Francisco delante de la seriedad de la confesión

Con Dios no se juega. ¡Vete y morirás en tu pecado!” Con esas palabras llenas de furia e indignación fue expulsado el penitente de la celda del fraile capuchino. Actitud anti-pastoral de un confesor que no supo tener paciencia con sus penitentes. “Pobre hombre… ¡fue tan sólo a pedir perdón! No quería escuchar cuestionamientos…”, diría seguramente alguien con una visión unilateral y ambigua sobre la Misericordia. Aquel confesor no debería haberle hecho ninguna pregunta, su deber era simplemente el de perdonar, pues para eso está en el confesonario. Por su culpa, ese fiel seguramente nunca más volvería al santo tribunal de la Penitencia, alegando que fue por causa del mal trato recibido del sacerdote, que podría, con esta actitud, alejar muchos otros de la Misericordia Divina.

Sin embargo, la actitud de aquél religioso no resulto infructífera… pero antes de conocer el final de la historia, veamos esta reciente homilía de Francisco para los Frailes Capuchinos:

 “Entre vosotros hay muchos buenos confesores: porque se sienten pecadores, como nuestro fray Cristóbal. Saben que son grandes pecadores y delante de la grandeza de Dios continuamente rezan: «Escucha Señor y perdona» (cf. 1 Re 8, 30). Y porque saben rezar así, saben perdonar. En cambio cuando alguien se olvida de la necesidad que tiene de perdón, lentamente se olvida de Dios, se olvida de pedir perdón y no sabe perdonar. El humilde, quien se siente pecador, es un gran perdonador en el confesonario. Los otros, como estos doctores de la ley que se sienten «los puros», los maestros, solamente saben condenar.
“Os hablo como hermano, y en vosotros querría hablarle a todos los confesores, especialmente en este Año de la Misericordia: el confesonario es para perdonar. Y si tú no puedes dar la absolución —hago esta hipótesis— por favor no «varees». La persona que viene, viene a buscar consuelo, perdón y paz en su alma; que encuentre a un padre que lo abraza, que le dice: «Dios te quiere mucho» y ¡que se lo haga sentir! Me disgusta decirlo, pero cuánta gente — creo que la mayoría de nosotros lo hemos oído— dice: «No voy más a confesarme porque una vez me hicieron estas preguntas, me hicieron esto…». Por favor…
Pero vosotros capuchinos tenéis este don especial del Señor: perdonar. Y os pido: ¡no os canséis de perdonar! Me acuerdo de uno que conocí en mi otra diócesis, un hombre de gobierno, que después, acabado su tiempo de gobierno como guardián y provincial, a los 70 años fue enviado a un santuario a confesar. Este hombre tenía una fila de gente, todos, todos: sacerdotes, fieles, ricos, pobres, ¡todos! Un gran perdonador. Siempre encontraba el modo de perdonar o al menos de dejar esa alma en paz con un abrazo. Y una vez lo encontré y me dijo: «Escúchame, tú que eres obispo, tú puedes decírmelo: yo creo que peco porque perdono mucho y me viene este escrúpulo…» — «¿Y por qué?» — «No sé, pero siempre encuentro cómo perdonar…» — «¿Y qué haces cuando te sientes así?» — «Voy a la capilla delante del tabernáculo y le digo al Señor: Discúlpame Señor, perdóname, creo que hoy he perdonado demasiado. Pero Señor, ¡has sido Tú quien me ha dado el mal ejemplo!». Sed hombres de perdón, de reconciliación y de paz.
Hay muchos lenguajes en la vida: el lenguaje de la palabra, pero también el lenguaje de los gestos. Si una persona se acerca a mí, al confesonario, es porque siente algo que le pesa, que quiere quitarse. Quizás no sabe cómo decirlo, pero el gesto es este. Si esta persona se acerca es porque quiere cambiar, y lo dice con el gesto de acercarse. No es necesario hacer preguntas: «¿Pero tú, tú…?». Y si una persona viene es porque en su alma quisiera no hacerlo más. Pero muchas veces no pueden, porque están condicionados por su psicología, por su vida y su situación… «Ad impossibilia nemo tenetur»”. (Homilía para los Frailes Capuchinos, 9 de febrero de 2016)[1]

La frase citada al inicio de esta entrada fue pronunciada, ni más ni menos, que por San Leopoldo Mandic[2], puesto por Francisco como modelo de confesores en este tan cacareado Jubileo de la Misericordia. Sí, un verdadero modelo… que él no sigue, a juzgar por las enseñanzas que dio a los frailes capuchinos en la reunión que tuvo con ellos el pasado 9 de febrero.

