123 – “A pesar de los varios obstáculos, particularmente los fundamentalismos de ambas partes, es un deber para todo cristiano el diálogo interreligioso, en el cual ambas partes encuentren purificación y enriquecimiento”

Cuando Pilato, con temor reverencial, pregunta a Cristo, en el pretorio, a respecto de su realeza, este proclama: “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. (Jn 18, 37) ¿Sería Nuestro Señor Jesucristo un fundamentalista al afirmar esto con tanta convicción y propiedad? Siendo Dios hecho hombre, la Verdad en substancia, no podía ser diferente. Del mismo modo, su Iglesia no puede ser sino la única detentora de la verdad, como afirma San Pablo: “es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad”. (1 Tim 3, 15) El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la Iglesia “guarda fielmente ‘la fe transmitida a los santos de una vez para siempre’ (cf. Judas 3). Ella es la que guarda la memoria de las palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los apóstoles” (CCE 171). Además, el Divino Maestro dejó un mandato a los apóstoles: “Es necesario que se anuncie antes el Evangelio a todos los pueblos”. (Mc 13, 10) Por lo tanto, el diálogo de la Iglesia Católica con las otras religiones tiene como punto primordial el anuncio del Evangelio, llamando a la conversión.

No obstante, Jesús declara que los que no acepten su Evangelio serán condenados: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado”. (Mc 16, 15-16) Es decir, deja claro que la Iglesia debe definir bien los campos: los que están en la verdad y los que se obstinan en mantenerse en el error. Frente a otras religiones, todo cristiano tiene el deber de no “‘avergonzarse de dar testimonio del Señor” (2 Tm 1, 8). En las situaciones que exigen dar testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad, a ejemplo de san Pablo ante sus jueces. Debe guardar una ‘conciencia limpia ante Dios y ante los hombres’ (Hch 24, 16)” (CCE 2471), sin componendas.

Ser fiel a la verdad de la Iglesia no es fundamentalismo, sino integridad en la fe. Y el diálogo interreligioso que no apunte a la conversión o cree que la Iglesia se enriquece y se purifica con otros credos es poner en duda la verdad de la Iglesia, cuales nuevos Pilato: “quid est veritas?”. (Jn 18, 38) Un diálogo que duda de Aquel que dijo de sí mismo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jo 14, 6) no puede “tener significado de amor a la verdad”, sino que es relativismo. Y el Apocalipsis es muy severo con los relativistas: “porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca”. (Ap 3, 16) ¿Cuál es la enseñanza del Magisterio acerca del verdadero diálogo interreligioso?

Francisco

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Cita A

Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo con los creyentes de las religiones no cristianas, a pesar de los varios obstáculos y dificultades, particularmente los fundamentalismos de ambas partes. Este diálogo interreligioso es una condición necesaria para la paz en el mundo, y por lo tanto es un deber para los cristianos, así como para otras comunidades religiosas. Este diálogo es, en primer lugar, una conversación sobre la vida humana o simplemente, como proponen los Obispos de la India, “estar abiertos a ellos, compartiendo sus alegrías y penas (Declaración final de la XXX Asamblea general, n. 8.9.). Así aprendemos a aceptar a los otros en su modo diferente de ser, de pensar y de expresarse. De esta forma, podremos asumir juntos el deber de servir a la justicia y la paz, que deberá convertirse en un criterio básico de todo intercambio. Un diálogo en el que se busquen la paz social y la justicia es en sí mismo, más allá de lo meramente pragmático, un compromiso ético que crea nuevas condiciones sociales. Los esfuerzos en torno a un tema específico pueden convertirse en un proceso en el que, a través de la escucha del otro, ambas partes encuentren purificación y enriquecimiento. Por lo tanto, estos esfuerzos también pueden tener el significado del amor a la verdad. (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 250, 24 de noviembre de 2013)

Cita B

Tampoco podemos olvidar que el fenómeno de la vida monástica y de otras expresiones de fraternidad religiosa existe también en todas las grandes religiones. No faltan experiencias, también consolidadas, de diálogo inter-monástico entre la Iglesia Católica y algunas de las grandes tradiciones religiosas. Espero que el Año de la Vida Consagrada sea la ocasión para evaluar el camino recorrido, para sensibilizar a las personas consagradas en este campo, para preguntarnos sobre nuevos pasos a dar hacia una recíproca comprensión cada vez más profunda y para una colaboración en muchos ámbitos comunes de servicio a la vida humana. Caminar juntos es siempre un enriquecimiento, y puede abrir nuevas vías a las relaciones entre pueblos y culturas, que en este período aparecen plagadas de dificultades. (Carta Apostólica a todos los consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I ¿La fidelidad a la ortodoxia católica es fundamentalismo o garantía contra la dictadura del relativismo?
II – El mandato de Cristo es evangelizar, es decir, mostrar la verdad y sacar al otro del error… ¡o proscribirlo para que nadie se engañe!
III – La Iglesia es custodia de la verdad y mantiene pura su doctrina, recibida de Cristo. No busca una verdad mejor, ni se purifica en el diálogo interreligioso
IV – Aclaración doctrinal indispensable: ¿Cómo queda el llamado al diálogo del Concilio Vaticano II? ¿La Iglesia ya no quiere la evangelización? ¿Cuál es el diálogo verdadero? ¿Existe un diálogo falso?


