18 – “No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. La Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio”

El bien espiritual del pueblo de Dios depende del anuncio del Evangelio confiado por el mismo Jesucristo a San Pedro y los Apóstoles. Los verdaderos fieles esperan de sus pastores la transmisión íntegra de las verdades eternas, incluso cuando estas chocan con el mundo. Otros, muy al contrario, desearían que esto cambiase para vivir con la conciencia más tranquila. De este modo, la fidelidad de la Jerarquía a su misión implica proclamar “con ocasión o sin ella” la palabra de salvación y enfrentar no pocas enemistades entre los que viven apartados de la verdad.

Francisco

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Cita A

No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar.
Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente. El anuncio misionero se concentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte es lo que más apasiona y atrae, es lo que hace arder el corazón, como a los discípulos de Emaús.
Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio.La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales. (Entrevista Antonio Spadaro s.j., 19 de agosto de 2013)

Cita B

—[Periodista]: La sociedad brasileña ha cambiado, los jóvenes han cambiado. Usted no ha hablado sobre el aborto ni sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. En Brasil se ha aprobado una ley que amplía el derecho al aborto y otra que contempla los matrimonios entre personas del mismo sexo. ¿Por qué no ha hablado sobre eso?
[Francisco]: La Iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso, no era necesario volver sobre eso, como tampoco hablé sobre la estafa, la mentira u otras cosas sobre las cuales la Iglesia tiene una doctrina clara. No era necesario hablar de eso, sino de las cosas positivas que abren camino a los chicos. Además los jóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la Iglesia. (Entrevista en el avión, 29 de agosto de 2013)

Cita C

[Periodista]: En un pasado reciente, era habitual referirse a “valores no negociables”, sobre todo en cuestiones de bioética y de moral sexual. Usted no ha usado esa fórmula. ¿Esa elección es señal de un estilo menos preceptivo y más respetuoso de la conciencia individual?
[Francisco]: Nunca entendí la expresión “valores no negociables”. Los valores son valores y basta. No puedo decir cuál de los dedos de la mano es más útil que el resto, así que no entiendo en qué sentido podría haber valores negociables. (Entrevista con La Nación, 5 de marzo de 2014)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

Sagradas Escrituras
-Yo te conjuro: proclama la Palabra de Dios con ocasión o sin ella

San Juan Crisóstomo
-Quien tiene autoridad para enseñar y no lo hace es transgresor de la Ley

Pío X
-No esperen buenas obras quienes omiten enseñar la verdad

León XII
-Mas grave el mal, más el Pontífice Romano ha de prevenir a los fieles

Pío IX
-No dejéis de enseñar la doctrina siempre y con exactitud

Concilio Vaticano I
-La Iglesia debe custodiar la fe para que nadie se deje engañar

León XIII
-De nuestro silencio se aprovechan los enemigos de la Iglesia

Santo Tomás de Aquino
-La fe se confiesa públicamente, pese la turbación de los infieles

Benedicto XVI
-La responsabilidad de proclamar constantemente los valores no-negociables

Concilio Vaticano II
-La obligación de los Obispos a ser los maestros auténticos
-La misión de la Iglesia es enseñar auténticamente la verdad
-Congregación para la Doctrina de la Fe:
-El silencio no es una pastoral válida
-La correcta transmisión de la verdad depende de la fidelidad de quien ejercita el ministerio

Pablo VI
-No dejar de proclamar la fidelidad conyugal
-Enseñanzas no fácilmente aceptadas por todos

Juan Pablo II
-Es deber de los pastores transmitir la doctrina en su integridad
-Es una grave omisión no proclamar la verdad sobre el matrimonio
-La crisis en la familia demanda claridad doctrinal
-Ante la aceptación del aborto, hay que llamar las cosas por su nombre
-Los preceptos negativos expresan las exigencias del Evangelio
-Si la vida del reo es respetada, con más razón la del inocente
-La Iglesia condena las autoridades que favorecen actividades anti-familiares

Sagradas Escrituras

  • Yo te conjuro: proclama la Palabra de Dios con ocasión o sin ella

Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino: proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar. Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas. Tú, en cambio, vigila atentamente, soporta todas las pruebas, realiza tu tarea como predicador del Evangelio, cumple a la perfección tu ministerio. (2 Tm 4, 1-5)