Veamos como continuó la historia, y que cada uno saque sus conclusiones…

Después de sentirse vilipendiado y fulminado por el fraile, el penitente se arrodilla a sus pies suplicando perdón. San Leopoldo Mandic, que era el fraile capuchino que poco antes ardía en cólera, viendo ahora en aquél pecador las condiciones necesarias para una buena confesión, esto es, el dolor de los pecados que antes no tenía, lo abraza diciendo: “ahora somos hermanos”.

Tal vez esa actitud del Santo de la Misericordia no fuese conocida por Francisco. Es lo que muestra la confidencia hecha en el citado encuentro: “La persona que viene, viene a buscar consuelo, perdón y paz en su alma; que encuentre a un padre que lo abraza, que le dice: «Dios te quiere mucho» y ¡que se lo haga sentir! Me disgusta decirlo, pero cuánta gente — creo que la mayoría de nosotros lo hemos oído— dice: «No voy más a confesarme porque una vez me hicieron estas preguntas, me hicieron esto…». Por favor…”

Infelizmente, nos encontramos una vez más ante la típica actitud ambigua de Francisco abordando los asuntos más serios enfocándolos siempre desde una postura unilateral. Y, ya son tantas las veces, que el P. Lombardi no está consiguiendo aclararlas todas. Una declaración así puede traicionar a aquellos mismos sacerdotes que, con la misión de perdonar deben hacerlo con toda la diligencia y seriedad, apartando a los fieles que, siguiendo las afirmaciones de Francisco, se creen en el derecho de no ser indagados por nadie en el confesonario.

¿Hay algún mal en hacer preguntas a los penitentes? ¿Acaso no hay momentos en los que el confesor no sólo puede sino que debe, con obligación grave, interrogar al penitente?

SCCC_pEs Doctrina Católica que en el confesionario el sacerdote ejerce tres oficios: juez, médico y padre. “Cuando celebra el sacramento de la Penitencia, el sacerdote ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida, el del Buen Samaritano que cura las heridas, del Padre que espera al hijo pródigo y lo acoge a su vuelta, del justo Juez que no hace acepción de personas y cuyo juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n.1465).

Como padre, debe recibir a sus penitentes. Como médico, diagnosticar su enfermedad y administrarles los remedios necesarios para su cura. Y como juez, pronunciar la sentencia. Por eso el sacerdote debe tener un conocimiento claro de qué es lo que configura a ese penitente en concreto, como reo, enfermo, e hijo que se arrodilla para pedir perdón.

Por tanto, será imprudente el confesor que se limite a distribuir absoluciones sin conocimiento de causa, con la prerrogativa de que está ahí apenas para perdonar.

300px-St-thomas-aqPor eso, en muchos casos, el confesor tiene la obligación de hacer preguntas al penitente con el fin de adquirir un conocimiento de causa más adecuado y, así, poder administrar eficazmente el sacramento de la reconciliación. Como nos enseña el Doctor Angélico: “El sacerdote debe penetrar la consciencia del pecador en la confesión como el médico la herida, y el juez la causa, pues con frecuencia lo que el penitente calla por confusión, interrogado lo revela”. (Super Sent., lib. 4 d. 19 q. 2 a. 3 qc. 3 expos.)

