principio de una alegría verdadera y duradera; por consiguiente, para responder al anhelo de eternidad que lleva en su interior y al que no puede renunciar sin traicionarse a sí mismo. Este es el motivo fundamental por el cual el amor entre el hombre y la mujer sólo se realiza plenamente en el matrimonio. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma, 5 de junio de 2006)

  • Hay un fundamento biológico de la diferencia de los sexos

Las criaturas son diferentes unas de otras y, como nos muestra la experiencia cotidiana, se pueden proteger o, por el contrario, poner en peligro de muchas maneras. Uno de estos ataques proviene de leyes o proyectos que, en nombre de la lucha contra la discriminación, atentan contra el fundamento biológico de la diferencia entre los sexos. Me refiero, por ejemplo, a países europeos o del continente americano. Como dice San Columbano, “si eliminas la libertad, eliminas la dignidad” (Epist. 4 ad Attela, en S. Columbani Opera, Dublín, 1957, p. 34). Pero la libertad no puede ser absoluta, ya que el hombre no es Dios, sino imagen de Dios, su criatura. Para el hombre, el rumbo a seguir no puede ser fijado por la arbitrariedad o el deseo, sino que debe más bien consistir en la correspondencia con la estructura querida por el Creador. (Benedicto XVI. Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede durante el intercambio de felicitaciones de Año Nuevo, 11 de enero de 2010)

  • Hoy existe una falaz revolución antropológica con una nueva filosofía de la sexualidad

Si hasta ahora habíamos visto como causa de la crisis de la familia un malentendido de la esencia de la libertad humana, ahora se ve claro que aquí está en juego la visión del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres. Cita una afirmación que se ha hecho famosa de Simone de Beauvoir: “Mujer no se nace, se hace” (“On ne naît pas femme, on le devient”). En estas palabras se expresa la base de lo que hoy se presenta bajo el lema “gender” como una nueva filosofía de la sexualidad. Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía. La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear. Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Precisamente esta dualidad como dato originario es lo que se impugna. Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: “Hombre y mujer los creó” (Gn 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto. Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza. Ahora él es sólo espíritu y voluntad. La manipulación de la naturaleza, que hoy deploramos por lo que se refiere al medio ambiente, se convierte aquí en la opción de fondo del hombre respecto a sí mismo. En la actualidad, existe sólo el hombre en abstracto, que después elije para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya. Se niega a hombres y mujeres su exigencia creacional de ser formas de la persona humana que se integran mutuamente. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones de Navidad, 21 de diciembre de 2012)

  • Negar la unión natural entre hombre y mujer es una herida grave infligida a la justicia y a la paz

La estructura natural del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión de un hombre y una mujer, frente a los intentos de equipararla desde un punto de vista jurídico con formas radicalmente distintas de unión que, en realidad, dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel insustituible en la sociedad. Estos principios no son verdades de fe, ni una mera derivación del derecho a la libertad religiosa. Están inscritos en la misma naturaleza humana, se pueden conocer por la razón, y por tanto son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia al promoverlos no tiene un carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa. Esta acción se hace tanto más necesaria cuanto más se niegan o no se comprenden estos principios, lo que es una ofensa a la verdad de la persona humana, una herida grave infligida a la justicia y a la paz. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz, n. 4, 8 de diciembre de 2012)

  • El hombre no puede negar su propia naturaleza

La insidia más temible de esta corriente de pensamiento es de hecho la absolutización del hombre: el hombre quiere ser ab-solutus, libre de todo vínculo y de toda constitución natural. Pretende ser independiente y piensa que sólo en la afirmación de sí está su felicidad. “El hombre niega su propia naturaleza… Existe sólo el hombre en abstracto, que después elige para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya”. Se trata de una negación radical de la creaturalidad y la filialidad del hombre, que acaba en una soledad dramática.(Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la plenaria del Consejo Pontificio “Cor Unum”, 19 de enero de 2013)

… juzga la idea de armonía entre bien y mal que tiene Francisco

  • Perseverar en las enseñanzas de los Apóstoles para lograr la unidad

Según los Hechos, la unidad de los creyentes se reconocía porque “perseveraban en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (2,42). La unidad de los creyentes se alimenta, pues, de la enseñanza de los Apóstoles (el anuncio de la Palabra de Dios) a la que ellos responden con una fe unánime, de la comunión fraterna (el servicio de la caridad), de la fracción del pan (la Eucaristía y el conjunto de los sacramentos) y de la oración personal y comunitaria. Estos son los cuatro pilares sobre los que se fundan la comunión y el testimonio en el seno de la primera comunidad de los creyentes. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Ecclesia in Medio Oriente, n. 5, 14 de septiembre de 2012)

  • La profesión integral de la fe es vínculo de unidad

Es el Espíritu Santo, principio de unidad, quien constituye a la Iglesia como comunión. Él es el principio de la unidad de los fieles en la enseñanza de los Apóstoles, en la fracción del pan y en la oración. […] La comunión de los bautizados en la enseñanza de los Apóstoles y en la fracción del pan eucarístico se manifiesta visiblemente en los vínculos de la profesión de la integridad de la fe, de la celebración de todos los sacramentos instituidos por Cristo y del gobierno del Colegio de los obispos unidos a su cabeza, el Romano Pontífice. (Benedicto XVI. Constitución apostólica Anglicanorum coetibus, 4 de noviembre de 2009)

  • La Iglesia: lugar de unidad en la verdad

Jesús afirma: “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Jn 16, 13). Aquí Jesús, hablando del Espíritu Santo, nos explica qué es la Iglesia y cómo debe vivir para ser lo que debe ser, para ser el lugar de la unidad y de la comunión en la Verdad […] Queridos amigos, debemos vivir según el Espíritu de unidad y de verdad, y por esto debemos pedir al Espíritu que nos ilumine y nos guíe a vencer la fascinación de seguir nuestras verdades, y a acoger la verdad de Cristo transmitida en la Iglesia. (Benedicto XVI. Homilía en la solemnidad de Pentecostés, 27 de mayo de 2012)

… juzga la idea de pecado y misericordia que tiene Francisco

  • La misericordia de Jesús no quita la gravedad del pecado

Jesucristo, encarnación de Dios, demostró esta inmensa misericordia, que no quita nada a la gravedad del pecado, sino que busca siempre salvar al pecador, ofrecerle la posibilidad de rescatarse, de volver a comenzar, de convertirse. (Benedicto XVI. Ángelus, 31 de octubre de 2010)

  • El perdón del Señor impulsa a reconocer la gravedad del pecado

El penitente, experimentando la ternura y el perdón del Señor, es más fácilmente impulsado a reconocer la gravedad del pecado, y más decidido a evitarlo, para permanecer y crecer en la amistad reanudada con él. (Benedicto XVI. Discurso a los penitenciarios de las cuatro basílicas papales, 19 de febrero de 2007)

… juzga la idea de males de nuestro tiempo que tiene Francisco

  • La dictadura del relativismo: el mal de nuestro tiempo

¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos. (Cardenal Joseph Ratzinger. Misa Pro Eligendo Pontifice. Homilía del Cardenal Joseph Ratzinger Decano del Colegio Cardenalicio, 18 de abril de 2005)

  • Una solución adecuada a los problemas reclama la proclamación de la verdad

La doctrina social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida. Es “caritas in veritate in re social”, anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Dicha doctrina es servicio de la caridad, pero en la verdad. La verdad preserva y expresa la fuerza liberadora de la caridad en los acontecimientos siempre nuevos de la historia. Es al mismo tiempo verdad de la fe y de la razón, en la distinción y la sinergia a la vez de los dos ámbitos cognitivos. El desarrollo, el bienestar social, una solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que afligen a la humanidad, necesitan esta verdad.Y necesitan aún más que se estime y dé testimonio de esta verdad. Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales. (Benedicto XVI. Caritas in Veritate, n. 5, 29 de junio de 2009) 

  • La crisis actual obliga la Iglesia a encontrar nuevos medios para anunciar el camino de salvación

Entre estas, quiero mencionar en primer lugar la necesidad de un estudio exhaustivo de la crisis de la modernidad. Durante los últimos siglos, la cultura europea ha estado condicionada fuertemente por la noción de modernidad. Sin embargo, la crisis actual tiene menos que ver con la insistencia de la modernidad en la centralidad del hombre y de sus preocupaciones, que con los problemas planteados por un “humanismo” que pretende construir un regnum hominis separado de su necesario fundamento ontológico. Una falsa dicotomía entre teísmo y humanismo auténtico, llevada al extremo de crear un conflicto irreconciliable entre la ley divina y la libertad humana, ha conducido a una situación en la que la humanidad, por todos sus progresos económicos y técnicos, se siente profundamente amenazada. […] Una tercera cuestión que es necesario investigar concierne a la naturaleza de la contribución que el cristianismo puede dar al humanismo del futuro.La cuestión del hombre, y por consiguiente de la modernidad, desafía a la Iglesia a idear medios eficaces para anunciar a la cultura contemporánea el “realismo” de su fe en la obra salvífica de Cristo. El cristianismo no debe ser relegado al mundo del mito y la emoción, sino que debe ser respetado por su deseo de iluminar la verdad sobre el hombre, de transformar espiritualmente a hombres y mujeres, permitiéndoles así realizar su vocación en la historia. (Benedicto XVI. Discurso a los Participantes en el Encuentro Europeo de Profesores Universitario, 23 de junio de 2007)