I – ¿La fidelidad a la ortodoxia católica es fundamentalismo o garantía contra la dictadura del relativismo?

Card. Joseph Ratzinger
-A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo

Congregación para la Doctrina de la Fe
-Hoy, afirmar que la Iglesia recibió la plenitud de la Revelación divina es intolerancia… ¡quizás fundamentalismo!

Sagradas Escrituras
-Dar la bienvenida a quién no se mantiene en la doctrina de Cristo es hacerse cómplice de sus malas acciones

Pío XI
-La fe íntegra y sincera es fundamento y raíz de la caridad

Pío XII
-No es lícito disimular un solo dogma de la Iglesia aunque sea por desear la paz

Pablo VI
-La Iglesia no puede renegar de sí misma: su fundamento es ser según la mente de Cristo, conservada en la Escritura y en la Tradición

II – El mandato de Cristo es evangelizar, es decir, mostrar la verdad y sacar al otro del error… ¡o proscribirlo para que nadie se engañe!

Sagradas Escrituras
-El que representa al pueblo ante Dios debe inculcarle los mandatos y las instrucciones divinas
-¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
-Proclama la palabra, insiste, arguye, reprocha, pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina y apartarán el oído de la verdad

Código de Derecho Canónico
-La Iglesia recibió el depósito de la fe y tiene el deber y el derecho de predicar el Evangelio a todas las gentes

Benedicto XVI
-El primer servicio que los cristianos pueden dar a todo el género humano es anunciarle el Evangelio

Pablo VI
-Evangelizar es proclamar la Buena Nueva en todos los ambientes de la humanidad a fin de cambiar interiormente a los hombres y su vida

Pío XII
-El verdadero cristiano da ánimo y ejemplo a sus hermanos en peligro de desanimarse frente a la tenebrosa audacia del mal
-No hay empresa más noble que reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado

Pío IX
-El más grande deber de la caridad cristiana es sacar de las tinieblas del error a los que están fuera de la verdad de la Iglesia Católica
-Es preciso cortar y arrancar de raíz las yerbas nocivas que veamos crecer: a los que diseminan falsas doctrinas y traicionan al depósito de la fe

León XII
-El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas, inconsistentes y contradictorias entre sí

Gregorio XVI
-Perecerán eternamente los que no están con Cristo

Santo Tomás de Aquino
-Es conveniente que la excomunión sea la pena del cismático

León I Magno
-Huid de los que no quisieren corregirse, evitad conversar con ellos

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)
-La Iglesia recibió el encargo de enseñar y tiene el deber de proscribir el error para que nadie se engañe

III – La Iglesia es custodia de la verdad y mantiene pura su doctrina, recibida de Cristo. No busca una verdad mejor, ni se purifica en el diálogo interreligioso

Congregación para la Doctrina de la Fe
-La Iglesia se sabe portadora de una fidelidad radical a la Palabra de Dios, establecida por Cristo hasta el fin de los tiempos

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)
-La Iglesia es la maestra de la verdad por voluntad de Cristo

San Juan de la Cruz
-Es agravio a Dios no poner los ojos totalmente en Cristo

Pío XI
-El culto verdadero se conserva solamente en la Iglesia Católica

León XIII
-Abrazar a cualquiera de cualquier religión es arruinar a la católica

Pío IX
-Es perverso el sistema que propugna la indiferencia en materia de religión

San Cipriano de Cartago
-Que nadie corrompa la pureza de la fe con prevaricación infiel
– Todo el que se separa de la Iglesia se une a una adúltera

Santo Tomás de Aquino
-Así como el que bebe el cáliz del Señor se hace uno con Él, El que bebe el cáliz de los demonios se hace uno con ellos

Pío XI
-Es falsa la opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables
-La diversidad de opiniones lleva al menosprecio de la religión, pues la verdad dogmática pasa a no ser absoluta sino relativa

Congregación para la Doctrina de la Fe
-Hay una distinción clara entre la fe teologal y la creencia en las otras religiones

Pablo VI
-El mensaje de Cristo es la verdad y no admite indiferencia, sincretismo, ni acomodaciones
– No podemos compartir variadas expresiones religiosas o quedar indiferentes, como si todas fuesen equivalentes

Sagradas Escrituras
-No cedimos a la imposición de los falsos hermanos, a fin de preservar para vosotros la verdad del Evangelio
-No podemos participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios
-¿Qué concordia puede haber entre Cristo y Belial?