Esa doctrina, común, por no decir elemental, entre los Doctores de la Iglesia, está ampliamente desarrollada por San Alfonso de Ligorio, el “renovador de la moral; que con el contacto de la gente en el confesionario, especialmente durante sus predicaciones misioneras, gradualmente y con mucho trabajo sometió a revisión su mentalidad, llegando progresivamente al justo equilibrio entre la severidad y la libertad”, como nos lo enseñó Juan Pablo II (Carta Apostólica Spiritus Domini de 1 de Agosto de 1987). Entre los principales avisos que da San Alfonso a los confesores, encontramos el siguiente: “Debe pues conocer escrupulosamente el Confesor el estado de la conciencia del Penitente. El Confesor es un juez : y así como éste debe primero enterarse de las razones, y después discutir los momentos de la causa , para dar por último la sentencia; así también , el Confesor debe primero enterarse de la conciencia del Penitente, examinar después sus disposiciones, y por último concederle ó negarle la absolución” (San Alfonso M. de Ligorio, El hombre apostólico. Barcelona, 1846, p. 141-142).

z_alfonso_ligorio2Pero, ¿el deber de conocer la propia consciencia no es de quien se confesa? Si está arrodillado ya da muestras de que está arrepentido… ¿Para que importunarlo con más preguntas? Quien hace ese tipo de objeciones, conviene que escuche lo que enseña el mismo San Alfonso: “no obstante que el cargo de examinar la conciencia es especial del que se confiesa, sin embargo, es indudable que si el Confesor conoce que el Penitente no ha examinado su conciencia con el debido esmero, está en obligación de interrogarle, primero acerca de los pecados que verosímilmente pudo cometer, y después sobre el número y especie de éstos” (San Alfonso M. de Ligorio, El hombre apostólico. Barcelona, 1846, p. 141-142).

Una de las principales características del buen confesor es saber preguntar, mientras que no hacerlo es atributo del malo. “Algunos Confesores únicamente preguntan sobre la especie y número de los pecados, y nada más; si ven al Penitente dispuesto le absuelven. No es esta la conducta que observan los buenos Confesores: estos empiezan por indagar primero el origen y gravedad del mal, preguntando sobre la costumbre de pecar, sobre las ocasiones, sobre el tiempo, sobre el lugar, sobre las personas y circunstancias de las cosas; pues de este modo pueden corregir mejor á los Penitentes , disponerlos para la absolución , y aplicar los remedios saludables” (San Alfonso M. de Ligorio, El hombre apostólico. Barcelona, 1846, p. 145).

Esta obligación de preguntar, por parte del confesor, no debe ser condicionada por el cargo o por la situación de su penitente. “El confesor no debe contentarse con saber la especie y número de pecados del penitente, debe además informarse de las ocasiones que ha tenido de pecar y preguntar con qué persona ha pecado, en qué lugar, en qué ocasión. Estas preguntas serán dirigidas a todos, aunque sean personas de autoridad o doctores, y no conviene omitir el añadir las convenientes correcciones, negándoles firmemente la absolución si no abandonan la ocasión o si reinciden” (San Alfonso María de Ligorio, Practica de los Confesores, Barcelona, 1857, p.266).

Vemos así que, para hacer verdaderamente el bien a las almas, el confesor tiene obligación de preguntar y así, como juez acertado y como hábil médico, poder aplicar la medicina apropiada para bien del enfermo y saber adecuadamente el momento para atar y desatar en la tierra y en el cielo.

A la vista de estos puntos elementales de moral para confesores, cabe preguntarse si a Francisco ya se le olvidó lo que debieron enseñarle en el Seminario… o ¿será que sus profesores jesuitas le enseñaron algo diferente?…

Porque, ¿qué podríamos pensar, por ejemplo, sobre un médico que, por no querer preguntar al paciente sus síntomas, acabase dando un diagnóstico erróneo, que no atajase una grave enfermedad? ¿No sería responsable de su muerte?

¿Y de un juez que, en la instrucción del proceso, también por no querer ofender al acusado con preguntas, diese un veredicto equivocado y pusiese en libertad un terrorista o un pedófilo y, peor aún, encarcelase a un inocente?

¿Qué pensaríamos, entonces de un padre, que no queriendo hacer preguntas molestas a su hijo, no se preocupase con su comportamiento, sus estudios, su educación, o con las compañías que frecuenta?

Teniendo en vista todo lo anterior surgen otras preguntas ¿qué pretende Francisco dando semejantes consejos a los confesores? ¿Será consciente de lo que dice? ¿De qué nos quiere hacer cómplices? Con nosotros que no cuente, porque cada alma valió la sangre infinitamente preciosa de Nuestro Señor Jesucristo, y con eso no se juega.


