“Hipoteca social” y Reforma Agraria: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (III)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (III)

Ya analizamos en nuestras anteriores entregas de este trabajo (ver aquí y aquí) cuatro referencias del Papa Juan Pablo II que realiza Francisco en el texto de la Laudato si’. Pasemos ahora a un nuevo texto del pontífice polaco, esta vez extraído desde la Encíclica Sollicitudo rei socialis, n.33, y que figura, una vez más, en el famoso numeral 93:

“[San Juan Pablo II] remarcó que «no sería verdaderamente digno del hombre un tipo de desarrollo que no respetara y promoviera los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las naciones y de los pueblos» (Carta enc. “Sollicitudo rei socialis”, 33)”. (Laudato Si’, 93)

Esta cita ha servido de pivote para luego hilvanar otras tres referencias que aluden, nuevamente a la Propiedad Privada. De modo específico, a la tierra para ser cultivada como un don de Dios en beneficio de todos los hombres. Aquí comprobaremos una vez más la importancia de leer los documentos que son citados, sobre todo tratándose de un trabajo magisterial presentado con el carácter de encíclica, dentro de su propio contexto histórico. En este caso concreto, las palabras que Juan Pablo II dirigió a los indígenas y campesinos de Cuilápam de Guerrero, Oaxaca, durante su primer viaje a México en 1979:

“Con toda claridad [Juan Pablo II] explicó que «la Iglesia defiende, sí, el legítimo derecho a la propiedad privada, pero enseña con no menor claridad que sobre toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social, para que los bienes sirvan a la destinación general que Dios les ha dado» (Discurso a los indígenas y campesinos de México, Cuilapán, 29 enero 1979, 6)”. (Laudato Si’, 93)

En este párrafo se destacan dos puntos básicos de la Doctrina Social de la Iglesia y un tercero de orden socio-político. Éste último se deduce del contexto histórico en el que estas palabras fueron pronunciadas. Analicemos primeramente los dos puntos básicos.

La legitimidad del derecho de propiedad y la “hipoteca social” que grava sobre ella

Juan Pablo II en este pasaje ha puesto de relieve con precisión que “la Iglesia defiende” con “claridad” la “propiedad privada” puesto que es un “derecho legítimo”. Este aspecto es importante destacarlo, puesto que, tratándose de un “derecho legítimo”, la propiedad privada como lo enseña la Doctrina Social de la Iglesia se hace accesible a todos los hombres por medio del trabajo, la donación o la herencia.

Al mismo tiempo, Juan Pablo II señala que sobre este legítimo derecho grava o pesa una “hipoteca social”. ¿Qué significa que sobre el derecho a la propiedad privada pese esta “hipoteca”?

  1. Los deberes de justicia de los propietarios con relación a los trabajadores

Para responder adecuadamente es necesario clarificar un aspecto elemental: ¿qué es una hipoteca? Como enseñan los manuales de economía, la hipoteca es el derecho que pesa sobre los bienes inmuebles para así garantizar el pago de una deuda o el cumplimiento de una obligación. De este modo el propietario del bien inmueble que fue hipotecado no pierde el derecho a su uso. Por lo tanto, cuando Juan Pablo II ha recurrido a este concepto de la “hipoteca social”, como él mismo lo explica, desea poner de relieve aquel principio fundamental de la Doctrina social de la Iglesia. Los bienes deben servir “a la destinación general que Dios les ha dado”.

sollicitudoEn efecto, el mismo Papa repitió esta doctrina cuando en su Encíclica Sollicitudo rei socialis, n.42 reflexionó sobre las “responsabilidades sociales y el uso de los bienes”. En este numeral 42 explicó que esa “hipoteca social” se funda en el hecho de que la propiedad privada “posee, como cualidad intrínseca, una función social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes”. Y luego agregó esta importante observación: “En este empeño por los pobres, no ha de olvidarse aquella forma especial de pobreza que es la privación de los derechos fundamentales de la persona, en concreto el derecho a la libertad religiosa y el derecho, también, a la iniciativa económica”. (Sollicitudo rei socialis, n.42)

Las palabras de Juan Pablo II recuerdan las enseñanzas impartidas en la Rerum novarum por León XIII y años más tarde sintetizadas por Pío X. En esta síntesis compuesta por siete puntos se indicaban las obligaciones de justicia que los propietarios de los bienes de producción debían poner en práctica con relación a sus trabajadores. (Pío X, Motu proprio Fin dalla prima (“Sillabo sociale”) del 18 de diciembre de 1903)

La primera y más importante de estas obligaciones decía relación al pago del “justo salario” pactado con el trabajador. León XIII sobre este particular insistió con fuerza (Cf. Rerum novarum, nn.3.15.32-33), ya que “defraudar a alguien en el salario debido es un gran crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo. «He aquí que el salario de los obreros… que fue defraudado por vosotros, clama; y el clamor de ellos ha llegado a los oídos del Dios de los ejércitos» (Sant 5,4)” (Rerum novarum, n.15)

