Dos mil años de Redención… ¡puestos de lado!

“¡Señor Dios todopoderoso, Padre de tu amado y bienaventurado Hijo, Jesucristo, por quien hemos venido en conocimiento de ti, Dios de los ángeles, de todas las fuerzas de la creación y de toda la familia de los justos que viven en tu presencia! ¡Yo te bendigo porque te has complacido en hacerme vivir estos momentos en que voy a ocupar un sitio entre tus mártires y a participar del cáliz de tu Cristo, antes de resucitar en alma y cuerpo para siempre en la inmortalidad del Espíritu Santo! ¡Concédeme que sea yo recibido hoy entre tus mártires, y que el sacrificio que me has preparado Tú, Dios fiel y verdadero, te sea laudable! ¡Yo te alabo y te bendigo y te glorifico por todo ello, por medio del Sacerdote eterno, Jesucristo, tu amado Hijo, con quien a ti y al Espíritu sea dada toda gloria ahora y siempre! Amén.”

Esta conmovedora oración hecha por San Policarpo ante un estadio repleto de paganos fue su último acto antes de que los verdugos prendieran las llamas que lo llevarían a la muerte. Terminadas esas palabras que dejaba como testimonio de fidelidad a Cristo para los fieles de Esmirna, el fuego lo consumió milagrosamente como una hostia pura. El avance suave de las llamas, que como que los respetaban, fue comprobado por la multitud asombrada. Su sacrificio ocupa un lugar de honor en el martirologio.

Hecha en el siglo II en un contexto dramático, esta oración muestra la principal característica de cómo debemos nos dirigir a Dios Todopoderoso: presentada al Padre por medio de su Hijo Jesucristo en la unidad del Espíritu Santo. Toda la Iglesia reza de esta manera desde los primeros siglos y así seguirá haciéndolo hasta el juicio final.

No cabe duda que hoy incontables cristianos son martirizados por profesar públicamente la fe, o que el deber de cada bautizado es declarar ante las multitudes, si es el caso, su adhesión a Jesucristo. Mutatis mutandis la situación de ese Padre Apostólico se repite en la Iglesia del siglo XXI, máxime si el Obispo de Roma es invitado a rezar públicamente. Sin embargo, el Papa Francisco prefiere omitir el nombre de Cristo para unirse más a los miembros de otras confesiones religiosas que, parece ser su juicio, adoran el mismo y único Dios. Pero surgen algunas preguntas: ¿Adoramos realmente el mismo Dios? ¿Judíos, musulmanes y cristianos podemos invocarlo en igualdad de términos e intenciones, esperando obtener idénticos frutos? Entra y verás… ⇒

Print Friendly, PDF & Email

2 thoughts on “Dos mil años de Redención… ¡puestos de lado!

  1. yo tengo poco tiempo de convertida y gracias a DIOS Y a paginas como esta puedo ver el GRAN ENGAÑO DE ESTE FALSO PROFETA

    cuidense de los falsos profetas.s presentan ante ustedes con piel de ovejas pero por dentro son lobos feroces.ustedes los reconoceran por sus frutos.

    entonces el diablo seductor fue arrojado al fuego del infiernoy azufre donde ya se encontraba la bestia y EL FALSO PROFETA (apocalip.20,10)

  2. De nuevo Bergoglio alimentando al cuerpo y obviando el alma.
    De nuevo pidiendo justicia social, paz y armonía interreligiosa, y amor y respeto entre hermanos y hermanas.
    Bergoglio, ¿Dónde queda el agradecimiento a Dios por su amor, el amor del que brota todo amor humano? ¿Dónde la mención a Nuestro Señor Jesucristo redentor del mundo y único camino al Padre? ¿Dónde la mención al Espíritu Santo?

    Bergoglio, sólo hay un Dios: El Dios Uno y Trino.

    “El impío, en la altivez de su rostro, no busca a Dios. Todo su pensamiento es: No hay Dios”
    (Salmos, 10:4)

Comments are closed.