¿Los herejes nos van a enseñar la fidelidad al Evangelio?

Acababa la última cena y ya el traidor se había retirado para ejecutar su crimen. Jesús, en la sola compañía de sus Apóstoles, elevó al Padre celestial la conocida oración sacerdotal, en la que pide por sus discípulos y en ellos por todos los que formarían parte de su rebaño, o sea, de su única Iglesia, la católica. Los apóstoles, para poder transmitir la doctrina y la fe verdadera, tuvieron que pasar tres años de intensa convivencia con el Divino Maestro. Prueba de ello es que en el colegio apostólico no había discrepancias religiosas: todos poseían la misma fe, la misma doctrina, las mismas enseñanzas.

Ese rico tesoro fue siendo transmitido por ellos y sus sucesores a los católicos de todos los tiempos, incontaminado e imposible de ser modificado por nadie hasta el final de los siglos. En ese depósito de fe se encuentra la base para la unión entre los católicos, conquistada y solidificada por la oración del Divino Maestro: “que todos sean uno” (Jn 17, 21).

Sin embargo, no faltaron herejes que, en pos de un extraño sincretismo, tergiversaron esas palabras, afirmando que Jesús en este momento pidió para que todas las religiones se unieran. Y mucho peor, que su Iglesia buscara en las otras algo que pudiese enriquecerla en la fuerza y plenitud de su anuncio evangélico.

Para evitar esa idea que subconscientemente se encuentra en la cabeza de más de uno, veamos en este estudio cual es la verdadera concepción de ecumenismo, si el anuncio de las otras religiones es verdadero y si los católicos podemos buscar algo en ellas sin injuriar a nuestra Santa Madre Iglesia. Veamos⇒

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