  • Los jóvenes desorientados necesitan el anuncio de la fe

En efecto, el corazón de la misión de la Iglesia es anunciar la fe en el Verbo que se ha hecho carne, y toda la comunidad eclesial debe descubrir con renovado ardor misionero esta tarea imprescindible. Las jóvenes generaciones, que acusan más la desorientación agravada además por la crisis actual, no solo económica sino también de valores, tienen necesidad sobre todo de reconocer a Jesucristo como “la clave, el centro y el fin de toda la historia humana” (Gaudium et spes, n. 10). (Benedicto XVI. Homilía, 31 de diciembre de 2011) 

  • Ante el olvido de las raíces espirituales más profundas abrámonos a la acción del Espíritu Santo

Constato con satisfacción que una de las iniciativas pastorales que consideráis más urgentes para la Iglesia en Ecuador es la realización de la “gran misión” […] El llamado que el Señor Jesús dirigió a sus discípulos, enviándoles a predicar su mensaje de salvacióny hacer discípulos suyos a todos los pueblos (cf. Mt 28, 16-20), debe ser para toda la comunidad eclesial un motivo constante de meditación y la razón de ser de toda acción pastoral. También hoy, como en todas las épocas y lugares, los hombres tienen necesidad de un encuentro personal con Cristo, en el que puedan experimentar la belleza de su vida y la verdad de su mensaje. Para hacer frente a los numerosos desafíos de vuestra misión, y en medio de un ambiente cultural y social que parece olvidar las raíces espirituales más profundas de su identidad, os invito a abriros con docilidad a la acción del Espíritu Santo, para que, impulsados por su fuerza divina, se renueve el ardor misionero de los inicios de la predicación evangélica, así como del primer anuncio del Evangelio en vuestras tierras. Para ello, resulta necesario llevar a cabo un generoso esfuerzo de difusión de la Palabra de Dios, de tal manera que nadie se quede sin este imprescindible alimento espiritual, fuente de vida y de luz. La lectura y meditación de la Sagrada Escritura, en privado o en comunidad, llevará a la intensificación de la vida cristiana, así como a un renovado impulso apostólico en todos los fieles. (Benedicto XVI. Discurso a los Obispos de Ecuador, en visita Ad Limina Apostolorum, n. 2, 16 de octubre de 2008) 

… juzga la idea de Primera Comunión que tiene Francisco

  • La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística

“Este es el Misterio de la fe”. Con esta expresión, pronunciada inmediatamente después de las palabras de la consagración, el sacerdote proclama el misterio celebrado y manifiesta su admiración ante la conversión sustancial del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor Jesús, una realidad que supera toda comprensión humana. En efecto, la Eucaristía es “misterio de la fe” por excelencia: “es el compendio y la suma de nuestra fe”. La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucaristía. […] Por eso, el Sacramento del altar está siempre en el centro de la vida eclesial; “gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo”. Cuanto más viva es la fe eucarística en el pueblo de Dios, tanto más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos. (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, n. 6, 22 de Febrero de 2007) 

  • Cristo viene al encuentro del hombre y se convierte en su alimento

En el sacramento del altar, el Señor viene al encuentro del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 27), acompañándole en su camino. En efecto, en este sacramento el Señor se hace comida para el hombre hambriento de verdad y libertad.Puesto que sólo la verdad nos hace auténticamente libres (cf. Jn 8, 36), Cristo se convierte para nosotros en alimento de la Verdad. (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, n. 2, 22 de febrero de 2007)

  • Sacramento que está en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión

La antigüedad cristiana designó con las mismas palabras Corpus Christi el Cuerpo nacido de la Virgen María, el Cuerpo eucarístico y el Cuerpo eclesial de Cristo. Este dato, muy presente en la tradición, ayuda a aumentar en nosotros la conciencia de que no se puede separar a Cristo de la Iglesia. El Señor Jesús, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio por nosotros, anunció eficazmente en su donación el misterio de la Iglesia. Es significativo que en la segunda plegaria eucarística, al invocar al Paráclito, se formule de este modo la oración por la unidad de la Iglesia: “que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo”. Este pasaje permite comprender bien que la res del Sacramento eucarístico incluye la unidad de los fieles en la comunión eclesial. La Eucaristía se muestra así en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión. (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, n. 15, 22 de Febrero de 2007)

… juzga la idea de vender las iglesias para dar a los pobres que tiene Francisco

  • Los gestos de devoción auténtica a Cristo benefician toda la Iglesia

El gesto de María es la expresión de fe y de amor grandes por el Señor: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso que —como protestará Judas— se habría podido vender por trescientos denarios; y no unge la cabeza, como era costumbre, sino los pies: María ofrece a Jesús cuanto tiene de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoción. El amor no calcula, no mide, no repara en gastos, no pone barreras, sino que sabe donar con alegría, busca sólo el bien del otro, vence la mezquindad, la cicatería, los resentimientos, la cerrazón que el hombre lleva a veces en su corazón.
María se pone a los pies de Jesús en humilde actitud de servicio, como hará el propio Maestro en la última Cena, cuando, como dice el cuarto Evangelio, “se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de los discípulos” (Jn 13, 4-5), para que —dijo— “también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (v. Jn 13, 15): la regla de la comunidad de Jesús es la del amor que sabe servir hasta el don de la vida. Y el perfume se difunde: “Toda la casa —anota el evangelista— se llenó del olor del perfume” (Jn 12, 3). El significado del gesto de María, que es respuesta al amor infinito de Dios, se expande entre todos los convidados;todo gesto de caridad y de devoción auténtica a Cristo no se limita a un hecho personal, no se refiere sólo a la relación entre el individuo y el Señor, sino a todo el cuerpo de la Iglesia; es contagioso: infunde amor, alegría y luz. (Homilía V aniversario de la muerte del Siervo de Dios Juan Pablo II, 29 de marzo de 2010)

  • Para preservarse de la perversión del corazón es necesario asumir el punto de vista de Jesús

En efecto, las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas.El único modo de prevenirlas consiste en no cultivar una visión de las cosas meramente individualista, autónoma, sino, por el contrario, en ponerse siempre del lado de Jesús, asumiendo su punto de vista. Día tras día debemos esforzarnos por estar en plena comunión con él. (Benedicto XVI. Audiencia General, 18 de octubre de 2006)

  • En la Iglesia la caridad no se confunde con asistencia social

La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra.Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 25, 25 de diciembre de 2005)

  • Acciones espirituales realizadas a la luz del Espíritu Santo

La caridad y la justicia no son únicamente acciones sociales, sino que son acciones espirituales realizadas a la luz del Espíritu Santo. Así pues, podemos decir que los Apóstoles afrontan esta situación con gran responsabilidad, tomando una decisión: se elige a siete hombres de buena fama, los Apóstoles oran para pedir la fuerza del Espíritu Santo y luego les imponen las manos para que se dediquen de modo especial a esta diaconía de la caridad. Así, en la vida de la Iglesia, en los primeros pasos que da, se refleja, en cierta manera, lo que había acontecido durante la vida pública de Jesús, en casa de Marta y María, en Betania. Marta andaba muy afanada con el servicio de la hospitalidad que se debía ofrecer a Jesús y a sus discípulos; María, en cambio, se dedica a la escucha de la Palabra del Señor (cf. Lc 10, 38-42). En ambos casos, no se contraponen los momentos de la oración y de la escucha de Dios con la actividad diaria, con el ejercicio de la caridad. La amonestación de Jesús: “Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada” (Lc 10, 41-42), así como la reflexión de los Apóstoles: “Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra” (Hch 6, 4), muestran la prioridad que debemos dar a Dios. […] no se debe condenar la actividad en favor del prójimo, de los demás, sino que se debe subrayar que debe estar penetrada interiormente también por el espíritu de la contemplación. (Benedicto XVI. Audiencia General, 25 de abril de 2012)

… juzga la idea de paternidad responsable que tiene Francisco

  • Ejemplo de generosidad y confianza en Dios

Deseo expresar mi cercanía y asegurar mi oración por todas las familias que dan testimonio de fidelidad en circunstancias especialmente arduas. Aliento a las familias numerosas que, viviendo a veces en medio de contrariedades e incomprensiones, dan un ejemplo de generosidad y confianza en Dios, deseando que no les falten las ayudas necesarias. (Benedicto XVI. Discurso en conexión televisiva al final de la misa de clausura del VI Encuentro Mundial de las Familias, n. 5, Ciudad de México, 18 de enero de 2009)

