Benedicto XIV…

INICIO DEL PONTIFICADO 17,22.VIII.1740 – FIN DEL PONTIFICADO 3.V.1758

… juzga la idea de familias irregulares que tiene Francisco

  • Las leyes deberían castigar los que no respetan la indisolubilidad del matrimonio

Hemos tenido noticias de que el perpetuo e indisoluble vínculo matrimonial cuya firmeza fue proclamada desde siempre y al que Cristo el Señor se dignó confirmar con estas palabras, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre y elevar por la gracia del Evangelio —por lo cual es un sacramento grande en la Iglesia—, se disuelve con tanta facilidad en algunas partes del orbe católico y especialmente en este tan distinguido Reino de Polonia, como si el matrimonio se hubiese contraído no teniendo en cuenta ni la ley natural, ni el derecho divino, ni los preceptos del Evangelio ni tampoco las determinaciones canónicas. Por eso tan grande es nuestra preocupación y tanto el dolor que aflige nuestro corazón de Pontífice, que no nos es dado expresarlo ni con lágrimas ni con palabras. Porque, por más que nos duela, fácilmente llegamos al convencimiento de que estas arbitrariedades en los divorcios vinculares, en virtud de las cuales —no sin grave daño del bien común— un hombre o una mujer —y mientras viven todavía sus cónyuges anteriores— se atreve a contraer un tercero o cuarto matrimonio, han tenido su origen en la precipitada actuación de vuestras curias, según hemos podido constatar por otras fuentes. Sin embargo, no podemos menos de dirigiros, venerables hermanos, nuestras justísimas quejas; y al mismo tiempo, de preparar las leyes convenientes y la forma de cortar y castigar —dentro de los límites prescritos por la Iglesia Católica— tantos desenfrenos. (Benedicto XIV. Encíclica Matrimonii, 11 de abril de 1741)

… juzga la idea sobre la evangelización de América que tiene Francisco

  • Profundo dolor por los que no siguen los consejos de no esclavizar a los indios

Por todo ello hemos llegado a saber, con profundo dolor de nuestro espíritu paternal que, después de tantos consejos de apostólica providencia dictados por nuestros mismos predecesores, después de tantas constituciones disponiendo que de la mejor manera posible se prestara a los infieles ayuda y protección, y prohibiendo, bajo las más graves penas y censuras eclesiásticas, que se los injuriara, se los azotara, se los encarcelara, se los esclavizara o se les causara muerte, que todavía, y sobre todo en esas regiones del Brasil, hay hombres pertenecientes a la fe ortodoxa los cuales, como olvidados por completo del sentido de la caridad infusa en nuestras almas por el Espíritu Santo, o someten a esclavitud, o venden a otros cual si fueran mercancía, o privan de sus bienes a los míseros indios, no sólo los carentes de la luz de la fe, sino incluso a regenerados por el bautismo, que viven en las montañas y en las ásperas regiones tanto occidentales como meridionales del Brasil y demás regiones desiertas, y se atreven a comportarse con éstos con una inhumanidad tal, que más bien los apartan de abrazar la fe de Cristo y se la hacen profundamente odiosa. (Benedicto XIV. Carta Immensa Pastorum, 20 de diciembre del año 1741)

  • Prohibición de comportarse con los indios de una manera no cristiana

Intentando salir del paso, con todo el poder que Dios nos ha dado, a estos males, hemos procurado interesar primeramente la eximia piedad y el increíble celo en la propagación de la religión católica de nuestro carísimo hijo en Cristo Juan de Portugal e ilustre rey de los Algarbes, el cual, dada su filial devoción a Nos y a esta Santa Sede, prometió que daría inmediatamente órdenes a todos y cada uno de los oficiales y ministros de sus dominios para que se castigara con las más graves penas, conforme a los edictos reales, a quienquiera de sus súbditos que se sorprendiera comportándose para con estos indios de una manera distinta de la exige la mansedumbre de la caridad cristiana.
Rogamos después a vosotros, hermanos, y os exhortamos en el Señor al objeto de que no sólo no consintáis que falte, con desdoro de vuestro nombre y dignidad, la vigilancia, la solicitud y el esfuerzo debido en ésto a vuestro ministerio, sino que más bien, uniendo vuestro celo a los oficios de los ministros del rey, demostréis a todos con cuánto mayor ardor de sacerdotal caridad que los ministros laicos se esfuerzan los sacerdotes, pastores de almas, en amparar a estos indios y en llevarlos a la fe católica. (Benedicto XIV. Carta Immensa Pastorum, 20 de diciembre de 1741)