IV – Aclaración doctrinal indispensable: ¿Cómo entender el llamado al diálogo del Concilio Vaticano II? ¿La Iglesia ya no quiere la evangelización? ¿Cuál es el diálogo verdadero? ¿Existe un diálogo falso?

Juan Pablo II
-El Concilio Vaticano II quiere un diálogo lleno del espíritu de conversión: el diálogo no puede ser exclusivamente horizontal sin orientar hacia Jesucristo

Pablo VI
-El diálogo: ni una debilidad frente al deber con la fe, ni atenuación de la verdad, ni compromiso ambiguo de los principios de pensamiento y acción

Congregación para la Doctrina de la Fe
-No hay que silenciar o usar términos ambiguos: fuera de la verdad nunca podrá haber una unión verdadera

Juan Pablo II
-Nos urge siempre la unidad en la verdad y no solamente en la caridad: la pureza de la doctrina es base en la edificación de la comunidad cristiana

Santo Tomás de Aquino
-El diálogo con los no católicos debe ser hecho sólo por quien es firme en la fe y con el fin de la conversión de aquellos

Congregación para la Doctrina de la Fe
-Teorías relativistas niegan el carácter de verdad absoluta y universal de la doctrina de Cristo, y propugnan un pluralismo religioso por principio y no sólo de hecho
-Censurada la proposición: “pensar que el Dios de la propia religión es el único es simplemente fanatismo”
-La paridad, presupuesto del diálogo, se refiere a la igualdad de la dignidad personal de las partes, no a los contenidos doctrinales, ni mucho menos a Jesucristo
-Para que el diálogo pueda ser verdaderamente constructivo no basta apertura, hay que tener fidelidad a la identidad de la fe católica

Juan Pablo II
-Es erróneo decir que basta ayudar a los hombres a ser más hombres o más fieles a la propia religión. Tampoco basta formar comunidades trabajando por la paz.

I – ¿La fidelidad a la ortodoxia católica es fundamentalismo o garantía contra la dictadura del relativismo?


Card. Joseph Ratzinger

  • A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo

¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos. (Card. Joseph Ratzinger. Homilia en la Misa Pro eligendo Pontifice, 18 de abril de 2005)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • Hoy, afirmar que la Iglesia recibió la plenitud de la Revelación divina es intolerancia… ¡quizás fundamentalismo!

Desde hace mucho tiempo se ha ido creando una situación en la cual, para muchos fieles, no está clara la razón de ser de la evangelización. Hasta se llega a afirmar que la pretensión de haber recibido como don la plenitud de la Revelación de Dios, esconde una actitud de intolerancia y un peligro para la paz. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización, n. 10, 3 de diciembre de 2007)

Sagradas Escrituras

  • Dar la bienvenida a quién no se mantiene en la doctrina de Cristo es hacerse cómplice de sus malas acciones

Todo el que se propasa y no se mantiene en la doctrina de Cristo, no posee a Dios; quien permanece en la doctrina, este posee al Padre y al Hijo. Si os visita alguno que no trae esa doctrina, no lo recibáis en casa ni le deis la bienvenida; quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas acciones. (2 Jn 9-11)

Pío XI

  • La fe íntegra y sincera es fundamento y raíz de la caridad

Podría parecer que dichos “pancristianos”, tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos, pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, integra y pura, la doctrina de Jesucristo: “Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis” (2 Jn 1, 10). Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 13, 6 de enero de 1928)

Pío XII

  • No es lícito disimular un solo dogma de la Iglesia aunque sea por desear la paz

No es lícito, ni siquiera con el pretexto de hacer más fácil la concordia, disimular siquiera un solo dogma; pues, como advierte el patriarca de Alejandría: “Desear la paz es ciertamente primero y mayor bien, pero no si debe por tal motivo permitir que venga a menos la virtud de la piedad en Cristo”. (Epis. 61). (Pío XII. Encíclica Orientalis ecclesiae, 9 de abril de 1944)

Pablo VI

  • La Iglesia no puede renegar de sí misma: su fundamento es ser según la mente de Cristo, conservada en la Escritura y en la Tradición

Todos saben por igual que la humanidad en este tiempo está en vía de grandes transformaciones, trastornos y desarrollos que cambian profundamente no sólo sus formas exteriores de vida, sino también sus modos de pensar. Su pensamiento, su cultura, su espíritu se han modificado íntimamente, ya por el progreso científico, técnico y social, ya por las corrientes del pensamiento filosófico y político que la invaden y atraviesan. Todo ello, como las olas de un mar, envuelve y sacude a la Iglesia misma; los espíritus de los hombres que a ella se confían están fuertemente influidos por el clima del mundo temporal; de tal manera que un peligro como de vértigo, de aturdimiento, de extravío, puede sacudir su misma solidez e inducir a muchos a aceptar los más extraños pensamientos, como si la Iglesia tuviera que renegar de sí misma y abrazar novísimas e impensadas formas de vida. […] Ahora bien; creemos que para inmunizarse contra tal peligro, siempre inminente y múltiple, que procede de muchas partes, el remedio bueno y obvio es el profundizar en la conciencia de la Iglesia, sobre lo que ella es verdaderamente, según la mente de Cristo conservada en la Escritura y en la Tradición, e interpretada y desarrollada por la genuina enseñanza eclesiástica, la cual está, como sabemos, iluminada y guiada por el Espíritu Santo. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 8, 6 de agosto de 1964)


II – El mandato de Cristo es evangelizar, es decir, mostrar la verdad y sacar al otro del error… ¡o proscribirlo para que nadie se engañe!