Con respecto al resto de obligaciones es necesario subrayar que pasados más de 130 años desde la publicación de la Rerum novarum, todas ellas fueron introducidas en las legislaciones laborales de las naciones occidentales. Naturalmente, nos referimos a las naciones que no fueron, o no son en la actualidad subyugadas por los regímenes socialistas o comunistas. En efecto, en estos regímenes de orientación marxista la legislación coartó –como coarta gravemente– el “justo salario”, la “propiedad privada” y otros derechos elementales de los trabajadores.

Jesús R. Mercader Uguina

Un ejemplo perfecto de tal injusticia es Cuba. En esta nación caribeña, como demostró, Jesús R. Mercader Uguina, Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Carlos III de Madrid, las recientes reformas al Código del Trabajo siguen vulnerando de modo inflexible numerosos principios y normas internacionales en materia de derecho laboral. (Ver “Las últimas reformas laborales en Cuba [2009-2014]”, esp. págs. 27-28).

Se diría que son este tipo de violaciones a los derechos humanos a las que apuntaba Juan Pablo II en el citado pasaje del numeral 42 de su Encíclica Sollicitudo rei socialis. En efecto, recordemos que el Papa denunciaba aquella “forma especial de pobreza que es la privación de los derechos fundamentales de la persona, en concreto el derecho a la libertad religiosa y el derecho, también, a la iniciativa económica”. (Carta enc. “Sollicitudo rei socialis”, 42)

A este propósito, el reciente viaje Apostólico de Francisco a Cuba no dejó de suscitar en millones de católicos nuevas perplejidades. Su silencio con relación a las graves violaciones de los derechos humanos cometidos por los hermanos Castro durante ya más de medio siglo fue demasiado ostensivo. Este viaje apostólico constituye un testimonio paradigmático de las constantes omisiones que en materia histórica, filosófica y teológica, conforme enseña el Magisterio de la Iglesia, incurre el Obispo de Roma Jorge Mario Bergoglio. Estas lamentables omisiones, llama poderosamente la atención, siempre terminan por favorecer a todos aquellos que nunca ocultaron su hostilidad y su rechazo hacia la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

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  1. Los deberes de caridad de los que poseen bienes materiales y más especialmente los bienes del espíritu

389_001Un segundo aspecto relativo a la “función social” y la “hipoteca social” de aquellos que poseen mayores bienes materiales, dice respecto a la obligación de ir en socorro de los hermanos más necesitados. Esta obligación tiene su fundamento en la virtud de la caridad cristiana practicada por la Iglesia desde hace casi dos mil años. León XIII a este propósito observó este equilibrado criterio: “A nadie se manda socorrer a los demás con lo necesario para sus usos personales o de los suyos; ni siquiera a dar a otro lo que él mismo necesita para conservar lo que convenga a la persona, a su decoro: «Nadie debe vivir de una manera inconveniente» (S. Th. II-II q.32 a.6.). Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra. «Lo que sobra, dadlo de limosna» (Lc 11,41).” (Rerum novarum, n.17).

El mismo Papa explicó que estos deberes no perteneciendo al ámbito de la justicia, salvo en casos de extrema necesidad, no pueden ser exigidos por medio de la ley: “Pero antes que la ley y el juicio de los hombres están la ley y el juicio de Cristo Dios, que de modos diversos y suavemente aconseja la práctica de dar: «Es mejor dar que recibir» (Hech 20,35), y que juzgará la caridad hecha o negada a los pobres como hecha o negada a Él en persona: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»(Mt 25,40). Todo lo cual se resume en que todo el que ha recibido abundancia de bienes, sean éstos del cuerpo y externos, sean del espíritu, los ha recibido para perfeccionamiento propio, y, al mismo tiempo, para que, como ministro de la Providencia divina, los emplee en beneficio de los demás. «Por lo tanto, el que tenga talento, que cuide mucho de no estarse callado; el que tenga abundancia de bienes, que no se deje entorpecer para la largueza de la misericordia; el que tenga un oficio con que se desenvuelve, que se afane en compartir su uso y su utilidad con el prójimo» ( San Gregorio Magno, Sobre el Evangelio hom.9 n.7)”. (Rerum novarum, n.17).

