Cambiar a Cristo por el interconfessionalismo, ¿es honestidad en el diálogo ecuménico?

Hemos todos acompañado a lo largo de estos últimos tres años el constante empeño de Francisco en tender la mano a los creyentes de todas las religiones para fomentar el diálogo ecuménico en su más sorprendente y novedosa acepción. Esta invariable preocupación de su pontificado, para la cual dedica mucho más tiempo que a otras atenciones pastorales, a que los anteriores Papas nos tenían acostumbrados, lo hace invocando la necesidad de “cooperación con los hombres de buena voluntad” para así abrir “oportunidades para el diálogo que es esencial si queremos conocer, comprender y respetar a los demás”.

Fiel a sus propósitos, el Obispo de Roma ha dejado claro en repetidas ocasiones que estamos obligados a unirnos en un solo y mismo esfuerzo por la construcción de la cultura del encuentro y de la paz. Sin embargo, desde el punto de vista de la fe católica ― que es el único que realmente importa a un cristiano bautizado dispuesto a salvar su alma ― las cosas se presentan de otra forma. Cuando una figura eclesiástica de alta categoría habla al mundo, su propósito no puede ser otro que predicar a Cristo, y éste crucificado. Sus palabras, su ejemplo, el entusiasmo que su figura suele despertar se explican por el vínculo entrañado que lo une a Dios, de quien es autorizado representante.

El Magisterio de la Iglesia, al cual hemos recurrido con gran provecho para sanar nuestras inquietudes, deja claro que la misión de la jerarquía eclesiástica es enseñar a todas las gentes el Evangelio, sin quitar ninguna de las consecuencias morales inherentes a su anuncio. El diálogo ecuménico, por lo tanto, debe ser entendido como una oportunidad de presentar el camino de la conversión hacia Jesucristo a los no creyentes, no como una búsqueda de neutralidad, de rodeos y contubernios entre griegos y troyanos.

Las incontables e incontrolables incursiones de Francisco en el campo del ecumenismo revelan intenciones muy diferentes. Lo hemos escuchado repetir sus mismas letanías interconfesionales, en las que invoca valores humanos muchas más veces que el nombre de Jesucristo, y en las que no suelen figurar los santos rogando por nosotros… y por su Iglesia. No habla casi nada de lo que le corresponde y carga el discurso en lo que se puede aprender de otros, seguramente mejor que de él.

Ya es hora de reflexionar con espíritu de fe en lo que dice Francisco, para que tanto su propuesta ecuménica como los discursos de tono conciliador sean entendidos tomando en cuenta sus graves consecuencias. Y sobre todo la voluntad de Dios, la única que nos debe mover a obrar el bien a favor de nuestro prójimo. Entra en el Denzinger-Bergoglio para estudiar este asunto →

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One thought on “Cambiar a Cristo por el interconfessionalismo, ¿es honestidad en el diálogo ecuménico?

  1. En mi opinión, hay tres tipos de diálogos:

    1. Ecuménico para la unidad de los cristianos
    2. Interreligioso-interconfesional: entre diferentes religiones, creencias y espiritualidades, nuevas y tradicionales, desde el chamanismo hasta la fe Bahía
    3. Interconviccional: entre católicos y ateos o agnósticos

    Unas observaciones:

    1. Ser católico o ser ateo es compatible, hoy en día, con creer y practicar alguna disciplina de la Nueva Era, como el yoga, zen, Qi Gong, reiki o eneagrama, practicat la Psicología de la autoayuda o desarrollo personal como el mindfulness o el tapping, y usar las pseudociencias como las medicinas y terapias alternativas, pues estos tres aspectos ya se dan en cursos y talleres de conventos y monasterios.

    Tres enemigos del catolicismo: Nueva Era, Psicología de la autoayuda que excluye a Dios y pseudociencias

    2. Diálogo intrarreligioso, intraeclesial o intracatólico: no definido aún, es mi denominación personal del enfrentamiento entre las dos Iglesias, la falsa y la verdadera, la ortodoxa y la que, como consecuencia de la hermenéutica de la ruptura durante el Concilio Vaticano, sigue la tradición del modernismo teológico del siglo XIX, condenado por San Pío X el 1907 en Pastores Domini Gregis.

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