  • En España el problema de Europa me penetró en el alma

El viaje a España, a Valencia, se centró en el tema del matrimonio y de la familia. Fue hermoso escuchar, ante la asamblea de personas de todos los continentes, el testimonio de cónyuges que, bendecidos con muchos hijos, se presentaron delante de nosotros y hablaron de sus respectivos caminos en el sacramento del matrimonio y en sus familias numerosas. […] Así, del testimonio de estas familias nos llegaba una ola de alegría, no de una alegría superficial y mezquina, que desaparece en seguida, sino de una alegría madurada incluso en el sufrimiento, de una alegría muy profunda que realmente redime al hombre. Ante estas familias con sus hijos, ante estas familias en las que las generaciones se dan la mano y en las que el futuro está presente, el problema de Europa, que aparentemente casi ya no quiere tener hijos, me penetró en el alma. (Benedicto XVI. Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la Curia Romana, en 22 de diciembre de 2006)

… juzga la idea de Iglesia-minoría que tiene Francisco

  • La primera tarea de la Iglesia es la evangelización

La Iglesia es misionera por naturaleza y su primera tarea es la evangelización, que tiene como fin anunciar y testimoniar a Cristo y promover en todos los ambientes y culturas su Evangelio de paz y amor. […] La Iglesia está llamada a ser “sal”, “luz” y “levadura”, según las imágenes que utiliza Jesús mismo, para que las mentalidades y las estructuras estén cada vez más plenamente orientadas a la construcción de la paz, es decir, del “orden diseñado y querido por el amor de Dios”. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el V Congreso Internacional de los Ordinarios Militares, 26 de octubre de 2006)

… juzga las relaciones de Francisco con mujeres “ordenadas” de las iglesias cristianas

  • El diálogo ecuménico no puede llevar al indiferentismo y al falso irenismo

La coherencia del compromiso ecuménico con la enseñanza del Concilio Vaticano II y con toda la Tradición ha sido uno de los ámbitos al que la Congregación, en colaboración con el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, siempre ha prestado atención. Hoy podemos constatar no pocos frutos buenos producidos por los diálogos ecuménicos, pero debemos reconocer también que el riesgo de un falso irenismo y de un indiferentismo, del todo ajeno al espíritu del Concilio Vaticano II, exige nuestra vigilancia. Este indiferentismo está causado por la opinión, cada vez más difundida, de que la verdad no sería accesible al hombre; por lo tanto, sería necesario limitarse a encontrar reglas para una praxis capaz de mejorar el mundo. Y así la fe sería sustituida por un moralismo sin fundamento profundo. El centro del verdadero ecumenismo es, en cambio, la fe en la cual el hombre encuentra la verdad que se revela en la Palabra de Dios. Sin la fe todo el movimiento ecuménico se reduciría a una forma de «contrato social» al cual adherirse por un interés común, una «praxiología» para crear un mundo mejor. La lógica del Concilio Vaticano II es completamente distinta: la búsqueda sincera de la unidad plena de todos los cristianos es un dinamismo animado por la Palabra de Dios, por la Verdad divina que nos habla en esta Palabra. Por ello, el problema crucial, que marca de modo transversal los diálogos ecuménicos, es la cuestión de la estructura de la Revelación —la relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición viva en la Santa Iglesia y el Ministerio de los sucesores de los Apóstoles como testimonio de la verdadera fe. Y aquí está implícita la cuestión de la eclesiología que forma parte de este problema: cómo llega la verdad de Dios a nosotros. Aquí, por lo demás, es fundamental el discernimiento entre la Tradición con mayúscula y las tradiciones. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 27 de enero de 2012)

… juzga la idea de educación de la juventud que tiene Francisco

  • La educación integral no puede prescindir de la enseñanza religiosa católica

El mencionado indiferentismo religioso y la tentación de un fácil permisivismo moral, así como la ignorancia de la tradición cristiana con su rico patrimonio espiritual, influyen en gran manera sobre las nuevas generaciones. La juventud tiene derecho, desde el inicio de su proceso formativo, a ser educada en la fe y en las sanas costumbres. Por eso la educación integral de los más jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa también en la escuela. Una sólida formación religiosa será, pues, una protección eficaz ante el avance de las sectas o de otros grupos religiosos de amplia difusión actual. (Benedicto XVI. Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico en visita ad limina, n. 6, 30 de junio de 2007) 

  • La enseñanza religiosa no se puede reducir a una genérica sociología de las religiones

Y esa enseñanza no se puede reducir a una genérica sociología de las religiones, pues no existe una religión genérica, aconfesional. Así, la enseñanza religiosa confesional en las escuelas públicas, además de no herir la laicidad del Estado, garantiza el derecho de los padres a escoger la educación de sus hijos, contribuyendo de ese modo a la promoción del bien común. (Benedicto XVI. Discurso al embajador de Brasil ante la Santa Sede, 31 de octubre de 2011)

  • La enseñanza religiosa es un valor necesario para la formación integral

Entre estos campos de colaboración recíproca, me complace subrayar aquí, señor embajador, el de la educación, al que la Iglesia ha contribuido con innumerables instituciones educativas, cuyo prestigio es reconocido por toda la sociedad. De hecho, el papel de la educación no se puede reducir a una mera transmisión de conocimientos y habilidades que miran a la formación de un profesional, sino que debe abarcar todos los aspectos de la persona, desde su faceta social hasta su anhelo de trascendencia. Por este motivo, es conveniente reafirmar que la enseñanza religiosa confesional en las escuelas públicas, tal como quedó confirmada en el citado Acuerdo de 2008, lejos de significar que el Estado asume o impone un credo religioso determinado, indica el reconocimiento de la religión como un valor necesario para la formación integral de la persona. (Benedicto XVI. Discurso al embajador de Brasil ante la Santa Sede, 31 de octubre de 2011)

  • La dimensión religiosa permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida

En efecto, la dimensión religiosa, es intrínseca al hecho cultural, contribuye a la formación global de la persona y permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de profesores de religión en escuelas italianas, 25 de abril de 2009)

  • La enseñanza de la religión católica capacita la persona para descubrir el bien

Gracias a la enseñanza de la religión católica, la escuela y la sociedad se enriquecen con verdaderos laboratorios de cultura y de humanidad, en los cuales, descifrando la aportación significativa del cristianismo, se capacita a la persona para descubrir el bien y para crecer en la responsabilidad; para buscar el intercambio, afinar el sentido crítico y aprovechar los dones del pasado a fin de comprender mejor el presente y proyectarse conscientemente hacia el futuro. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de profesores de religión en escuelas italianas, 25 de abril de 2009)

… juzga la idea de felicidad que tiene Francisco

  • Jesús es la felicidad que buscamos

La felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo él da plenitud de vida a la humanidad. […] Os repito hoy lo que dije al principio de mi pontificado: “Quien deja entrar a Cristo (en la propia vida) no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera.” Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo. (Benedicto XVI. Discurso en la fiesta de acogida de los jóvenes en la XX Jornada Mundial de la Juventud, 18 de agosto de 2005) 

  • El ejemplo de San Francisco: sólo lo Infinito puede llenar el corazón humano

Francisco [de Asís] era muy alegre y generoso, dedicado a los juegos y a los cantos; vagaba por la ciudad de Asís día y noche con amigos de su mismo estilo; era tan generoso en los gastos, que en comidas y otras cosas dilapidaba todo lo que podía tener o ganar”. ¿De cuántos muchachos de nuestro tiempo no se podría decir algo semejante? […] En ese estilo de vida se esconde el deseo de felicidad que existe en el corazón humano. Pero, esa vida ¿podía dar la alegría verdadera? Ciertamente, Francisco no la encontró. Vosotros mismos, queridos jóvenes, podéis comprobarlo por propia experiencia. La verdad es que las cosas finitas pueden dar briznas de alegría, pero sólo lo Infinito puede llenar el corazón. (Benedicto XVI. Discurso en el encuentro con los jóvenes en Asís, 17 de junio de 2007) 

  • Es deber de los obispos enseñar la incapacidad del mundo de dar alegría auténtica

Como el hombre sabio que saca de sus arcas “lo nuevo y lo viejo” (Mt 13, 52), vuestro pueblo debe observar los cambios de la sociedad con discernimiento, y para ello espera vuestra orientación. Ayudadle a reconocer la incapacidad de la cultura secular y materialista de dar satisfacción y alegría auténticas. Sed audaces hablándole de la alegría que implica seguir a Cristo y vivir de acuerdo con sus mandamientos. Recordadle que nuestro corazón ha sido creado para el Señor, y que estará inquieto hasta que descanse en él (cf. San Agustín, Confesiones I, 1). (Benedicto XVI. Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Irlanda en visita “ad limina”, 28 de octubre de 2006) 

  • El secreto de la felicidad está en que Dios ocupe el primer lugar

Dios nos ama: este es el manantial de la verdadera alegría. Aun teniendo todo lo que se desea, a veces se es infeliz; en cambio, se podría estar privado de todo, incluso de libertad y de salud, y estar en paz y en alegría, si dentro del corazón está Dios. Por tanto, el secreto está aquí: es preciso que Dios ocupe siempre el primer lugar en nuestra vida. (Benedicto XVI. Discurso en la visita al centro penitenciario para menores de Casal del Marmo, Roma, 18 de marzo de 2007) 