Sagradas Escrituras

  • El que representa al pueblo ante Dios debe inculcarle los mandatos y las instrucciones divinas

Tú representas al pueblo ante Dios y presentas ante Dios sus asuntos. Incúlcales los mandatos y las instrucciones, enséñales el camino que deben seguir y las acciones que deben realizar. (Ex 18, 19-20)

  • ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. (1 Cor 9, 16-17)

  • Proclama la palabra, insiste, arguye, reprocha, pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina y apartarán el oído de la verdad

Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. (2 Tim 4, 1-5)

Código de Derecho Canónico

  • La Iglesia recibió el depósito de la fe y tiene el deber y el derecho de predicar el Evangelio a todas las gentes

La Iglesia, a la cual Cristo Nuestro Señor encomendó el depósito de la fe, para que, con la asistencia del Espíritu Santo, custodiase santamente la verdad revelada, profundizase en ella y la anunciase y expusiese fielmente, tiene el deber y el derecho originario, independiente de cualquier poder humano, de predicar el Evangelio a todas las gentes, utilizando incluso sus propios medios de comunicación social. (Código de Derecho Canónico, can. 747, § 1-2)

Benedicto XVI

  • El primer servicio que los cristianos pueden dar a todo el género humano es anunciarle el Evangelio

El anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden dar a cada persona y a todo el género humano, por estar llamados a comunicar a todos el amor de Dios, que se manifestó plenamente en el único Redentor del mundo, Jesucristo”. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el Congreso organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos con motivo del 40° aniversario del Decreto conciliar “Ad gentes”, 11 de marzo de 2006)

Pablo VI

  • Evangelizar es proclamar la Buena Nueva en todos los ambientes de la humanidad a fin de cambiar interiormente a los hombres y su vida

Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5; cf. 2 Cor 5, 17; Gal 6, 15). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo (cf. Rom 6, 4) y de la vida según el Evangelio (cf. Ef 4, 23-24; Col 3, 9-10). La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del mensaje que proclama (cf. Rom 1, 16; 1 Cor 1, 18; 2, 4), trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos.(Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 18, 8 de diciembre de 1975)

Pío XII

  • El verdadero cristiano da ánimo y ejemplo a sus hermanos en peligro de desanimarse frente a la tenebrosa audacia del mal

Consciente de la tenebrosa audacia del mal desbordado en esta vida, el verdadero seguidor de Cristo experimenta en sí vivo estímulo para mayor vigilancia tanto sobre sí mismo como sobre sus hermanos en peligro. Seguro como está de la promesa de Dios y del triunfo final de Cristo sobre sus enemigos y los de su reino, se siente interiormente robustecido contra las desilusiones y fracasos, derrotas y humillaciones, y puede comunicar igual confianza a todos aquellos a quienes se acerca en su ministerio apostólico, convirtiéndose de esta manera en su baluarte espiritual, mientras da ánimo y ejemplo a cuantos se hallan tentados a ceder o a desanimarse frente al número y la potencia de los adversarios. (Pío XII. Discurso a los miembros del Sacro Colegio y de la Prelatura Romana con motivo de las felicitaciones de Navidad, n. 8, 24 de diciembre de 1940)

  • No hay empresa más noble que reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado

No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? Todo el que pertenece a la milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo cómo ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que ésta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo? (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)

Pío IX

  • El más grande deber de la caridad cristiana es sacar de las tinieblas del error a los que están fuera de la verdad de la Iglesia Católica

Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; al contrario, si aquellos son pobres o están enfermos o afligidos por cualesquiera otras miserias, esfuércense más bien en cumplir con ellos todos los deberes de la caridad cristiana y en ayudarlos siempre y, ante todo, pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y a la Madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que, fundados y firmes en la fe, esperanza y caridad y fructificando en toda obra buena (Col 1, 10), consigan la eterna salvación. (Denzinger-Hünermann 1678. Pío IX. Encíclica Quanto conficiamur moerore, n. 8, 10 de agosto de 1863)

  • Es preciso cortar y arrancar de raíz las yerbas nocivas que veamos crecer: a los que diseminan falsas doctrinas y traicionan al depósito de la fe