Notas

[1] Como este documento ha sido alterado en diversos lugares (como se puede constatar en algunas partes como la traducción de RV) colocamos aquí la foto del documento oficial de la página del Vaticano antes de que también sufra alteraciones…

[2] Pietro Eliseo Bernardi. Leopoldo Mandić: Santo della riconciliazione e dell’ecumenismo spiritual. 12 edición. Padova, 2006.

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17 thoughts on “Francisco delante de la seriedad de la confesión

  1. El santo Padre no creo vaya contra los tres deberes del confesor de juez, médico y perdonador; solo hizo énfasis en que en lo referente a ser juez, algunos confesores se muestran demasiado duros, casi inhumanos, y eso basta para alejar a quienes desean valerse del sacramento para acercarse más al Señor, arrepentidos y deseosos de participar de la Eucaristía. cONOZCO JÓVENES QUE FUERON MALTRATADOS VERBALMENTE POR CONFESORES IMPRUDENTES Y ASÍ ALEJARON A QUIENES DEBERÍAN HABER ACOGIDO CON “MISERICORDIA”

  2. Yo tambien fui muchas veces a confesar el pecado de cometer actos impuros y ver pornografía y aunque me sentía muy mal después de hacerlo volvía a caer. Pero en mi ultima confesión que tuve por estos horribles pecados, el sacerdote me pregunto ¿Porqué lo haces? Y le contesté que no lo sabía y sentí tanto dolor, arrepentimiento, vergüenza y asco en ese momento. El padre me dio la absolución y en ese momento sentí que me liberó también de todo eso. Y eso fue el año pasado. Pero en su pregunta sentí cierta dureza pero también me llevó a quebrarme en ese dolor del pecado que es lo que Dios quiere para perdonarnos y liberarnos.

  3. Excelente articulo sobre la gran responsabilidad que tienen los confesores a la hora de administrar el sacramento. Si según el papa Francisco, los confesores solo están para decir “te absuelvo y vete tranquilo/la que Dios te quiere mucho”, ¿entonces para que querriamos confesarnos? De hecho, la gran mayoría ya se sienten perdonados por Dios directamente sin necesidad de acudir a un sacerdote. Son muchos los que ya han adormecido la conciencia y creen que Dios tiene una excusa para justificar y/u obviar cada pecado, por eso exigen ser perdonados sin más ni más.
    Cuantas veces hemos escuchado decir: ” ¡Dios me entiende! Él sí sabe por qué estoy haciendo lo hago”. Para esa gracia volvamonos todos protestantes y ya.
    Una vez una muchacha se fue a confesar. Entre las cosas que confesó, ella dijo que se había divorciado de su esposo y estaba planeando en seis meses volverse a casar por lo civil con su nuevo novio. El confesor le preguntó si ella sabía que eso era cometer adulterio, ya que no había conseguido la declaración de nulidad. Ella le respondió que si lo sabía. Él le preguntó nuevamente si aún sabiendo esto, pensaba seguir adelante con sus planes. Ella dijo que sí, pues estaba segura que Dios lo comprendía. En ese momento el sacerdote le dijo que no entendía entonces para qué ella se había ido a confesar, si ella no tenía ninguna intención de obedecer los mandatos del Señor y le negó la absolución…
    Bendito sacerdote el que hizo esto, pues gracias a su sabiduría y piedad, esa muchacha experimentó tanto dolor y se sintió tan tocada en lo mas profundo de su conciencia; que a partir de ese momento su vida nunca más volvió a ser la misma, ya que se abrieron para ella las puertas del camino de la conversión.
    ¡Yo puedo dar fe de esto, pues esa muchacha soy yo! Bendito y alabado sea mi Señor que me cruzó en el camino a este santo sacerdote, pues cuanto daño me hubiera hecho si este hubiera aplicado en ese momento las recomendaciones que el papa Francisco actualmente les da a los confesores.
    El Vaticano perdiendo el tiempo atraves de sofismas reinterpretativos de la palabra de Dios y la doctrina y a su vez permitiendo que cardenales, obispos y sacerdotes prediquen cuanta herejia se les cruza en el camino. Para esto no fue fundada la iglesia. La han convertido en una “ONG” donde el centro es el ser humano y no Dios. Que el Señor bendiga a sus sacerdotes mas fieles, que están dispuestos a dar la batalla y a no dejar en ignoracia a su pueblo.
    Laudetur Iesus Christus!