  • La Eucaristía es el manantial de la alegría cristiana

¿Dónde se encuentra el manantial de la alegría cristiana sino en la Eucaristía, que Cristo nos ha dejado como alimento espiritual, mientras somos peregrinos en esta tierra? La Eucaristía alimenta en los creyentes de todas las épocas la alegría profunda, que está íntimamente relacionada con el amor y la paz, y que tiene su origen en la comunión con Dios y con los hermanos. (Benedicto XVI. Ángelus, 18 de marzo de 2007) 

  • La verdadera alegría brota de la cruz de Cristo

La auténtica alegría es algo diferente del placer; la alegría crece, madura siempre en el sufrimiento, en comunión con la cruz de Cristo. Sólo aquí brota la verdadera alegría de la fe. (Benedicto XVI. Discurso a los sacerdotes de la diócesis de Aosta, 25 de julio de 2005) 

  • Cumplir los Mandamientos es el camino de la felicidad

La voluntad de Dios es que nosotros seamos felices. Por ello nos ha dado las indicaciones concretas para nuestro camino: los Mandamientos. Cumpliéndolos encontramos el camino de la vida y de la felicidad. Aunque a primera vista puedan parecer un conjunto de prohibiciones, casi un obstáculo a la libertad, si los meditamos más atentamente a la luz del Mensaje de Cristo, representan un conjunto de reglas de vida esenciales y valiosas que conducen a una existencia feliz, realizada según el proyecto de Dios. (Benedicto XVI. Mensaje para la XXVII Jornada Mundial de la Juventud, n. 5, 15 de marzo de 2012) 

  • Dichosos los que cumplen la Palabra de Dios

Esta íntima relación entre la Palabra de Dios y la alegría se manifiesta claramente en la Madre de Dios. Recordemos las palabras de Santa Isabel: “Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 45). María es dichosa porque tiene fe, porque ha creído, y en esta fe ha acogido en el propio seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo. La alegría que recibe de la Palabra se puede extender ahora a todos los que, en la fe, se dejan transformar por la Palabra de Dios. El Evangelio de Lucas nos presenta en dos textos este misterio de escucha y de gozo. Jesús dice: “Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra” (8, 21). Y, ante la exclamación de una mujer que entre la muchedumbre quiere exaltar el vientre que lo ha llevado y los pechos que lo han criado, Jesús muestra el secreto de la verdadera alegría: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen” (11, 28). (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Verbum Domini, n. 124, 30 de septiembre de 2010) 

… juzga la idea de amor fraterno que tiene Francisco

  • La corrección fraterna cura la herida

El texto del Evangelio […] nos dice que el amor fraterno comporta también un sentido de responsabilidad recíproca, por lo cual, si mi hermano comete una falta contra mí, yo debo actuar con caridad hacia él y, ante todo, hablar con él personalmente, haciéndole presente que aquello que ha dicho o hecho no está bien. Esta forma de actuar se llama corrección fraterna: no es una reacción a una ofensa recibida, sino que está animada por el amor al hermano. Comenta San Agustín: “Quien te ha ofendido, ofendiéndote, ha inferido a sí mismo una grave herida, ¿y tú no te preocupas de la herida de tu hermano? Tú debes olvidar la ofensa recibida, no la herida de tu hermano” (Discursos 82, 7).
¿Y si el hermano no me escucha? Jesús en el Evangelio de hoy indica una gradualidad: ante todo vuelve a hablarle junto a dos o tres personas, para ayudarle mejor a darse cuenta de lo que ha hecho; si, a pesar de esto, él rechaza la observación, es necesario decirlo a la comunidad; y si tampoco no escucha a la comunidad, es preciso hacerle notar el distanciamiento que él mismo ha provocado, separándose de la comunión de la Iglesia. Todo esto indica que existe una corresponsabilidad en el camino de la vida cristiana: cada uno, consciente de sus propios límites y defectos, está llamado a acoger la corrección fraterna y ayudar a los demás con este servicio particular. (Benedicto XVI. Ángelus, 4 de septiembre de 2011)

  • Frente al mal no hay que callar, pues corregir es una obra de misericordia

En la Sagrada Escritura leemos: “Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina” (Pr 9, 8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18, 15). […] La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de “corregir al que se equivoca”. Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: “Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado” (Ga 6, 1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. […] El apóstol Pablo invita a buscar lo que “fomente la paz y la mutua edificación” (Rm 14, 19), tratando de “agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación” (ib. 15, 2), sin buscar el propio beneficio ‘sino el de la mayoría, para que se salven’ (1 Cor 10, 33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana. (Benedicto XVI. Mensaje para la cuaresma de 2012, n. 1-2, 3 de noviembre de 2011)

  • Dios concede el perdón para que en adelante no pequemos más

San Agustín, en su comentario, observa: “El Señor condena el pecado, no al pecador. En efecto, si hubiera tolerado el pecado, habría dicho:Tampoco yo te condeno; vete y vive como quieras… Por grandes que sean tus pecados, yo te libraré de todo castigo y de todo sufrimiento’. Pero no dijo eso (In Io. Ev. tract. 33, 6). Dice: ‘Vete y no peques más’”.
[…] Por tanto, también en este episodio comprendemos que nuestro verdadero enemigo es el apego al pecado, que puede llevarnos al fracaso de nuestra existencia. Jesús despide a la mujer adúltera con esta consigna: ‘Vete, y en adelante no peques más’. Le concede el perdón, para que “en adelante” no peque más. (Benedicto XVI. Visita Pastoral a la Parroquia Romana de Santa Felicidad e hijos, 25 de marzo de 2007)

  • Costumbres vinculadas al pecado no hacen un mundo nuevo

San Lucas observa ante todo que el pueblo estaba ‘a la espera’ (Lc 3, 15). Así subraya la espera de Israel; en esas personas, que habían dejado sus casas y sus compromisos habituales, percibe el profundo deseo de un mundo diferente y de palabras nuevas, que parecen encontrar respuesta precisamente en las palabras severas, comprometedoras, pero llenas de esperanza, del Precursor. Su bautismo es un bautismo de penitencia, un signo que invita a la conversión, a cambiar de vida, pues se acerca Aquel que ‘bautizará en Espíritu Santo y fuego’ (Lc 3, 16). De hecho, no se puede aspirar a un mundo nuevo permaneciendo sumergidos en el egoísmo y en las costumbres vinculadas al pecado. (Benedicto XVI. Homilía en la Fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010) 

… juzga la idea de ascetismo, silencio y penitencia que tiene Francisco

  • Es necesario educar los fieles en el valor del silencio y del recogimiento

Nuestro tiempo no favorece el recogimiento, y se tiene a veces la impresión de que hay casi temor de alejarse de los instrumentos de comunicación de masa, aunque solo sea por un momento. Por eso se ha de educar al Pueblo de Dios en el valor del silencio. Redescubrir el puesto central de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia quiere decir también redescubrir el sentido del recogimiento y del sosiego interior. (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Verbum Domini, n. 66, 30 de septiembre de 2010)

… juzga la idea de Curia Romana que tiene Francisco

  • Valiosa contribución para el ministerio petrino

Como ha subrayado usted, señor cardenal, nuestra comunidad es realmente una “comunidad de trabajo”, unida por vínculos de amor fraterno […]. Con este espíritu, usted ha recordado oportunamente a todos aquellos que en los meses pasados, tras pertenecer a nuestra familia curial, han cruzado los umbrales del tiempo y han entrado ya en la paz de Dios: en una circunstancia como esta, hace bien al corazón sentir cercanos a quienes han compartido con nosotros el servicio a la Iglesia y ahora, ante el trono de Dios, interceden por nosotros. Así pues, gracias, señor cardenal decano, por sus palabras y gracias a todos los presentes por la contribución que cada uno da al cumplimiento del ministerio que el Señor me ha encomendado. (Benedicto XVI. Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la Curia Romana, 21 de diciembre de 2007)

  • Apreciada colaboración

También la familia de la Curia romana se vuelve a reunir, esta mañana, siguiendo una hermosa tradición gracias a la cual tenemos la alegría de encontrarnos e intercambiarnos las felicitaciones en este clima espiritual particular.
A cada uno dirijo mi saludo cordial, lleno de gratitud por la apreciada colaboraciónprestada al ministerio del Sucesor de Pedro. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana con ocasión del intercambio de felicitaciones por la navidad, 22 de diciembre de 2008)

  • Alto servicio prestado al Sucesor de Pedro

Queridos miembros del Tribunal de la Rota Romana:
[…] Este encuentro me ofrece la oportunidad de reafirmar mi estima y consideración por el alto servicio que prestáis al Sucesor de Pedro y a toda la Iglesia, así como de animaros a un compromiso cada vez mayor en un ámbito ciertamente arduo, pero precioso para la salvación de las almas. El principio de que la salus animarum es la suprema ley en la Iglesia debe tenerse siempre bien presente y hallar, cada día, en vuestro trabajo, la debida y rigurosa respuesta. (Benedicto XVI. Discurso en la inauguración del año judicial del Tribunal de la Rota Romana, 26 de enero de 2013)