Creemos de nuestro deber y oficio cortar y arrancar de raíz las yerbas nocivas que viéremos crecer, a fin de que no se arraiguen y propaguen en daño del campo del Señor. Y por cierto, que ya desde el origen de la Iglesia naciente, conviniendo que la fe de los elegidos fuera probada como el oro en el fuego, el Apóstol, vaso de elección, quiso advertir a los fieles, que si alguno se levantare de los que alteran y trastornan el Evangelio de Cristo, diseminando falsas doctrinas y haciendo traición al depósito de la fe, aunque fuera un ángel el que evangelizara otra cosa que lo evangelizado, era preciso anatematizarlo. (Pío IX. Carta apostólica Ad Apostolicae Sedis, 22 de agosto de 1851)

León XII

  • El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas, inconsistentes y contradictorias entre sí

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. […] Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia. (León XII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)

Gregorio XVI

  • Perecerán eternamente los que no están con Cristo

Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4, 5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo (cf. Lc 11, 23) y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha. (Gregorio XVI. Encíclica Mirari vos, n. 9, 15 de agosto de 1832)

Santo Tomás de Aquino

  • Es conveniente que la excomunión sea la pena del cismático

Cada cual debe ser castigado por lo que peca, como dice la Escritura (Sl 2, 17). Ahora bien, según hemos visto (a. 1), el cismático peca en dos cosas. La primera, por separarse de los miembros de la Iglesia. Bajo este aspecto es conveniente que la excomunión sea la pena del cismático. La segunda cosa en que peca es por resistirse a someterse a la cabeza de la Iglesia. Por eso, dado que se resiste a dejarse corregir por la potestad espiritual, es justo que lo sea por el poder temporal. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.37, a.4)

León I Magno

  • Huid de los que no quisieren corregirse, evitad conversar con ellos

Por lo tanto, queridos, de aquellos [herejes de] que estamos hablando huid como de veneno mortal, execradlos, desviaos de ellos y si, advertidos por vosotros, no quisieren corregirse, evitad conversar con ellos porque como está escrito, “la palabra de ellos es como la gangrena, que corroe” (2 Tm 2, 17). (León I Magno. Homilía 96 contra la herejía de Eutiques, 3)

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)

  • La Iglesia recibió el encargo de enseñar y tiene el deber de proscribir el error para que nadie se engañe

Ahora bien, la Iglesia, que recibió juntamente con el cargo apostólico de enseñar, el mandato de custodiar el depósito de la fe, tiene también divinamente el derecho y deber de proscribir la ciencia de falso nombre (1 Tm 6, 20), a fin de que nadie se deje engañar por la filosofía y la vana falacia (cf. Col 2, 8; Can 2). (Denzinger-Hünermann 3018. Concilio Vaticano I, Sesión III, Constitución dogmática sobre la fe católica, cap. 4, 24 de abril de 1870)


III – La Iglesia es custodia de la verdad y mantiene pura su doctrina, recibida de Cristo. No busca una verdad mejor, ni se purifica en el diálogo interreligioso


Congregación para la Doctrina de la Fe

  • La Iglesia se sabe portadora de una fidelidad radical a la Palabra de Dios, establecida por Cristo hasta el fin de los tiempos

Concretamente, no se debe perder nunca de vista que la Iglesia no encuentra la fuente de su fe y de su estructura constitutiva en los principios de la vida social de cada momento histórico. Reconociendo el mundo en el que vive y por cuya salvación obra, la Iglesia se sabe portadora de una fidelidad superior a la que se encuentra vinculada. Se trata de la fidelidad radical a la Palabra de Dios recibida por la misma Iglesia establecida por Cristo hasta el fin de los tiempos. (Congregación para la Doctrina de la Fe. En torno a la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la doctrina propuesta en la Carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, 28 de octubre de 1995)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

  • La Iglesia es la maestra de la verdad por voluntad de Cristo

Los fieles, en la formación de su conciencia, deben prestar diligente atención a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia. Pues por voluntad de Cristo la Iglesia católica es la maestra de la verdad, y su misión consiste en anunciar y enseñar auténticamente la verdad, que es Cristo, y al mismo tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana. […] El discípulo tiene la obligación grave para con Cristo Maestro de conocer cada día mejor la verdad que de Él ha recibido, de anunciarla fielmente y de defenderla con valentía. (Concilio Vaticano II. Declaración Dignitatis humanae, n. 14, 7 de diciembre de 1965)

San Juan de la Cruz

  • Es agravio a Dios no poner los ojos totalmente en Cristo

Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar. […] En lo cual da a entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad. (San Juan de la Cruz. Subida del Monte Carmelo, II, 22, 3-5)

Pío XI

  • El culto verdadero se conserva solamente en la Iglesia Católica

Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no entre o de él salga perdido ha la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones, lo que aquí se ventila es la vida y la salvación, a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 17, 6 de enero de 1928)

León XIII

  • Abrazar a cualquiera de cualquier religión es arruinar a la católica

Abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás. (León XIII. Encíclica Humanum genus, n. 6, 20 de abril de 1884)

