¿Plagio? ¿Manipulación?¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (II)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (II)

Vimos en la anterior entrega de este estudio, realizado por nuestro especialista en Doctrina Social de la Iglesia, el uso un poco extraño que hizo Francisco de algunas referencias a la Encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II. Uno de los puntos que se nos había quedado en el tintero es con respecto a lo que habría dicho el pontífice polaco sobre el “derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los bienes”, tema aprovechado y aireado por el actual Obispo de Roma en su controvertida encíclica Laudato Si’ ¿Por qué motivo habría indicado Juan Pablo II que es éste el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social”? Las respuestas a estas preguntas se encuentran en el numeral 19 de la Laborem excercens. La doctrina expuesta por el Papa Juan Pablo II se puede sintetizar en tres puntos:

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  • El Papa explicó que “el principio del uso común de los bienes” se establece con base en “las relaciones fundamentales existentes entre el capital y el trabajo”, es decir, en “el salario”. En efecto, subrayó que “la remuneración del trabajo, sigue siendo una vía concreta, a través de la cual la gran mayoría de los hombres puede acceder a los bienes que están destinados al uso común: tanto los bienes de la naturaleza como los que son fruto de la producción. Los unos y los otros se hacen accesibles al hombre del trabajo gracias al salario que recibe como remuneración por su trabajo”.
  • Por tal motivo el Papa Juan Pablo II agregó: “De aquí que, precisamente el salario justo se convierta en todo caso en la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socio-económico y, de todos modos, de su justo funcionamiento. No es esta la única verificación, pero es particularmente importante y es en cierto sentido la verificación-clave”.
  • Esta “verificación-clave” de la justicia, analizada desde la Doctrina Social de la Iglesia, tiene una gran trascendencia. En efecto, como afirmó el mismo Papa Juan Pablo II: “Tal verificación afecta sobre todo a la familia. Una justa remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro”.

La esplendorosa continuidad de la Doctrina Social de la Iglesia… hasta que llegó Francisco

León XIII

León XIII

En fin, algo que ya estaba dicho en las grandes encíclicas sociales anteriores y que, muy oportunamente, Juan Pablo II traía a colación nuevamente, en armónica continuidad con sus antecesores (basta echar una rápida mirada a la Rerum Novarum de León XIII o a la Mater et Magistra de Juan XXIII. Por consiguiente, queda claramente expuesto, conforme a la Doctrina Social de la Iglesia, que negar las relaciones entre “el capital y el trabajo”, cuyo fundamento se establece en el “salario”, equivale a negarle a todo trabajador su derecho a adquirir propiedades, sean los bienes de la naturaleza creados por Dios, como los que son manufacturados por el hombre. materetmagistraEste derecho es el que le permite al trabajador, con el paso de los años, formar un patrimonio para su propio bienestar, el de su esposa e hijos. Será este patrimonio el que justamente en el futuro se constituirá en la herencia familiar.

Al mismo tiempo, a la luz de estas consideraciones se explica con claridad que este derecho a adquirir la propiedad privada fruto del “salario justo” es el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social”. En efecto, fue precisamente por querer destruir este “primer principio” que todos los Papas, con excepción de Francisco, siempre condenaron y censuraron el colectivismo propiciado por el comunismo y el socialismo (ver aquí, aquí , aquí y aquí)

Francisco habiendo omitido que el “trabajo” y el “salario” son los fundamentos de la propiedad privada, y la clave para comprender el concepto “destino común o universal de los bienes”, pasa a citar nuevamente al Papa Juan Pablo II, fuera de su contexto doctrinal. Éste, al contrario, recordó con mucho énfasis esta doctrina, diciendo que “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno” (Juan Pablo II. Carta enc. “Centesimus annus”, n.31). Francisco queriendo reforzar su argumentación no recurrirá a una nueva cita descontextualizada, pero sí a la retórica. Por medio de una adjetivación intentará tocar los sentimientos de sus lectores. De este modo declara que la referencia que él acaba de citar desde la Centesimus annus, n.31, “son palabras densas y fuertes”:

La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada. San Juan Pablo II recordó con mucho énfasis esta doctrina, diciendo que «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno»(Centesimus annus, 31). Son palabras densas y fuertes. (Laudato Si’, 93)

“Palabras densas y fuertes”: ¿Juan Pablo II a favor de la lucha de clases?

