El pecado ¿una ofensa contra el mundo?

En la epístola a los romanos, San Pablo deja muy claro no sólo a sus destinatarios de aquel tiempo, sino también a todos los que la leerían a lo largo de la historia de la Iglesia, la íntima relación de la Creación, obra de las manos de Dios, con la moral eterna. El Apóstol predicaba que la ira de Dios se revela contra la impiedad y la injusticia de los hombres, los cuales podían conocerle mediante la Creación y glorificarle por su obra, pero “se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad. Haciendo alarde de sabios se convirtieron en necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y reptiles” (cf. Rom 1, 21-23).

Algo muy parecido sucede en los días actuales, pues la humanidad, en vanos razonamientos, se extraviando de la verdad y de la moral, perdiendo la concepción cristiana de la naturaleza creada, admitiendo que la crisis actual no se encuentra en el hecho patente del apartamiento de Dios sino porque en que nos hemos olvidado de la naturaleza. Según esa idea, la solución para la crisis sería haber, no un cambio rumbo a la santidad, sino una extraña conversión ecológica.

Inspirados en las palabras de San Pablo queremos tener muy claro cual es la conversión que el hombre de hoy necesita, cuales son los verdaderos problemas que desencadenaron la actual crisis ecológica y los aspectos esenciales de una existencia virtuosa según los planes de Dios. ¿Será realmente el cuidado de la creación el objetivo primordial de la vida cristiana? Entra aquí y verás⇒