Pío IX

  • Es perverso el sistema que propugna la indiferencia en materia de religión

Tal es el sistema perverso y opuesto a la luz natural de la razón que propugna la indiferencia en materia de religión, con el cual estos inveterados enemigos de la Religión, quitando todo discrimen entre la virtud y el vicio, entre la verdad y el error, entre la honestidad y vileza, aseguran que en cualquier religión se puede conseguir la salvación eterna, como si alguna vez pudieran entrar en consorcio la justicia con la iniquidad, la luz con las tinieblas, Cristo con Belial (2 Cor 6, 15). (Pío IX. Encíclica Qui pluribus, n. 9, 9 de noviembre de 1846)

San Cipriano de Cartago

  • Que nadie corrompa la pureza de la fe con prevaricación infiel

Puesto que el Santo Apóstol Pablo enseña esto mismo y declara el misterio de la unidad con estas palabras: Un solo cuerpo y un solo espíritu, una sola esperanza de vuestra vocación, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios, debemos mantener y defender con toda energía esta unidad, mayormente los obispos, que estamos al frente de la Iglesia, a fin de probar que el mismo episcopado es uno y indivisible. Nadie engañe con mentiras a los hermanos, nadie corrompa la pureza de la fe con prevaricación infiel. […] La Iglesia del Señor esparce sus rayos, difundiendo la luz por todo el mundo; la luz que se expande por todas las partes es, sin embargo, una y no se divide la unidad de su masa. Extiende sus ramas con frondosidad por toda la tierra e influyen sus abundosos arroyos en todas direcciones; con todo, uno solo es el principio y la fuente y una sola la madre exuberante de fecundidad. (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, II, 5)

  • Todo el que se separa de la Iglesia se une a una adúltera

La esposa de Cristo no puede ser adúltera, pues es incorruptible y pura. Solo una casa conoce, guarda la inviolabilidad de un solo tálamo con pudor casto. Ella nos conserva para Dios, ella destina para el Reino a los hijos que ha engendrado. Todo el que se separa de la Iglesia se une a una adúltera, se aleja de las promesas de la Iglesia, y no logrará las recompensas de Cristo quien abandona la Iglesia de Cristo; es un extraño, es un profano, es un enemigo. No puede tener a Dios por Padre quien no tiene la Iglesia por Madre. Si pudo salvarse alguno fuera del arca de Noé, entonces lo podrá también quien estuviese fuera de la Iglesia. Nos lo advierte el Señor cuando dice: “Quien no está conmigo, está contra Mí, y quien no recoge conmigo desparrama” (Mt 12, 30). Quien rompe la paz y concordia de Cristo, está contra Cristo. Quien recoge en otra parte, fuera de la Iglesia, disipa la Iglesia de Cristo. (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, II, 6)

Santo Tomás de Aquino

  • Así como el que bebe el cáliz del Señor se hace uno con Él, El que bebe el cáliz de los demonios se hace uno con ellos

Así es, que efectivamente somos una sola cosa [con Cristo] en su Cuerpo Místico. […] Es, pues, su razonamiento de este tenor: así como el que bebe el cáliz del Señor se hace uno con Él, de la misma manera el que bebe el cáliz de los demonios se hace uno con ellos. Pero si hay cosa que más deba huirse es la unidad con los demonios. (Santo Tomás de Aquino. Comentario a la Primera Epístola a los Corintios, 1 Cor 10, 14-17, lec.4)

Pío XI

  • Es falsa la opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables

Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen [algunos] haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. […] Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no solo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 2-3, 6 de enero de 1928)

  • La diversidad de opiniones lleva al menosprecio de la religión, pues la verdad dogmática pasa a no ser absoluta sino relativa

Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o “indiferentismo”, y al llamado “modernismo”, con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable a la vida de los hombres. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 15, 6 de enero de 1928)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • Hay una distinción clara entre la fe teologal y la creencia en las otras religiones

Debe ser, por lo tanto, firmemente retenida la distinción entre la fe teologal y la creencia en las otras religiones. […] No siempre tal distinción es tenida en consideración en la reflexión actual, por lo cual a menudo se identifica la fe teologal, que es la acogida de la verdad revelada por Dios Uno y Trino, y la creencia en las otras religiones, que es una experiencia religiosa todavía en búsqueda de la verdad absoluta y carente todavía del asentimiento a Dios que se revela. Este es uno de los motivos por los cuales se tiende a reducir, y a veces incluso a anular, las diferencias entre el cristianismo y las otras religiones (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 7, 6 de agosto de 2000)

Pablo VI

  • El mensaje de Cristo es la verdad y no admite indiferencia, sincretismo, ni acomodaciones

Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 5, 8 de diciembre de 1975)

  • No podemos compartir variadas expresiones religiosas o quedar indiferentes, como si todas fuesen equivalentes

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas [judaísmo, religión musulmana y afroasiáticas] ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que Él quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 40, 6 de agosto de 1964)