San Juan Crisóstomo

  • Quien tiene autoridad para enseñar y no lo hace es transgresor de la Ley

Nota bien cómo [Cristo] empieza y por dónde hace resaltar las culpas de ellos. Porque dice: Enseñan, pero no obran. Como si les dijera: cada uno tiene culpa como transgresor de la Ley, pero sobre todo el que tiene autoridad para enseñar, pues queda reo de doble y aun triple condenación. En primer lugar como transgresor: en segundo lugar porque debiendo enseñar a los otros y enmendarlos falla en esto, y por razón de su dignidad de maestro es digno de pena mayor. En tercer lugar porque es motivo de mayor corrupción, pues procede así estando constituido en el grado de doctor de la Ley. (San Juan Crisóstomo, Homilía LXXII sobre el Evangelio de San Mateo, n.72) 

Pío X

  • No esperen buenas obras quienes omiten enseñar la verdad

Si es cosa vana esperar cosecha en tierra no sembrada, ¿cómo esperar generaciones adornadas de buenas obras, si oportunamente no fueron instruidas en la doctrina cristiana? De donde justamente concluimos que, si la fe languidece en nuestros días hasta parecer casi muerta en una gran mayoría, es que se ha cumplido descuidadamente, o se ha omitido del todo, la obligación de enseñar las verdades contenidas en el Catecismo. (Pío X, Carta Encíclica Acerbo Nimis, n. 12, 15 de abril de 1905) 

León XII

  • Mas grave el mal, más el Pontífice Romano ha de prevenir a los fieles

Cuanto más graves son los males que amenazan al rebaño de Cristo nuestro Dios y Salvador, tanta mayor solicitud en apartarlos deben poner los Pontífices Romanos, a quienes en San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, fue cometido el poder y cuidado de apacentarlo y gobernarlo. Pues como colocados en la suprema atalaya de la Iglesia, a ellos toca descubrir de más lejos las asechanzas que los enemigos del nombre cristiano en vano maquinan para exterminio de la Iglesia de Cristo; como también indicarlas y manifestarlas a los fieles a fin de que se guarden; y por último alejarlas y frustrarlas con su autoridad. (León XII, Carta Apóstolica Quo graviora, n. 1, 13 de marzo de 1825. En español) 

Pío IX

  • No dejéis de enseñar la doctrina siempre y con exactitud

Por eso, no dejéis de enseñar, siempre y con exactitud, los venerables misterios de Nuestra augusta Religión, su doctrina, preceptos, y su disciplina, a los pueblos confiados a vuestros cuidados, valiéndoos principalmente de los párrocos y de otros clérigos que se distingan por la integridad de su vida, la gravedad de su conducta y la santa y sólida doctrina, sea por medio de la predicación de la divina palabra, sea por el catecismo. Pues, vosotros sabéis muy bien que una parte notabilísima de los males nacen en la mayoría de los casos de la ignorancia de las cosas divinas que son necesarias para la salvación, por consiguiente comprenderéis perfectamente que debe emplearse todo cuidado y empaño para alejar del pueblo este mal. (Pío IX, Quanto Conficiamur, n. 715, 10 de agosto de 1863) 

Concilio Vaticano I

  • La Iglesia debe custodiar la fe para que nadie se deje engañar

Ahora bien, la Iglesia, que recibió juntamente con el cargo apostólico de enseñar, el mandato de custodiar el depósito de la fe, tiene también divinamente el derecho y deber de proscribir la ciencia de falso nombre (1 Tm 6, 20), a fin de que nadie se deje engañar por la filosofía y la vana falacia (cf. Col 2, 8; Can 2]. (Denzinger-Hünermann, n. 3018. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática “Dei Filius” sobre la fe católica, 24 de abril de 1870) 

León XIII

  • De nuestro silencio se aprovechan los enemigos de la Iglesia

Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas, Pero cuando la necesidad apremia no sólo deben guardar incólume la fe los mandan, sino que cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles. Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. (León XIII, Encíclica Sapientiae Christianae, n. 14, 10 de enero de 1890. Vaticano, en inglés)

Santo Tomás de Aquino

  • La fe se confiesa públicamente, pese la turbación de los infieles

Pero si espera alguna utilidad, debe el hombre confesar públicamente su fe, no importándole la turbación de los infieles. Así respondió el Señor cuando le dijeron los discípulos que los fariseos se habían escandalizado al oír sus palabras: “Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos” (Mt 15,14)”. (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 3, a 2, ad 3) 

Benedicto XVI

  • La responsabilidad de proclamar constantemente los valores no-negociables

Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11, 27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado. (Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis, n. 83, 22 de febrero de 2007) 

