¿Un Papa laico… y laicista?

La reciente y extensa audiencia que obtuvo el movimiento francés de izquierda, los “Peces Rosas” y sobre la que ya hablamos en publicación anterior dio pie a que Francisco se deleitase en compartir, en amena conversación vis a vis, (ver foto arriba) numerosos puntos vista en común con aquellos ideólogos políticos.

Uno de ellos, que abordaremos en esta entrada, fue el laicismo, fenómeno circunscrito, dicho sea de paso, a los países que de una u otra forma tienen vestigios de la influencia que un día tuvo la Santa Iglesia sobre la sociedad. Porque no consta que Francisco se haya animado a hablar del tema con el Patriarca Kiril, o con sus buenos amigos judíos, budistas o musulmanes.

Esta tecla monótona y gastada por el uso, la ha tocado constantemente durante su pontificado. En Río de Janeiro ya había declarado: “La convivencia pacífica entre las diversas religiones se ve favorecida por la laicidad del Estado” (RTP Noticias, 9 de marzo de 2016). En una frase tan corta hay varias incongruencias (que ya analizamos anteriormente en el Denzinger-Bergoglio: ver aquí). En Francia, mientras más alto se proclama la laicidad, más bombas explotan. En los países en que se trata de poner en práctica ésta ingenua política de convivencia, la resabiada cultura del encuentro, las agresiones a todo aquello que la Iglesia católica formó con siglos de sangre derramada, santidad y abnegado trabajo pastoral, aumentan. ¿Acaso es la función de un Papa “favorecer la convivencia entre religiones”? Por lo menos parece que San Pablo pensaba diferente, con eso de que “antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios” (1 Cor. 10, 20). Y menos mal que fue San Pablo quien lo dijo, porque si fuera algún católico, o miembro de alguna orden religiosas en nuestros días, el resultado sería inmediato: intervención “misericordiosa”, “bastonada”, sobredosis de “misericordina”. Sí, para los que se atreven con esas temáticas no funciona el cacareado Jubileo de la misericordia. Y no es que se trate de salir por ahí matando gente de otras religiones, (como hacen nuestros “hermanos musulmanes”)[1] sino de saber conservar nuestra fe y, con mucha caridad y paciencia, convertir los que no la tienen… Vale la pena decir que hay que ser muy ingenuo para pretender que esta finalidad declarada vaya a permitir, como por arte de magia, la convivencia pacífica entre religiones, cuyos fundamentos mismos son incompatibles como el agua bendita y el demonio.

En la audiencia a los Peces Rosas, Francisco dijo que “Francia debe convertirse en un Estado más laico” y que “su laicidad es incompleta”. Lo poco que se ha hecho hasta ahora ya es “sano”, pues “en nuestros días, un Estado debe ser laico” (Le Monde, 2 de marzo de 2016). ¿Por qué? ¿Por qué lo diga Francisco? ¿Cuáles han sido las consecuencias de la laicidad del Estado? ¿En qué fundamenta su tajante pero vacía afirmación? Imponer a los católicos o a la mayoría que conserva algún resto de salud moral, una verdadera dictadura de minorías como por ejemplo, la del homosexualismo, la educación sexual para niños en las escuelas, prohibición de utilizar la palabra “papá” o “mamá” en las escuelas —de momento, sólo en algunas provincias canadienses, pero no tardará mucho en llegar hasta su puerta, lector—, para no herir a los que no tienen…[2] Bienvenido el laicismo. Y entienda, señor lector, que usted no tiene derecho a discordar de ellos: Cualquier manifestación en contra es susceptible de un proceso jurídico por discriminación. Eso ya es así en varios países que en otros tiempos fueron católicos, y hoy gozan el privilegio de ser estados laicos ¡Qué maravilla! Fue también la laicidad del estado que abolió de facto la palabra “moral” del vocabulario contemporáneo sustituyéndola por la expresión permisiva y elástica “ética”, que va paulatinamente introduciendo (entiéndase imponiendo) la eutanasia, el aborto, etc., o la eliminación de símbolos católicos de lugares públicos. Claro que, para no contundir a “nuestros hermanos”, es posible erigir monumentos a satanás, como ya se ocurre en varios lugares, o como en la marina de guerra inglesa, en uno de cuyos buques fue permitido a un oficial levantar un altar a satanás, porque así lo pedían sus convicciones. Vaya un católico a querer levantar un altar a Nuestra Señora en condiciones semejantes… Los Peces Rosas proclaman que “hay que pensar del punto de vista humano, la cuestión de confiar o no un niño a una pareja homo, no tiene nada que ver con la religión. Hay que pensar en el niño. La religión es otra cosa, es la reencarnación, la resurrección…”[3] ¿Se habrá informado Francisco sobre la ideología de ese movimiento antes concederle una audiencia? Los Diez Mandamientos tienen los tres primeros que se refieren a Dios, y todos los otros siete, a nuestra relación con el prójimo: la moral. Entre otras cosas, “la cuestión de confiar o no un niño a una pareja homo” tiene que ver con religión.

