¿Católicos y musulmanes adoramos al mismo Dios?

Algunas de las páginas más hermosas de la Historia de la Iglesia son, sin duda, las que fueron escritas con la sangre de los mártires que, despreciando su propia vida por amor a Jesucristo, encontraron en las manos de los verdugos a la vez la muerte corporal y la gloria incorruptible de inmolarse por Aquel que les había rescatado en lo alto de la Cruz. Niños indefensos, heroicas vírgenes, varones robustos, venerables ancianos, en todas las épocas y en los más variados lugares, acudieron a su cita para dar este testimonio arrebatador y majestoso de la fuerza del Evangelio.

Una de estas páginas memorables fue escrita en tierras andaluzas, cerca del año 850, cuando la península Ibérica sufría bajo el jugo del Creciente. Nacido en Córdoba de padres cristianos, el presbítero Perfecto fue interrogado por dos musulmanes sobre su opinión acerca de Mahoma y de Cristo. El valiente sacerdote proclamó con claridad su fe en Jesús, Hijo de Dios, pero prefirió callarse acerca de Mahoma. Frente a la insistencia de sus interlocutores y bajo promesa de impunidad, dijo por fin lo que pensaba acerca del profeta de Alá… pero que ellos habrían preferido no escuchar… Bastó poco tiempo para que Perfecto fuera denunciado, arrestado y, después de dos meses de torturas, condenado a ser decapitado.

La fecha elegida para la ejecución fue la solemne fiesta musulmana que seguía al Ramadán. Perfecto llegó a las márgenes del Guadalquivir escoltado por sus verdugos y se sirvió del tablado del suplicio como púlpito para una última predicación sobre Jesucristo y la verdad acerca de Mahoma y del Corán. La historia siguió su curso y San Perfecto alcanzó la palma del martirio. Pero imaginemos que en el momento en que el verdugo fuera a descargar el golpe criminal, un grito en la multitud detuviera por instantes la cimitarra asesina, y alguien se acercara y le dijera: “Perfecto, piensa bien. ¿Por qué vas a morir? Di que adoras a Alá y aceptas a su profeta, y todo está resuelto. ¿Católicos y musulmanes no adoran a un Dios único, creador de todas las cosas y remunerador? ¿No es el mismo?”.

¿Qué pensaría nuestro mártir al oír estas palabras? ¿El Dios santo, justo y misericordioso que sus padres le habían enseñado a amar y cuyos hechos maravillosos conociera en la Historia sagrada era el mismo en nombre de quien era ahora asesinado? ¿Habrían sido en balde todos los padecimientos sufridos por su fidelidad al Dios verdadero? ¿Estaría muriendo por una cuestión de nombres? ¿Es verdad que los católicos y los musulmanes adoran al mismo Dios?

La respuesta a estas inquietudes no se harían esperar para San Perfecto: cerrando sus ojos para este valle de lágrimas y abriéndolos para la eternidad, todo quedaría claro al mirar a su glorioso Redentor que le esperaba con una recompensa eterna por su intrépido testimonio. A nosotros, será el mismo Jesús quien nos responderá por la voz del Magisterio, los Padres y Doctores de su Iglesia. Entra y conoce uno de los más importantes estudios del Denzinger-Bergoglio →

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