Concilio Vaticano II

  • La obligación de los Obispos a ser los maestros auténticos

Los Obispos son los pregoneros de la fe que ganan nuevos discípulos para Cristo y son los maestros auténticos, o sea los que están dotados de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo que les ha sido encomendado la fe que ha de ser creída y ha de ser aplicada a la vida, y la ilustran bajo la luz del Espíritu Santo, extrayendo del tesoro de la Revelación cosas nuevas y viejas (cf. Mt 13, 52), la hacen fructificar y con vigilancia apartan de su grey los errores que la amenazan (cf. 2 Tm 4, 1-4). (Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 25, 21 de noviembre 1964)

  • La misión de la Iglesia es enseñar auténticamente la verdad

Por la voluntad de Cristo la Iglesia católica es maestra de la verdad, y su misión consiste en anunciar y ensenar auténticamente la verdad que es Cristo, y al mismo tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden que fluyen de la misma naturaleza humana. (Concilio Vaticano II, Declaración Dignitatis Humanae, n. 14, 7 de diciembre 1965)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • El silencio no es una pastoral válida

Se debe dejar bien en claro que todo alejamiento de la enseñanza de la Iglesia, o el silencio acerca de ella, so pretexto de ofrecer un cuidado pastoral, no constituye una forma de auténtica atención ni de pastoral válida. Sólo lo que es verdadero puede finalmente ser también pastoral. Cuando no se tiene presente la posición de la Iglesia se impide que los hombres y las mujeres homosexuales reciban aquella atención que necesitan y a la que tienen derecho. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, n. 15, 1 de octubre de 1986) 

  • La correcta transmisión de la verdad depende de la fidelidad de quien ejercita el ministerio

Es evidente, además, que una clara y eficaz transmisión de la doctrina de la Iglesia [acerca del homosexualismo] a todos los fieles y a la sociedad en su conjunto depende en gran parte de la correcta enseñanza y de la fidelidad de quien ejercita el ministerio pastoral. Los Obispos tienen la responsabilidad particularmente grave de preocuparse de que sus colaboradores en el ministerio, y sobre todo los sacerdotes, estén rectamente informados y personalmente bien dispuestos para comunicar a todos la doctrina de la Iglesia en su integridad. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, n. 13, 1 de octubre de 1986)

Pablo VI

  • No dejar de proclamar la fidelidad conyugal

No podemos dejar de proclamar el deber de la fidelidad conyugal en la familia, deber mayor todavía después de que se ha dado al divorcio legal la posibilidad de realizarse impunemente.
Asimismo no podemos olvidar el deber de todos, y de nosotros los Pastores especialmente, de deplorar la legislación permisiva sobre el aborto […]
Problemas de hoy éstos que se añaden a otros sin número ni medida y hacen grave, cada vez más grave, el deber pastoral y la responsabilidad sobre el Pueblo de Dios y sobre el que no es de Dios oficialmente, pero sin embargo es nuestro siempre. (Pablo VI, Audiencia General, 24 de mayo de 1978)

  • Enseñanzas no fácilmente aceptadas por todos

Se puede prever que estas enseñanzas [la ilicitud de anticonceptivos] no serán quizá fácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces — ampliadas por los modernos medios de propaganda — que están en contraste con la Iglesia. A decir verdad, ésta no se maravilla de ser, a semejanza de su divino Fundador, ‘signo de contradicción’ (Lc 2, 34), pero no deja por esto de proclamar con humilde firmeza toda la ley moral, natural y evangélica.
La Iglesia no ha sido la autora de éstas, ni puede por tanto ser su árbitro, sino solamente su depositaria e intérprete, sin poder jamás declarar licito lo que no lo es por su íntima e inmutable oposición al verdadero bien del hombre”. (Paulo VI, Carta Encíclica Humanae Vitae, n. 18, 25 de julio de 1968) 

Juan Pablo II

  • Es deber de los pastores transmitir la doctrina en su integridad

Los pastores tienen el deber de actuar de conformidad con su misión apostólica, exigiendo que sea respetado siempre el derecho de los fieles a recibir la doctrina católica en su pureza e integridad: “El teólogo, sin olvidar jamás que también es un miembro del pueblo de Dios, debe respetarlo y comprometerse a darle una enseñanza que no lesione en lo más mínimo la doctrina de la fe” (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo Donum veritatis). (Juan Pablo II, Carta Encíclica Veritatis Splendor, n. 113, 6 de agosto de 1993)

