Hicieron lío con la moral familiar… y la liaron

Los últimos días nos han deparado un nuevo disgusto a los católicos por esa constante manía, tan típica del actual pontificado, de querer agradar a griegos y troyanos olvidándose de que, por encima de ellos, está la obligación ineludible de agradar a Dios, acreedor de nuestro amor sobre todas las cosas y que nos recuerda en el Santo Evangelio que sólo lo ama “el que acepta mis mandamientos y los guarda” (Jn, 14, 21).

Vayamos a los hechos. Está de moda escribir cartas a Francisco. Se le escribe de todo y por cualquier cosa… que si para pedirle dinero porque la cosa está muy mal y no hay manera de pagar las cuentas, que si porque me cae muy mal el nuevo párroco con lo majo que era el anterior y que él lo tiene que resolver, que si porque es un escándalo que me hayan tratado mal en la iglesia de mi pueblo… A veces, la cosa es un poco más seria, y algunos reclaman porque éste o aquél –¡oh, crimen innombrable!– se atreve a defender la doctrina católica, en el ambón, en el confesonario o en el despacho parroquial… una actitud, faltaría más, insoportablemente alejada de los valores del nuevo Evangelio, muestra de una intolerable intolerancia más propia de un nuevo Torquemada en estos tiempos en que todo vale y basta seguir la regla suprema: “viví y dejá vivir”… Sí, con frecuencia, todos aquellos que se sientes contundidos en sus convicciones éticas, tengan éstas mucho o poco que ver con lo que ha enseñado la Iglesia Católica durante dos mil años, creen encontrar en la persona del Obispo de Roma alguien en quien depositar sus penas e inquietudes. Éstas, seguramente, serán balsámicamente aliviadas por el empalagoso sabor de la misericordina, un nuevo medicamento al parecer muy efectivo, pero del que nadie denuncia sus contraindicaciones ni efectos secundarios, no sólo para el paciente sino, inclusive, para su entorno y para la sociedad misma.

El caso que nos ocupa en los últimos días, y del que muchos de nuestros lectores ya habrán tomado contacto por la prensa, es el de Francesca Pardi, una activa militante a favor de la teoría de género en consonancia con su estilo de vida. De hecho, en lo que llama su “familia” convive maritalmente con otra mujer y juntas cuidan de cuatro niños a los que llaman hijos suyos. Su activismo la llevó a fundar una editorial de libros infantiles cuya finalidad, según sus propias palabras es, “llenar un vacío de la educación infantil, representado por las familias en que los padres son dos hombres o dos mujeres que se aman”, subrayando que existen “innumerables variantes, todas contenidas en la palabra familia”.

A raíz de una polémica suscitada con ciertos movimientos pro-familia, que sería demasiado extenso detallar aquí, Francesca Pardi también decidió escribir su particular carta a Francisco, regalándole varios esos libros en los que dice, “no encontrará ni rastro de aquella teoría de género” y quejándose amargamente del trato que habría recibido por parte de ciertas organizaciones católicas y parroquias a causa de su trabajo, el cual ella no considera en nada “ideología, sino apenas amor al prójimo”. Y termina destacando que muchas personas “ponen sus esperanzas en una Iglesia que no sea fundamentalista e inhumana como la hemos conocido en otras épocas históricas”. Para quien tenga un poco de paciencia y algún conocimiento de la lengua italiana, recomendamos la lectura de la carta completa para entender mejor la unilateralidad de enfoque con que está escrita.

Pues bien, la semana pasada Francesca anunciaba a bombo y platillo que el Papa Francisco había respondido su escrito y atribuía a estas líneas la intención de alentar su activismo y una bendición dirigida a ella y a su pareja. Este primer post de Facebook fue borrado poco después de la cuenta de Francesca.

Como suele ocurrir en estos casos, llegó la hora de las aclaraciones y el desmentido. En comunicado del vice-director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, se decía fundamentalmente:

1- La respuesta a Francesca Pardi era de “estilo sencillo y pastoral” y “se trataba de una respuesta privada, no destinada a publicación (cosa que, por desgracia, ocurrió)”.
2- En ningún momento la carta tenía “intención de apoyar comportamientos y enseñanzas en desacuerdo con el Evangelio” e incluso deseaba, citando la misma carta, “una actividad siempre más fructífera a servicio de las jóvenes generaciones y de la difusión de los auténticos valores morales y cristianos”.
3- La bendición enviada por el Papa era para la persona y no para las enseñanzas de la teoría de género.
4- Por todo ello, condenaba una posible instrumentalización del contenido de la carta.

Como se suele decir… a veces el remedio es peor que la enfermedad. Ya el envío de la malhadada respuesta no podía haber sido más infeliz e inoportuno para los intereses de una de las batallas más serias a las que se enfrentan en nuestros días los católicos, pues importa en una nueva concepción del ser humano radicalmente opuesta a la querida por Dios. Si eso no bastaba, esta “aclaración” no hacía más que oscurecer aún más las cosas…

En primer lugar, ¿alguien puede explicar si existe un modo diferente de transmitir la verdad cuando se hace por un medio privado que cuando éste es público? ¿La privacidad permite ciertas transigencias? ¿El estilo pastoral permite sacrificar ciertas parcelas de precisión y verdad a la hora de evangelizar? ¿Dónde queda la frontera? En fin… ¿dónde puede acabar esto si nos tomamos las cosas de un modo tan relativo?

Por otro lado, ¿cómo querer que no se produzca en la destinataria de la carta la impresión de no estar siendo apoyada en sus actitudes cuando se “agradece el delicado gesto y los sentimientos” que sugirieron su misiva pero, ¡¡sobretodo!!, se le desea “una actividad siempre más fructífera a servicio de las jóvenes generaciones y de la difusión de los auténticos valores morales y cristianos”. Pero… ¡si en su propia carta hacía gala de su activismo y de su inconformidad con la moral católica!

Por fin, en la carta se informaba de la bendición apostólica, cuyo destinatario era la propia Francesca y su “familia”, ¿cómo se puede usar la palabra “familia” en semejante contexto, cuando la propia Francesca en sus mismas líneas había oportunamente informado no sólo de cual es su concepto de familia, sino de quiénes componen lo que ella llama su propia “familia”, o sea, dos mujeres y cuatro niños? No negamos que puedan recibir la bendición pero, ¿por qué crear confusión de esa forma?

Después de semejante cadena de despropósitos, confesamos que hace falta mucha… ¿finura?, para, al final del comunicado, atreverse condenar una posible instrumentalización del contenido de la carta vaticana.

Efectivamente, como la propia Francesca explica en su Facebook con bastante más precisión –¿interesada?– que el comunicado vaticano, los hechos concretos son incontestables. Las interpretaciones, le caben a cada uno.

Por eso, nos parece oportuno recordar una de las entradas más importantes de esta página, que trata largo y tendido sobre los graves asuntos que se relacionan con esta polémica. Y reiteramos nuestro deseo y nuestras oraciones para que la Cátedra de Pedro vuelva a ser fuente de luz para una humanidad en tinieblas, y no generadora de confusión para los atribulados fieles católicos de nuestro tiempo.

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2 thoughts on “Hicieron lío con la moral familiar… y la liaron

  1. ” Los últimos días nos han deparado un nuevo disgusto a los católicos por esa constante manía, tan típica del actual pontificado,…”

    Manía????…. De eso nada. Plan perfectamente urdido y diseñado en tiempo y forma para dinamitar desde dentro la Doctrina católica y la Iglesia. Nada es casual ni improvisado en esta espantosa película de terror de la que somos testigos.

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