GPaolo_II_RNAg2¿Por qué motivo Francisco afirma que las palabras del Papa Juan Pablo II son palabras “densas” y “fuertes”? ¿Por qué ellas hablan de “excluidos” y “privilegiados”? ¿Es decir, de propietarios y no propietarios? ¿De ricos y pobres? ¿Es a este aspecto al que se refería el Papa Juan Pablo II? ¿Qué enseñanza expuso en ese numeral 31 de su encíclica Centesimus annus, publicada en el año de 1991, precisamente para rendir un homenaje a León XIII por los 100 años de su magistral Encíclica Rerum novarum?

Como podremos comprobar Francisco una vez más al descontextualizar las palabras contenidas en la Encíclica Centesimus annus pasa por alto el mismo e importante principio de la Doctrina Social de la Iglesia, arriba señalado: la “propiedad privada” y el “destino común de los bienes” tienen su fundamento en el trabajo del hombre.

En efecto, el Papa Juan Pablo II en ese numeral 31 de la Encíclica Centesimus annus después de hacer un elenco de las enseñanzas de la Iglesia sobre el derecho a la propiedad privada y el destino común de los bienes, abarcando desde León XIII, 1891, hasta ese año de 1991, pasó a plantear “la cuestión acerca del origen de los bienes que sustentan la vida del hombre, que satisfacen sus necesidades y son objeto de sus derechos”. Las importantes enseñanzas de Juan Pablo II sobre este particular, se pueden esquematizar en tres puntos:

  1. El Papa Juan Pablo II afirmó que “el origen primigenio de todo lo que es un bien es el acto mismo de Dios que ha creado el mundo y el hombre, y que ha dado a éste la tierra para que la domine con su trabajo y goce de sus frutos (cf. Gn 1,28-29)”.
  2. Después de haber expuesto este principio clave de la Doctrina Social de la Iglesia, el Papa Juan Pablo II agrega las palabras citadas por Francisco: “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno”.
  3. Acto seguido, el Papa Juan Pablo II concluye con esta significativa aclaración: “He ahí, pues, la raíz primera del destino universal de los bienes de la tierra. Ésta, por su misma fecundidad y capacidad de satisfacer las necesidades del hombre, es el primer don de Dios para el sustento de la vida humana”.

Como se puede observar las palabras del Papa Juan Pablo II, leídas en su contexto doctrinal, ¿qué tienen de “densas” y “fuertes”? ¿No es acaso de justicia elemental que todo aquel que trabaja tenga derecho a acceder a la propiedad privada para sí mismo y sus familiares? ¿No fue acaso esta misma propiedad privada, sea de los grandes, de los medianos como de los pequeños propietarios, volvemos a insistir, el blanco privilegiado del colectivismo marxista que literalmente la aniquiló a sangre y fuego? Así, no es extraño que a propósito de esta triste e irrebatible realidad histórica, el mismo Papa Juan Pablo II se haya expresado en términos bastante críticos a Karl Marx y su ideología, como consta en varias intervenciones de su pontificado.

Pero de modo particular, las críticas que el Papa expuso en esta misma Encíclica Centesimus annus, consignadas en el numeral 41. ¿Qué calificativo habrían recibido estas censuras proferidas por el Papa Woytila a Karl Marx y el colectivismo socialista si hubiesen sido leídas en los dos Encuentros Mundiales de los Movimientos Populares? ¿Qué habría opinado un Evo Morales u otro de los destacados organizadores de estos dos eventos? ¿Palabras densas? ¿Palabras Fuertes? ¿Detestables? ¿desafortunadas?

