“Id al mundo entero…” ¿para hacer discípulos o para qué?

Las realidades espirituales superan las naturales y con frecuencia no están al alcance de nuestra inteligencia. Por eso el divino Maestro solía valerse de analogías para explicar a sus seguidores las maravillas del Reino. Entre ellas está la parábola de la levadura: “El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta” (Mt 13, 33). Con variados matices, los Padres, Doctores y el Magisterio de la Iglesia siempre han visto en esta imagen un símbolo del dinamismo de la predicación apostólica que, en obediencia al mandato del Redentor —“Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos” (Mt 28, 19)— debería alcanzar al mundo entero y transformar la redondez de la tierra. ¿Se habrían equivocado los Apóstoles en lo referente a la extensión y el objeto de su misión? Veamos lo que nos dice el Magisterio →