Utopía y dialéctica bergogliana

Por lo que hemos podido notar, el drama de muchos católicos que actualmente procuran con honestidad y conciencia hacer eco a la voz de la Iglesia sigue el mismo guión en tres actos.

Primero, al inicio del pontificado, un soplo fresco, nutrido y alegre, cargado de entusiasmo y esperanza, con algunas pequeñas manchas de inadecuación que, suponían ellos, se explicarían o corregirían después. Al fin y al cabo, pensaban, es apenas una cuestión de equilibrio, pues la novedad por algún lado, tiene que romper esquemas si quiere marcar alguna diferencia.

En un segundo momento comenzaron a percibir que las semillas del sembrador sólo caían del lado izquierdo.

Finalmente –sí, basta, por aquí podemos parar– se dieron cuenta de que caminando por donde vamos no se llega a ninguna parte.

muro-abrazoEs inútil negar el anhelo de Francisco por una convivencia pacífica entre todos. Y difícilmente encontraremos de nuestro lado alguien que no desee compartir la misma esperanza. ¿Pero bajo qué bandera? Pedir perdones y bendiciones a todos los exponentes de las más variadas denominaciones religiosas es algo que no puede dejar de causar una extraña sensación a la más sencilla de las almas devotas que, llegado el momento de rezar el Credo en la misa dominical, se preguntará si realmente hay que tomarse en serio lo que todos están recitando de forma un tanto mecánica. Las almas menos sencillas, entretanto, no pueden dejar de preguntarse cuál es el sentido y la finalidad de esa extraña estrategia que no parece tener rumbo ni base, en la realidad o en la doctrina de la Iglesia.

cristina-franciscoDonde sí parece haber una notable desilusión es entre aquellos que quisieron ver en el primer Papa latinoamericano una oportunidad inédita para proponer nuevos rumbos en lo social. Decimos desilusión porque los vértices políticos de la región han insistido a lo largo de décadas inspirándose en sistemas que en ninguna parte del mundo dejaron de producir pobreza y fracaso. En el propio país de origen de Francisco el electorado prefirió dar por encerrada la larga era kirchneriana. En vísperas de elecciones parlamentares, Venezuela también da fuertes y más que explicables señales de desear un cambio. Maduro-armaEl país, que fue rico en su día, al menos en comparación con su momento presente, ve su pueblo encallado en un estado de pobreza nunca antes visto, sin saber resolver la ecuación que explique cómo fue posible empobrecer un país petrolero en un momento en que el petróleo por muchos años alcanzó precios que, lógicamente, debieran haber permitido a todos conocer una abundancia por lo menos confortable.

Coincidentemente, en esa hora, Francisco sorprende a todos con una original teoría que interpreta el terrorismo como criatura engendrada por la pobreza. Extraña doctrina, según la cual quien practica el crimen no es quien produce las causas que le impelen a tales actos y, en consecuencia, tal vez no debería ser imputado. Al contrario, es más bien la víctima quien cosecha su merecido. Era el caso de preguntarse si eso es aplicable también al terror que Maduro ha estado usando como regla de gobierno para no poner en riesgo una democracia tan contradictoria que sólo se sustenta policialmente y con amenazas de prisión que la oposición sabe por experiencia cuán efectivas son.

represion

Pero el corazón de Francisco no parece latir a favor de la oposición venezolana. Es una periferia que no cuenta. Mientras denuncia al capitalismo y la injusta distribución de riquezas, no parece notar el colosal número de quienes, por no hacer parte del núcleo del poder, se van transformando en una periferia que no tiene derecho a la conmiseración.

(Desde Venezuela, para el Denzinger-Bergoglio, de un sacerdote)

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