  4. Con todo que está ocurriendo vemos la locura expandiéndose en la Iglesia y en el mundo. Hay un escritor polonés, Czeslaw Milosz mencionó en uno de sus libros que una ideologia enferma psiquicamente a todo un pueblo, haciéndolo esquizofrénico. La esquizofrenia generalizada sí está ocurriendo en la Iglesia y en el mundo. Yo misma siento que me está afectando mucho ese desrden en la Iglesia Católica, las masacres que la ISIS y las organizaciones secretas “yo qué sé cuales” realizan, la atmósfera de engaño y brutalidad, impotencia para impedir tantas barbaridades, los abusos contra los niños desde de la concepción y contra los jóvenes y las mujeres y todos abusados con todo tipo de impensables torturas, crueldades por todos lados, imoralidades repugnantes, enfin toda esa abominable realidad me está afectando. Que verguenza! Pienso que sí, la locura está imperando. Estamos viviendo ya en un grado de Infierno. Si no es Dios a darnos el principio de la realidad en Jesus Cristo y lo que aún queda de su Iglesia, nos perdemos en los labirintos infinitos de posibilidades engañadoras. Dios, Uno y Trino, es sí el Verdadero Dios y Jesus Cristo es nuestro Salvador y nadie puede cambiar la verdad. Socorro Jesus Cristo, ven deprisa que nos estamos hundiendo en la monstruosidad de la humanidad pecadora y obstinada a entregar-se al enemigo. Socorro que la locura se apodera de casi todos…

  5. Que pena el escrito algo largo, pero es que transcribo apartes de documentos de la iglesia para que se entienda lo que digo:

    En el numeral 298 de la EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL SOBRE LA FAMILIA , LA ALEGRIA DEL AMOR, en el capítulo noveno, que trata de la ESPIRITUALIDAD MATRIMONIAL Y FAMILIAR, bajo el subtítulo Discernimiento de las situaciones llamadas «irregulares»[296-300] , en el numeral 298 se lee: Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral. Existe el caso de una segunda unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas. La Iglesia reconoce situaciones en que «cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación»[329]. Al buscar lo que dice el pie de página 329 de la misma exhortación se encuentra que dice: [329] Juan Pablo II, Exhort. ap. Familiaris consortio (22 noviembre 1981), 84: AAS 74 (1982), 186. En estas situaciones, muchos, conociendo y aceptando la posibilidad de convivir «como hermanos» que la Iglesia les ofrece, destacan que si faltan algunas expresiones de intimidad «puede poner en peligro no raras veces el bien de la fidelidad y el bien de la prole» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 51). Es decir hace una cita de la constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, para soportar el discernimiento sobre las uniones irregulares, pero qué encontramos en el numeral 51 de la constitución, primero su título El amor conyugal debe compaginarse
    con el respeto a la vida humana, es decir, va dirigida al amor conyugal, NO AL AMOR IRREGULAR, y el texto dice: 51. El Concilio sabe que los esposos, al ordenar armoniosamente su vida conyugal, con frecuencia se encuentran impedidos por algunas circunstancias actuales de la vida, y pueden hallarse en situaciones en las que el número de hijos, al manos por ciento tiempo, no puede aumentarse, y el cultivo del amor fiel y la plena intimidad de vida tienen sus dificultades para mantenerse. Cuando la intimidad conyugal se interrumpe, puede no raras veces correr riesgos la fidelidad y quedar comprometido el bien de la prole, porque entonces la educación de los hijos y la fortaleza necesaria para aceptar los que vengan quedan en peligro.
    Hay quienes se atreven a dar soluciones inmorales a estos problemas; más aún, ni siquiera retroceden ante el homicidio; la Iglesia, sin embargo, recuerda que no puede hacer contradicción verdadera entre las leyes divinas de la transmisión obligatoria de la vida y del fomento del genuino amor conyugal.
    Pues Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo de modo digno del hombre. Por tanto, la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables. La índole sexual del hombre y la facultad generativa humana superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de vida; por tanto, los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia. Cuando se trata, pues, de conjugar el amor conyugal con la responsable transmisión de la vida, la índole moral de la conducta no depende solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino que debe determinarse con criterios objetivos tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, criterios que mantienen íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero; esto es imposible sin cultivar sinceramente la virtud de la castidad conyugal. No es lícito a los hijos de la Iglesia, fundados en estos principios, ir por caminos que el Magisterio, al explicar la ley divina reprueba sobre la regulación de la natalidad.
    Tengan todos entendido que la vida de los hombres y la misión de transmitirla no se limita a este mundo, ni puede ser conmensurada y entendida a este solo nivel, sino que siempre mira el destino eterno de los hombres.
    El numeral 52 bajo el subtítulo El progreso del matrimonio y de la familia, obra de todos
    52. La familia es escuela del más rico humanismo. Para que pueda lograr la plenitud de su vida y misión se requieren un clima de benévola comunicación y unión de propósitos entre los cónyuges y una cuidadosa cooperación de los padres en la educación de los hijos. La activa presencia del padre contribuye sobremanera a la formación de los hijos; pero también debe asegurarse el cuidado de la madre en el hogar, que necesitan principalmente los niños menores, sin dejar por eso a un lado la legítima promoción social de la mujer. La educación de los hijos ha de ser tal, que al llegar a la edad adulta puedan, con pleno sentido de la responsabilidad, seguir la vocación, aun la sagrada, y escoger estado de vida; y si éste es el matrimonio, puedan fundar una familia propia en condiciones morales, sociales y económicas adecuadas. Es propio de los padres o de los tutores guiar a los jóvenes con prudentes consejos, que ellos deben oír con gusto, al tratar de fundar una familia, evitando, sin embargo, toda coacción directa o indirecta que les lleve a casarse o a elegir determinada persona.
    No encuentro en donde dice esta constitución en este numeral 51 que va dirigida a uniones irregulares, claramente dice No es lícito a los hijos de la Iglesia, fundados en estos principios, ir por caminos que el Magisterio, al explicar la ley divina reprueba sobre la regulación de la natalidad. Entonces va dirigida a los hijos de la Iglesia para no ir por caminos distintos al Magisterio de la Iglesia, en este caso concreto en lo concerniente a la natalidad. Por su parte el numeral 52 habla de que la familia está fundada en el matrimonio en condiciones morales, sociales y económicas adecuadas, es decir, no está hablando la Constitución de uniones irregulares. Es decir, esta exhortación, arbitrariamente, sin seguir la tradición de la Iglesia, equipara el matrimonio católico con las uniones irregulares, haciendo decir a los documentos de la Iglesia lo que no dicen. Como se ve la Constitución Gaudium et spes va dirigida entonces a la familia formal, al amor de los casados por matrimonio católico, fortaleciendo justamente la fidelidad y el bien de los hijos, los actos conyugales, la vida desde la concepción, el amor conyugal y la generación de la vida, etc. Nos están metiendo gato por liebre.

    • Si parece eso
      Al mencionar tutores da la patria potestad a los padres en segundas nupcias?
      Al hablar de menores y no de adolescentes o jovenes.. esta aceptando las costumbres alemanas y suizas de hacer que los hijos se eduquen por si mismosy se retiren del domicilio..desde la escurl secundaria.
      Al hablar de familia escuela de humanismo..esta equiparandola a la masoneria escuela de humanismo.
      La familia cristiana es comunidad de amor y seguro el concepto debe venir de la Creacion y la procreacion que Dios ordeno a nuestros primeros padres..

      Voy a revisar..sobre equiparacion de amor conyugal al de 2a o tercera nupcias..eso seria promover el adulterio.
      Para casos irregulares Benedicto hablaba de acompañamiento porque podian haber hijos de por medio pero jamas propuso una teologia del error..aunque si de la misericordia y de la Comunion Espiritual.
      Voy a verificar lo que dice Benedicto.