  • Es una grave omisión no proclamar la verdad sobre el matrimonio

Tanto en la opinión pública como en la legislación civil no faltan intentos de equiparar meras uniones de hecho a la familia, o de reconocer como tal la unión de personas del mismo sexo. Estas y otras anomalías nos llevan a proclamar, con firmeza pastoral, la verdad sobre el matrimonio y la familia. Dejar de hacerlo sería una grave omisión pastoral, que induciría a las personas al error, especialmente a las que tienen la importante responsabilidad de tomar decisiones sobre el bien común de la nación. (Juan Pablo II, Discurso Al Octavo Grupo de Obispos de Brasil en Visita “ad limina”, n. 4, 16 de noviembre de 2002) 

  • La crisis en la familia demanda claridad doctrinal

Una propuesta pastoral para la familia en crisis supone, como exigencia preliminar, claridad doctrinal, enseñada efectivamente en el campo de la teología moral, sobre la sexualidad y la valoración de la vida. Las opiniones opuestas de teólogos, sacerdotes y religiosos, divulgadas incluso por los medios de comunicación social, sobre las relaciones prematrimoniales, el control de la natalidad, la admisión de los divorciados a los sacramentos, la homosexualidad y el lesbianismo, la fecundación artificial, el uso de prácticas abortivas o la eutanasia, muestran el grado de incertidumbre y la confusión que turban y llegan a adormecer la conciencia de muchos fieles. (Juan Pablo II, Discurso Al Octavo Grupo do Obispos de Brasil en Visita “ad limina”, n. 6, 16 de noviembre de 2002) 

  • Ante la aceptación del aborto, hay que llamar las cosas por su nombre

Hoy, sin embargo, la percepción de su gravedad [del aborto] se ha ido debilitando progresivamente en la conciencia de muchos. La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. Ante una situación tan grave, se requiere más que nunca el valor de mirar de frente a la verdad y de llamar a las cosas por su nombre, sin ceder a compromisos de conveniencia o a la tentación de auto engaño. A este propósito resuena categórico el reproche del Profeta: “¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal!; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad” (Is 5, 20). (Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, n. 58, 25 de marzo de 1995)

  • Los preceptos negativos expresan las exigencias del Evangelio

Los mandamientos, recordados por Jesús a su joven interlocutor [el joven rico], están destinados a tutelar el bien de la persona humana, imagen de Dios, a través de la tutela de sus bienes particulares. El ‘no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio’, son normas morales formuladas en términos de prohibición. Los preceptos negativos expresan con singular fuerza la exigencia indeclinable de proteger la vida humana, la comunión de las personas en el matrimonio, la propiedad privada, la veracidad y la buena fama.
Los mandamientos constituyen, pues, la condición básica para el amor al prójimo y al mismo tiempo son su verificación. Constituyen la primera etapa necesaria en el camino hacia la libertad, su inicio. (Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, n.13, 6 de agosto de 1993)

  • Si la vida del reo es respetada, con más razón la del inocente

Si se pone tan gran atención al respeto de toda vida, incluida la del reo y la del agresor injusto, el mandamiento ‘no matarás’ tiene un valor absoluto cuando se refiere a la persona inocente. Tanto más si se trata de un ser humano débil e indefenso, que sólo en la fuerza absoluta del mandamiento de Dios encuentra su defensa radical frente al arbitrio y a la prepotencia ajena. […] Ante la progresiva pérdida de conciencia en los individuos y en la sociedad sobre la absoluta y grave ilicitud moral de la eliminación directa de toda vida humana inocente, especialmente en su inicio y en su término, el Magisterio de la Iglesia ha intensificado sus intervenciones en defensa del carácter sagrado e inviolable de la vida humana”. (Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, n. 57, 25 de marzo de 1995)

  • La Iglesia condena las autoridades que favorecen actividades anti-familiares

Por esto la Iglesia condena, como ofensa grave a la dignidad humana y a la justicia, todas aquellas actividades de los gobiernos o de otras autoridades públicas, que tratan de limitar de cualquier modo la libertad de los esposos en la decisión sobre los hijos. Por consiguiente, hay que condenar totalmente y rechazar con energía cualquier violencia ejercida por tales autoridades en favor del anticoncepcionismo e incluso de la esterilización y del aborto procurado. Al mismo tiempo, hay que rechazar como gravemente injusto el hecho de que, en las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para la promoción de los pueblos esté condicionada a programas de anticoncepcionismo, esterilización y aborto procurado. (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, n. 30, 22 de noviembre de 1981)


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