  • La Iglesia de Roma tiene especial privilegio en virtud de la sangre de los Apóstoles

Ya a inicios del siglo II, San Ignacio de Antioquía atribuía a la Iglesia que estaba en Romaun singular primado, saludándola, en su carta a los Romanos, como la que “preside en la caridad”. Esta función especial de servicio le viene a la comunidad romana y a su obispo por el hecho de que en esta ciudad derramaron su sangre los apóstoles Pedro y Pablo, así como otros muchos mártires. Volvemos, así, al testimonio de la sangre y de la caridad. La Cátedra de Pedro, por lo tanto, es ciertamente un signo de autoridad, pero de la autoridad de Cristo, basada en la fe y en el amor. (Benedicto XVI. Ángelus, 19 de febrero de 2012)

… juzga la idea de obediencia religiosa que tiene Francisco

  • Corregir a los que se equivocan es una obra de misericordia

La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de“corregir al que se equivoca”. Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. (Benedicto XVI. Mensaje para la Cuaresma de 2012, n. 1, de 3 de noviembre de 2011) 

… juzga la idea de omnipotencia de Dios que que tiene Francisco

  • No somos el producto casual y sin sentido de la evolución

No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. (Benedicto XVI, Homilía en la Santa Misa en la imposición del palio y entrega del anillo del Pescador el solemne inicio del ministerio Petrino, 24 de abril de 2006) 

  • La noción de creación debe trascender nuestros modos naturalistas de pensar y hablar sobre la evolución del mundo

Santo Tomás de Aquino enseñó que la noción de creación debe trascender el origen horizontal del desarrollo de los acontecimientos, es decir, de la historia, y en consecuenciatodos nuestros modos puramente naturalistas de pensar y hablar sobre la evolución del mundo. Santo Tomás afirmaba que la creación no es ni un movimiento ni una mutación. Más bien, es la relación fundacional y continua que une a la criatura con el Creador, porque él es la causa de todos los seres y de todo lo que llega a ser (cf. Suma Teológica, I, q. 45, a. 3). (Benedicto XVI, A la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias, 31 de outubre de 2008)

… juzga la idea de que la Iglesia no debe ser un punto de referencia que tiene Francisco

  • La Iglesia está siempre iluminada por la presencia de Cristo

La Jerusalén celeste es icono de la Iglesia entera, santa y gloriosa, sin mancha ni arruga(cf. Ef 5, 27), iluminada en el centro y en todas partes por la presencia de Dios-Caridad. Es llamada “novia”, “la esposa del Cordero” (Ap 20, 9) […]. La Ciudad-Esposa es patria de la plena comunión de Dios con los hombres; ella no necesita templo alguno ni ninguna fuente externa de luz, porque la presencia de Dios y del Cordero es inmanente y la ilumina desde dentro. (Benedicto XVI. Misa de inauguración de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, 13 de mayo de 2007)

… juzga la idea de formación de las conciencias que tiene Francisco

  • Formar conciencias receptivas a las exigencias de la justicia

Sin embargo, una de las tareas de la Iglesia en África consiste en formar conciencias rectas y receptivas a las exigencias de la justicia, para que sean cada vez más los hombres y mujeres comprometidos y capaces de realizar ese orden social justo por medio de su conducta responsable. (Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Africae Munus, n. 22, 19 de noviembre 2011)

… juzga la idea de vida contemplativa que tiene Francisco

  • Los religiosos disponen de una sabiduría que el mundo no posee

Las mujeres y los hombres que se retiran para vivir en compañía de Dios, precisamente gracias a esta opción suya, adquieren un gran sentido de compasión por las penas y las debilidades de los demás. Amigas y amigos de Dios, disponen de una sabiduría que el mundo, del cual se alejan, no posee y, con amabilidad, la comparten con quienes llaman a su puerta. Pienso, por tanto, con admiración y reconocimiento, en los monasterios de clausura femeninos y masculinos que, hoy más que nunca, son oasis de paz y de esperanza, tesoro precioso para toda la Iglesia, especialmente a la hora de recordar el primado de Dios y la importancia de una oración constante e intensa para el camino de fe. (Benedicto XVI, Audiencia general, 1 de diciembre de 2010)

  • En este mundo incapaz de silencio, los cartujos son un don precioso

En las últimas décadas, además, el desarrollo de los medios de comunicación ha difundido y amplificado un fenómeno que ya se perfilaba en los años sesenta: la virtualidad, que corre el peligro de dominar sobre la realidad. Cada vez más, incluso sin darse cuenta, las personas están inmersas en una dimensión virtual a causa de mensajes audiovisuales que acompañan su vida desde la mañana hasta la noche. […] Algunas personas ya no son capaces de permanecer por mucho tiempo en silencio y en soledad. He querido aludir a esta condición sociocultural, porque pone de relieve el carisma específico de la cartuja, como un don precioso para la Iglesia y para el mundo. (Benedicto XVI, Celebración de las Vísperas, Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno, 9 de octubre de 2011)

  • En la Iglesia ninguna vocación es marginal

Por esto he venido aquí, queridos hermanos que formáis la comunidad cartuja de Serra San Bruno. Para deciros que la Iglesia os necesita, y que vosotros necesitáis a la Iglesia.Vuestro puesto no es marginal: ninguna vocación es marginal en el pueblo de Dios: somos un único cuerpo, en el que cada miembro es importante y tiene la misma dignidad, y es inseparable del todo. También vosotros, que vivís en un aislamiento voluntario, estáis en realidad en el corazón de la Iglesia, y hacéis correr por sus venas la sangre pura de la contemplación y del amor de Dios. (Benedicto XVI, Celebración de las Vísperas, Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno, 9 de octubre de 2011)

  • La vida de los cartujos es fuente de fecundidad misionera

La vocación a la oración y a la contemplación, que caracteriza la vida cartuja, muestra particularmente que sólo Cristo puede dar a la esperanza humana una plenitud de sentido y de alegría. ¿Cómo dudar entonces, aunque sólo sea por un instante, de que esa expresión del amor puro da a la vida cartuja una extraordinaria fecundidad misionera? […] ¡Feliz la Iglesia, que puede contar con el testimonio cartujo de disponibilidad total al Espíritu y de una vida entregada totalmente a Cristo! […] Queridos hermanos, vosotros habéis encontrado el tesoro escondido, la perla de gran valor (cf. Mt 13, 44-46). (Benedicto XVI, Celebración de las Vísperas, Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno, 9 de octubre de 2011)

  • El auténtico espíritu misionero de Santa Teresa de Lisieux

Santa Teresa de Lisieux, sin salir jamás de su Carmelo, mediante su oración contemplativa y la correspondencia mantenida con sacerdotes —el abad Bellière y el padre Roulland—, vivió, a su manera, un auténtico espíritu misionero, acompañando a cada uno en su servicio al Evangelio y dando al mundo un nuevo camino espiritual, que le valió el título de Doctora de la Iglesia, hace exactamente diez años. Desde Pío XII hasta nuestros días, los Papas no han dejado de recordar el vínculo que existe entre oración, caridad y acción en la misión de la Iglesia. (Benedicto XVI, Mensaje en el 80º aniversario de la proclamación de Santa Teresa del Niño Jesús como patrona de las misiones, 12 de septiembre de 2007)

… juzga la idea de inmortalidad del alma que tiene Francisco

  • Elemento distintivo de los cristianos: saben que su vida no acaba en el vacío

“No os aflijáis como los hombres sin esperanza” (1 Tes 4, 13). En este caso aparece también como elemento distintivo de los cristianos el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente. De este modo, podemos decir ahora: el cristianismo no era solamente una “buena noticia”, una comunicación de contenidos desconocidos hasta aquel momento. En nuestro lenguaje se diría: el mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva. (Benedicto XVI. Carta Encíclica Spes salvi, n. 2. A los obispos a los presbíteros y diáconos a las personas consagradas y a todos los fieles laicos sobre la esperanza cristiana, en 30 de noviembre de 2007)

  • Tenemos los talentos, ahora nos cabe trabajar para que el mundo se abra a Cristo

El Juez que vuelve —es Juez y Salvador a la vez— nos ha confiado la tarea de vivir en este mundo según su modo de vivir. Nos ha entregado sus talentos. Por eso nuestra tercera actitud es: responsabilidad con respecto al mundo, a los hermanos, ante Cristo y, al mismo tiempo, también certeza de su misericordia. Ambas cosas son importantes. No vivimos como si el bien y el mal fueran iguales, porque Dios sólo puede ser misericordioso. Esto sería un engaño. En realidad, vivimos en una gran responsabilidad. Tenemos los talentos, tenemos que trabajar para que este mundo se abra a Cristo, para que se renueve. (Benedicto XVI. Audiencia general, 12 de noviembre de 2008)