      • Mara, cuando dice que la familia es escuela de humanismo en el numeral 52, corresponde a la Constitución Gaudiom et spes del Vaticano II, y con lo que Ud. nos ilustra ve uno que ya había fisuras por donde resquebrajar la iglesia desde aquellos documentos y las están aprovechando

        • Tiene razon…con razon Beneficto XVI y San Juan Pablo II jamas tomaron conceptos mundanos e ideologias en sus exhortaciones..enciclicas..catequesis y el catecismo es teologia pura..

          Los padres sinodales que se adjudicaton la redaccion estan envenedados pero tienen una gran responsabilidad pues nos estabamos recuperando de esas fisuras..con los dos ultimos papas.
          Yo ahora recurro a los dos Benedicto XVI y JPII en cualquier caso de contradiccion. o herejia..para intentar comprender la jugada destructiva.

  6. CON SU DOCUMENTO PUBLICADO EL 8 DE ABRIL DEL 2016, EL FALSO PROFETA SE QUITÓ SU MÁSCARA.

    YO TUVE LA DICHA DE QUE UN SACERDOTE NO ME DIÓ LA ABSOLUCIÓN HACE MUCHOS AÑOS, Y, ENTENDIENDO LA GRAVEDAD DE MI PECADO, CORREGÍ Y MI COMPAÑERA Y YO, HICIMOS UN VOTO DE CASTIDAD –POR SER YO DIVORCIADO VUELTO A CASAR– NOS SEPARAMOS DE CUERPOS Y LLEVAMOS 18 AÑOSDE CONVIVIR COMO HERMANOS. EL AMOR A DIOS Y A NUESTRA SALVACIÓN LO PUDO.

    HOY SE OFICIALIZÓ EL CISMA EN NUESTRA IGLESIA.

    • Gracias ..por su testimonio
      Yo soy divorciada y estoy siendo protegida por la Gracia de Dios para vivir la pureza… yo tenia ganas de salir y divertirme…pero en la medida que asisto a Misa y participo en el Coro..y me confieso..la Gracia de Dios me aleja mas y mas de esa posibilidad.

      • Por eso cuando experimento la Gracia y leo a Bergoglio.. si hay que elegir me quedo con la Gracia.

        Ya no solo es el estudio teologico y las insolencias que leemos ..mezclando paja y trigo..como ese documento vino viejo en odres nuevos..tela vieja con parches de tela incompatible . Rompiendose la tela o amargando el vino.
        Es la Gracia lo que nos mueve a oponernos al mensaje contra el Evangelio

  7. Nuevamente vuelve a caer en el sentimentalismo, en la emotividad, en la justificación del pecado, para evitar el dolor que en realidad ofende al pecador, que es tratado como un pobre perrito que requiere caricias,y abrazos, zalamerías, y no lo enfrenta a la maldad del pecado, esto es en mi opinión más grave. Uno de los temas que ha debilitado la conciencia personal es el abuso que muchos psicólogos y terapeutas han dado a la auto estima, que favorece la complacencia, la falta de respeto a la dignidad de la persona, al considerarla menor de edad, supeditada a sus gustos y preferencias, al hedonismo secular que promueve la irresponsabilidad, la blandenguería, el libertinaje. Por supuesto tampoco se trata de de condenar ni ofender, sino inducir a la reflexión, a aceptar la falta sin componendas ni falsos argumentos a enfrentarse a la realidad del pecado, a fortalecer el yo mediante la oración y penitencia y el resarcimiento del mal causado. La Iglesia siempre ha sido una madre amorosa pero también austera, una madre compasiva, pero también justa, una madre que sufre con el pecador, pero no lo defrauda con falsas e hipócritas prevendas, ni con la justificación de sus pecados, una madre que aborrece el pecado, pero conforta al pecador, una madre misericordiosa pero firme y respetuosa con los mandamientos y la ley de Dios. ¡Qué pena que por agradar y ganar adeptos se desvirtúen los preceptos de una verdadera confesión.

