El teólogo, doctor de lo sagrado y el teólogo (?) agente social, o la diferencia entre estudiar la Revelación y estudiar la calle

La misión del teólogo es de primordial importancia para el desarrollo de la Iglesia, pues sus conclusiones emanan del tesoro escondido de la revelación y de escrutar con atención la sabiduría que late en el Sagrado Corazón de Jesús. Toda la Iglesia se alegra cuando, a raíz de la legítima reflexión teológica, un aspecto desconocido de la doctrina ve la luz o se abre un nuevo camino para profundizar en la riqueza de nuestra fe.

Tan sublime es la labor de los teólogo que, según Santo Tomás, ellos están elevados sobre la tierra y cercanos al cielo por la elevación de su doctrina y son los primeros que reciben los rayos de la divina sabiduría.

Esta es la categoría de teólogos que hace dos mil años viene dando frutos en la Iglesia, favoreciendo la evangelización de los pueblos, fomentando el fervor de los fieles y dando bases para la apología de la fe.

Sin embargo, nociones más actuales sobre el modo de ser teólogo sugieren una visión distinta donde este se presenta más como un agente de asistencia social, nacido de expresiones con significado bastante poco claro. Pero, ¿qué tipo de teólogos necesita realmente la Iglesia?

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