Sagradas Escrituras

  • No cedimos a la imposición de los falsos hermanos, a fin de preservar para vosotros la verdad del Evangelio

Subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. […] Y les expuse el Evangelio que predico entre los gentiles, aunque en privado, a los más cualificados, no fuera que caminara o hubiera caminado en vano. Sin embargo, ni siquiera obligaron a circuncidarse a Tito, que estaba conmigo y es griego. Di este paso por motivo de esos intrusos, esos falsos hermanos que se infiltraron para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y esclavizarnos. Pero ni por un momento cedimos a su imposición, a fin de preservar para vosotros la verdad del Evangelio. (Gal 2, 1-5)

  • No podemos participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios

Los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios; y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O vamos a provocar los celos del Señor? (1 Cor 10, 20-22)

  • ¿Qué concordia puede haber entre Cristo y Belial?

No os unzáis en yugo desigual con los infieles: ¿qué tienen en común la justicia y la maldad?, ¿qué relación hay entre la luz y las tinieblas?, ¿qué concordia puede haber entre Cristo y Belial?, ¿qué pueden compartir el fiel y el infiel?, ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? Pues nosotros somos templo del Dios vivo; así lo dijo él: Habitaré entre ellos y caminaré con ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Por eso, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis lo impuro, y yo os acogeré. Y seré para vosotros un padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor omnipotente. Teniendo, pues, estas promesas, queridos, purifiquémonos de toda impureza de la carne o del espíritu, para ir completando nuestra santificación en el temor de Dios. (2 Cor 6, 14-18; 7, 1)


IV – Aclaración doctrinal indispensable: ¿Cómo queda el llamado al diálogo del Concilio Vaticano II? ¿La Iglesia ya no quiere la evangelización? ¿Cuál es el diálogo verdadero? ¿Existe un diálogo falso?


Juan Pablo II

  • El Concilio Vaticano II quiere un diálogo lleno del espíritu de conversión: el diálogo no puede ser exclusivamente horizontal sin orientar hacia Jesucristo

Una vez más el Concilio Vaticano II nos ayuda. Se puede decir que todo el Decreto sobre el ecumenismo está lleno del espíritu de conversión. El diálogo ecuménico presenta en este documento un carácter propio; se transforma en “diálogo de la conversión”, y por tanto, según la expresión de Pablo VI, en auténtico “diálogo de salvación”. El diálogo no puede desarrollarse siguiendo una trayectoria exclusivamente horizontal, limitándose al encuentro, al intercambio de puntos de vista, o incluso de dones propios de cada Comunidad. Tiende también y sobre todo a una dimensión vertical que lo orienta hacia Aquél, Redentor del mundo y Señor de la historia, que es nuestra reconciliación. (Juan Pablo II. Encíclica Ut unum sint, n. 35-36, 25 de mayo de 1995)

Pablo VI

  • El diálogo: ni una debilidad frente al deber con la fe, ni atenuación de la verdad, ni compromiso ambiguo de los principios de pensamiento y acción

Pero subsiste el peligro. El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • No hay que silenciar o usar términos ambiguos: fuera de la verdad nunca podrá haber una unión verdadera

La doctrina católica debe ser expuesta y propuesta total e íntegramente, no hay que silenciar o usar términos ambiguos al referirse a lo que la verdad católica enseña […]. Porque fuera de la verdad nunca podrá haber una unión verdadera. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Ecclesia Catholica, n. 2, 20 de diciembre de 1949)

Juan Pablo II

  • Nos urge siempre la unidad en la verdad y no solamente en la caridad: la pureza de la doctrina es base en la edificación de la comunidad cristiana

Vigilar por la pureza de la doctrina, base en la edificación de la comunidad cristiana, es pues, junto con el anuncio del Evangelio, el deber primero e insustituible del Pastor, del Maestro de la fe. Con cuánta frecuencia ponía esto de relieve San Pablo, convencido de la gravedad en el cumplimiento de este deber (cf. 1 Tim 1, 3-7; 18-20; 11, 16; 2 Tim 1, 4-14). Además de la unidad en la caridad, nos urge siempre la unidad en la verdad. (Juan Pablo II. Discurso en la inauguración de la III Conferencia general del Episcopado Latinoamericano, I, n. 1, en Puebla, 28 de enero de 1979)

Santo Tomás de Aquino

  • El diálogo con los no católicos debe ser hecho sólo por quien es firme en la fe y con el fin de la conversión de aquellos

Si se trata, efectivamente, de cristianos firmes en la fe, hasta el punto de que de su comunicación con los infieles se pueda esperar más bien la conversión de éstos que el alejamiento de aquéllos de la fe, no debe impedírseles el comunicar con los infieles que nunca recibieron la fe, es decir, con los paganos y judíos, sobre todo cuando la necesidad apremia. Si, por el contrario, se trata de fieles sencillos y débiles en la fe, cuya perversión se pueda temer como probable, se les debe prohibir el trato con los infieles; sobre todo se les debe prohibir que tengan con ellos una familiaridad excesiva y una comunicación innecesaria. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.10, a.9)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • Teorías relativistas niegan el carácter de verdad absoluta y universal de la doctrina de Cristo, y propugnan un pluralismo religioso por principio y no sólo de hecho