“Una laicidad incluye una abertura a todas las formas de trascendencia, según las diferentes tradiciones religiosas y filosóficas” (Avvenire, 2 de marzo de 2016) dijo también Francisco en la audiencia. ¿Cómo, por qué? Pues Francisco dixit y punto. Trascendencia y trascendentales, como se aprendía en el catecismo (católico), son conceptos amplios y complejos, donde hay que incluir la muerte, el juicio, el cielo y el infierno, todo girando alrededor de un Dios único y verdadero, Trinidad Santísima. Pero ésta es tal vez la única trascendencia que Francisco no quiere, pues afirmarla es negar, por lo menos implícitamente, las falsas verdades de “nuestros hermanos” de otras religiones.

Pero dejando de lado un poco lo de la laicidad, encontramos ésta otra joya de Francisco: “Existe el derecho de ser de izquierda o de derecha. Pero la ideología, ella, quita la libertad” (Sudouest, 2 de marzo de 2016). Otra de esas afirmaciones echadas al viento… ¿Y qué es la religión católica, el conjunto de su doctrina, la Revelación, sino ideología que debe (“debe”: no apenes “puede”) ser creída y practicada? Pues para Francisco, parece que “quita la libertad”. Es necesario desvencijarse de esas cosas que sin duda él tacharía de preconceptos perjudiciales al diálogo ecuménico.

Y sobre esto de ecumenismo, Francisco se dio muy bien con ese grupo de cristianos de izquierda que piensan ser necesario “hacer evolucionar el dialogo inter religioso colocando la persona en el centro” [4]. Pero, ¿dónde queda Dios? Religión no es colocar al hombre en el centro, pero sí conocer, servir y adorar a Dios. No nos debe extrañar, por lo tanto, que con cierta ingenuidad, el líder del grupo recibido por Francisco comentó: “Sin saberlo, el Papa es un Pez Rosa”[5]. Este no se ha enterado… lo que más bien parece es que hace tiempo que Francisco ha adelantado a esos Peces Rosas con sus gestos y palabras. Son ellos los que se están comenzando a parecer a Francisco.


Notas

[1] La Stampa, 30 de noviembre de 2015. «Cristianos y musulmanes somos hermanos». “El Pontífice argentino, por su parte, llamó a los musulmanes, «queridos hermanos».”

[2] Amren, 26 de enero de 2016.

[3] Rue89, 5 de mayo de 2012.

[4] RTL, 2 de marzo de 2016.

[5] RTL, 2 de marzo de 2016.

 

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5 thoughts on “¿Un Papa laico… y laicista?

  1. Es necesario tener presente en qué consiste el llamado principio de laicidad : se trata de la piedra angular del pensamiento iluminista, concebido por las logias revolucionarias del tiempo de la “Ilustración”, y cuyo trabajo de subversión social condujo a la Revolución “Francesa”, fruto envenenado de la ideología humanista y prometeica según la cual Dios debe ser excluído de la esfera pública y el Estado debe ser “emancipado” de la observancia de los mandamientos y del magisterio eclesiástico en el ejercicio de sus funciones.

    De este modo, el Estado liberal no reconoce otra legitimidad que no sea la emanada de la llamada “voluntad general” y, por ende, se funda únicamente en la ley positiva que los hombres se dan a sí mismos. La separación de la Iglesia y del Estado es el resultado lógico de este principio, por el cual se exonera a la sociedad políticamente organizada de rendir a Dios el culto público que le es debido, de respetar la ley divina en su legislación y de someterse a la enseñanza de la Iglesia en materia de fe y de moral.