En este apartado hemos intentado dejar más claros los resbaladizos conceptos relativos a la “función social” y la “hipoteca social” que pesan sobre la propiedad privada. Consideramos importante destacar el argumento presentado por León XIII a propósito de los bienes espirituales. Siendo así, ¿podemos hablar de una “función social” y de una “hipoteca social” que grava o pesa sobre los “bienes espirituales”? Sin lugar a dudas la respuesta es afirmativa, no obstante con una puntualización a ser destacada. Siendo los bienes espirituales de un carácter superior a los estrictamente materiales, como lo es la propiedad privada, ellos demandan mayores obligaciones a quienes los poseen para favorecer a los hermanos necesitados. De ahí la importancia de insistir al respecto de las obras de misericordia espirituales: Instruir, aconsejar, consolar, confortar, perdonar y sufrir con paciencia. (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2447)

Volviendo a la exposición del tema, “propiedad privada”, planteado por Francisco en la Laudato si’, pasamos a una tercera e importante materia que el citado discurso de Juan Pablo II dirigido a los campesinos e indígenas mexicanos en 1979, nos permite analizar.

México 1979: la realidad del agro, de los indígenas y los campesinos

Antes que nada, para comprender en profundidad las palabras de Juan Pablo II, extraídas e hilvanadas en la Laudato si’, vale la pena situarlas dentro del contexto histórico en el que fueron pronunciadas ¿Cuál es el marco socio-político en el que inserta este discurso de Juan Pablo II? ¿Quiénes eran los gobernantes de México en ese año de 1979? El Estado mexicano, promotor de un proceso de Reforma Agraria que a la fecha llevaba 54 años de vigencia, ¿concedía a sus beneficiarios (campesinos e indígenas) el derecho a la propiedad privada de las tierras otorgadas para su cultivo? ¿Cuál era la situación de la agricultura y la vida de los indígenas y campesinos mexicanos en ese momento histórico? Analicemos algunos hechos históricos incuestionables.

mexicoreformaLas fuerzas políticas revolucionarias siempre se jactaron de que en México se realizó la primera Reforma Agraria socialista de la Historia (1915). Fue así que con el objetivo de consolidar este sangriento proceso revolucionario; y al mismo tiempo intentando reagrupar a todas las fuerzas políticas que lo impulsaban, se funda en el año de 1929 el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Los dirigentes de esta agrupación desde aquel año hasta el 2000, ejercieron sin interrupciones el poder político de la nación mexicana. Durante estas décadas continuaron llevando adelante el proceso de la Reforma Agraria socialista, culminando sólo en 1992.

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warmanArturo Warman Gryj, antropólogo y ex Ministro de la Reforma Agraria de México, constató que en un período de 77 años (1915-1992) se entregaron a 3,5 millones de campesinos, 100 millones de hectáreas, es decir, el equivalente a más de la mitad del actual territorio de México y aproximadamente alrededor de las dos terceras partes de la propiedad rústica total del país. Naturalmente los dirigentes del Partido Revolucionario Institucional dieron todo el apoyo gubernamental a esa Reforma Agraria; sin embargo, ella nunca logró concretar las metas de bienestar económico y social prometidas. Los hechos concretos son que los campesinos con el correr de los años cayeron en la pobreza más extrema y lo que es más dramático ni ellos ni sus descendientes fueron propietarios de las tierras otorgadas por los gobernantes mexicanos para su cultivo. (FAO, La reforma agraria mexicana: una visión de largo plazo – Arturo Warman)

Nota: La tenencia de la tierra, según el largo proceso de Reforma Agraria mexicana, fue comunitaria. Como explicó el mismo Arturo Warman Gryj: “las tierras que se entregaban en usufructo permanecían como propiedad de la nación por concesión a una corporación civil: el ejido o la comunidad. (…) Las parcelas que se entregaban para disfrute particular a los ejidatarios quedaban sujetas a condiciones restrictivas: la tierra debía ser cultivada personalmente por el titular, no podía mantenerse ociosa, venderse, alquilarse ni usarse como garantía; era inalienable pero podía ser heredada por un sucesor escogido por el titular siempre que no hubiese sido fragmentada. El incumplimiento de estas condiciones implicaba sanciones que anulaban sin compensación los derechos de goce de la parcela y la pertenencia al ejido”.

ejidoObservando este trasfondo histórico y socio-político, se constata que el sistema agrario basado en el ejido y plenamente vigente en México en el año de la visita de Juan Pablo II, era nítidamente socialista; y por lo tanto en clara divergencia con la Doctrina Social de la Iglesia. En primer lugar, el Estado mexicano habiendo confiscado a sus legítimos propietarios un inmenso patrimonio agrario, violó el 7º y 10º mandamiento de la Ley de Dios. En segundo lugar, ese mismo Estado mexicano convirtiéndose por esa vía expropiatoria en el mayor latifundista de la nación; y habiendo subdividido ese capital agrícola en “ejidos” para destinarlos a los campesinos e indígenas, cometió una segunda injusticia. En efecto, el ejidatario no siendo dueño de la tierra, y por lo tanto prohibido de venderla, rentarla o darla en garantía, era obligado a unirse a una cooperativa subvencionada por el Estado. En suma, el ejidatario mexicano obligado a trabajar la tierra y depender de una cooperativa estatal no pasaba de ser un simple labrador del Estado. En otros términos, en la práctica los campesinos e indígenas ejidatarios vivían encarcelados dentro de un régimen agrícola de nítido corte socialista.