El perenne anuncio misionero de la Iglesia es puesto hoy en peligro por teorías de tipo relativista, que tratan de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure (o de principio). En consecuencia, se retienen superadas, por ejemplo, verdades tales como el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo, la naturaleza de la fe cristiana con respecto a la creencia en las otras religiones, el carácter inspirado de los libros de la Sagrada Escritura, la unidad personal entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret, la unidad entre la economía del Verbo encarnado y del Espíritu Santo, la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Jesucristo, la mediación salvífica universal de la Iglesia, la inseparabilidad —aun en la distinción— entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, la subsistencia en la Iglesia católica de la única Iglesia de Cristo. […] Se elaboran algunas propuestas teológicas en las cuales la revelación cristiana y el misterio de Jesucristo y de la Iglesia pierden su carácter de verdad absoluta y de universalidad salvífica, o al menos se arroja sobre ellos la sombra de la duda y de la inseguridad. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 4, 6 de agosto de 2000)

  • Censurada la proposición: “pensar que el Dios de la propia religión es el único es simplemente fanatismo”

Las religiones, incluido el Cristianismo, serían uno de los principales obstáculos para el descubrimiento de la verdad. Esta verdad, por otra parte, no es definida nunca por el autor en sus contenidos precisos. Pensar que el Dios de la propia religión es el único, sería simplemente fanatismo. Dios es considerado como una realidad cósmica, vaga y omnipresente. Su carácter personal es ignorado y en la práctica negado. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Notificación sobre los escritos del Padre Anthony de Mello, S.J., 24 de junio de 1998)

  • La paridad, presupuesto del diálogo, se refiere a la igualdad de la dignidad personal de las partes, no a los contenidos doctrinales, ni mucho menos a Jesucristo

“Dios quiere la salvación de todos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la verdad. Los que obedecen a la moción del Espíritu de verdad están ya en el camino de la salvación; pero la Iglesia, a quien esta verdad ha sido confiada, debe ir al encuentro de los que la buscan para ofrecérsela. Porque cree en el designio universal de salvación, la Iglesia debe ser misionera” (Catecismo de la Iglesia Católica 851). Por ello el diálogo, no obstante forme parte de la misión evangelizadora, constituye sólo una de las acciones de la Iglesia en su misión ad gentes. La paridad, que es presupuesto del diálogo, se refiere a la igualdad de la dignidad personal de las partes, no a los contenidos doctrinales, ni mucho menos a Jesucristo que es el mismo Dios hecho hombre— comparado con los fundadores de las otras religiones. De hecho, la Iglesia, guiada por la caridad y el respeto de la libertad, debe empeñarse primariamente en anunciar a todos los hombres la verdad definitivamente revelada por el Señor, y a proclamar la necesidad de la conversión a Jesucristo y la adhesión a la Iglesia a través del bautismo y los otros sacramentos, para participar plenamente de la comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por otra parte, la certeza de la voluntad salvífica universal de Dios no disminuye sino aumenta el deber y la urgencia del anuncio de la salvación y la conversión al Señor Jesucristo. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 22, 6 de agosto de 2000)

  • Para que el diálogo pueda ser verdaderamente constructivo no basta apertura, hay que tener fidelidad a la identidad de la fe católica

Para que el diálogo pueda ser verdaderamente constructivo, además de la apertura a los interlocutores, es necesaria la fidelidad a la identidad de la fe católica. Sólo así se podrá llegar a la unidad de todos los cristianos en “un solo rebaño y un solo pastor” (Jn 10, 16), y sanear de esta forma la herida que aún impide a la Iglesia católica la realización plena de su universalidad en la historia. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Artículo de comentario. Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia, 29 de junio de 2007)

Juan Pablo II

  • Es erróneo decir que basta ayudar a los hombres a ser más hombres o más fieles a la propia religión. Tampoco basta formar comunidades trabajando por la paz

Hoy la llamada a la conversión, que los misioneros dirigen a los no cristianos, se pone en tela de juicio o pasa en silencio. Se ve en ella un acto de “proselitismo”; se dice que basta ayudar a los hombres a ser más hombres o más fieles a la propia religión; que basta formar comunidades capaces de trabajar por la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad. Pero se olvida que toda persona tiene el derecho a escuchar la “Buena Nueva” de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocación. La grandeza de este acontecimiento resuena en las palabras de Jesús a la Samaritana: “Si conocieras el don de Dios” y en el deseo inconsciente, pero ardiente de la mujer: “Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed” (Jn 4, 10.15). (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris missio, n. 46, 7 de diciembre de 1990)


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