    Francisco, en perfecta coherencia con la posición adoptada por Dignitatis Humanae y por todo el magisterio post-conciliar, hace profesión de fe naturalista e indiferentista en materia religiosa en el ámbito político : él preconiza un estado falazmente “neutro” que implica la apostasía religiosa de la sociedad en la esfera pública. Para convencerse de ello basta con dar una leída a los siguientes documentos magisteriales, entre muchísimos otros:

    Mirari vos (Gregorio XVI, 1832), Quanta cura, con el Syllabus (Pío IX, 1864) ; Immortale Dei y Libertas (León XIII, 1885 y 1888) ; Vehementer nos y Notre charge apostolique (San Pío X, 1906 y 1910) ; Ubi arcano y Quas primas (Pío XI, 1922 y 1925) ; Ci riesce (Pío XII, 1953).

    La lectura de estos textos permite comprender que el Estado laico, supuestamente neutro, no confesional, incompetente en materia religiosa y otras falacias por el estilo, no es más que una aberración filosófica, moral y jurídica moderna, una monstruosidad política, una mentira ideológica que pisotea la ley divina y el orden natural. La distinción –sin separación- de los poderes temporal y espiritual es algo muy diferente de la pretendida independencia del temporal respecto del espiritual en relación con Dios, la Iglesia, la ley divina y la ley natural : eso tiene nombre, y se llama la apostasía de las naciones. Saludos muy cordiales para todos.

    http://callmejorgebergoglio.blogspot.fr/2016/01/blasphemoglio-chronicle-of-impiety.html

  2. ¿Qué más le falta omitir, reprimir, tranzar o eliminar del catolicismo, en favor del laicismo?
    Nos quiere hacer creer que con estos “gestos” de apertura tienen un objetivo lograr una buena relación con los no católicos, mentira la bola de nieve cada vez crece más y la velocidad a que avanza sólo Dios la puede parar, para eso nuestra oración y decisión de defender nuestra fe debe ser sólida para que actúe prontamente en favor de aquellos que permanecemos fieles y por que sufren persecución y martirio.

  3. La laicidad tiene una connotación negativa, pues significa exclusión abierta e incondicional, automática, de todo valor católico.

    Un sustitutivo de Estado laico y laicista, más neutral, es Estado aconfesional: el Estado no tiene confesión, pero está abierto a la asunción de los valores y principios católicos, lo contrario del Estado laico y laicista, que los quita y saca de forma excluyente y beligerante. Estado laicista beligerante de exclusión.

    Ergo: si el Estado laico considera que una posición es católica -el derecho a la vida del niño no nacido-, entonces debe de ser combatida, apartada y separada, porque el Estado es laico.

    Más aún: un Estado laico debe de perseguir y prohibir jurídicamente a la Iglesia Católica.

    Al no aceptar sacerdotes mujeres casadas o aparejadas homo o hetero, divorciadas y con hijos de reproducción asistida, entonces la Iglesia va contra los nuevos derechos y libertades humanas, por lo que debe de ser sancionada por el Código Penal con la disolución de la Iglesia y la expropiación sus bienes, junto con las penas de prisión, multas, indemnizaciones por daños morales y las inhabilitaciones profesionales.

    Por tanto:

    1. El Estado laico debe de prohibir obligatoriamente todo principio y valor católico: por ejemplo, el matrimonio exclusivamente heterosexual, el derecho a la vida de los fetos y embriones

    2. El Estado laico debe de ilegalizar a la Iglesia y debe de condenar a los católicos a penas criminales por no aceptar los nuevos derechos y libertades humanas: eutanasia, suicidio asistido, matrimonios y parejas homo con derecho de adopción y reproducción asistida, familias monoparentales, aborto

  4. Todo lo que promulga este deformador es una total violación a las materias concernientes a la infalibilidad que fue restringida por el mismo Señor Jesúcristo a determinadas circunstancias y condiciones y las cuales vemos que este hereje manifiesto no las cumple,ni le interesa tomar en cuenta,a pesar de demostrarlo le están creyendo ciegamente sus mentiras,y así están cayendo muchos,incluso los mas notables en doctrina,o es que es parte de la profecia.

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