marx_engels_lenin_stalin_1933"El marxismo ha criticado las sociedades burguesas y capitalistas, reprochándoles la mercantilización y la alienación de la existencia humana. Ciertamente, este reproche está basado sobre una concepción equivocada e inadecuada de la alienación, según la cual ésta depende únicamente de la esfera de las relaciones de producción y propiedad, esto es, atribuyéndole un fundamento materialista y negando, además, la legitimidad y la positividad de las relaciones de mercado incluso en su propio ámbito. El marxismo acaba afirmando así que sólo en una sociedad de tipo colectivista podría erradicarse la alienación. Ahora bien, la experiencia histórica de los países socialistas ha demostrado tristemente que el colectivismo no acaba con la alienación, sino que más bien la incrementa, al añadirle la penuria de las cosas necesarias y la ineficacia económica". (Juan Pablo II. Encíclica Centesimus annus, n.41, 1 de mayo de 1991)
 
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Al mismo tiempo, es sugestivo comprobar que en el mismo numeral 31 de la Encíclica Centesimus annus, citado por Francisco, el Papa Juan Pablo II enseña al respecto de la propiedad privada la misma doctrina que había expuesto casi 10 años antes en la Laborem excercens, n.19. ¿Qué doctrina es ésta? Puede parecer reiterativo, no obstante, se trata del fundamento de la propiedad privada y del destino universal de los bienes, y precisamente el punto doctrinal clave omitido por Francisco en la Laudato si’. Veamos.

La tierra dada por Dios a todos los hombres para que la dominen, no da sus frutos sin una respuesta del hombre: su propio trabajo

  • El Papa Juan Pablo II enseñó en la Centesimus annus, n. 31 que “la tierra no da sus frutos sin una peculiar respuesta del hombre al don de Dios, es decir, sin el trabajo”.
  • En efecto, es “mediante el trabajo, que el hombre, usando su inteligencia y su libertad, logra dominarla y hacer de ella su digna morada. De este modo, se apropia una parte de la tierra, la que se ha conquistado con su trabajo: he ahí el origen de la propiedad individual”.
  • El Papa para poner las cosas en su justo equilibrio agrega: “Obviamente le incumbe también la responsabilidad de no impedir que otros hombres obtengan su parte del don de Dios, es más, debe cooperar con ellos para dominar juntos toda la tierra”.
  • Al mismo tiempo, al introducir el numeral 32 de la Centesimus annus declara que “existe otra forma de propiedad, concretamente en nuestro tiempo, que tiene una importancia no inferior a la de la tierra: es la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber. En este tipo de propiedad, mucho más que en los recursos naturales, se funda la riqueza de las naciones industrializadas”.

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Estas enseñanzas del Papa Juan Pablo II permiten determinar la existencia de las naturales desigualdades que se establecen en el trabajo de los hombres, sea por el grado de inteligencia, talento y conocimientos; como también por la capacidad laboral y la calidad en la ejecución del mismo. Siendo así, es de justicia elemental que aquellos que son más trabajadores, más talentosos y capaces, obtengan mayores ganancias, beneficiándose a sí mismos como a los miembros de su familia. En primer lugar, su esposa y sus hijos. Sobre este aspecto que concierne a la justicia distributiva que merecen aquellos hombres y mujeres más trabajadores y más esforzados, nunca será suficiente insistir en estos tiempos de confusión de ideas, demagogia y populismo.

No… no es haciendo un popurrí de referencias a encíclicas sociales, destacadas de su contexto y mágicamente encadenadas, que nos vamos a creer esto:

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Yo estoy seguro de que no he dicho una palabra más de lo que está en la Doctrina social de la Iglesia. (Francisco, rueda de prensa, avión Santiago de Cuba- Washington D.C.)

Animamos a nuestros lectores a continuar acompañando las siguientes entregas de este estudio…

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6 thoughts on “¿Plagio? ¿Manipulación?¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (II)

  1. Conviene tener en cuenta la siguientes consideraciones :
    – Que la pobreza tiene que ser como la enfermedad, una situación pasajera y eventualisima y no una eterna condenación.
    – Que la misma caridad se disvirtúa y se vuelve injusticia cuando con ella lo que se persigue es perpetuar la pobreza en lugar de erradicarla. Y, por último,
    – Que la larga permanencia en esta situación de miseria forzosa deteriora tanto física como psíquicamente a quién la sufre, que imposibilita su incorporación a la vida laboral.