… juzga la idea de que nadie se salva solo que tiene Francisco

  • La esperanza en la vida eterna no puede ser considerada de forma individualista pero tiene un sentido personal

¿Cómo ha podido desarrollarse la idea de que el mensaje de Jesús es estrictamente individualista y dirigido sólo al individuo? ¿Cómo se ha llegado a interpretar la «salvación del alma» como huida de la responsabilidad respecto a las cosas en su conjunto y, por consiguiente, a considerar el programa del cristianismo como búsqueda egoísta de la salvación que se niega a servir a los demás? […] La vida en su verdadero sentido no la tiene uno solamente para sí, ni tampoco sólo por sí mismo: es una relación. Y la vida entera es relación con quien es la fuente de la vida. Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el Amor mismo, entonces estamos en la vida. Entonces «vivimos».
Pero ahora surge la pregunta: de este modo, ¿no hemos recaído quizás en el individualismo de la salvación? ¿En la esperanza sólo para mí que además, precisamente por eso, no es una esperanza verdadera porque olvida y descuida a los demás? No. La relación con Dios se establece a través de la comunión con Jesús, pues solos y únicamente con nuestras fuerzas no la podemos alcanzar. En cambio, la relación con Jesús es una relación con Aquel que se entregó a sí mismo en rescate por todos nosotros (cf. 1 Tm 2,6). Estar en comunión con Jesucristo nos hace participar en su ser «para todos», hace que éste sea nuestro modo de ser. Nos compromete en favor de los demás, pero sólo estando en comunión con Él podemos realmente llegar a ser para los demás, para todos. […] Aunque el «para todos» forme parte de la gran esperanza –no puedo ciertamente llegar a ser feliz contra o sin los otros–, es verdad que una esperanza que no se refiera a mí personalmente, ni siquiera es una verdadera esperanza. (Spe Salvi, 27-28.30) 

… juzga la idea de Caritas material que tiene Francisco

  • El cuidado del alma es más necesario que el sustento material

La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo. Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, una ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive “sólo de pan” (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano. (Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 28, 25 de diciembre de 2005)

  • El verdadero trabajo en el campo del Señor es librar a los hombres de la pobreza de la verdad

Es la hora de la misión: queridos amigos, el Señor os envía a vosotros a su mies. Debéis cooperar en la tarea de la que habla el profeta Isaías en la primera lectura: “El Señor me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados” (Is 61, 1). Este es el trabajo para la mies en el campo de Dios, en el campo de la historia humana: llevar a los hombres la luz de la verdad, liberarlos de la pobreza de verdad, que es la verdadera tristeza y la verdadera pobreza del hombre. Llevarles la buena noticia que no es sólo palabra, sino también acontecimiento: Dios, él mismo, ha venido a nosotros. Nos toma de la mano, nos lleva hacia lo alto, hacia sí mismo, y así cura el corazón desgarrado. Damos gracias al Señor porque manda obreros a la mies de la historia del mundo. (Benedicto XVI, Homilía, 5 de febrero de 2011) 

  • Quien no conoce la verdad puede caer en el sentimentalismo

La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y comunión. Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. (Benedicto XVI. Caritas in veritate, n. 3, 29 de junio de 2009)

  • Las Sagradas Escrituras, lámpara de nuestros pasos y luz en nuestro sendero

La Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio, y en el Evangelio encuentra siempre de nuevo orientación para su camino. Es una consideración que todo cristiano debe hacer y aplicarse  a sí mismo: sólo quien se pone primero a la escucha de la Palabra, puede convertirse después en su heraldo. En efecto, el cristiano no debe enseñar su  propia sabiduría, sino la sabiduría de Dios, que a menudo se presenta como escándalo a los ojos del mundo (cf. 1 Co 1, 23). La Iglesia sabe bien que Cristo vive en las sagradas Escrituras. Precisamente por eso, como subraya la Constitución, ha tributado siempre a las divinas Escrituras una veneración semejante a la que reserva al Cuerpo mismo del Señor (cf. Dei Verbum, 21). (Benedicto XVI, Discurso al Congreso internacional en el XL aniversario de la Constitución Dei Verbum, 16 de septiembre de 2005)

  • Para dar amor a los hermanos es necesario adquirirlo en escucha asidua de la Palabra de Dios

En la Sagrada Escritura, la llamada al amor del prójimo está unida al mandamiento de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (cf. Mc 12, 29-31). Por consiguiente, el amor al prójimo responde al mandato y al ejemplo de Cristo si se funda en un verdadero amor a Dios. Así es posible para el cristiano hacer experimentar a los demás a través de su entrega la ternura providente del Padre celestial, gracias a una configuración cada vez más profunda con Cristo. Para dar amor a los hermanos, es necesario tomarlo del fuego de la caridad divina, mediante la oración, la escucha asidua de la Palabra de Dios y una vida centrada en la Eucaristía. (Benedicto XVI, Discurso a la Soberana y Militar Orden de Malta, 9 de febrero de 2013) 

  • Es necesario redescubrir el gusto por el estudio de la Palabra de Dios

Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). (Benedicto XVI. Porta fidei, n. 2-3, 11 de octubre de 2011)

  • Es importante educar al Pueblo de Dios para acercarse a las Sagradas Escrituras

De aquí se deduce la importancia de educar y formar con claridad al Pueblo de Dios, para acercarse a las Sagradas Escrituras en relación con la Tradición viva de la Iglesia, reconociendo en ellas la misma Palabra de Dios. Es muy importante, desde el punto de vista de la vida espiritual, desarrollar esta actitud en los fieles. En este sentido, puede ser útil recordar la analogía desarrollada por los Padres de la Iglesia entre el Verbo de Dios que se hace “carne” y la Palabra que se hace “libro”. (Benedicto XVI, Verbum Domni, n.18, 30 de septiembre de 2010)  

  • Necesidad de una caridad intelectual como la de grandes Santos mendicantes y teólogos

Otro gran desafío eran las transformaciones culturales que estaban teniendo lugar en ese periodo. Nuevas cuestiones avivaban el debate en las universidades, que nacieron a finales del siglo XII. Frailes Menores y Predicadores no dudaron en asumir también esta tarea y, como estudiantes y profesores, entraron en las universidades más famosas de su tiempo, erigieron centros de estudio, produjeron textos de gran valor, dieron vida a auténticas escuelas de pensamiento, fueron protagonistas de la teología escolástica en su mejor período e influyeron significativamente en el desarrollo del pensamiento. Los más grandes pensadores, santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, eran mendicantes, trabajando precisamente con este dinamismo de la nueva evangelización, que renovó también la valentía del pensamiento, del diálogo entre razón y fe. También hoy hay una “caridad de la verdad y en la verdad”, una “caridad intelectual” que ejercer, para iluminar las inteligencias y conjugar la fe con la cultura. El empeño puesto por los Franciscanos y los Dominicos en las universidades medievales es una invitación, queridos fieles, a hacerse presentes en los lugares de elaboración del saber, para proponer, con respeto y convicción, la luz del Evangelio sobre las cuestiones fundamentales que afectan al hombre, su dignidad, su destino eterno. Pensando en el papel de los Franciscanos y de los Dominicos en la Edad Media, en la renovación espiritual que suscitaron, en el soplo de vida nueva que infundieron en el mundo, un monje dijo: “En aquel tiempo el mundo envejecía. Pero en la Iglesia surgieron dos Órdenes, que renovaron su juventud, como la de un águila” (Burchard d’Ursperg, Chronicon). (Benedicto XVI, Audiencia general, 13 de enero de 2010)

… juzga la idea de que Dios nunca condena que tiene Francisco

  • La certeza del perdón de Dios no es excusa para no buscar la santidad

Aunque tengamos que combatir continuamente los mismos errores, es importante luchar contra el ofuscamiento del alma y la indiferencia que se resigna ante el hecho de que somos así. Es importante mantenerse en camino, sin ser escrupulosos, teniendo conciencia agradecida de que Dios siempre está dispuesto al perdón. Pero también sin la indiferencia, que nos hace abandonar la lucha por la santidad y la superación. (Benedicto XVI. Carta a los seminaristas, n. 3, 18 de octubre de 2010) 

  • Los sacerdotes deben educar los fieles en las exigencias radicales del Evangelio

La “crisis” del sacramento de la penitencia, de la que se habla con frecuencia, interpela ante todo a los sacerdotes y su gran responsabilidad de educar al pueblo de Dios en las exigencias radicales del Evangelio. En particular, les pide que se dediquen generosamente a la escucha de las confesiones sacramentales; que guíen el rebaño con valentía, para que no se acomode a la mentalidad de este mundo (cf. Rm 12, 2), sinoque también sepa tomar decisiones contracorriente, evitando acomodamientos o componendas. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el curso sobre el fuero interno organizado por la Penitenciaría Apostólica, 11 de marzo de 2010) 