  8. De acuerdo, es preocupante ver cómo fieles católicos de vieja data, se empeñan en creer todo lo que escucha del Vaticano, cerrando además su propia ética a situaciones muy negativas que hemos sabido. Sin embargo, no somos nadie para juzgar, pero como dicen las escrituras “el que quiera oír que oiga”. Dios nos dotó de inteligencia para entender el bien del mal. De todas formas, es imperativo seguir orando por tantos cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes que están haciendo cosas indebidas contra el Magisterio de la Iglesia Católica, única iglesia creada por Cristo en manejo hoy del Papa Francisco. En realidad, es muy confuso el tema, cuesta mucho leer y escuchar a la iglesia católica de hoy.

  9. No pocos católicos hemos permanecido en alerta ante este Papa, demasiado preocupado en aparentar humildad y sumisión, a la par que protagonizaba las portadas de revistas mundanas y beligerantes con el catolicismo, o afirmaba que el proselitismo era una “solemne tontería”, oponiéndose al mismo Cristo cuando dijo: “Id y haced discípulos de todas las naciones”

    Hoy se ha publicado su nueva exhortación, Amoris Laetitia, sobre la alegría del amor, en la que carga una vez más, (capítulo 8), contra enseñanzas que la Iglesia considera inamovibles, esto es, contra un Magisterio cuyo fin es guiar la conducta moral de aquellos que pretenden alcanzar la vida eterna, señalando lo que es pecado y lo que no lo es, y ofrecer los medios para reconciliarse con Dios. Las afirmaciones más controvertidas de “Amoris Laetitia” invitan a los fieles en situación de pecado, como los divorciados recasados, a exigir que la Iglesia cambie su posición doctrinal, en favor de una posición de misericordia, anulando y ninguneando las palabras de Jesucristo: “el que se divorcia y se casa con otra, comete adulterio”, pecado mortal según el 6º Mandamiento dado directamente por Dios a Moisés y que Cristo reafirmó con su evangelización. Respecto a los anticonceptivos, Bergoglio afirma que la decisión de su uso, no debe apoyarse en las normas dogmáticas de la Iglesia sino en la conciencia del matrimonio, contradiciendo abiertamente la encíclica de Pablo VI, “Humanae Vitae”. Francisco también reitera: “los católicos deberían mirar su propia conciencia antes que a las reglas del Vaticano para negociar las complejidades de las relaciones sexuales, del matrimonio y la vida familiar, exigiendo a la Iglesia que pase su énfasis, de la doctrina a la misericordia”.

    En suma, éste es un pseudo Papa al que no se debe seguir, si es que uno valora el destino eterno de su alma, pues al dirigir a los fieles a que desprecien la doctrina exigente del Hijo de Dios, y que se sometan, en cambio, al propio juicio de la conciencia individual, incluso si está mal formada y es errónea culpablemente, es un atrevimiento propio de un enemigo de la Iglesia, es un suicidio moral para aquellos incautos que siguen a Francisco a toda costa.
    Quien tenga inteligencia, que entienda.

  10. Mi durante la Cuaresma vió un joven de la fe bahai comungar en la s. misa de domingo y no supo impedírselo. Antes de la s.misa al encontrar dicho joven bahai allí en la Iglesia cristiana católica, eran conocidos en la infancia, le indagó. El joven bahai dijo que estaba para encontrar Dios porque Dios estaba también allí. Pienso que lo tenía que impedir, no es cierto? Voy a conversar con mi hijo sobre eso tomando consejo también aqui. Sinembargo vemos que el joven bahai habrá entendido mal la actual eufórica atmósfera indefinida de misericórdia cristiana y sus condiciones estimulada por el indiferentismo…no les parece? Este es apenas un ejemplo para agregar en más un de los tipos de comuniones sacrílegas imperantes a raíz de la galopante ruinade la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana y del Cristianismo como un todo…el Sacramento de la Confesión y Penitencia está indissoluvelmente vinculado al Sacramento de la Eucarístia y al don de la Misericordia, no es cierto? Una cosa es la Misericódia como virtude universal deseable e indispensable a la justicia y paz y otra como don del amor divino eclesial…no es cierto? Me parece que las imprecisiones bergoglianas aquí expuestas son raices de males impresionates a todo nivel…

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