  • Excomunión latæ sententiæ a los que esclavicen los indios

Nos, además, con autoridad apostólica, y por el tenor de las presentes, renovamos y confirmamos las cartas apostólicas en forma de breve dirigidas por el Papa Paulo III, predecesor nuestro, al entonces cardenal de la Iglesia Romana por nombre Juan de Tavera, arzobispo de Toledo, con fecha 28 de mayo de 1537, y a las escritas por el Papa Urbano VIII, igualmente predecesor nuestro, al entonces recaudador general de derechos y presas debidos a la Cámara Apostólica en los reinos de Portugal y de los Algarbes con fecha 22 de abril del año 1639; así como también , siguiendo las huellas de esos mismos predecesores nuestros, Paulo y Urbano, y deseando reprimir la insolencia de esos impíos hombres que aterran con actos inhumano a los referidos indios, para atraer a los cuales a recibir la fe de Cristo hay que agotar todos los recursos de la caridad cristiana, recomendamos y mandamos a cada uno de vosotros y a vuestros sucesores que cada cual por sí mismo o por otro u otros, dictados edictos y propuestos y fijados en público, amparando en los mismos con la protección de una eficaz defensa a los referidos indios tanto en las provincias del Paraguay, del Brasil y del Río llamado de la Plata cuanto en cualquier otro lugar de las Indias Occidentales y Meridionales, prohíba enérgicamente a todas y cada una de las personas, así seglares, incluidas las eclesiástica, de cualquier estado, sexo, grado, condición y cargo, aún la de especial nota y con título de dignidad, como de cualquier orden, congregación, sociedad – incluso la Compañía de Jesús–, religión e institutos de mendicantes y no mendicantes, monacales, regulares, sin excluir ninguna de las militares, ni siquiera los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, bajo pena de excomunión latae sententiae, en que incurrirán por el sólo hecho de contravenir a lo que se dispone, y de la cual no podrán ser absueltos, salvo in articulo mortis y previa satisfacción, a no ser por Nos o por el Romano Pontífice a la sazón imperante, que en lo sucesivo esclavicen a los referidos indios, los vendan, compren, cambien o den, los separen de sus mujeres e hijos, los despojen de sus cosas y bienes, los lleven de un lugar a otro o los trasladen, o de cualquier otro modo los priven de libertad o los retengan en servidumbre; igualmente que osen o presuman prestar consejo, auxilio, ayuda o colaboración a los que tal hicieren, bajo ningún pretexto ni cariz, o propalen y enseñen que hacer tal es lícito o a ello cooperen de cualquier modo; declarando que, quienesquiera que sean los contraventores y los rebeldes, así como los que no obedecieren en lo antedicho a cualquiera de vosotros, han incurrido en la pena de la indicada excomunión, y reprimiendo igualmente con otras censuras y penas eclesiásticas y otros oportunos remedios de derecho y de hecho, pospuesta toda apelación y observados los procedimientos legales que fuere de rigor, agravando las censuras y las mismas penas en los casos de reincidencia e incluso invocando para esto, si fuere necesario, el auxilio del brazo secular, Nos, con superior autoridad, concedemos y otorgamos a cada uno de vosotros y a vuestros sucesores plena, amplia y libre facultad. (Benedicto XIV. Carta Immensa Pastorum, 20 de diciembre de 1741)

… juzgan la idea de vigencia de la Antigua Alianza que tiene Francisco

  • Constituye pecado la observancia de las ya derogadas ceremonias de la Ley Mosaica

La primera consideración es que las ceremonias de la Ley Mosaica fueron derogadas por la venida de Cristo y que ya no pueden ser observadas sin pecado después de la promulgación del Evangelio. Por lo tanto, la distinción entre comidas puras e impuras proclamada por la Antigua Ley pertenece al los preceptos ceremoniales: esto es suficiente para que se pueda sostener correctamente que aquélla ya no existe y que no es admisible una discriminación entre los alimentos. (Benedicto XIV, Encíclica Ex quo primum, n.61, 1 de marzo de 1756)

… juzga la idea de martirio que tiene Francisco

  • Aunque alguien muera por un artículo de la verdadera fe no puede ser mártir

De la multitud de sus mártires se gloriaban antiguamente los Marcionitas y otros herejes, como escribe Sulpicius Severus de los Priscillianistas (Sacr. Historia, lib. II, c.51, n.7). Los imitan los herejes de nuestro tiempo. […] Aún admitido que haya cisma sin herejía, él que muere en cisma no puede ser enumerado entre los mártires, pues quien fue apartado de la Iglesia Católica no tiene vida. […] Así, entre los cismáticos no puede haber mártires. […] El hereje o muere en atención de su herejía, o por un artículo de la fe católica. En el primer caso no puede ser mártir ya que muriendo, presta de sí mismo el sumo testimonio de persistencia diabólica. […] Lo mismo se debe decir del hereje que muere por un artículo de la verdadera fe; aunque concedemos que es muerto por la verdad, no recibe la muerte por la verdad propuesta por la fe, ya que carece de ella. […] Los teólogos, encabezados por Santo Tomás (S. T. II-IIae, q.5, a.3), enseñan que él que muere por un artículo verídico no puede ser mártir, una vez que carece tanto de la fe informe como de la fe informada. Asimismo, cuando sea un hereje invincibiliter [i.e. en ignorancia invencible] y pronto a creer en todo lo propuesto por la autoridad legítima, puede ser mártir ante Dios (coram Deo), pero no ante la Iglesia (coram Ecclesia). (Benedicto XIV, De Servorum Dei beatificatione et Beatorum canonizatione (syn.), lib. III, c. 20)
[Las normas de “De Servorum Dei beatificatione…” estuvieron vigentes durante casi dos siglos en la Sagrada Congregación de Ritos y pasaron sustancialmente al ‘Codex Iuris Canonici’ de 1917, segundo a Constitución Apostólica ‘Divinus Perfectionis Magister’ de San Juan Pablo II]