  • Quien se arrepiente, recibe el perdón y las fuerzas para no pecar más

Jesús despide a la mujer adúltera con esta consigna: “Vete, y en adelante no peques más”. Le concede el perdón, para que “en adelante” no peque más. En un episodio análogo, el de la pecadora arrepentida, que encontramos en el evangelio de san Lucas (cf. Lc 7, 36-50), acoge y dice “vete en paz” a una mujer que se había arrepentido. Aquí, en cambio, la adúltera recibe simplemente el perdón de modo incondicional. En ambos casos —el de la pecadora arrepentida y el de la adúltera— el mensaje es único. En un caso se subraya queno hay perdón sin arrepentimiento, sin deseo del perdón, sin apertura de corazón al perdón. Aquí se pone de relieve que sólo el perdón divino y su amor recibido con corazón abierto y sincero nos dan la fuerza para resistir al mal y “no pecar más”, para dejarnos conquistar por el amor de Dios, que se convierte en nuestra fuerza. (Benedicto XVI. Homilía en la visita pastoral a la Parroquia Romana de Santa Felicidad e hijos, mártires, 25 de marzo de 2007) 

  • La confesión es instrumento no solo de perdón, sino de santificación

Y existe un vínculo estrecho entre santidad y sacramento de la reconciliación, testimoniado por todos los santos de la historia. La conversión real del corazón, que es abrirse a la acción transformadora y renovadora de Dios, es el “motor” de toda reforma y se traduce en una verdadera fuerza evangelizadora. En la confesión el pecador arrepentido, por la acción gratuita de la misericordia divina, es justificado, perdonado y santificado; abandona el hombre viejo para revestirse del hombre nuevo. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el curso de la Penitenciaría Apostólica sobre el fuero interno, 9 de marzo de 2012) 

… juzga la idea de que todos se salvan que tiene Francisco

  • “Dios será bueno con todos”, hermosa esperanza pero… ¿y la justicia?

Como dice Adorno, un gran marxista, sólo la resurrección de la carne, que él considera irreal, podría crear justicia. Nosotros creemos en esta resurrección de la carne, en la que no todos serán iguales. Hoy se suele pensar:  “¿Qué es el pecado? Dios es grande y nos conoce; por tanto, el pecado no cuenta; al final Dios será bueno con todos”. Es una hermosa esperanza. Pero está la justicia y está también la verdadera culpa. Los que han destruido al hombre y la tierra, no pueden sentarse inmediatamente a la mesa de Dios juntamente con sus víctimas. Dios crea justicia. (Benedicto XVI. Discurso a los párrocos, sacerdotes y diáconos de la diócesis de Roma, 7 de febrero de 2008)

… juzga la idea de paz que tiene Francisco

  • Sin el reconocimiento de Dios no habrá paz para la humanidad

Es esencial que cada uno se esfuerce en vivir la propia vida con una actitud responsable ante Dios, reconociendo en Él la fuente de la propia existencia y la de los demás. Sobre la base de este principio supremo se puede percibir el valor incondicionado de todo ser humano y, así, poner las premisas para la construcción de una humanidad pacificada.Sin este fundamento trascendente, la sociedad es sólo una agrupación de ciudadanos, y no una comunidad de hermanos y hermanas, llamados a formar una gran familia. (Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la XLI Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2008)

  • La paz es un don de Dios que exige una respuesta personal coherente con el plan divino

También la paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Si bien es verdad que la paz entre los individuos y los pueblos, la capacidad de vivir unos con otros, estableciendo relaciones de justicia y solidaridad, supone un compromiso permanente, también es verdad, y lo es más aún, que la paz es un don de Dios. En efecto, la paz es una característica del obrar divino, que se manifiesta tanto en la creación de un universo ordenado y armonioso como en la redención de la humanidad, que necesita ser rescatada del desorden del pecado. Creación y Redención muestran, pues, la clave de lectura que introduce a la comprensión del sentido de nuestra existencia sobre la tierra. […] Mi venerado predecesor Juan Pablo II, dirigiéndose a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 5 de octubre de 1995, dijo que nosotros ‘no vivimos en un mundo irracional o sin sentido […], hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos’. La ‘gramática’ trascendente, es decir, el conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios. Como he querido reafirmar recientemente, ‘creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad’. Por tanto, la paz es también una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la ‘gramática’ escrita en el corazón del hombre por su divino Creador. (Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la XL Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2007)

… juzga la idea de carne de Cristo y la pobreza como categoría teológica que tiene Francisco:

  • El Verbo se hizo carne para que el hombre fuera hijo de Dios

Encarnación deriva del latín «incarnatio». San Ignacio de Antioquía —finales del siglo I— y, sobre todo, San Ireneo usaron este término reflexionando sobre el Prólogo del Evangelio de San Juan, en especial sobre la expresión: «El Verbo se hizo carne» (Jn 1,14). Aquí, la palabra «carne», según el uso hebreo, indica el hombre en su integridad, todo el hombre, pero precisamente bajo el aspecto de su caducidad y temporalidad, de su pobreza y contingencia. Esto para decirnos que la salvación traída por el Dios que se hizo carne en Jesús de Nazaret toca al hombre en su realidad concreta y en cualquier situación en que se encuentre. Dios asumió la condición humana para sanarla de todo lo que la separa de Él, para permitirnos llamarle, en su Hijo unigénito, con el nombre de «Abbá, Padre» y ser verdaderamente hijos de Dios. San Ireneo afirma: «Este es el motivo por el cual el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, entrando en comunión con el Verbo y recibiendo de este modo la filiación divina, llegara a ser hijo de Dios» (Adversus haereses, 3, 19, 1: PG 7, 939). (Benedicto XVI. Audiencia general del miércoles, 9 de enero de 2013)

… juzga la idea de cómo llevar el Evangelio a todos que tiene Francisco

  • La dictadura del relativismo

[Card. Joseph Ratzinger] A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos. Nosotros, en cambio, tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el hombre verdadero. Él es la medida del verdadero humanismo. No es “adulta” una fe que sigue las olas de la moda y la última novedad. (Cardenal Joseph Ratzinger. Misa Pro Eligendo Pontifice. Homilía del Cardenal Joseph Ratzinger Decano del Colegio Cardenalicio, 18 de abril de 2005)

… juzga la idea de enseñar asuntos de moral que tiene Francisco

  • La responsabilidad de proclamar constantemente los valores no-negociables

Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11, 27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado. (Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis, n. 83, 22 de febrero de 2007) 

… juzga la idea de Cristo en el Juicio que tiene Francisco

  • El Juez hace distinción entre el bien y el mal

El Juez que vuelve — es Juez y Salvador a la vez — nos ha confiado la tarea de vivir en este mundo según su modo de vivir. […] No vivimos como si el bien y el mal fueran iguales, porque Dios sólo puede ser misericordioso. Esto sería un engaño. En realidad, vivimos en una gran responsabilidad. Tenemos los talentos, tenemos que trabajar para que este mundo se abra a Cristo, para que se renueve. (Benedicto XVI. Audiencia General, 12 de noviembre de 2008)

  • Dios es justicia y crea justicia

La imagen del Juicio final no es en primer lugar una imagen terrorífica, sino una imagen de esperanza; quizás la imagen decisiva para nosotros de la esperanza. ¿Pero no es quizás también una imagen que da pavor? Yo diría: es una imagen que exige la responsabilidad. Una imagen, por lo tanto, de ese pavor al que se refiere San Hilario cuando dice que todo nuestro miedo está relacionado con el amor (cf. Tractatus super Psalmos, Ps. 127, 1-3: CSEL 22, 628-630). Dios es justicia y crea justicia. Éste es nuestro consuelo y nuestra esperanza. Pero en su justicia está también la gracia. Esto lo descubrimos dirigiendo la mirada hacia el Cristo crucificado y resucitado. Ambas — justicia y gracia — han de ser vistas en su justa relación interior. La gracia no excluye la justicia. No convierte la injusticia en derecho. No es un cepillo que borra todo, de modo que cuanto se ha hecho en la tierra acabe por tener siempre igual valor (Benedicto XVI. Carta Encíclica Spes Salvi, n. 44, 30 de noviembre de 2007).

