¿Todas las oraciones son agradables a Dios?

“Recen por mí”, palabras que el Papa Francisco pronuncia con mucha frecuencia delante de los auditorios más dispares. Y cuánto más lo hace, más suscita asombro en no pocos católicos, pues no es raro que esto ocurra no sólo delante de fieles de la Santa Iglesia, sino con excomulgados, cismáticos, infieles, comunistas, ateos y demás…

Cuando alguien le dijo: “Santidad, quisiera preguntarle por qué pide tan insistentemente que se rece por usted. No es normal, habitual, escuchar a un Papa pedir tanto que recen por él”, suponemos que haciendo gala de gran humildad, respondió: “Me considero limitado, con muchos problemas, incluso pecador —lo saben—, y tengo que pedir esto. Me sale de dentro” (Conferencia de Prensa durante vuelo de regreso a Roma, 28 de julio de 2013). No lo juzgaremos por sus actos. Es cierto, sin embargo, que sería motivo de perplejidad que León IX pidiese a Miguel Cerulario —promotor del gran cisma— sus oraciones por él; o León X a Lutero.

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