¿La laicidad del Estado es un beneficio para la única Religión verdadera?

Enseña San Agustín que si desaparece la justicia de los gobiernos temporales, éstos se convierten en “bandas de ladrones a gran escala”… vigorosa expresión que, sin embargo, no suena tan descabellada a los oídos contemporáneos; ¿por qué será?

La religión católica inspiró en los estados que se acogieron bajo su manto los más sólidos fundamentos de estabilidad, justicia y orden que conocieron los siglos y, en contrapartida, cuando aquéllos dejaron que esta influencia se desvaneciera, los valores morales se fueron evaporando de la sociedad, dejando vía libre a aquellos errores que atraen la muerte del alma para las multitudes. Por eso, cabe preguntarse hasta qué punto es posible mantener la verdadera justicia en un Estado no sólo laico, sino indiferente en relación a la Iglesia Católica, equiparándola a todas las otras confesiones religiosas y dejando plena libertad a cualquier error. ¿Qué ha enseñado la Iglesia a lo largo de dos mil años a respecto de su relación con el Estado? Veamos aquí→