… juzga la idea de hacer el bien que tiene Francisco

  • Se debe practicar la caridad a la luz de la verdad

Soy consciente de las desviaciones y la pérdida de sentido que ha sufrido y sufre la caridad […].De aquí la necesidad de unir no sólo la caridad con la verdad, en el sentido señalado por San Pablo de la «veritas in caritate» (Ef 4,15), sino también en el sentido, inverso y complementario, de «caritas in veritate». Se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la «economía» de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad. De este modo, no sólo prestaremos un servicio a la caridad, iluminada por la verdad, sino que contribuiremos a dar fuerza a la verdad, mostrando su capacidad de autentificar y persuadir en la concreción de la vida social. (Encíclica Caritas in Veritate, n.2)        

  • Sin la verdad, la caridad no es más que sentimentalismo

Por esta estrecha relación con la verdad, se puede reconocer a la caridad como expresión auténtica de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las relaciones humanas, también las de carácter público. Sólo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y comunión. Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. (…) Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. De este modo, en el mundo no habría un verdadero y propio lugar para Dios. Sin la verdad, la caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado. (Encíclica Caritas in Veritate, n. 3-4)

  • El mayor obstáculo para el desarrollo humano lo constituye el ateísmo

Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). […] La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. (Encíclica Caritas in Veritate, n. 78)

… juzga la idea de comunión y divorciados de segunda unión que que tiene Francisco

  • No distribuir la Comunión a los divorciados casados es una praxis de la Iglesia

El Sínodo de los Obispos ha confirmado la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura (cf. Mc 10, 2-12), de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo, porque su estado y su condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía. (Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, n. 29)

… juzga la idea de incapacidad ante la crisis de la familia que tiene Francisco

  • La fórmula es ir contracorriente para salvaguardar la familia

En el mundo actual, en el que se están difundiendo algunas concepciones equívocas sobre el hombre, sobre la libertad y sobre el amor humano, no debemos cansarnos nunca de volver a presentar la verdad sobre la familia, tal como ha sido querida por Dios desde la creación. […] En especial la estabilidad de la familia está hoy en peligro. Para salvaguardarla con frecuencia es necesario ir contracorriente con respecto a la cultura dominante, y esto exige paciencia, esfuerzo, sacrificio y búsqueda incesante de comprensión mutua. Pero también hoy los cónyuges pueden superar las dificultades y mantenerse fieles a su vocación, recurriendo a la ayuda de Dios con la oración y participando asiduamente en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía” (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Familia, 13 de mayo de 2006)

  • De la fe vivida con valentía brota una cultura abierta a la familia

Este compromiso pastoral resulta más urgente por la crisis cada vez más extendida de la vida conyugal y por el descenso de la natalidad. […] En la complejidad de esas situaciones estáis llamados a promover el sentido cristiano de la vida, mediante el anuncio explícito del Evangelio, llevado con sano orgullo y con profunda alegría a los diversos ámbitos de la existencia cotidiana. De la fe vivida con valentía brota, hoy como en el pasado, una fecunda cultura hecha de amor a la vida, desde la concepción hasta su término natural, de promoción de la dignidad de la persona, de exaltación de la importancia de la familia, fundada en el matrimonio fiel y abierto a la vida, de compromiso por la justicia y la solidaridad. Los actuales cambios culturales exigen que seáis cristianos convencidos. (Benedicto XVI. Visita pastoral a Aquilea y Venecia. Discurso en la Asamblea del Segundo Congreso de Aquilea, 7 de mayo de 2011)

  • Deber de presentar el valor del matrimonio verdadero

Vuestro deber de pastores es presentar en toda su riqueza el valor extraordinario del matrimonio que, como institución natural, es ‘patrimonio de la humanidad’. Por otra parte, su elevación a la altísima dignidad de sacramento debe ser contemplada con gratitud y estupor […]. Hoy es preciso anunciar con renovado entusiasmo que el evangelio de la familia es un camino de realización humana y espiritual, con la certeza de que el Señor está siempre presente con su gracia. Este anuncio a menudo es desfigurado por falsas concepciones del matrimonio y de la familia que no respetan el proyecto originario de Dios. En este sentido, se han llegado a proponer nuevas formas de matrimonio, algunas de ellas desconocidas en las culturas de los pueblos, en las que se altera su naturaleza específica”. (Discurso a los Presidentes de las Comisiones Episcopales para la Familia y la Vida de América Latina, 3 de diciembre de 2005, n. 3-4)

… juzga la idea de relectura del Evangelio que tiene Francisco

  • El gran riesgo de leer el Evangelio sin la luz de la fe

29. Otro gran tema que surgió durante el Sínodo, y sobre el que ahora deseo llamar la atención, es la interpretación de la Sagrada Escritura en la Iglesia. Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María. San Buenaventura afirma en este sentido que, sin la fe, falta la clave de acceso al texto sagrado: «Éste es el conocimiento de Jesucristo del que se derivan, como de una fuente, la seguridad y la inteligencia de toda la sagrada Escritura. Por eso, es imposible adentrarse en su conocimiento sin tener antes la fe infusa de Cristo, que es faro, puerta y fundamento de toda la Escritura».[84] E insiste con fuerza santo Tomás de Aquino, mencionando a san Agustín: «También la letra del evangelio mata si falta la gracia interior de la fe que sana».[85] (Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini, al Episcopado, al Clero, a las Personas Consagradas y a los Fieles Laicos sobre La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, 30 de diciembre de 2010)

  • Las Escrituras iluminan las existencia humana

99. La Palabra divina ilumina la existencia humana y mueve a la conciencia a revisar en profundidad la propia vida. (Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini, al Episcopado, al Clero, a las Personas Consagradas y a los Fieles Laicos sobre La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, 30 de diciembre de 2010)

  • La Palabra de Dios ha de ser la inspiración de las autoridades temporales

100. Por eso, a la luz de las palabras del Señor, reconocemos los «signos de los tiempos» que hay en la historia y no rehuimos el compromiso en favor de los que sufren y son víctimas del egoísmo. El Sínodo ha recordado que el compromiso por la justicia y la transformación del mundo forma parte de la evangelización. […] A este respecto, los Padres sinodales han pensado particularmente en los que están comprometidos en la vida política y social. La evangelización y la difusión de la Palabra de Dios han de inspirar su acción en el mundo en busca del verdadero bien de todos, en el respeto y la promoción de la dignidad de cada persona. (Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini, al Episcopado, al Clero, a las Personas Consagradas y a los Fieles Laicos sobre La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, 30 de diciembre de 2010)

… juzga la idea que Francisco tiene de la Palabra definitiva de Dios

  • En Jesucristo se encuentra la plenitud de la Revelación. No existe otra Palabra de Dios

14. De este modo, la Iglesia expresa su conciencia de que Jesucristo es la Palabra definitiva de Dios; él es «el primero y el último» (Ap 1,17). Él ha dado su sentido definitivo a la creación y a la historia; por eso, estamos llamados a vivir el tiempo, a habitar la creación de Dios dentro de este ritmo escatológico de la Palabra; «la economía cristiana, por ser la alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de Jesucristo nuestro Señor (cf. 1 Tm 6,14; Tt 2,13)».[41] En efecto, como han recordado los Padres durante el Sínodo, la «especificidad del cristianismo se manifiesta en el acontecimiento Jesucristo, culmen de la Revelación, cumplimiento de las promesas de Dios y mediador del encuentro entre el hombre y Dios. Él, que nos ha revelado a Dios (cf. Jn 1,18), es la Palabra única y definitiva entregada a la humanidad».[42] San Juan de la Cruz ha expresado admirablemente esta verdad: «Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra… Porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado a Él todo, dándonos el todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa o novedad».[43] [Notas 41: Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelación, 4.], [42: Propositio 4], [43: Subida del Monte Carmelo, II, 22.] (Benedicto XVI, Exortación Apostólica post-sinodal Verbum Domini, 30 de septiembre de 2010)

… juzga la idea de Verdad absoluta que tiene Francisco

  • El amor de caridad se origina en la Verdad absoluta

El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta.  (Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 29 de junio de 2009)

… juzga la idea de unidad de la Iglesia que tiene Francisco

  • La unidad operada por el Espíritu se manifiesta visiblemente en la profesión de la integridad de la fe

Es el Espíritu Santo, principio de unidad, quien constituye a la Iglesia como comunión. Él es el principio de la unidad de los fieles en la enseñanza de los Apóstoles, en la fracción del pan y en la oración. Con todo, la Iglesia, por analogía con el misterio del Verbo encarnado, no es sólo una comunión invisible, espiritual, sino también visible; de hecho, “la sociedad dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo, el grupo visible y la comunidad espiritual, la Iglesia de la tierra y la Iglesia enriquecida de bienes del cielo, no se pueden considerar como dos realidades distintas. Forman más bien una sola realidad compleja resultante de un doble elemento, divino y humano” (LG 8). La comunión de los bautizados en la enseñanza de los Apóstoles y en la fracción del pan eucarístico se manifiesta visiblemente en los vínculos de la profesión de la integridad de la fe, de la celebración de todos los sacramentos instituidos por Cristo y del gobierno del Colegio de los obispos unidos a su cabeza, el Romano Pontífice. (Benedicto XVI, Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, 4 de noviembre de 2009)

… juzga la idea de pastoralidad delante de las nuevas costumbres que tiene Francisco

  • La misericordia no cambia la naturaleza del pecado y exige correspondencia

Para evitar equívocos, conviene notar que la misericordia de Jesús no se manifiesta poniendo entre paréntesis la ley moral. Para Jesús el bien es bien y el mal es mal. La misericordia no cambia la naturaleza del pecado, pero lo quema en un fuego de amor. Este efecto purificador y sanador se realiza si hay en el hombre una correspondencia de amor, que implica el reconocimiento de la ley de Dios, el arrepentimiento sincero, el propósito de una vida nueva. A la pecadora del Evangelio se le perdonó mucho porque amó mucho. En Jesús Dios viene a darnos amor y a pedirnos amor. (Benedicto XVI. Homília en la visita pastoral a Asís con ocasión del VII centenario de la conversión de San Francisco, 17 de junio de 2007)