¿Dios es indiferente a las obras buenas o malas?

¿Qué opinaríamos de un libro de cocina que esconde cuáles son los principales ingredientes de sus recetas y, para colmo, explica de forma confusa los pasos para preparar cada plato? Ahora bien, cualquier manjar terreno, por exquisito que sea, pierde toda su importancia delante de un asunto tan delicado como nuestro destino eterno. Pues bien, al interpretar ciertas palabras del Papa Francisco en su entrevista a Antonio Spadaro, poco menos que algunos han querido reducir esta problemática esencial a un simple axioma que se podría resumir así: “Dime con quien andas y te diré si estás salvado o condenado”. En efecto, si nuestra salvación eterna no depende de lo individual y sí exclusivamente de nuestra pertenencia al pueblo de Dios, es indiferente que nuestras obras sean buenas o malas. Pero si esto es verdad, ¿para qué esforzarse en practicar la virtud y permanecer en el estado de gracia? ¿Nuestro destino eterno no estaría dependiendo más de las comunidades humanas y las dinámicas populares que de nosotros mismos? Para evitar juicios confusos, nunca será excesivo recordar la doctrina católica verdadera sobre la conquista de la eterna bienaventuranza. Veamos lo que nos dice el Magisterio de la Iglesia →

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