      • Y que en virtud de ello hay que obrar con diligencia para incorporar a la corriente de consumidores a la cada vez mayor legión de pobres y empobrecidas muchedumbres para las que parece no disponemos de más soluciones que el recluirlos en una inmensa patera en tierra, y hasta allí hacerles llegar lo que a nosotros nos sobra. Pues sabido es que los pobres no consumen, sino que aprovechan las migajas que dejan caer de la mesa los que todavía tienen algo, en forma de ropa usada, limosnas o comedores sociales.
        La larga permanencia en esa situación de miseria forzosa -y el planificador lo sabe- deteriora física y psíquicamente a quién la sufre que no solamente dificulta sino que imposibilita su reintegro a la vida laboral.
        Es una quimera que nos hablen de crear puestos de trabajo sin consumidores, sin ventas, y sin producción.
        Quien quiera gobernar una comunidad ha de poseer los conocimientos necesarios para procurar el bienestar material, físico y espiritual de las personas que pretende administrar.

        • José Miguel, no te amargués la vida. Mirá lo bueno de este sitio Denzinger-Bergoglio es que cada cual elige los postulados con los que se identifica. Estamos claro. Vos con Bergoglio y estos pibes del Denzinger con Juan Pablo, Benedicto y todos los Papas anteriores.

          Lo que me gusta es que aclaran mucho las cosas. Este contrapunteo, por ejemplo, me gustó mucho.

          Francisco: Planes asistenciales dirigidos a los pobres para anestesiarlos o domesticarlos

          “¡Los pobres no sólo padecen la injusticia sino que también luchan contra ella!
          No se contentan con promesas ilusorias, excusas o coartadas. Tampoco están esperando de brazos cruzados la ayuda de ONGs, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan o, si llegan, llegan de tal manera que van en una dirección o de anestesiar o de domesticar. Esto es medio peligroso”.

          (Francisco. Discurso a los participantes en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares, 28 de octubre de 2014)

          Francisco: Estrategias de contención de la pobreza para que los pobres se conviertan en seres domesticados e inofensivos

          “No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos. Qué triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad, se lo niega o peor, se esconden negocios y ambiciones personales: Jesús les diría hipócritas. Qué lindo es en cambio cuando vemos en movimiento a Pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes. Entonces sí se siente el viento de promesa que aviva la ilusión de un mundo mejor. Que ese viento se transforme en vendaval de esperanza. Ese es mi deseo”.

          (Francisco Discurso a los participantes en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares, 28 de octubre de 2014)

          Benedicto XVI: Los marxistas rechazan las obras de caridad cristiana porque, según ellos, paralizan la insurrección

          “Una parte de la estrategia marxista es la teoría del empobrecimiento: quien en una situación de poder injusto ayuda al hombre con iniciativas de caridad —afirma— se pone de hecho al servicio de ese sistema injusto, haciéndolo aparecer soportable, al menos hasta cierto punto. Se frena así el potencial revolucionario y, por tanto, se paraliza la insurrección hacia un mundo mejor. De aquí el rechazo y el ataque a la caridad como un sistema conservador del statu quo”.
          (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 31b, 25 de diciembre de 2005)

          Congregación para la doctrina de la Fe: El análisis marxista apunta para una situación social intolerable que exige acciones eficaces: una situación que “no puede esperar más”

          “La impaciencia y una voluntad de eficacia han conducido a ciertos cristianos, desconfiando de todo otro método, a refugiarse en lo que ellos llaman «el análisis marxista». Su razonamiento es el siguiente: una situación intolerable y explosiva exige una acción eficaz que no puede esperar más. Una acción eficaz supone un análisis científico de las causas estructurales de la miseria. Ahora bien, el marxismo ha puesto a punto los instrumentos de tal análisis. Basta pues aplicarlos a la situación del Tercer Mundo, y en especial a la de América Latina”.
          (Congregación para la doctrina de la Fe. Instrucción sobre algunos aspectos de la “Teología de la Liberación”, cap. VII, nn.1-2, 6 de agosto de 1984)

  2. No sé si ustedes se han dado cuenta de la gravedad de estas revelaciones. Después de leer esto, uno se pregunta ¿no nos están engañando?

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