La propiedad privada según la Doctrina Social de la Iglesia

Por el contrario, la tierra, como enseña la Doctrina Social de la Iglesia, fue dada por Dios para que sea dominada por todos los hombres por medio de su trabajo. En otros términos, la tierra no fue otorgada por el Creador para que una organización política la confisque, la controle y la administre de modo absoluto a través de un jefe supremo y los seguidores de una facción o partido político único. La tierra tampoco fue dada a los hombres para que una camarilla de adeptos, incondicionales o devotos de Marx, Lenin, Fidel, Mao, el Ché Guevara, Chávez como de otros políticos e ideólogos, se autoproclamen en los dueños y señores del territorio de una nación, restringiendo así su uso y su dominio a los particulares, sea por impuestos excesivos como por la confiscación arbitraria.

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Como destacó Juan Pablo II “la Iglesia defiende el legítimo derecho a la Propiedad Privada” porque está de acuerdo con la justicia y el derecho natural. En efecto, como enseña la Doctrina Social de la Iglesia, una vez que el hombre es dueño y señor de sus actos, va a ser el dueño y señor del fruto de su trabajo. Este fruto laboral una vez acumulado, se convierte en la propiedad privada, sea para el propio beneficio del trabajador como el de su familia. Enseñando este principio, León XIII afirmó con gran sabiduría que un bien mueble o inmueble era “el mismo salario [del trabajador] revestido de otra apariencia”. De aquí que la propiedad privada adquirida por el trabajador debía ser de su dominio tanto como el salario ganado con su trabajo (Rerum novarum, n.3).

Al cumplirse 100 años del fracaso de la Reforma Agraria mexicana: un recado para Francisco

Por todo lo dicho, el recuerdo del primer centenario de la primera Reforma Agraria de la Historia, la fracasada Reforma Agraria mexicana, en este año de 2015, confirma de modo categórico la lucidez de todos los Papas que desde León XIII hasta Benedicto XVI afirmaron que la ruina económica, la miseria y la opresión son los frutos típicos del comunismo y del socialismo (ver aquí).

Francisco saluda a Evo Morales durante el I Encuentro de Movimientos Populares. Roma, 28 octubre de 2014

Francisco saluda a Stedile, líder del “Movimiento de los sin Tierra” del Brasil, durante el I Encuentro de Movimientos Populares. Roma, octubre de 2014

Por tal motivo, las palabras que Francisco dirigió durante su intervención en el I Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en Roma, el 28 de octubre de 2014, incentivando de modo sorprendente a los promotores de la Reforma Agraria (ver aquí), levantan algunos graves interrogantes:

  • ¿Esta Reforma Agraria promovida por Francisco es conforme a la Doctrina Social de la Iglesia?
  • ¿Cuáles son los países que Francisco mencionó de modo genérico y que según su criterio deben ser sometidos a la Reforma Agraria?
  • Siendo así, ¿cuál es el modelo de Reforma Agraria exitoso que Francisco puede proponer para su aplicación en dichos países?
  • ¿Existen realmente esos modelos exitosos de Reforma Agraria?
  • ¿Existen fundamentos para conjeturar que este modelo sea la Reforma Agraria cubana iniciada por Fidel Castro en 1959 y reciclada en 1993 dado que ella se mantiene vigente hasta los presentes días?

Sobre este último interrogante, a juzgar por los “sentimientos de especial consideración y respeto”, como la gran simpatía que Francisco manifestó por Fidel Castro (ver nota 1 al final) al homenajearlo con una visita en su propia residencia de la Habana, se es inclinado a optar por una respuesta afirmativa. ¿Pero será esto posible? ¿Quién puede decirlo a no ser el propio Francisco?

Como podemos observar esta inquietud una vez más quedará flotando en el mar de incógnitas y perplejidades que Francisco no deja de provocar día a día con sus gestos, sus actitudes y sus innovaciones. Sin embargo, tal vez lo más grave sea la profunda desorientación, los conflictos y los problemas de conciencia que Francisco crea entre los fieles al omitir verdades y principios esenciales enseñados desde siempre por el Magisterio de la Iglesia. Triste realidad de un pontificado de apenas dos años…

Bien… como prometíamos, este estudio en fascículos no deja de dar sorpresas… no se pierdan la última edición.


Nota 1: El órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el diario Granma, así publica el cordial encuentro: 
Fuente Granma: https://youtu.be/R4Si2TcKqg8

 

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