Éramos felices y no lo sabíamos

Cotidianamente, el Papa Francisco sorprende –aunque por la fuerza de la repetición va sorprendiendo cada vez menos– con alguna originalidad que, en general, va 180 grados en contra de su misión específica como Sumo Pontífice.

Una persona particular puede permitirse, digamos, ciertas contravenciones. El Obispo de Roma, por más que, al parecer, no crea mucho en su investidura –“¿quién soy yo para juzgar?”–, absolutamente no puede. Francisco condesciende abusivamente en chocar al pueblo fiel y sencillo con gestos y palabras muy fuera de lugar. Y no son genialidades, sino banalidades de una mediocridad sin par. Y ahora que el Padre Lombardi dejará su cargo de director general de Radio Vaticano, quizá anticipando un próximo abandono de su función de bombero pontificio –parece que el portavoz vaticano es una de las víctimas de la mentada reforma de la Curia que nunca termina de despegar–, no se sabe cómo se aclararán las confusiones que provoca.

A pesar de los pesares, se puede llegar a concebir, no sin cierto dolor, que a un Papa le guste el fútbol. Al Papa emérito le deleitaba tocar el piano y Juan Pablo II fue un apasionado del alpinismo… ¡qué diferencia! Admitamos, pues, que se concibe lo del fútbol. Pero ya comienza a ser intolerable que el Papa promueva juegos de fútbol para lograr la paz mundial y promover supuestos valores en la juventud, poniendo como modelos para las nuevas generaciones jugadores que todos sabemos bien que no son modelo de nada para un católico.

Los Papas previos al terremoto bergogliano, ante la emergencia de una posible guerra, de la destrucción de la naturaleza o de las desigualdades chocantes, promoverían cosas tan católicas como las Cuarenta Horas, rogaciones, procesiones, o actos de penitencia públicos. También, la enseñanza social de la Iglesia y, de paso, la condena formal de algún error en boga. En este pontificado, esas cosas escasean demasiado… acaso alguna vigilia de oración ecuménica, donde todo se confunde.

La Escritura nos cuenta que un pagano como el rey de Nínive intervino con éxito en los planes providenciales de Dios: los ninivitas se convirtieron y Dios retiró el castigo anunciado. ¿Por qué un Papa con el poder de las llaves no lograría algo semejante o hasta mejor? Definitivamente, su Misericordina Plus no remedia nada.

Tampoco será con partidos de fútbol, abrazando a infieles o plantando árboles que se logrará la paz. Ni siquiera soltando palomas que, como se vio en su momento en la Plaza de San Pedro, las abaten cuervos, gaviotas o gavilanes…

Es verdad que se abrió el llamado Año Jubilar de la Misericordia, una grandiosa y oportuna iniciativa papal. Pero los confesionarios escasean y de las indulgencias ni se habla. La pastoral de moda privilegia en exceso la ternura, mientras que el cambio de vida no se hace notar en los de la casa ni en los de afuera. Ni siquiera en la curia romana, a pesar de ser tratada con tanta aspereza por su jefe que supuestamente quiere regenerarla –aunque no se preocupe de que en su medio haya gente como Mons. Ricca–, más por las malas que por las buenas…

Benedicto XVI hizo de la lucha contra el relativismo el leitmotiv de su brillante pontificado. Resulta que ahora la consigna es otra: se trata de la cariñoterapia, que va acompañada de una verborragia sin elegancia, plagada de errores formales o insinuados; un parloteo a veces mentiroso y hasta ofensivo.

Baste ver la falacia de los anticonceptivos de las monjas de Sudan, la grosería de que las madres no deben tener hijos como conejos, el exabrupto nada pastoral contra aquel pobre fan que seguro no durmió aquella noche (¡No seas egoísta!), o la cara de disgusto que le propinó al paisano Macri cuando le visitó en el Vaticano. Para no hablar del desacuerdo con tantos cardenales a propósito del sínodo de la Familia y el descontento reciente de obispos ucranianos, mexicanos y otros.

Nunca habían pasado esas cosas en nuestra Iglesia. ¡Cuántas sorpresas… que ya no sorprenden!

Chocados, hoy nos damos cuenta de que antes, tan sólo tres años atrás, éramos (un poco más) felices y no lo sabíamos.

Desde Argentina, para el Denzinger-Bergoglio, de un sacerdote[1]


Nota del Denzinger-Bergoglio

[1] Participa también de la red Denzinger-Bergoglio

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7 thoughts on “Éramos felices y no lo sabíamos

  1. ¡Hola…!

    ¿De nuevo y van dos veces u oportunidades? Que en Denzinger Bergoglio no me publican mis comentarios.

    Textos que ni molestan a nadie y ni tienen errores heréticos o algo por el estilo. Alguna vez la administración del sitio amablemente me aseguraba que su plataforma informática, por medio de sus PC los leía como si fueran unos spam y tal parece que los borra a su gusto también, a largo o corto plazo y hasta de pronto los están tomando como si fueran un haker con virus ; y, lo más curioso es que otros comentarios no les ocurre lo mismo; es más los publican y son más agudos y controversiales que los que mi persona realiza con esfuerzo , para verlos perder irremediablemente después.

    Y más triste se convierte el drama cuando no acatas de guardar unas copias de los mismos en tu PC, para mejor publicarlos en otro sitio seguramente y con la colaboración de alguien será. Puedo estar equivocado, pero ¿Como que algunos comentarios en este sitio los someten a una severa inquisición virtual?

    Espero gentil y nueva respuesta de Denzinger Bergoglio. Además, si no quieren ver mis aportes publicados en su interesante sitio, me lo hacen saber -frente a los otros internautas- para no seguir perdiendo tiempo escribiendo en sus secciones de comentarios. Respetare siempre su voluntad. Sin molestar a nadie, no siendo más,

    Saludos y Bendiciones,

    Cordialmente,

    Fortunato BuenDía

  2. No recuerdo si ya lo hice, porque cada vez que los leo agradezco a DIOS TODOPODEROSO porque exista ésta página, ruego a Él por medio de Santa María, les proporcione mil bendiciones a cada uno de los que colaboran con la página, para que continúen con esta bendita labor de defender la doctrina de CRISTO y la de despertar a las almas porque va en ello el destino final de cada uno de nosotros.

    Por todo eso: ¡Gracias, muchas gracias queridísimos sacerdotes!

  3. Ante lo evidente, nuestro actuar debe ser lo contrario a el Papado, Oracion y los sacramentos, la Misericordia, del pueblo Fiel, a su Señor.
    Amor al prójimo, como lo ha sido siempre, pero en el centro Dios, no el hombre¡!

  4. Si encuentran tiempo podrían analizar los últimos escupitajos que Bergoglio – y no es la primera vez…- lanza a Nuestro Salvador. Son estos terribles ataques, estos dardos envenenados, estas calumnias a Dios de una naturaleza tan blasfema, demoníaca y perversa que, a servidor, que ya está curado de espantos y maldades bergoglianas, lo dejan al borde del colapso y con el corazón en un puño.

    http://www.infovaticana.com/2016/03/15/2927986/

  5. Por que no le envian esta pregunta al Papa a su twitter? “La Escritura nos cuenta que un pagano como el rey de Nínive intervino con éxito en los planes providenciales de Dios: los ninivitas se convirtieron y Dios retiró el castigo anunciado. ¿Por qué un Papa con el poder de las llaves no lograría algo semejante o hasta mejor?”

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